MUCHO ESCEPTICISMO – EL PLUS DEL CARRY TRADE + LA CORRIDA CAMBIARIA, ALTOS NIVELES INCERTIDUMBRE

Con 120% de inflación, riesgo país en 700 y waiver a FMI, Macri viaja a Wall St. La herencia del gradualismo agrava otro déficit, el financiero. La incertidumbre no es gratis: El dólar sube y se fuga

La misión encabezada por el secretario de Coordinación Interministerial de la Jefatura de Gabinete Mario Quintana fue complicada: el mundo financiero concentrado en Wall Street no termina de entender cómo hará la administración Macri para pagar la masa de intereses de deuda. Es que mientras se agrava el déficit de cuenta corriente, los Macri boys se la pasan de Excel en Excel analizando números que sólo se resuelven con el ingreso de dólares genuinos. Sin certezas de que la oposición parlamentaria acompañe la baja del déficit primario al 1,3% del PBI que deberá constar en el proyecto de Presupuesto 2019, ni cuántos de los vencimientos de Letras de Tesorería se renovarán para saber cuánta plata se necesitará para financiarlo, los representantes de fondos comunes de inversión del exterior transmitieron a los enviados a Nueva York de la Administración Macri que, por ahora, el descalificador riesgo país que saca a los bonos argentinos de vidriera está bien donde está. Discrepan asimismo con la estimación del Ministerio de Hacienda de que harán falta US$7.500 millones, aparte de los desembolsos del FMI, para cubrir 2019, y reparan en el denominado déficit cuasifiscal que incluye los títulos públicos. Los lobos de Wall Street calcula n US$15.000 millones y los consultores más moderados no bajan de US$10.000 millones adicionales. De la magnitud que asumió la deuda dan la pauta los intereses, cuyo costo ayudó a catapultar la devaluación hasta mitad de año y representan 0,4 puntos del PBI. En los primeros 7 meses del año se fugó el doble que en igual lapso de 2017. Es que la incertidumbre respecto a la situación económica del país transforma al dólar en principal activo de refugio mientras la devaluación se torna permanente… aunque la excusa sea esta vez la devaluación en Brasil.

Los mercados temen que Macri otra vez le pifie y termine en default.

Según un relevamiento del Observatorio de Políticas Públicas de la UNDAV, la inflación en los últimos 3 años, desde que asumió Mauricio Macri, se disparó al 120,9%, con 31% en los últimos 12 meses. De hecho, el mercado da por descontada la renegociación de la Casa Rosada con el FMI por superar con creces el límite superior de la franja inflacionaria del 27% al 32%, ubicándose la interanual julio/2018-julio/2019 en el orden del 35% con un optimismo casi oficialista.

En tanto que los precios mayoristas vienen acelerando la suba desde junio de 2017 y en julio de este año aumentaron 47%, siendo la recesión el freno de mano para que la hiperinflación se mantenga dormida. Los comerciantes pequeños y medianos no ven margen para seguir aumentando los precios.

A su vez, Argentina se encuentra muy vulnerable frente a lo que sucede incluso en Turquía. Es decir, ya no es Brasil, su principal socio comercial, el país que pueda golpear nuestra economía sino cualquier vientito externo, desnudando la vulnerabilidad con la que se maneja Macri.

En este sentido, el economista Miguel Ángel Boggiano reflexiona: “¿Cuántos embates más deberá soportar el peso argentino? La respuesta la tiene la clase política que no parece interesada en buscar un acuerdo para cumplir con las metas impuestas por el FMI.

Resulta un ironía que se demonice al FMI, la única entidad del mundo dispuesta a prestarnos para que podamos mantener, al menos parcialmente, nuestro tren de vida. Los que creen que sin el FMI estaríamos mejor, no entienden que sin el FMI, la consecuencia sería abismo y default inmediato. Cuánta ignorancia”.

Así las cosas y sin generación de dólares vía producción y exportación, Macri está por caer en el círculo vicioso de no poder ordenar las cuentas fiscales por perder muñeca política y económica, al punto tal que llegará el momento en el que uno puede ajustar hasta donde el margen lo permita. Para no caer en el tan temido estallido social, la Casa Rosada tendrá entonces que generar ingreso dólares genuinos para parar la sangría.

En este sentido, el economista y analista de mercados Daniel Artana desarrolló al aire de CNN: “En el sector público, en el programa que se firmó con el Fondo, supone que vas renovando la deuda que viene, que es normal. Acá eso no está por sentado y por eso uno necesita que baje el riesgo, para que el gobierno nacional y las provincias, que tienen vencimientos en dólares, puedan colocar y renovar deuda. Creo que la clave es que la economía empiece a levantar. Entrando al 2019 se necesitan dos cosas: que baje el riesgo país y el clima acompañe. A mí me preocupa más el riesgo país, porque para que la economía no recesione mucho necesita capitales para el sector público y privado”.

Con todo, Macri viajaría a Wall Street en septiembre cuando tenga que participar por segunda vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La ONU será la excusa perfecta del mandatario para llevar tranquilidad a los mercados, que miran de reojo los pasos que está dando, sobre todo con el presupuesto 2019, el escándalo de corrupción que está paralizando la obra pública, la situación social y las cartas que juega la oposición.

El periodista Carlos Burgueño, escribió para Ámbito Financiero: “Si bien en un principio Macri no tenía intenciones de participar del evento, y que otra vez fuese la vicepresidenta la que representara al país, las novedades que desde Estados Unidos enviaron Quintana, Cañonero y el secretario de Finanzas, Santiago Bausili, hicieron que el jefe de Estado cambiara de opinión. Desde Nueva York llegaron opiniones diversas sobre la realidad económica y financiera del país. Si bien se pondera aún la decisión de Macri de abrir la economía, cambiar el signo financiero frente a los años kirchneristas, el ascenso de mercado emergente y de volver al mundo de los bancos internacionales, se reconoce que desde abril pasado parte de la relación con los inversores mundiales se perdió. Y que desde hace dos meses directamente el país está marginado y relacionado con cada economía emergente que entre en crisis”.

“Macri sigue de cerca cada castigo que se les aplica a los bonos locales y las empresas argentinas que cotizan tanto en Buenos Aires como las ADR de Wall Street; y considera “injustas y sobreactuadas” las decisiones de abandonar las posiciones locales y convertir en prohibitivas las tasas de interés que deberían pagar si quisieran acudir a los mercados financieros voluntarios, tanto el Estado nacional como los provinciales y nacionales y, fundamentalmente, las empresas privadas.

El Presidente se mostró en las últimas semanas particularmente preocupado por la imposibilidad de continuar con la búsqueda de f ondos en Wall Street, de parte de una de las empresas más importantes de la Argentina y donde más expectativas había puestas en que consiguiera un financiamiento millonario en dólares para invertir en el país. En el Gobierno se analizó también el “castigo” que los inversores de Wall Street aplicaron a compañías argentinas que cotizan en Nueva York y que perdieron más del 60% de su patrimonio en el último año; comenzando por los casos de Supervielle y Loma Negra, compañía que además está señalada en Estados Unidos como “culpable” de no informar sobre la crisis económica criolla a sus inversores norteamericanos.

Este panorama negativo, sumado a las casi inevitables sanciones que desde la SEC se le aplicarán a las empresas que cotizan en el mercado neoyorquino y que están involucradas en el “Gloriagate”, crearon un cóctel explosivo y un clima antiargentino en Wall Street que Macri buscará personalmente aplacar”.

·         EL PLUS DEL CARRY TRADE + LA CORRIDA CAMBIARIA : La herencia del gradualismo agrava otro déficit, el financiero

Sin certezas de que la oposición parlamentaria acompañe la baja del déficit primario al 1,3% del PBI que deberá constar en el proyecto de Presupuesto 2019, ni cuántos de los vencimientos de Letras de Tesorería se renovarán para saber cuánta plata se necesitará para financiarlo, los representantes de fondos comunes de inversión del exterior transmitieron a los enviados a Nueva York de la Administración Macri que, por ahora, el descalificador riesgo país que saca a los bonos argentinos de vidriera está bien donde está. Discrepan asimismo con la estimación del Ministerio de Hacienda de que harán falta US$7.500 millones, aparte de los desembolsos del FMI, para cubrir 2019, y reparan en el denominado déficit cuasifiscal que incluye los títulos públicos. Los lobos de Wall Street calcula n US$15.000 millones y los consultores más moderados no bajan de US$10.000 millones adicionales. De la magnitud que asumió la deuda dan la pauta los intereses, cuyo costo ayudó a catapultar la devaluación hasta mitad de año y representan 0,4 puntos del PBI.

No convence la idea de que todo mejorará.

El común denominador del vice de la Jefatura de Gabinete, Mario Quintana; el secretario de Finanzas, Santiago Bausilli, y el vice del Banco Central, Gustavo Cañonero, es que abrevaron todos de la cultura de los fondos de inversión, y con ese bagaje integraron una misión del gobierno nacional a Nueva York para intentar convencer a primus interpares de las finanzas, con asiento en Wall Street, que los números en Argentina ahora van a cerrar y es inexorable una reducción del riesgo país actualmente en 700 puntos, lo cual convertiría en un pingüe negocio un reposicionamiento en bonos al valor actual.

La carpeta fiscal que presentaron como una pinturita muestra que el déficit primario bajó en julio 35,4% interanual, que con las reducciones decretadas ya va por el 2,7% del PBI, y que la hipótesis presupuestaria para el año que viene es que baje a la mitad, ,o sea, 1,3% del PBI.

En caso de que se renueven las Letes, como considera el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne que sucederá y como el financiamiento de este año ya está asegurado con los desembolsos del FMI, para el que viene se necesitarán conseguir US$7.500 millones.

A los ex colegas del Morgan las proyecciones les dan el doble: US$15.000 millones que incluyen los 11.700 millones del FMI, y otros se ubican en el medio: US$10.000 millones.

Al terceto enviado por la Administración Macri le hicieron preguntas sobre si la oposición parlamentaria acompañará el proyecto oficial de Presupuesto 2019, si son consistentes los cálculos con una inflación superior al 32% y en ascenso, un PBI que se cae y cómo piensan cubrir un gap financiero de US$49.700 millones hasta fin de 2020, del que corresponde este año US$12.900 millones, US$19.300 millones el que viene y US$17.400 millones en 2020.

Ante la duda de si el país estaría más cerca del default que de capear el temporal, la respuesta fue que, de última, está abierta la posibilidad de acceder a otro salvataje político de Washington: un préstamo del Tesoro de USA o un waiver (perdón) del FMI que flexibilice el acuerdo.

Los números son contundentes: los vencimientos ya comprometidos por el Estado nacional superan este año los US$71.399 millones (tomando en cuenta títulos públicos y préstamos en moneda local y extranjera) y continúa por encima de los US$21.400 millones hasta 2022.

A corto plazo vencen US$.26.962 millones y US$44.436 millones son en compromisos de mediano y largo plazo.

Para 2019, y sin contemplar futuros préstamos o renegociaciones de vencimientos, los compromisos de pago de deuda de mediano y largo plazo ascienden a US$24.945 millones. El rojo con organismos internacionales, en tanto, es de US$1749 millones, con US$815 millones del BID y US$451 millones del BIRF/Banco Mundial.

La bola de nieve que se generó con el endeudamiento de corto plazo que bancó el gradualismo, y enfureció a las mentes más ortodoxas del círculo rojo, marcha con su propia inercia por fuera de la contabilidad de ingresos y egresos que lleva la Tesorería.

Por su parte, el déficit financiero fue de $ 62.380 millones y se incrementó 90,6% i.a. Los intereses sumaron $ 48.100 M (352% i.a.) como consecuencia, por un lado, de haber pagado en julio -dado que fue inhábil el 30/06/18- la suma de $ 22.800 M de intereses que el año pasado se habían abonado en el mes de junio y, por el otro, al pago de $ 7.800 M correspondientes al primer cupón de intereses de la colocación de deuda realizada en enero de este año.

  • Déficit primario en baja, financiero en alza

En el 7mo mes del año, el sector público nacional tuvo un déficit primario de $ 14.280 millones, principalmente gracias a que los recursos totales crecieron 7 puntos porcentuales por encima del gasto primario, pero el rojo financiero saltó un 90,6% debido al pago de intereses de la deuda, que treparon 352%, según información del Ministerio de Hacienda.

Contra un incremento del 19,1% ( -9,2% en términos reales) registrado en los gastos primarios, que alcanzaron $ 246.899 millones, las entradas totales crecieron un 25,6% interanual (i.a.) y alcanzaron los $ 232.619 millones. Se destacan los recursos tributarios que sumaron $ 205.572 millones (18,2% i.a.), liderados por el IVA (39,0% i.a.), Créditos y Débitos (50,0% i.a.) y Derechos de Importación (72,9% i.a.).

Los aportes y contribuciones a la Seguridad Social (18,8% i.a.) bajaron su ritmo en relación a los meses previos, debido al impacto de la reforma tributaria sancionada a fines de 2017 que reduce el importe de las contribuciones patronales.

Otros ingresos tuvieron un crecimiento de 140% i.a. que obedeció a mayores rentas de la propiedad del Tesoro obtenidas por la prefinanciación del programa financiero de 2018, mayores colocaciones del FGS (p.e. préstamos a provincias y programa Argenta) e ingresos de capital por ventas de terrenos y otros activos físicos.

En cuanto a los gastos, los subsidios económicos crecieron 17,9% i.a. en conjunto, entre los cuales los destinados al transporte se incrementaron 2,5% i.a. y los energéticos 38,4% i.a., debido al impacto del tipo de cambio y temperaturas mucho más frías en relación al invierno pasado.

En cambio, las prestaciones sociales crecieron 27,4% i.a., 8 p.p. por encima del nivel general, producto del ajuste automático de las principales: jubilaciones, pensiones y asignaciones.

Es en este rubro en el que se concentran las miradas de los agentes inversores.

Consideran al déficit previsional la madre del borrego, se lo transmiten a la misión enviada por el gobierno, como ya los auditores del Fondo se lo vienen advirtiendo a Dujovne y compañía, quienes reciben de la cúpula de Cambiemos siempre la misma devolución: políticamente inviable en vísperas de elecciones.

Al principio resignados, los funcionarios parece que ahora le tomaron el gustito al impuesto inflacionario y transmiten que las licuaciones con inflación reemplazan a las medidas de ajuste directas, sin trepidar en que los efectos recaigan, primero que nada, en los estamentos más débiles de la sociedad.

El Banco Central le da a la maquinita e inventa base monetaria, a razón del 35%, paga por retener una parte y lo que queda se distribuye en una estructura de precios relativos en gran parte regulados y en otra monopólicos.

Suben las tarifas de transporte, luz y prepagas, además del futuro incremento de gas, homologa las de combustibles, y al finalizar el año resulta que determinó sobre el IPC un piso alto de inflación mensual.

“En los 32 meses transcurridos desde el cambio de régimen gubernamental se registró una inflación acumulada del 120,9%, que se contrasta con la del mismo período a diciembre de 2015, ya que estos últimos se había verificado una suba levemente superior al 103%”, compara el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).

O sea que el nuevo gobierno, en lugar de bajar la inflación como había prometido, la ha ido subiendo, y así consiguió esterilizando los balances anuales de erogaciones públicas, salarios, jubilaciones.

La delegación del FMI que está por irse de Buenos Aires se fuma esta versión criolla de ajuste por inflación, aunque no agrada para nada que, con el 31%, Argentina sea sólo superada en el ránking de aceleración de precios en el planeta por Venezuela, Sudán del Sur y Sudán, en tanto el Congo se acerca con un 30%.

·         ALTOS NIVELES: La incertidumbre no es gratis: El dólar sube y se fuga

En los primeros 7 meses del año se fugó el doble que en igual lapso de 2017. Es que la incertidumbre respecto a la situación económica del país transforma al dólar en principal activo de refugio mientras la devaluación se torna permanente… aunque la excusa sea esta vez la devaluación en Brasil.

Si bien los condicionantes externos complican al país, ya que reducen las posibilidades de financiamiento externo, no es sólo Brasil, o Turquía, o la guerra comercial entre Estados Unidos y China, lo que dificulta el panorama, sino que todo ello se da en un marco de importante falta de credibilidad en el actual rumbo económico.

El dólar se posiciona como el principal activo de refugio frente a expectativas de una permanente devaluación de la moneda.

Ayer el dólar superó los $30,80, y en algunos bancos incluso rozó los $31 en el segmento minorista.

En las casas de cambio y bancos, la divisa de USA promedió los $30,82 para la venta y $29,79 para la compra.

En lo que va de 2018 el aumento del tipo de cambio es de 62,9%, una tasa que triplica la inflación del período, mientras que en los 12 meses acumula un salto de 76,1%, de los $17,50 del 22 de agosto del año pasado.

Como explicó Lucas Gardiner, director de Portfolio Personal, a un sitio web, “el escenario mantiene, e incluso profundiza su inestabilidad. La combinación de un escenario propio claramente frágil con otro externo que suma frentes de tensión, lleva a resaltar las vulnerabilidades que presenta la Argentina”.

En este marco, la fuga de capitales alcanzó en julio los US$3351 millones, según el Banco Central, acumulando en los primeros 7 meses del año US$20.028 millones, esto es, el doble que en igual lapso de 2017.

La fuga, que se computa como formación neta de activos externos del sector privado no financiero, estuvo compuesta por compra de billetes (2386 millones) y por transferencias de residentes (965 millones).

A esto se suman otros US$748 millones en servicios, en su mayoría “por los consumos de residentes por viajes, pasajes y otros pagos al exterior por el uso de tarjetas”, advierte el organismo que conduce Luis Caputo.

Estos niveles de fuga extraordinarios explican la disparada del endeudamiento y la devaluación permanente, que el Gobierno no atina a cortar.

La cuenta capital y financiera cambiaria del sector privado no financiero registró egresos netos (salida) de US$4415 millones en julio.

Según el informe oficial, los principales factores que explican este resultado fueron la formación neta de activos externos del sector privado no financiero por 3351 millones, egresos netos por inversiones de no residentes por 914 millones y la salida neta por la operatoria de títulos valores de las entidades por unos 360 millones. Respecto del flujo por turismo, el informe puntualiza que la pérdida fue de 748 millones de dólares, lo que representó una caída de 19,8% contra los 896 millones de igual mes del año pasado y un aumento de 6,4% sobre los 703 millones de junio.

En términos brutos, las compras de billetes de residentes totalizaron US$3693 millones y fueron realizadas por unos 1.350.000 clientes, que implicó un aumento de 240.000 clientes respecto a lo observado en junio previo. Se trata de niveles entre los máximos históricos.

El diario ‘Ambito Financiero’ publica que “el mes pasado la compra bruta de billetes sumó u$s3.693 millones y fue realizada por 1.350.000 clientes, o sea, 240.000 más que en junio. Para las autoridades del BCRA esto se explicaría por el efecto aguinaldo”.

En tanto, también se computaron caídas de los depósitos en dólares, que el organismo justifica en “repatriaciones de inversiones de no residentes por 440 millones de dólares, por formación de activos externos de (inversores) residentes por 328 millones y por egresos por operaciones en el (mercado) primario y secundario por 52 millones”.

El Tesoro registró pagos por vencimientos de Letes por 1900 millones de dólares, a lo que se sumaron cancelaciones de capital e intereses a tenedores de otros títulos y a organismos internacionales por 1100 millones.

“Los cobros de tenedores locales constituyeron uno de las principales explicaciones de aumento de los depósitos privados en moneda extranjera por 900 millones de dólares”, advierte el comunicado, lo que implica colocaciones de corto plazo hasta que los fondos se direccional a otra inversión.

La pérdida de divisas fue parcialmente compensada con US$2254 millones en ingreso de fondos por colocación de nueva deuda del Tesoro, detalló ‘Página/12’, y continuó: “En ese endeudamiento de julio, se destacó la ampliación de un título denominado en pesos por US$1583 millones y la colocación de Letes por 671 millones. El resultado fue que el stock de reservas del Central disminuyó en US$3885 millones hasta los 57.996 millones con los que concluyó julio”. 

Por Arq. José Marcelino García Rozado

Buenos Aires, 22 de agosto de 2018

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