DESCONCIERTO E INACCIÓN, LAS DOS CLAVES DE LA CRISIS TURCA

El presidente Trump y Erdogan conversan durante un encuentro, en julio pasado.

La lira turca ha caído más de 40% en los últimos 6 meses, y el gobierno del presidente Recep Erdogan necesita US$218.000 millones para financiar el déficit de cuenta corriente (6% del PBI) el próximo año. Además de los requerimientos financieros de la deuda de las empresas turcas en el exterior (los bancos deben afrontar pagos por US$76.000 millones). Turquía cuenta con reservas por US$130.875 millones (mayo de 2018), en una economía de US$900.000 millones y una población de 81 millones de habitantes.

El PBI turco ha crecido 7% anual en los últimos 10 años, con un ingreso per cápita que se ha expandido 3,5% anual (US$18.000 anuales en 2017), con una inflación de 16% en el año, a partir del alza de 5% que experimentó en 2016.

Turquía tiene un acuerdo de libre comercio manufacturero con la Unión Europea/UE desde 1995, y ha multiplicado por 3 sus exportaciones a partir de entonces. La industria exportadora importa más de 80% de sus insumos y la totalidad de los bienes de capital. De ahí el déficit de cuenta corriente, el bajo nivel de ahorro interno (16% del PBI), la dependencia del financiamiento extranjero, y la tendencia a la apreciación de la lira.

Su capacidad exportadora, así como el tamaño del PBI y el relativamente elevado nivel de expansión, han transformado a Turquía en un verdadero imán de la inversión extranjera/IED, ante todo alemana. La IED anual fue de US$13.000 millones en la última década, con un récord de US$22.000 millones en 2007.

Los valores de los bancos turcos en la bolsa de Estambul han caído este año 33%. Por eso se han retirado US$771 millones en el 1° trimestre y 3 veces más entre abril y junio.

La deuda pública es reducida (28,4% del producto), y el endeudamiento privado es todavía menor (17,4% del PBI), lo que indica que la resolución de la crisis está a la vista y es relativamente fácil de ejecutar.

Lo verdaderamente riesgoso de la crisis turca no son sus datos estructurales, sino la inacción y el desconcierto que muestra el gobierno del presidente Erdogan (“Hay un solo error estratégico letal, y es no actuar”, dice Clausewitz).

La crisis se acelera y la lira se depreció más de 20% en la última semana, casi media parte de la devaluación del último semestre, al tiempo que se extiende al resto del mundo emergente: el rand sudafricano cayó 10% en un solo día; y la rupia india, 1,1%, en tanto que disminuyó 1,5% la divisa indonesia, el menor nivel en 3 años.

Todo esto ocurre mientras se observa una apreciación excepcional del dólar estadounidense (15% en solo 6 meses), que sigue el ritmo de la notable expansión de la economía norteamericana, que trepó 5% anual en el segundo trimestre del año.

La valorización del dólar golpea a todos los países emergentes sin excepción, que dependen del flujo de dólares para financiar una elevada tasa de importaciones, y asegurar así un alto y sostenido nivel de crecimiento económico.

La sombra del default La lógica es la siguiente: a medida que el dólar se aprecia, la masa de capitales en dólares que financia a los países emergentes los abandonan y se dirigen a EE.UU., lo que provoca una depreciación significativa de sus monedas, y despierta en el horizonte – en Turquía en primer lugar – la sombra ominosa del default.

La fuga de capitales afecta de manera directa a las 2.300 grandes empresas turcas que son titulares de 85% del total de la deuda externa privada. En todas ellas, firmes sostenedoras del presidente Erdogan, el temor a un posible default ha adquirido características de pánico en los últimos 10 días.

La Argentina es mucho más vulnerable que Turquía en términos del proceso imparable de apreciación del dólar. Turquía devaluó 40% su moneda desde enero de este año, y la Argentina más de 60%. Al mismo tiempo, el riesgo país argentino trepó a 723 puntos básicos (p.b.) la semana pasada, el mayor entre las 3 docenas de países emergentes.

Esta excepcionalidad se debe a que la Argentina es el país más dolarizado del mundo, con activos monetarios y financieros en dólares por US$350.000 millones, en tanto los activos en pesos moneda nacional alcanzan a US$90.000 millones.

No hay diferencia entre el adentro y el afuera en el déficit de cuenta corriente de la Argentina (7% del PBI). En uno y otro caso la moneda en que ahorran e invierten los argentinos es el dólar estadounidense.

Conclusión: la crisis turca se agrava y se transforma en una amenaza global por el evidente desconcierto del presidente Erdogan ante “la súbita irrupción de lo nuevo”, acentuada al combinarse con un enfrentamiento con EE.UU. en el momento en que ha retomado el liderazgo mundial.

La Argentina, en cambio, sabe lo que hay que hacer, y lo está haciendo, y cuenta con el respaldo inequívoco y pleno de los Estados Unidos y del presidente Donald Trump en forma directa.

La realidad está a la vista: lo que es difícil es verla.

 

Clarín,

19 de Agosto de 2018

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