CARTA AL SEÑOR JEFE DEL EJERCITO

Señor Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de mi Patria:   el día que recordamos la muerte del Grl. San Martin, estoy confundido.

Soy el Soldado Voluntario De las Mercedes MAMANI, destacado en la frontera Norte cumpliendo con el Decreto. Sé que Ud. es un hombre perspicaz y observador, por lo que intuyo que se habrá dado cuenta que soy coya, descendiente de esa noble estirpe que supo derramar sangre numerosa en defensa del suelo patrio en las batallas por la independencia y hasta llegar a la última gran batalla en suelo ecuatoriano a órdenes del Gral. Simón Bolívar.

En lo que respecta a mi nombre, deseo aclarar que no responde para nada a que mi madre era una adelantada en cuestiones de género o inclusivas, sino simplemente que ella quiso cumplir con la tradición familiar de que siempre debe haber un hijo que lleve el digno nombre de la Generala del Ejército, que tantas bendiciones le diera a los patriotas de aquellos lejanos y aciagos días en que la Patria se jugaba su existencia; no deseo abundar sobre Ella, ya que sus asesores sabrán ilustrarlo convenientemente sobre esta historia.

Pero vayamos al grano: le cuento cómo estamos aquí y además le expreso la terrible confusión que me aqueja respecto del cumplimiento del Decreto.

Lo primero es agradecerle la designación de nuestros jefes, porque sin lugar a dudas ellos son los mejores, se preocupan constantemente por nuestro bienestar y, dentro de la escasez, nos proveen de lo necesario, pero sobre todo tienen lo que define al soldado: valor y ejemplo personal. Hacen honor al Padre de la Patria, quien en el legajo personal de sus oficiales los definía con un escueto pero contundente ¨Tiene valor, sirve para el combate¨. No hacían falta más palabras. De ese acero están hechos nuestros jefes.

Ellos se preocupan para enseñarnos las mañas del Decreto, por si las moscas, sabe… Lo primero que nos dicen es que estamos cumpliendo una función de apoyo logístico a las fuerzas de seguridad empeñadas en el combate al narco, es decir: proporcionar comida, transporte, alojamiento, apoyo sanitario si alguien es herido, construir alguna ruta o camino, reparar un puente roto y otras  cosas por el estilo, y siempre en la segunda línea, es decir, desde la retaguardia, como dice nuestra doctrina al respecto.

Pero debo decirle que la realidad es que estoy en la primera línea, haciendo patrullas en el monte, a machetazo limpio abriendo picadas y equipado con todo: mi mochila con lo necesario, mi ración de combate y mi inseparable FAL. Que le cuento, de paso, que es lo mejor que tenemos, algo viejos pero siempre efectivos; le diría que por su calibre, poder de impacto y cadencia de fuego, alcance y precisión no hay otro igual. Le aseguro que a 300 metros el enemigo no tiene chances contra esto… que es precisamente lo que me preocupa.

Y aquí mi primera confusión: si estoy en apoyo logístico,  ¿por qué estoy en el frente de combate, con lo que ello implica en materia de riesgos y probabilidad de enfrentamiento cierto? El de enfrente, ¿es enemigo, adversario, oponente o contrincante; cómo lo llamamos? Porque le aviso que, si es enemigo, como dice la doctrina le tengo que tirar.  En esta eventualidad, ¿me ampara el  Decreto? Porque en este punto los jefes no son muy explícitos y lo arreglan con un ¨depende de las circunstancias¨. Pero esto no me deja tranquilo y pienso en mis camaradas presos por otros combates…

Además, lo que aumenta mi confusión es que en las patrullas nos acompaña siempre un gendarme, prefecto o policía, según corresponda. No sabemos exactamente cuál es su rol, pero interpretamos que es algo importante, pues  los jefes nos dicen que en el momento de la decisión sigamos las órdenes del gendarme, que son más expertos en estos temas. Pero también ellos nos dicen que al momento de tirar debemos considerar si el de enfrente está armado de verdad o con un juguete, y de qué calibre es su arma, por esa cuestión de la proporcionalidad en la respuesta ¿vió?; que consideremos si el probable maleante tiene la actitud de enfrentarnos o no y que, después de evaluar todo eso, recién podríamos disparar, pero que aún así tampoco es seguro que el Decreto nos ampare.

Ud. sabe, Sr Comandante, que los soldados somos de pocas palabras pero de mucha acción y sólo necesitamos que nos den órdenes precisas, claras y concretas, que no den lugar a dudas en el momento clave, porque como dicen los jefes ¨La duda mata¨, y en esto, Sr., estamos peor que gato en la neblina.

Sabemos por las noticias que son momentos difíciles, que en algunos lugares del país los jueces, gobernadores, intendentes, etc., ya no duermen tranquilos en sus casas con sus familias, por esta cuestión de los narcos. Pero también es cierto que pensamos para que cuando se termine nuestra faena, no sea cosa que los jueces que hoy les cuidamos el pellejo nos juzgarán y enviarán a prisión por esta cuestión de la ¨Interpretación¨ de la correcta forma de protegerlos, como ya ocurriera con un famoso Decreto democrático.

 

Salta, 17 de agosto de 2018

De las Mercedes MAMANI

Soldado Voluntario E. A.

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