LA KGB TAMBIÉN INVESTIGÓ LA VIDA DE SAN MARTÍN

BRUSELAS.- ¿Pueden archivos recientemente abiertos de la KGB echar luz sobre la vida de un personaje que vivió más de 100 años antes de la Guerra Fría? La respuesta es positiva y sirve como ejemplo de los muchos datos mencionados durante un coloquio internacional sobre la vida del general José de San Martín, realizado en el Palacio de las Academias de la capital belga.

Historiadores, diplomáticos, economistas y hasta filólogos de ambos lados del Atlántico participaron de este encuentro, organizado por el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Iberoamérica (Creai) de la Universidad de Liége y la embajada argentina ante el reino de Bélgica.

La extraña vinculación del servicio secreto soviético con la figura del Libertador surgió de boca del profesor Philippe Raxhon (Creai), que anunció el descubrimiento, en las últimas semanas, en Moscú, de los archivos completos de la Logia Masónica de Bélgica, incautados durante la Segunda Guerra Mundial por las fuerzas de ocupación nazi y, más tarde, trasladados a la capital soviética por las tropas de Stalin.

“Este material está siendo microfilmado por el Instituto de Estudios de las Religiones y del Laicismo, de la Universidad Libre de Bruselas (ULB), para su divulgación en medios académicos, y podrá ser consultado en los próximos meses. En él esperamos poder encontrar pruebas que pongan punto final a las dudas sobre los lazos de San Martín con la masonería europea”, señaló.

A pesar del desagrado de muchos de los presentes, que estimaron el punto como “irrelevante”, lo cierto es que la cuestión acaparó buena parte de las deliberaciones. Para el profesor Christian Ghymers, de la Universidad Católica de Louvain-La-Neuve, su enrolamiento en Cádiz en la Logia de los Caballeros Racionales, creada por Francisco Miranda en Londres, hace exactamente 200 años; su posterior participación en la Logia Lautaro y el establecimiento de una rama de ésta en Chile en coordinación con Bernardo O´Higgins explicaría muchas de las decisiones adoptadas por el gran capitán en sus expediciones, especialmente en el uso del mar (como lo hizo con poco éxito Miranda en Venezuela) para la liberación del Perú.

El presidente del Instituto Sanmartiniano, general Diego Soria, sin desestimar el papel de las sociedades secretas, recordó que éstas “tenían características muy distintas de las de la masonería anticlerical de fin de siglo”, y estimó que la influencia de Miranda fue simplemente la de un “precursor” y que, si bien la íntima amistad de San Martín con O´Higgins es “indiscutible”, esto no llegó jamás a condicionar la acción estratégica del general de los Andes.

En contraste, el profesor Jorge Ramallo, de la Academia Nacional Sanmartiniana, aseguró que la asociación del Libertador con logias masónicas fue “un invento de los liberales” para ocultar la simpatía del Libertador por Juan Manuel de Rosas, feroz antimasón a quien “no sólo legó su sable en señal de respeto por la defensa de la Patria ante las invasiones francesas y británicas, sino que dio muestras elocuentes de apoyar también su gestión de política interna”.

Este argumento recogió escaso apoyo, pero subrayó el carácter polémico de lo que estaba en discusión.

“La cuestión de la entrega, por parte de la masonería belga, de una medalla al general San Martín ha alimentado una larga querella en la historiografía argentina sobre la pertenencia de San Martín a la francmasonería -admitió el profesor Raxhon-. Pero la existencia de la medalla es indiscutible y resulta ser el único retrato de perfil de San Martín autentificado. Ella lleva el enigmático texto: La III perfecta amistad const., Bruselas, 7 de julio, al General San Martín, 1825. Ahora bien: el 19 de enero de 1825 apareció un anuncio en el periódico La Belge Ami du Roi et de la Patrie (La Bélgica Amiga del Rey y de la Patria) en el que se indicaba que Jean Henri Simon, grabador de Su Majestad y a la vez francmasón, fue encargado por el gobierno para confeccionar diez medallas de hombres célebres, entre los que figuraba San Martín. ¿Puede que esta condecoración gubernamental se haya transformado en una masónica? El misterio sigue vigente.”

Detrás de los seudónimos

Aun así, el experto leyó un extracto de una carta enviada por San Martín a su amigo inglés William Miller, durante su estada en Bélgica, en la cual respondía a una inquietud sobre su pertenencia a la Logia Lautaro: “No creo conveniente hable usted lo más mínimo de la logia de Buenos Aires: éstos son asuntos privados y que aunque han tenido y tienen una gran influencia en los acontecimientos de la revolución de aquella parte de América, no pondrían manifestarse sin faltar por mi parte a los más sagrados compromisos”.

El Libertador había pedido también a su amigo discreción en la correspondencia, señalándole: “Sin duda, ambas (cartas) han sido pasto de la curiosidad de la policía prusiana y francesa; por lo tanto ruego a usted que en lo sucesivo omita en mis sobres el nombre de general y ponga simplemente Mr. St. Martin”.

En sus misivas, el Libertador llegó a firmar con el apellido de su madre (José Matorras) y se registró ante las autoridades de la Bélgica holandesa con el nombre de “Marcelis, Juan José”.

El profesor John Fisher, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Liverpool, puso de relieve el papel de las amistades británicas del Libertador en su labor emancipadora constrastándola con la apatía del establishment.

“San Martín nunca recibió ayuda directa del gobierno británico, aunque sí apoyo moral y la impresión al enemigo de que la flota británica saldría en su ayuda. La verdad, sin embargo _explicó Fisher_, es que lo único que se le ofrecía en Londres eran préstamos caros y la venta de armamentos que probablemente también ofrecían al mismo precio a sus rivales.”

Los profesores Francis Balace, de la Universidad de Liége, y Hervé Hasquin, de la ULB, explicaron las circunstancias que llevaron al gran capitán a instalarse a fines de 1824 en Bruselas, primero en la rue Fossé-aux-Loups, en el Hotel de la Croix Blanche, y más tarde en una pequeña casa con jardín en la rue de la Fiancée.

“Los principales atractivos fueron no sólo la vida barata, sino, ante todo, la tolerancia política y religiosa establecida en la región durante el período de los Habsburgo -señaló Hasquin- y la proximidad con Francia e Inglaterra, donde San Martín quería vivir, dado que en París era indeseable aun cuando vivía allí su hermano Justo Rufino, quien se le sumaría en Bruselas junto con su hija Mercedes, que estudiaba en Inglaterra, en febrero de 1825.”

En 1831, la revolución belga y el riesgo de una epidemia de cólera empujan al general a su último exilio, en Francia. Pero, de acuerdo con un texto presentado por el vicealcalde de Bruselas, François-Xavier de Donnea, San Martín habría tenido un papel importante en esta turbulenta época del nacimiento del reino de Bélgica.

“El barón de Wellens -aseguró- le ofreció conducir las fuerzas revolucionarias y fue él quien, tras negarse, sugirió el nombre del general español Juan Van Hallen, que finalmente estaría al frente de los históricos sucesos de agosto y septiembre de 1830.”

 

La Nación,

14 de junio de 1998

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