LAS RAZONES POR LAS QUE NO PROSPERÓ LA LEY

El rechazo a la legalización del aborto que se impuso esta madrugada en el Senado obedeció a motivos bien concretos, que le dieron la espalda a la sanción que poco tiempo atrás habían hecho los diputados. Entre ellos, sobresalen el diseño institucional de la Cámara alta, la prescindencia política del presidente Mauricio Macri y la fuerte movilización de las iglesias, en especial de la católica.

La estructuración del Senado explica los números de la votación. Se trata de una cámara legislativa que cuenta con tres representantes por cada provincia, independientemente de la cantidad de habitantes que residan en cada una de ellas. Es decir que la representación no es proporcional, lo cual posibilita que Buenos Aires y Tierra del Fuego tengan la misma cantidad de legisladores.

A diferencia de la Cámara de Diputados, donde las representaciones más numerosas son de los distritos del centro del país –Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, Santa Fe y Mendoza-, en el Senado las provincias periféricas reúnen en conjunto una mayoría dentro del recinto. Claro que esos legisladores no se juntan en todas las votaciones, dado que son de distintas fuerzas políticas.

Pero en el debate sobre el aborto no fue esa la lógica que primó entre los senadores, ya que ninguna bancada votó completa por el rechazo o la legalización. Lo que se verificó, en cambio, fue la pertenencia territorial: la mayoría de los legisladores del Norte y de las provincias más alejadas de la zona central del país expresó el pensamiento predominante que existe entre sus votantes.

En cambio, varios senadores de los distritos más importantes no siguieron esa línea –que hubiera implicado apoyar la legalización, de acuerdo a todas las encuestas- y optaron por mantener su pensamiento político o religioso, como sucedió en los casos del porteño Federico Pinedo y el bonaerense Esteban Bullrich. Gabriela Michetti no tuvo que votar, pero tiene la misma posición.

Eso lleva al segundo motivo por el cual la legalización del aborto fue rechazada ayer en el Senado: el presidente Macri no bajó línea a los legisladores de Cambiemos, ni a favor ni en contra de la iniciativa. Aunque cuando le preguntaron dijo que estaba “a favor de la vida”, el mandatario fue quien tomó en su momento la decisión de abrir el debate, que fue postergado durante años.

Los estudiosos de los procesos de expansión de derechos civiles suelen apuntar que el liderazgo político es fundamental para que estos se plasmen en la legislación. Así sucedió en nuestro país cuando Raúl Alfonsín impulsó la ley del divorcio y más acá en el tiempo, cuando Cristina Kirchner propuso el matrimonio igualitario. En este caso, Macri pareció quedarse a mitad de camino.

El Presidente actuó conscientemente de ese modo. Tanto, que antes de la votación subió a su cuenta de Facebook un mensaje en el cual afirmó que lo importante no era el resultado, sino que con el debate puesto sobre la mesa ganaría “la democracia”. Macri configura un tipo de liderazgo no verticalista, extraño para la cultura política argentina, impregnada por la praxis peronista.

Pero en este caso el Presidente corre el riesgo de que se produzca un sentimiento de frustración entre las mujeres que se identificaron con el movimiento Ni una Menos, a quienes pretendió interpretar cuando aceptó que se debatiera el aborto en el Congreso. Claro que, por otro lado, el Gobierno escuchó a una porción importante de su propio electorado que rechaza los cambios.

El propio Macri escuchó los cánticos de miles de manifestantes pro-vida que llevaron su postura hasta las puertas de la quinta de Olivos, donde le advirtieron que no lo volverían a votar si se aprobaba el aborto. En ese tipo de movilizaciones se advirtió justamente, en el último mes, la “mano invisible” de la Iglesia católica. Y también de otros credos, entre ellos los evangélicos.

Ahí reside el tercero de los motivos por los cuales perdió terreno político la legalización del aborto. Durante el debate en la Cámara de Diputados, las calles fueron ganadas por la “marea verde” que propició un clima favorable a la legalización, pero cuando la discusión pasó al Senado, los pañuelos celestes se multiplicaron, en buena medida a raíz de las aceitadas organizaciones de base religiosa.

Ayer mismo el arzobispo porteño Mario Poli, uno de los hombres del Papa Francisco en la Argentina, volvió a militar el rechazo al aborto en una homilía que ofició en la Catedral metropolitana. La influencia de los obispos se notó mucho más entre los senadores que en los diputados, a juzgar por el contenido de los discursos que se escucharon en ambas cámaras.

Entre las grandes razones que incidieron en el rechazo a la ley de aborto, también se filtró una pequeña maniobra legislativa: el macrista Pinedo le ganó la pulseada al peronista Miguel Angel Pichetto cuando dejó al proyecto sin dictamen en el final del debate en comisiones. Se trató de una jugada como las que, durante años, desplegó el PJ al filo del reglamento parlamentario.

Pero más allá del resultado, el debate sobre el aborto experimentó una acumulación social que no se había expresado nunca antes en el país.

Por MARIANO SPEZZAPRIA

9 de Agosto de 2018 El Día (La Plata)

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