DETECTIVES AL ESTILO MONTALBANO

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En Argentina el Gobierno Nacional avanza en el proyecto de convertir a la Policía Federal en el “FBI” de la Argentina. Viendo el tiempo de preparación y las materias que deberán cursar los aspirantes creo que la serie “El Comisario Montalbano”, basada en las novelas del escritor italiano Andrea Camilleri, podría incluirse como bibliografía obligatoria.

La noticia se conoció el pasado 2 de agosto, muy mal día para hacer un anuncio tan importante. Ese jueves escandaloso los titulares de todos los diarios estaban dedicados a los “Cuadernos Oscar Centeno”, el chofer que, prolija y meticulosamente, contaba los pormenores del circuito de la corrupción y a la detención de varios funcionarios y empresarios. La otra noticia importante era el tratamiento en el Senado de la Nación del proyecto de ley de legalización del aborto.

Esta novedad ocupó un pequeño espacio en la sección de policiales y, según se informó, la nueva repartición tiene el propósito de convertirse en una organización “dedicada exclusivamente a la investigación” de la criminalidad compleja y el narcotráfico. También se informó que ya se estaba convocando a los oficiales que quisieran formar parte del Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO) y convertirse en detectives después de recibir el entrenamiento imprescindible, con la promesa de tener un salario extra. Es interesante señalar que nuestros vecinos uruguayos implementaron un programa con una denominación idéntica, en el año 2016, pero sus objetivos son diferentes ya que se dedican a la prevención y disuasión del delito.

La iniciativa es alentadora ya que desde hace años el narcotráfico, la inseguridad y la corrupción, ocupan los primeros lugares en las preocupaciones ciudadanas. Hace muchísimo tiempo que la problemática de los cohechos, sobornos y dádivas, se viene ventilando en los mass-media pero, tal como nos alertaba Joan Manuel Serrat con su tema “A quien corresponda”, a principio de los años ’80, en nuestro país nunca nos salen las cuentas, las reformas nunca se acaban, y “llegamos siempre tarde, donde nunca pasa nada”. Por lo visto, la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado —un organismo del Poder Judicial administrado por un Directorio independiente— creada en febrero de 2017 y que tiene como función principal captar comunicaciones por orden de fiscales y jueces resultó insuficiente.

Las primeras preguntas que surgen son obvias: ¿Será por esta carencia de detectives que muchas de las causas abiertas para juzgar la red de corrupción público-privada de la Argentina tienen su sustento en la investigación periodística? ¿No deberían ser los resultados de las investigaciones policiales las que generen las noticias? Es que los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir en “El reino del revés” y, que como cantaba María Elena Walsh, aquí ya “Nadie baila con los pies/ Que un ladrón es vigilante y otro es juez/ Y que dos y dos son tres.”

· El crimen entre la realidad y la ficción

Las tramas de los apasionantes relatos policiales, cuyo principal protagonista es un detective, son producto de la imaginación de excelentes escritores que se inspiraron en ignotos profesionales reales que, muchas veces, son golpeados por rotundos fracasos.

Fue nada menos que el famoso escritor, poeta y periodista norteamericano Edgar Allan Poe quien creó al investigador privado Chevalier Auguste Dupin, mucho antes que existiera el concepto del detective tal y como se conoce en la actualidad.

Poe sentó las bases para que otros novelistas desarrollaran el género policial. El escritor y médico escocés Arthur Conan Doyle dió vida al célebre Sherlock Holmes; la inglesa Agatha Christie concibió al implacable Hércules Poirot y a Miss Marple una inocente anciana que ayuda a descifrar los casos más complejos de Scotland Yard.

El cine adaptó varias novelas del estadounidense Raymond Chandler, quien describió a su detective privado Philip Marlowe, como “un caballero blanco con una gabardina”. En Brooklyn (Nueva York, EE.UU) nació Mickey Spillane que escribió las intrigas protagonizadas por Mike Hammer.

En este siglo XXI, la televisión británica rescató al “Padre Brown”, un sacerdote católico creado por G.K. Chesterton en su libro “La cruz azul” (1911). Este cura bonachón y, a veces, cándido es un detective poco común que aplica la psicología para resolver los crímenes más enigmáticos.

Estos investigadores ficticios, siempre exitosos en su lucha contra el crimen, se convirtieron en figuras emblemáticas de múltiples series y protagonistas casi heroicos de grandes películas. Pero en Argentina son los medios de comunicación los que dan la primicia de un supuesto ilícito, los sospechosos son reporteados y aportan pruebas en programas que tienen un altísimo rating minuto a minuto y, por supuesto la “condena mediática” es muy anterior a la condena judicial.

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· El modelo Montalbano

Si bien los ingleses y los norteamericanos han sido verdaderos precursores de la novela policial, en estos momentos la figura más exitosa de la televisión internacional —se emite en 60 países, incluido Estados Unidos, América Latina y Asia— es el Comisario Montalbano, creado por Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) un novelista, guionista, director teatral y televisivo italiano que participa activamente en la adaptación de sus novelas en las que narra las aventuras del detective siciliano, el Inspector Salvo Montalbano.

Camillieri se dedica al género policial desde hace más de veinte años y es testigo de los cambios que se fueron dando en el mundo. Conoce bien que la actualidad es mucho más violenta y que la crónica policial se vuelve cada vez más cruenta. Si pasados sus 90 años se mantiene vital y actualizado es porque sigue usando los periódicos como fuente de inspiración y material de análisis y reflexión. En una entrevista reciente afirmó que “De mis veintidós novelas policiales, sólo dos me las inventé por completo. Las otras están hechas de crónicas que leí, memoricé y que luego transformo hasta que se vuelven irreconocibles.”

Este escritor dio vida al Comisario Salvo Montalbano —interpretado por el actor Luca Zingaretti— representante de la Policía Estatal, un cuerpo civil policial y de seguridad dependiente del Ministerio del Interior. Es un funcionario honesto y totalmente dedicado a sus tareas específicas; sabe trabajar en equipo y ser solidario con sus subordinados; es respetuoso de la ley aunque, en algunos momentos, no duda en desafiarla para lograr sus legítimos objetivos. Lucha contra el delito complejo en Vigata (provincia de Montelusa), una ciudad imaginaria de Sicilia, donde el sol inunda el paisaje con una luminosidad increíble. Vigata, dueña de un inmenso patrimonio cultural, tiene un suelo fértil y un mar transparente, pero su potencial se ve degradado por el crimen organizado, una justicia muy “distraída” y por el sistemático abandono del poder político y policial.

Salvo Montalbano no tiene intenciones de ser un héroe, es valiente pero casi nunca temerario. Se destaca por su curiosidad, se interesa por los secretos de la gente común y sabe interpretar su forma de vida. Siempre se cuestiona aquello que aparece como “tan natural” y se toma su tiempo para despejar las incógnitas. Es un hombre soltero, atento y seductor—su novia, Livia, vive Génova, en el norte de Italia—, amante de la buena comida casera y desconfiado de la tecnología, no tiene una computadora en su despacho y se resiste a utilizar el teléfono celular.

El Comisario de Vigata tiene que resolver —en un contexto mafioso— casos relacionados con el tráfico de drogas, inmigración ilegal, delitos de raíz económica y política o simples crímenes pasionales. Dice Camillieri: “A la Mafia la he tenido siempre en un segundo plano, aunque siempre presente, porque negarla hubiese sido negar la existencia del aire. Influye en todas las relaciones, condiciona la existencia, y el Estado aún no sabe cómo luchar contra ella. Hoy además la Mafia es de cuello blanco y, por tanto, más difícil de combatir. Al principio eran analfabetos y hoy tienen carreras, pero sigue siendo la mafia. Está en la política, en la industria.”

La relación de Montalbano con el poder judicial generalmente es conflictiva. El propio Camilleri la describe del siguiente modo: “La justicia se había puesto en marcha. Sin embargo, Montalbano no estaba convencido de que la justicia acabara impartiendo justicia. En su recorrido encontraría obstáculos innumerables, abogados pagados a precio de oro, honorables diputados que debían su elección a la Mafia y tenían que saldar su deuda, algunos jueces menos valientes que otros, un centenar de testimonios falsos a favor…”

Es interesante destacar que el Comisario Montalbano es amigo personal del periodista Nicoló Zito y muchas veces recurre a la televisión para llevar a cabo sus investigaciones. Pero al revés de lo que ocurre en Argentina no es el periodista quien le lleva los documentos y/o pruebas de sus investigaciones sino que es el funcionario quien le da noticias exclusivas.

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· Un buen detective necesita asombro y creatividad

Volviendo a la Argentina aún no se sabe demasiado sobre la cantidad de miembros que integrarán el nuevo PADO y tampoco sobre el perfil requerido. Sólo se anticipó que los aspirantes a integrar este cuerpo especializado deberán someterse a “un plan de reacondicionamiento físico y capacitación”, que se dictará en el Instituto Universitario de la Policía Federal y que tendrá una duración de 15 días. Según las diferentes versiones periodísticas, el curso para formar a los nuevos detectives estará conformado por nueve clases presenciales, nueve clases virtuales y tres prácticas de “entrenamiento operativo policial”. Entre las 17 asignaturas que deberán cursar los oficiales se destacan: Investigación del Narcotráfico; Secuestro Extorsivo; Trata; Investigación de los Delitos Tecnológicos; Terrorismo; Inteligencia Criminal; Sala de Entrenamiento de Polígono Virtual; y Legítima Defensa. No tengo idea de cuáles son las otras materias pero sería interesante que se incluyeran Comprensión de Textos; Psicología Social y algo sobre Teoría de la Organización y Estructuras Organizacionales.

La planificación del programa aparece como muy ambiciosa pero poco profunda. Si se prevén 15 días de curso, con un máximo de 9 hs. diarias, la capacitación completa tendrá un total de 140 hs. En este lapso de tiempo se dictarán 17 asignaturas, por lo tanto cada una de las materias tendrá una carga horaria de solamente 8 hs. ¿Alcanzará este entrenamiento para que los integrantes de la PADO cumplan de un modo eficiente sus nuevas funciones?

El simpático Maxwell Smart, el Superagente 86, y su bellísima compañera, la agente 99 —surgidos del humor desopilante de Mel Brooks y Buck Henry— fueron una caricatura de James Bond y el inspector Clouseau. La hilarante incompetencia de Smart siempre causa complicaciones pero nunca falla en sus misiones, gracias a su enorme suerte y a la oportuna ayuda de la 99. Los grandes detectives de ficción no confían en el azahar. Resuelven los casos más complicados porque conocen en profundidad el terreno en el que se desempeñan, desarrollan al máximo su capacidad de observación, son psicólogos por naturaleza, perseverantes por obligación y cuando no les alcanza la inteligencia se dejan llevar por la intuición. Es que el creador de los personajes es un escritor que utiliza lo que conocemos como “pensamiento lateral”, ese que hace posible salir de la rigidez de lo aprendido, permite tener ideas mucho más creativas e innovadoras, busca caminos alternativos o desacostumbrados para llegar a la resolución de los problemas de forma indirecta y con un enfoque creativo.

Los argentinos tenemos una fuerte impronta de la cultura italiana, y nuestros problemas institucionales son muy semejantes a los de los sicilianos. Por estas razones se me ocurrió pensar que quienes formen parte del anunciado PADO deberían tener la obligación de ver y estudiar unos cuantos capítulos del Comisario Montalbano. Los futuros detectives podrán preparar esta materia en sus hogares, acompañados por sus familiares y/o amigos, y los profesores elegirán la mejor forma de evaluarlos.

Las “picardías” del pueblo siciliano se emparentan con nuestra “viveza criolla”, tantas veces utilizada para “zafar” de las obligaciones. Creo que la “viveza criolla” puede convertirse en una cualidad destinada a estimular el pensamiento lateral. Los nuevos detectives del PADO deberán ser parte de un cuerpo de inteligencia que ayude a resolver el crimen complejo de la Argentina y no una mera réplica del famoso FBI norteamericano.

Buenos Aires, 14 de agosto de 2018

Lic. Catalina Pantuso

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