ALGUNAS REFLEXIONES DE POR QUÉ NOS VA COMO NOS VA

(y como nos seguirá yendo).

  •       Para tomar conciencia de nuestra realidad social, debemos dejar de lado nuestra increíble capacidad de engañarnos a nosotros mismos, para emanciparnos de nuestras ataduras y  reconocer que el orden y la libertad son complementarios, que son mutuamente indispensables; que sin una disciplina impuesta por las instituciones, sin un sistema instituido que controle y equilibre nuestros intereses en conflicto, la libertad será destruida por el propio idealismo de sus más activos partidarios.
  •     La práctica de la democracia implica una actitud de autocrítica constante. No para negar ni paralizar el ejercicio del poder, sino para rectificarlo, confrontando las realizaciones concretas de la acción política, con el ideal democrático.
  •        Existe en nuestra sociedad una manifiesta falta de conciencia nacional. Hay argentinos cultos y hay capacidad intelectual. Lo que no tenemos es un sentimiento de responsabilidad nacional; no actuamos como partes de un todo, sino, aisladamente como personas privadas.
  •         Nadie puede negar que la estructura social argentina es hoy un todo funcional profundamente perturbado. La desconexión entre padres e hijos, la destrucción de los valores y la pérdida de la autoestima, que deriva de la marginación, la pérdida de expectativas de progreso y la cultura de la permisividad, están explicando la desocialización, las conductas reactivas violentas y la ola de delitos. Nadie podrá negar que para eliminar esas perturbaciones sin abrir nuevas heridas en la sociedad, se requiere una comprensión causal del todo y de lo que lo perturba. No podemos enderezar el presente, sin comprender el pasado.
  •      Los sistemas educativos y de salud enfrentan debilidades estructurales significativas que se traducen en desigualdades.
  •     El Poder Legislativo Nacional por cercenamiento de facultades, está subalternizado, faltándole además,  idoneidad, calidad humana y prestigio.
  •     Como podemos comprobar a través de los indicadores específicos: pérdida de vigencia de la tradición, debilitamiento del sistema de valores derivados de la cultura idiosincratica, desactivación de los controles sociales, conducta social de los individuos errática e imprevisible, nuestra sociedad se ha tornado anómica desde hace bastante tiempo.

Semejante disgregación cultural argentina se evidencia, sobre todo, en el hecho de coexistir tres generaciones que no comparten un común de valores. Cada una de dichas generaciones, posee su propia percepción del descrédito de las instituciones y del fracaso de las elites.

 

  •        El 2018 se presenta, desde el punto de vista económico, como un año con bastante expectativa e incertidumbre: habrá aumentos de tarifas de servicios públicos, en los combustibles, en el transporte, en las prepagas, ¿el dólar se mantendrá próximo a los $20?(decíamos hace ya tiempo y hoy ronda los $31), ¿podrá el gobierno controlar la inflación estimada en 19,30% (y hoy rondamos el 32%), habrá un “enfriamiento” del consumo?, ¿recesión?, ¿podrá  el gobierno alcanzar el superávit fiscal? ¿reducirá el Gobierno el gasto público?.
  •     En lo económico, la percepción general es la de un permanente esfuerzo laboral, totalmente estéril, sea cual fuere la explicación o justificación que se le pretenda dar a la gente, que a pesar de tener un trabajo estable, los que lo tienen, su sueldo no le garantiza poder satisfacer las necesidades básicas y viven debajo del nivel de pobreza; es la nueva clase social que esta surgiendo, conocida como “los trabajadores pobres”.
  •     La asimetría entre la producción y la mejora de los indicadores sociales (salarios, jubilaciones y/o pensiones entre otros) subsistirá, junto con el crecimiento de la espiral de conflictos sociales y gremiales.
  •     La acción de líderes políticos, religiosos y algunos “agitadores” o activistas, pueden encontrar en la descripta situación psicosocial, una vulnerabilidad fácil de explotar a través del efecto demostración, para convertir los deseos en necesidades. En este sentido, los medios de comunicación masiva pueden desempeñar un rol eficaz para potenciar la situación de privación y el “mal humor”.
  •     Como podemos ver, vivimos en medio de una ausencia de elementos que otorguen seguridad a los hombres y mujeres en su vida cotidiana. Sin embargo, no debemos perder de vista que los individuos y los grupos se desplazan hacia nuevas formas de organización y hacia la revivificación de viejas organizaciones populares (con novedosas características).
  •     La cultura, en el contexto de la crisis, se hace evidente como un campo de lucha por el significado de la vida, de la experiencia (que muchos parecen no tener) y del mundo.
  •     La cultura posmodernista está plasmando hoy todas las contracorrientes culturales contestatarias de hace tres décadas, siendo su objetivo confeso la yuxtaposición indiscriminada de subculturas de toda clase, siendo su común denominador el hedonismo individual puro: el placer personal que cada persona quiera alcanzar: sexo, droga, nihilismo, esoterismo, etc.
  •        Se  insinúan impulsos agresivos de arquetipos de estadistas del pasado (reciente y lejano), con la finalidad de obtener fundamentación histórica a posiciones ideopolíticas en función de las empatías que se intentan  en relación a comunes denominadores ideopolíticos. (Se intenta conformar, en nuestro país, un nuevo agrupamiento político entre sectores de izquierda, centro izquierda y el ala “transversal – progresista” del radical-kirchnerismo).
  •     Mientras sus Señorías, nuestros jueces, siguen defendiendo el privilegio de mantener la intangibilidad tanto de su patrimonio (aunque la Ley de Etica los obligue a declararlos) como el de sus remuneraciones, la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, etc. deberían quedar para los libros de la historia como un episodio más, si no fuera porque la Argentina es un país con una tradición de permanentes rivalidades y enfrentamientos, razón por la cual esos episodios, encierran otras verdades que deberían generarnos preocupación y muchas dudas respecto  a las implicancias institucionales que podrán tener en el futuro estas nuevas semillas de la discordia, tan lejanas para algunos y tan cercanas para otros.
  •     La libertad y la justicia, son dos palabras de pronunciación fácil, pero difíciles de traducir en realidades tangibles. Estamos amarrados a conveniencias sociales, intereses creados, disposiciones legales que hoy valen y mañana no, junto a una serie de ligaduras que nos tienen atados al palenque. La libertad, así desaparece; queda la palabra con todos sus atractivos, pero la JUSTICIA se topa con la amistad ideológica, la influencia política  y los “privilegios” de poderes que la hacen peligrar.
  •     Analizando los desórdenes sociales y las crisis en las escuelas/universidades, pero también en diversas organizaciones populares, es posible sostener que está ocurriendo un estallido de algunos espacios que puede leerse como relativa apropiación desordenada y descontrolada de espacios geosociales  como consecuencia de la ausencia de reglas de juego, y cuando no hay reglas de juego ( ni capacidad para imponerlas), hay violencia, corrupción e intranquilidad social.
  •     El desconcierto que en este momento prevalece en nuestro país, se agudiza por la falta de un proyecto integrador, que defina un perfil de país y un camino que nos conduzca al tan ansiado circulo virtuoso del consumo, la inversión y el empleo.
  •      La reducción del gasto público y con él la presión sistemática impositiva, ¿en qué quedó?, en que seguramente, con un poco de cosmética en la economía nacional, provincial y municipal, seguiremos pagando la ineficiencia y el clientelismo del gamonal de turno.
  •     En una sociedad fragmentada como la nuestra, es natural que la dispersión se plasme en una constelación de minorías. Esa atomización de la sociedad solo se puede afrontar con un PROYECTO DE PAÍS, que implique la comprensión de los problemas y la capacidad para solucionarlos.
  •     La expresada falta de integración social, junto a un retraso económico que el Gobierno no ha podido solucionar hasta el momento, podría extenderse en el país.
  •     La marcada movilidad social descendente -desclasamiento- que viene padeciendo la clase media argentina, ayer pivote del progreso, se traduce en ansiedad, tensión, desorganización de las relaciones del grupo primario, junto a  una manifiesta frustración y desasosiego ( téngase en cuenta que el predominio de la anomia y/o la apatía en un periodo signado por la frustración y el desasosiego, puede resultar sumamente peligroso). Por ello, para asegurar un grado razonable de libertad (seguridad), debe existir una fuerza que mantenga el orden y un poder judicial que aplaque y controle la violencia entre los intereses sociales antagónicos, creando y manteniendo un equilibrio entre ellos (según Maritain, es obligación del Estado mantener el orden formal de la sociedad y proteger los derechos civiles fomentando el imperio de la ley ¿eso es lo que está haciendo el gobierno Nacional?).
  •    La insatisfacción y disconformidad instauran un círculo vicioso, complejo y morboso. Porque la insatisfacción engendra intolerancia, la intolerancia crea prejuicios, los prejuicios originan tensiones, las tensiones producen violencia, la violencia conduce al desorden y el desorden desemboca invariablemente en el caos…, el que a su vez provocará nuevos y graves conflictos en el futuro.
  •     A pesar de la crisis económica, institucional y social que padecemos, nuestros honorables representantes del pueblo en el congreso nacional (léase senadores y diputados), así como los señores jueces de la Suprema Corte de Justicia o los “moderadores de la insatisfacción obrera” (sindicalistas), inevitablemente aferrados al statu quo,  se muestran poco dispuestos a enfrentar esta realidad. Calculando siempre las ventajas y/o desventajas personales (conveniencia al fin), ninguno quiere correr el riesgo de que el “paraguas protector” del gobierno los deje afuera
  •     La necesidad de un debate genuino sobre el presente y el futuro del país debe ser una tarea prioritaria, si verdaderamente queremos tener una economía en crecimiento sostenido.

La Argentina tiene por delante una formidable e imprescindible tarea de reconstruir sus instituciones públicas y su capital social y, para hacerlo, será imprescindible que los gobernantes se lo tomen en serio (son ellos los que cargan con la obligación y la oportunidad de reformarse a sí mismos) y convocar a la sociedad a participar en la tarea, porque la política actual está frustrando al hombre sencillo, al hombre medio y al de visión e ideales. (Unos, incapaces de alcanzar una vida gratificante, optan por una existencia imaginaria que la droga les facilita; otros, vengadores de su triste realidad, piquetean, roban, asesinan, secuestran y/o violan. Unos viven mundos ilusorios y otros matan sin sentir, víctimas de la anomia social).

Setiembre de 2005.

Mis amigos, para terminar, quiero decirles con gran  desilusión y no poco dolor, que he debido aceptar que el Dr. Antonio Tróccoli no se equivoco cuando me dijo (año 1983) “mi amigo, no vuelque toda su confianza en el sector ideológico que defiende, el centro derecha suele ser muy individualista y generalmente poco consecuente con sus principios”,  HOY ESTOY ABSOLUTAMENTE CONVENCIDO QUE ES ASÍ. Durante los últimos 7 años he trabajado intensamente para que las muchas individualidades talentosas que tenemos, tanto en nuestro grupo de internautas, como en otros, lejos de aislarse y reconcentrarse en su particularidad, aportacen su experiencia, solidaria y comprometidamente a un fin único: el progreso y engrandecimiento de nuestra Nación. Todas las veces que realicé ese intento,  choqué sistemáticamente con una más que evidente “debilidad de compromiso”. Capacidad intelectual e idoneidad técnica tenemos, FALTA COMPROMISO, falta espíritu de grupo para  CRECER EN EL PENSAMIENTO. Vivimos transfiriéndonos información (no sé para qué),  pero no somos capaces de diagnosticar, como grupo de pertenencia (aunque le moleste a nuestro presidente K que pensemos y mucho más que podamos diagnosticar) nuestra deprimente realidad, ni mucho menos, esbozar un proyecto para modificar esta Argentina mezquina que avanza a los tumbos deslizándose en sentido inverso con los tiempos (¿logro de los estrategas de “la estrategia sin tiempo”?) .

Así como estamos (disgregados, robados, defraudados, difamados, desconfiándonos los unos a los otros, unos procesados, otros injustamente detenidos, mientras algún  borocoteado, intenta justificar lo injustificable, para hacer alguna diferencia que le permita sobrellevar el mal momento), seguiremos siendo una masa amorfa, incapaz de comprender con claridad nuestra misión,  pero nunca, NUNCA, un grupo humano como para consensuar e imponer reformas estructurales, que puedan ser interpretadas como realmente “liberadoras” de tanta penuria, incertidumbre e injusticia.

Y he de decir ansí mismo,

Porque de adentro me brota,

Que no tiene patriotismo

Quien no cuida al compatriota.

(Del Martín Fierro)

Recxuerden que no hay honor ni virtud sin sacrificio; ni habrá lugar al sacrificio permaneciendo en la inacción.

Un fraternal abrazo en azul y blanco

Por HUGO CÉSAR RENÉS.

Buenos Aires, Agosto de 2018.

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