LAS DIFICULTADES FISCALES Y MONETARIAS DEL GOBIERNO DE MACRI

Actualmente el tipo de cambio se ubica en 28 $/u$s, pero la tasa de interés ha llegado al 46,5% anual, al menos en el corto plazo. Es difícil para el Gobierno mantener el ritmo de actividad económica y, al mismo tiempo, tratar de calmar a los que prefieren participar en activos financieros en dólares atrayéndolos al peso, aunque pagándoles para esto una fuerte tasa de interés.

En cuanto a las cuentas públicas, el Gobierno está tratando de bajar el déficit fiscal. Para ello el Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ha dicho que “el Gobierno va a bajar en 1,3 puntos del PIB el déficit fiscal primario en cada uno de los próximos tres años”. Aun cuando esto ocurriera o incluso se lograra una baja aun mayor, puede apreciarse que se refiere al déficit primario, o sea a la diferencia entre los ingresos y los gastos sin considerar los intereses de toda la deuda pública interna y externa ni otras cuentas del Estado, como pueden ser el déficit cuasi-fiscal del Banco Central o el déficit neto de las provincias.

Como los intereses están creciendo en valores porcentuales y la deuda también está aumentando en valores absolutos en forma muy rápida, en lugar de ir alcanzando cifras bajas en los próximos tres años, este déficit total no acompañaría la tendencia del déficit primario.

Es importante ver la evolución del déficit o superávit fiscal primario en valores absolutos:

En 2003 teníamos un superávit primario consolidado de unos u$s 4000 millones y después se duplicó hasta alrededor de u$s 8000 millones por año, contando desde 2004 hasta 2008. En 2009, por la gran crisis internacional de las “subprime” se redujo fuertemente el superávit primario consolidado hasta ser casi de cero, aunque en 2010 se recuperó llegando a los u$s 1000 millones, lo que ya era poco para la experiencia de los últimos años.

Sin embargo, lo peor fue a partir de allí, pues en 2011 hubo un fuerte déficit primario consolidado de unos u$s 6.500 millones y cada año empeoró en forma continua hasta 2015, año en que dicho déficit llegó a los 30.000 millones, una cifra insospechada para cualquier analista de las finanzas públicas.

Se puede ver que, de un importante superávit primario, fuimos pasando a déficit y que este déficit se ha agrandado en relación al pasado y que parece muy difícil reducirlo en forma significativa de una manera gradual. En 2016 y 2017 el déficit primario consolidado fue de u$s 25.000 millones cada año y para este ejercicio 2018 se estima que bajaría a unos u$s 12.500 millones, una cifra que sigue siendo importante ya que se trata del déficit primario consolidado.

Debemos recordar que esta forma gradual de ir recortando el déficit primario sería lo óptimo en un país que tuviera facilidad para creer en la moneda de su país. Sin embargo, esto no está ocurriendo y aun cuando se recurrió a fuertes créditos en dólares del FMI y otros organismos internacionales por más de u$s 56.000 millones, igual se registraron devaluaciones que son altas y luego se tuvo que apelar a altas tasas de interés para mantener el tipo de cambio alrededor de 28 $/u$s.

Desde diciembre de 2017 hasta julio de 2018 el incremento de la tasa de cambio fue de 56%, lo que es importante. Eso ha traído muchas repercusiones sobre los precios y, aun cuando la tasa de Lebacs y otros activos financieros están en topes de alrededor del 46/47 %, aun no se logró calmar al tipo de cambio de esas fuertes presiones sobre la moneda local.

La experiencia actual del presidente del BCRA es muy buena, ya que fue un funcionario clave del Deutsche Bank, y sabe lo que una entidad financiera necesita, pero la situación que le ha tocado afrontar no es fácil. Para mantener el tipo de cambio en 28 $/u$s necesita ubicar la tasa de interés de Lebacs en 46,5 % calculando un plazo corto. Y esto está dificultando tanto al crédito hipotecario como a los préstamos a las empresas y a particulares. Por lo tanto reduce la actividad económica y se espera una recesión que por ahora se la ve importante, al menos de tres trimestres.

Esperamos que estos desajustes de corto plazo se controlen y que la actividad repunte después de este rebalanceo macroeconómico que le ha tocado en 2018.

Ferreres, Orlando

LA NACION,

25 de Julio de 2018

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