TRUMP, EL MODELO EUROPEO Y ¿EL DIN DEL MULTILATERALISMO?

Hay un contexto de multilateralismo, expresado en una diplomacia de organismos internacionales, en una práctica de reglas y consensos, en acuerdos comerciales y en la cooperación en espacios más restringidos, que fue perdiendo dinámica.

Donald Trump y la canciller Angela Merkel. Se critican mutuamente. Con Inglaterra también. Crisis y replanteo en Estados Unido y la Unión Europea. / AFP PHOTO

 

El acceso a la Casa Blanca de Donald Trump y la dinámica de los populismos europeos han contribuido a la erosión de la arquitectura internacional creada a los finales de la Segunda Guerra. Ese diseño institucional alcanzó su mejor momento luego del fin de la guerra fría, cuando el proceso de globalización y la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) expresaron una suerte de gobernanza global consagrada a la administración de un mundo sin fronteras.

Las asimetrías entre ganadores y perdedores de la globalizaciónerosionaron la confianza de esa enorme red donde confluían el mundo de las finanzas y el de la producción. La resistencia nació en el seno de las democracias desarrolladas, donde los sectores medios comenzaron a darle crédito a un discurso ideológico anti-elitista.

Donald Trump, el polémico presidente de Estados Unidos.

Esta base social resultó el sustento de las fuerzas ubicadas a la derecha del arco político, una masa homogénea que fue sumando rechazos y descreimiento.

Un nacionalismo de nuevo cuño se expandió por Europa, atribuyéndole a las élites de Bruselas la responsabilidad de sus desventuras: ausencia de movilidad social y arribo de inmigrantes que amenazaban el empleo y la identidad cultural.

En otras palabras, la idea de sociedades abiertas, que lucraban con las ventajas del “dulce comercio”, cayó en descrédito quedando en evidencia que el “modelo europeo”, multicultural y democrático, no tenía apoyo mayoritario en todos los miembros de la Unión Europea. La hora del populismo soberanista había llegado.

En Europa Central los países del “Grupo de Visegrado” se olvidaron de los subsidios de Bruselas para la transición post-comunista; en Gran Bretaña los “brexiters” regresaron a la cultura insular y la demagogia populista encontró en la inmigración el chivo expiatorio.

Esa “nueva Europa” dividió aguas y quedó expuesta a nuevas amenazas externas. En el 2014, cuando Rusia invadió Ucrania, Putin hizo sonar una alarma: las fronteras no estaban seguras y en ese nuevo contexto una parte de la dirigencia populista cayó bajo la fuerza de atracción rusa.

En los Estados Unidos sucedió algo similar, particularmente luego del 2008. La “América profunda” demonizó a Wall Street, a las élites y a los grandes medios de comunicación. Manipulada por el discurso anti-inmigrantes, esa base social legitimó la “América First”.

El presidente Donald Trump estrech manos con el presidente Vladimir Putin, julio, 2018. REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo.

Expulsar extranjeros, construir muros y evitar la invasión comercial constituyen el fondo de comercio del trumpismo. En síntesis, en Europa los perdedores de la globalización demonizaron a Bruselas, en los Estados Unidos a los inmigrantes y a la invasión comercial, llámese europea o china.

En ese contexto, el multilateralismo, expresado en una diplomacia de organismos internacionales, en una práctica de reglas y consensos, en acuerdos comerciales y en la cooperación en espacios más restringidos, fue perdiendo dinámica.

El epítome de este nuevo momento es la diplomacia trumpista. La retirada del Acuerdo de París; la denuncia del Acuerdo con Irán; la amenaza al NAFTA; la asfixia a la OMC; el ataque a la Unión Europea, expresada en la definición de “enemigo de Estados Unidos”; de apoyo al Brexit; de humillación pública a las Jefas de Gobierno alemana y británica y el obituario dedicado a la OTAN, son algunas de las manifestaciones del unilateralismo de la Casa Blanca.

El proteccionismo y la guerra comercial simbolizan este “nuevo sueño americano”, que no es aislacionista. Se trata de una ruptura conceptual con la política tradicional americana, ya que se basa en la destrucción de toda institución que coadyuve a la construcción de un mínimo de orden.

El espontaneísmo de Donald Trump se ha convertido en método, generando mayor incertidumbre. Resulta difícil entender por qué Corea del Norte dejó de ser una amenaza, en base a un Acuerdo de Desarme definido en dos páginas, mientras Irán es un blanco, a pesar de haber firmado un Acuerdo que suma más de cien páginas, donde se incluye la verificación de la acordada desnuclearización. La diferencia tal vez radique en que uno lo firmó Obama.

Trump busca un camino de reposicionamiento estratégico para los Estados Unidos. En ese designio trata de contener a China; de verticalizar a los aliados europeos; de restituirle a Rusia una zona de influencia; de amenazar con el uso de la fuerza vía Twiter; de destruir las cadenas productivas globales, apostando a recuperar parte de esos despojos en territorio americano y de entronizar aliados en los que considera zonas de influencia. En esta empresa elige amigos en función de simpatías y antipatías, así en el NAFTA desprecia al Primer Ministro canadiense Justin Trudeau, mientras ensaya buenos modales con Manuel López Obrador.

La sustentabilidad de la actual política exterior depende de múltiples factores asociados al frente interno. Un episodio reciente muestra los límites de la Casa Blanca: en horas, pasó de la declaración de guerra a Europa a un armisticio.

Cuando se avecinaban nuevos aranceles con respuestas de Bruselas, Donald Trump negoció y aceptó crear un grupo de análisis que incluye los temas en litigio y las reformas de la OMC. Ambas partes obtuvieron lo suyo: Europa salvó, momentáneamente, su industria automotriz, pero comprará soja y gas americano. El presidente Trump escuchó los reclamos de las automotrices, que dependen de piezas foráneas, y favoreció a sus agricultores.

Concluyendo, es bueno saber que Donald Trump adhiere a un comercio administrado bilateralmente y reniega de la diplomacia multilateral.

 

Clarín,

30 de Julio de 2018

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