SEGURIDAD & POLÍTICA

La difícil cuestión de la Defensa Nacional y la mediocridad interna

El año electoral ha comenzado, y la Administración Macri decidió avanzar con el proyecto de 2004 de instalar a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior. Es cierto que en el siglo 21, defensa nacional y seguridad doméstica se entremezclan. Pero no es tan sencillo, y provocará casi tanta ola como la despenalización del aborto, aquel ‘puente’ hasta llegar al Mundial Rusia 2018, que terminó desbordando las expectativas y los compromisos del propio Presidente de la Nación.

“Es probable que ya no tenga sentido diferenciar la seguridad nacional de la defensa nacional, quizás el objetivo debería ser la defensa de la vida y los derechos de las personas”.

Los argentinos vivimos reclamando cambios, pero nos resistimos a seguir el ritmo lento pero irreversible de la evolución.

Esto podría explicar no solo la poca altura de nuestros conflictos sino asimismo la mediocridad y hasta la mala fe que impera en los debates consecuentes.

El debate sobre el aborto es un ejemplo que debería preocuparnos ya que fue virando desde su despenalización hasta convertirlo en un derecho humano, como si hubiera derechos inhumanos.

Pero lo más grave es que parecería que se redujo a un ataque a la religión católica y a ese conjunto humano que llamamos “Iglesia” que somos los católicos o quienes nos declaramos como tales.

Asi un argumento muy escuchado a favor del aborto es que hay mujeres católicas que lo han practicado y lo practican, con lo que se pretende poner en evidencia una suerte de hipocresía de la propia religión para fundamentar un nivel muy agresivo de crítica.

Personalmente ya lo expuse en este portal, pienso que el aborto no debe ser penalizado, pero eso no quiere decir que constituya un derecho. Otro aspecto que destaque fue el rol del hombre que junto con la mujer concibieron un nuevo ser, sea por imprudencia, por ignorancia, por desaprensión o por mero placer. Pues bien, por lo menos en los casos que el “hombre es conocido por la mujer ¿no debería tener participación en la decisión de interrumpir el proceso conceptivo?

Ahora el debate se produce a partir de la decisión del Presidente de la República al dictar el Decreto 683/2018 que modifica un Decreto anterior, el 727/2006 reglamentario de la Ley de Defensa Nacional.

El decreto 727 disponía que: “Artículo 1º — Las Fuerzas Armadas, instrumento militar de la defensa nacional, serán empleadas ante agresiones de origen externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estado/s, sin perjuicio de lo dispuesto en la Ley Nº 24.059 de Seguridad Interior y en la Ley Nº 24.948 de Reestructuración de las Fuerzas Armadas en lo concerniente a los escenarios en los que se prevé el empleo del instrumento militar y a las disposiciones que definen el alcance de dicha intervención en operaciones de apoyo a la seguridad interior. Se entenderá como “agresión de origen externo” el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de nuestro país, o en cualquier otra forma que sea incompatible con la Carta de las Naciones Unidas.”.

Según esta norma se consideraba esencial la participación de fuerzas armadas pertenecientes a otro Estado como protagonista de una agresión de origen externo para considerar vulnerada nuestra Defensa Nacional.

El nuevo Decreto modifica la naturaleza formalmente militar de la eventual agresión y la extiende a “…agresiones de origen externo contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de la República Argentina; la vida y la libertad de sus habitantes…”.

Si observamos el mundo, siendo suficiente con leer unos pocos diarios o ver y escuchar algún informativo por TV o radio, veríamos que hoy las agresiones a la soberanía se producen por fuerzas innominadas organizadas como estructuras militares cuyos ataques se realizan bajo la forma de “atentados” que tiene que ver con la ejecución de hechos ilegales o ilícitos en perjuicio de personas comunes o bienes públicos y privados.

Las agresiones que padecimos en la Argentina a partir de la década de los ’70 fuero n hechos de este tipo, incluso como ya lo expuse más de una vez, no fui víctima del atentado consumado en el bar Ibérico, sito en Córdoba y Uruguay por una cuestión de unos pocos minutos. Fue una casualidad que me hubiera ido, creo que a las 23:45, como que lo hubiera hecho 10 minutos más tarde, lo que seguramente me hubiera resultado fatal, dado que estaba en la barra del establecimiento y en el lugar que impactó la onda expansiva del explosivo, cuyo cobarde autor goza de las libertades y garantías del sistema liberal.

Esta actividad que, no dudo en llamarla “terrorista”, concepto que facilita saber de qué hablamos, actúa sin banderas, sin uniformes, sin aviso previo buscando causar el mayor dolor posible, lesionando y matando a gente común.

Su mérito es la traición a la confianza ajena.

El fundamento de la actividad “terrorista” en algunos casos son creencias religiosas, seudo religiosas, en otros casos supuestos ideales políticos o una suerte de idealismo extremista que ciega cualquier atisbo de razón y que justifica aquello que el fin justifica los medios que Lady Macbeth lo representó con natural crueldad.

El cambio hecho por el Presidente suena a racional y real, dado que también sabemos que este tipo de organizaciones terroristas son, en verdad, apátridas pero financiadas y hasta a veces sustentadas, entre otros, por algunos gobiernos con diversos fines, ninguno de ellos lo podríamos calificar de nobles.

El atentado contra la sede de la AMIA, es un caso que nos sirve de ejemplo, por el momento existe la sospecha cierta que fue planificado y financiado por un Estado extranjero que recurrió para su materialización a fuerzas informales delictivas de diversas nacionalidades, incluidas argentinas.

El sentido común nos dice que ese atentado vulneró la seguridad nacional y la defensa nacional, por lo tanto estimo que prevalece su dimensión internacional.

Otro hecho comparable fue el secuestro del que fue víctima Adolf Eichmann, con el agravante que la autoría de un Estado extranjero fue expresamente reconocida y además “justificada”. (sic)

Es probable que si hubiera sido denunciado el gobierno argentino de ese momento, lo hubiera extraditado. Hoy es una mera conjetura posible.

La cruel verdad es que nuestras instituciones han perdido confiabilidad hace ya muchos años.

Este tipo de hechos como hemos visto son difíciles de ponderar porque representa una modalidad diferente del conflicto militar, los combates materiales son mínimos y en ellos nunca se sabe si hay ganadores y perdedores porque el “terrorismo” es muy escurridizo y le juegan a favor las garantías de los regímenes liberales. Solo se advierten algunas muertes y si cuantiosos daños materiales.

Este tipo de conflictos se desarrolla más entre la ejecución de los “atentados” en tareas mutuas de inteligencia, prevención y análisis, que en su exteriorización que es el “atentado” concreto ejecutado.

Es probable que ya no tenga sentido diferenciar la seguridad nacional de la defensa nacional, quizás el objetivo debería ser la defensa de la vida y los derechos de las personas, materia pendiente de todos los sistemas políticos de integración y asociación.

Hoy es difícil concebir guerras clásicas, diría que los conflictos bélicos son también posmodernos.

Para ponerle punto final a esta nota, parece oportuno el Decreto 683/18, pero lo que está pendiente es la política al respecto y esto es lo que reactiva los temores ya vividos, para unos y otros.

Una vez mas el gobierno omitió explicar las causas de ese decreto, una vez más menoscabó la política.

Mauricio Macri….¡¡es la política!!

Por LUIS ALEJANDRO RIZZI

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