EL GAUCHO RIVERO Y LAS ISLAS MALVINAS

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…El 26 de Agosto de 1833 amaneció más frío que nunca en las Islas Malvinas, los Gauchos liderados por Antonio Rivero se movieron sigilosamente por los caminitos de Puerto Soledad, según el plan que acordaron días antes. Tomarían la Comandancia Británica de las Islas y los principales Establecimientos del lugar, bajarían del Mástil la Bandera Inglesa, izarían la Argentina y darían Vivas a la Patria esperando que ese grito soberano llegue al Continente.

A principios de ese año1833 el 3 de Enero exactamente, la Corbeta Británica Clío había intimado a rendirse al Coronel argentino José María Pinedo, entonces Pinedo reunió a los criollos y les dijo que no tenía fuerzas suficientes para resistir el ataque colonialista de la Flota Inglesa, formada por la Clío y otro buque de guerra más adentro del mar.

· “Nunca se rendirá a fuerzas superiores”

Fue durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Por orden del Restaurador, el 10 de septiembre de 1832 el Ministerio de Guerra y Marina designa provisoriamente como comandante civil y militar de las Malvinas al mayor de artillería Juan Esteban Mestivier. El oficial tiene dos años de casado con Gertrudis Sánchez, una porteña de 22 años, que está embarazada.

Quince días después, la goleta de guerra Sarandí, a las órdenes del teniente coronel de marina José María Pinedo, de 38 años, parte hacia las islas con Mestivier, su joven esposa y 25 soldados del Regimiento Patricios al mando del teniente primero José Gomila.

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Pinedo, hijo y hermano de militares, ha ingresado a la marina en marzo de 1816, a la edad de 20 años, mientras el país luchaba por su independencia. Durante la guerra con Brasil, la goleta Sarandí ha sido una de las naves más heroicas bajo el mando del almirante Guillermo Brown.

Las instrucciones que lleva Pinedo, firmadas por el ministro de Guerra y Marina, Juan Ramón Balcarce, son claras: “El comandante de la goleta Sarandí guardará la mayor circunspección con los buques de guerra extranjeros, no los insultará jamás; mas en el caso de ser atropellado violentamente […] deberá defenderse de cualquier superioridad de que fuere atacado con el mayor valor, nunca se rendirá a fuerzas superiores sin cubrirse de gloria en su gallarda resistencia […y] no podrá retirarse de las islas Malvinas mientras no le fuera orden competente para efectuarlo”.

Dos meses más tarde, los acontecimientos demostrarán que Pinedo no estaba a la altura de las instrucciones.

· Año Nuevo trágico

La expedición arriba a Puerto Soledad el 7 de octubre. Pinedo sale a recorrer en su goleta las costas de las islas y regresa el 30 de diciembre, con la idea de festejar el nuevo año en tierra. El oficial se encuentra con un desastre: un ex esclavo negro que revistaba en el Regimiento Patricios, Manuel Sáenz Valiente, y seis soldados se han amotinado y asesinado al mayor Mestivier, mientras Gertrudis Sánchez daba a luz. Los insubordinados también mataron a un comerciante y a su mujer, robaron caballos y huyeron al campo. El teniente primero Gomila no sólo no intervino sino que obligó a la viuda de Mestivier a convivir con él. Con ayuda de los peones malvineros y la tripulación de un barco francés, Pinedo encarcela a los insurrectos.

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Los mortificados colonos de la isla celebran el Año Nuevo quizá con la esperanza de un futuro de paz y prosperidad. Pero el drama recién comienza. El 2 de enero de 1833 llega la fragata de guerra inglesa Clio, al mando del capitán John James Onslow, de apenas 23 años de edad e hijo de un almirante de la Corona. El marino le comunica a Pinedo que tiene orden de ocupar el archipiélago en nombre de Gran Bretaña y le da plazo hasta el día siguiente para arriar la bandera argentina y retirarse.

Pinedo, quien seguramente era un lobo de mar muy prudente, considera que no tiene ninguna posibilidad de enfrentarse a la Clio. Al mañana siguiente ordena a sus hombres que embarquen y ofrece trasladar a Buenos Aires a los pobladores que quieran abandonar Puerto Soledad. La mayoría comienza a preparar su equipaje. Antes de abandonar ese territorio que le resulta tan hostil, el cauto hombre de armas redacta un documento que nombra “comandante político y militar” de las Islas Malvinas al capataz “Juan Simón”. Se trata de Jean Simon, que, además de francés, es analfabeto.

· Una bandera “extranjera”

A las nueve de la mañana del 3 de enero de 1833, mientras el decidido Onslow ordena izar la bandera británica en medio de redoble de tambores, el prudente Pinedo observa la ceremonia desde la Sarandí. Antes de mediodía, un oficial inglés llega a la goleta con la enseña azul y blanca doblada, y un mensaje que expresa que las fuerzas de ocupación habían encontrado “esa bandera extranjera en territorio de Su Majestad”. A las cuatro de la tarde del día siguiente, el teniente coronel de la marina de guerra argentina ordena levar anclas y poner rumbo a Buenos Aires a toda velocidad.

En Puerto Soledad quedan apenas 26 personas: 21 hombres, tres mujeres y dos niños. A eso se reduce la población de lo que poco tiempo antes era un laborioso establecimiento ganadero.

El capitán Onslow parte en la fragata Clio el 14 de enero, luego de encomendar la custodia del pabellón inglés a William Dickson, un irlandés encargado del almacén de víveres del poblado. La misión de Dickson es enarbolar la bandera los días domingo y cuando se presenten naves extranjeras, incluidas las argentinas.

· Indulgencia militar

Cuando la Sarandí llega a Buenos Aires y Pinedo informa al gobierno, las autoridades ordenan una investigación y se forma un tribunal militar. Al concluir el proceso, la sentencia se cumple el 8 de febrero de 1833. El negro Sáenz Valiente, asesino de Mestivier, es fusilado en la Plaza de Marte (actual Plaza San Martín, en Retiro) después de amputársele la mano derecha. Sus seis cómplices también terminan acribillados contra el paredón. Los siete cadáveres son colgados durante cuatro horas. Otros dos soldados, que habían profanado el cadáver de Mestivier, fueron condenados a recibir cien y doscientos palos tras los muros del cuartel.

El tribunal militar es mucho más benigno con el teniente primero José Gomila, a quien le correspondía el mando de la tropa y tenía atribuciones de vicegobernador de las Malvinas. Lo condena a dos años con media paga en algún fortín de la provincia de Buenos Aires “a su elección”.

El teniente coronel José María Pinedo declara que sus oficiales y toda la tripulación, “exceptuando uno, eran ingleses”, que sus instrucciones “le prohibían hacer fuego a ningún buque de guerra extranjero” y que él era quien “tenía que romper el fuego con una nación en paz y amistad con la República Argentina”.

El tribunal que lo juzga es indulgente. Lo condena a una suspensión de cuatro meses sin goce de sueldo, le prohíbe estar al mando de buques y lo destina al Ejército de tierra. Pero en 1834, ante la falta de oficiales, es reincorporado a la Marina y destinado a tareas de vigilancia en el Río de la Plata. Y en la Armada termina su carrera tranquilamente a pesar de sus reiteradas conductas poco honorables. Siempre logra “zafar” gracias al prestigio de su valeroso hermano Agustín, quien en 1833 encabezó la llamada Revolución de los Restauradores y en 1835 había sido designado ministro de Guerra por Rosas.

· Condenan a Pinedo por su actuación en despojo de Malvinas

Este día 7 de marzo de 1833, el gobernador Juan Ramón González de Balcarce dispone condenar al teniente coronel José María Pinedo por su actuación en la ocupación británica de las islas Malvinas, cuando ante la intimación de los intrusos decidió arriar la bandera nacional en Puerto de la Soledad, dos meses antes.

Desde el mismo momento que retornó a Buenos Aires, Pinedo fue sometido a juicio para esclarecer su conducta militar por el Consejo de Guerra y Marina para Oficiales Generales. Como “la tramitación del expediente adoleció de diversas deficiencias procesales” y el fallo “emitido el 14 de febrero “no conformó al Superior Gobierno”, decidió impugnarlo y condenar “finalmente a Pinedo a ser separado de la marina, con suspensión por cuatro meses en el empleo, debiendo luego pasar a revistar en el ejército” (Ernesto J. Fitte. Crónicas del Atlántico Sur).

Algunos críticos opinaron que esta condena fue en realidad un premio para Pinedo debido a las posturas que mantuvieron los integrantes del Consejo de Guerra.

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“El semanario “British Packet and Argentine News”, en su edición del sábado 16 de febrero, consigna la versión que el fallo del tribunal estuvo dividido, en el sentido de haberse registrado cuatro votos por el fusilamiento de Pinedo, y otros cuatro por la degradación. Este empate facilitó la resolución del gobierno, que quiso salvarle la vida y evitarle la deshonra”.

El 2 de enero de 1833, Pinedo comandante de la goleta “Sarandí” de la armada bonaerense, recibe al jefe de la corbeta “HMS Clío”, perteneciente a la fuerzas navales británicas. Éste último le entrega el siguiente texto: “Debo informaros que he recibido órdenes de S. E. el Comandante en Jefe de las fuerzas navales de S.M.B. fondeadas en América del Sur, para hacer efectivo el derecho de soberanía de S.M.B. sobre las islas Falkland siendo mi intención izar mañana el pabellón de la Gran Bretaña en tierra, os pido tengáis a bien arriar el vuestro y retirar vuestras fuerzas, con todos los objetos pertenecientes a vuestro gobierno. Soy, Señor, vuestro muy humilde y obediente servidor”.

El texto debió ser muy convincente para Pinedo, dado que el día siguiente se produjo “la retirada de la “Sarandí” y la marinería de la “Clío” izaba la bandera de la Gran Bretaña en la isla donde hasta entonces nunca había flameado” (Hugo Gambini. Crónica Documental de las Malvinas).

Pinedo fallece tranquilamente en Buenos Aires en 1885, a los 90 años. A lo largo del tiempo, los cronistas oficiales irán arreglando de a poco los detalles de su “gesta” y justificarán su cobarde inacción en las Islas Malvinas. En 1890, la Marina de Guerra compra en los astilleros británicos de Yarrow una torpedera de 39 metros de eslora y la bautiza con su nombre. Y en 1938 también rebautiza como Pinedo a un viejo barreminas adquirido en Alemania.

Su hermano Agustín no tiene tanta suerte. El 3 de febrero de 1852 muere de insolación durante la batalla de Caseros.

El Oficial argentino se rendiría así nomás y regresaría de inmediato a Buenos Aires, los gauchos murmuraban por lo bajo haciendo notar su descontento. Pinedo entonces, les ofreció volver a bordo de la Sarandí con él. Los Gauchos se negaron. Rivero dijo que su Patria estaba allí, en Malvinas y que ofrecían sus vidas para defenderla. “Cuente con nosotros Coronel”.

Pero la formación profesional de Pinedo le hacía pensar que la relación de fuerzas entre ambos bandos, el Inglés y el Argentino, favorecía claramente al inglés. “Y la Patria?”, preguntó Rivero. Y se quedó al frente de sus gauchos.

Es así que durante todo ese año de 1833 y hasta el 18 de Marzo de 1834, un puñado de Gauchos aguantaron como tigres lo que se venía allá en Malvinas.

Del 3 Enero al 26 de Agosto, el Día de la Revolución de Rivero, en Malvinas flamearon ambos Pabellones, el Inglés y el Argentino. Era un poder dual el que mandaba en las Islas. Pero ese equilibrio se rompió un día como hoy del año 1833, que sólo flameó la Bandera Argentina.

De esto dió testimonio el natulalista inglés Charles Darwin que, cuando llegó en Marzo de 1833 no pudo evitar que su dibujante oficial, Conrad Martens retratara nuestra Enseña Patria flameando en Malvinas.

El 18 de Marzo las tropas inglesas derrotaron a Rivero. Se dice que murió peleando en el Combate de la Vuelta de Obligado. Perdió una Batalla pero construyó la Historia…

· Quien fue el Gaucho Rivero

Antonio Rivero, el Gaucho Rivero, (desconocido, tradicionalmente provincia de Entre Ríos – Vuelta de Obligado, 20 de noviembre de 1845, fechas y lugares especulativos) fue un gaucho peón de campo argentino conocido por liderar un alzamiento en las islas Malvinas en 1833, el año de la ocupación británica de las islas.

En la sublevación, murieron cinco empleados de Luis Vernet, el gobernador argentino de las islas, a manos de Rivero y sus compañeros. Aparte de su papel en el alzamiento, muy poco se sabe de él; los colonos en las islas lo apodaron Antuco o Captain Antook, mote cuya etimología es difícil de explicar.

Muy poco se sabe de la vida de Rivero, y las fuentes contemporáneas no proporcionan un lugar de nacimiento. La historiografía argentina tiende a sostener que nació en el territorio del imperio español que devendría Argentina, y que era criollo.

De acuerdo a un acta de nacimiento que figura en el libro de la Basílica de Concepción del Uruguay, aparece un sujeto de nombre Antonio Florencio del Rivero nacido en esa ciudad en noviembre de 1808, que algunos investigadores han identificado con Rivero, ​ sin embargo, parece que el Rivero uruguayense fue un médico y político local, fusilado en 1842 a las órdenes de Juan Manuel de Rosas. ​

En cuanto su etnia, la única referencia que se tiene por parte de alguien que le había conocido le describe simplemente como «español», en inglés «Spaniard», término que podría referirse a cualquier hispanoparlante.

Viajó a las islas Malvinas con Luis Vernet en 1829, con el objetivo de ejercer allí el oficio de peón para tareas agropecuarias.​ En las islas, entre otras tareas, amansaba ovejas, vacas y cerdos. Formó amistad con otros gauchos e indígenas charrúas que también oficiaban de peones.

El 3 de enero de 1833 el Reino Unido ocupó por la fuerza las islas con la corbeta HMS Clio. Su capitán John Onslow, no dejó ninguna autoridad británica en el archipiélago, ​ pero encargó al colono irlandés William Dickson, que era el contable de la colonia y que había sido el representante principal de Luis Vernet en las Malvinas desde el ataque del USS Lexington en 1831, la tarea de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara un barco y todos los domingos.

El descontento cundía entre los gauchos empleados de Vernet, pues el capataz, el francés Juan Simón, apoyado por el mayordomo de Vernet, el anglo-argentino Matthew Brisbane, con la excusa de la ocupación británica, intentaba extenderles las ya pesadas tareas campestres, entre otros excesos de autoridad. Sumado a eso, se les abonaba no con dinero, sino con vales firmados por el propio exgobernador, los cuales no eran aceptados por William Dickson, el responsable de los almacenes. Además, les prohibían alimentarse con el ganado doméstico, obligándolos a cazar animales asilvestrados. Los explotadores actuaban en perfecta armonía con Dickson, único representante de la corona británica presente en las islas.

De los 13 gauchos que todavía vivían en las islas, un grupo de ocho de ellos se sublevó en desacuerdo con la situación, el 26 de agosto de 1833, seis meses después de la ocupación británica de las islas.

Su líder era el gaucho Antonio Rivero (apodado Antook). Lo secundaban otros dos gauchos: Juan Brasido, y José María Luna; más cinco indios charrúas: Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre12​ Todos ellos, tanto Rivero como los otros siete, eran analfabetos.

Estos rebeldes estaban armados con facones, boleadoras, espadas, pistolas y mosquetes, en contraste con las pistolas y fusiles con los que contaban sus oponentes. Decidieron actuar por sorpresa, aprovechando la ausencia de William Lowe, Faustin Martínez, Francis Muchado, José Manuel Prado y Antonio Manuel, que se habían alejado por mar en una expedición de caza de lobos marinos.

Fueron muertos William Dickson, Matthew Brisbane, Juan Simon y otros dos colonos: el argentino Ventura Pasos y el alemán Antonio Vehingar, todos empleados de Vernet. Ninguno de ellos logró alcanzar sus armas antes de ser matado. Los ataques fueron llevados a cabo cuando las víctimas estaban a solas, para aprovecharse de la superioridad numérica.

Posteriormente se instalaron los gauchos en la casa de la comandancia. La muerte de Dickson, y el subsecuente abandono de Port Louis, impidió el izado de la bandera británica durante los siguientes cinco meses, y según la historiografía revisionista argentina, los gauchos izaron en su lugar una azul y blanca (colores entonces de la Bandera Argentina). Sin embargo no existe ninguna evidencia histórica del izado de la bandera argentina, ni de la presencia de otros símbolos patrióticos.

El resto de los colonos se fugaron a la isla Celebroña (Kidney Island, en inglés), temiendo que ellos también serían asesinados. Durante dos meses (entre el 26 de agosto y el 23 de octubre de 1833) ambos grupos vivieron separados.

El 23 de octubre de 1833 atracó en Puerto Luis la goleta británica Hopeful seguida por dos balleneras también británicas. La Hopeful rescató a los colonos de la isla Celebroña. Rehusaron a enfrentarse a los facciosos y decidieron en cambio reportar la situación a sus superiores del sector sudamericano, por lo que se retiraron.

El 9 de enero de 1834, la Hopeful regresó a la isla Soledad junto con la también británica HMS Challenger. El capitán Seymour despachó al teniente Henry Smith junto a 4 suboficiales y 30 soldados, que inmediatamente izaron la bandera británica. Rivero y sus compañeros estaban en ese momento preparando una rudimentaria embarcación para dirigirse al continente.

Los gauchos enviaron el inglés Channon, que según Robert Fitz Roy era parte de la banda de Rivero pero que no había participado en los asesinatos, a negociar con Smith. Channon avisó que Rivero y sus hombres tenían dos gauchos como rehenes, y que estos serían matados si Channon fuese detenido, pero informó que el gaucho José María Luna estaba preparado a entregarse a cambio de la inmunidad legal. Smith mandó con Channon una botella con un crucifijo como señal para Luna.

El 11 de enero de 1834 se entregó ante el capitán Seymour Luna, a cambio de conservar su vida sería el baqueano de los británicos en la captura de sus compañeros. Recién el 21 de enero de 1834 los británicos lograron recuperar el control de Puerto Soledad. Los siete restantes, muy superados en número y armamento, optaron por retirarse al interior de la isla. Smith, el oficial a cargo, ordenó la persecución de los sublevados, aunque no les resultó fácil capturarlos, necesitando enviar varias expediciones para obtenerlo.

También los insurgentes debieron pedir pequeñas treguas por la falta de alimentos. Finalmente, la rebelión pudo ser controlada, lográndose apresar a todos los gauchos rebeldes. El último en permanecer insubordinado fue el mismo Rivero, quien solo se entregó el martes 18 de marzo de 1834 al saber que todos sus compañeros ya estaban presos y viéndose rodeado por dos grupos de fusileros británicos.20​21​

Hay varias versiones sobre su juicio. En la primera, los insurrectos fueron trasladados encadenados a la estación naval británica de América del Sur a bordo del HMS Beagle, que al mando de Robert Fitz Roy realizaba su segunda visita a las islas, viaje que sería inmortalizado en la historia de la ciencia. Allí se les inició un proceso penal en la fragata de tercera HMS Spartiate. Por motivos no bien documentados el almirante británico no convalidó el fallo y ordenó que Rivero y los suyos fueran liberados en Montevideo.

Fueron llevados al Reino Unido, permaneciendo durante varios meses encerrados en la prisión de Sherness sobre el río Támesis. Luego fueron trasladados a Montevideo y liberados.

Según otra visión de los hechos, si bien en el juicio en Inglaterra se exigió para ellos la pena de muerte, el tribunal británico que los juzgó se declaró incompetente debido a que sus acciones habían sucedido fuera de la jurisdicción del tribunal, la cual excluía Escocia y las colonias británicas.

Como tantos aspectos de su vida, el lugar y fecha de la muerte de Rivero se desconocen. Algunos autores plantean que Antonio Rivero, incorporado en las filas del ejército argentino por Juan Manuel de Rosas, falleció en la Vuelta de Obligado, debido a que se encuentra un Sargento Antonio Rivero en una lista de combatientes.

Pero dicha lista trata de combatientes, no de bajas e incluso sus proponentes reconocen que el Sargento Rivero podría ser un homónimo.​ Una segunda versión de su muerte sugiere que falleció de muerte natural.

· Según las historiográficas argentinas
No hay unanimidad de opinión respecto a la figura de Rivero y sus acciones en Malvinas por parte de los historiadores argentinos. Ricardo Caillet Bois y Humberto Burzio, miembros de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, mediante un dictamen emitido en el año 1967, opinaron que las acciones de Rivero carecieron de todo motivo patriótico, aunque llegaron a esta conclusión luego de analizar los documentos contemporáneos al alzamiento, que son exclusivamente de origen británico.

Esta posición encuentra el apoyo de escritores modernos como Federico Lorenz y Natasha Niebieskikwiat.

Por su parte, el revisionismo histórico argentino tradicional, rescata la figura de Rivero poniendo el acento en los móviles patrióticos de la rebelión gaucha contra la autoridad británica. Finalmente, una nueva corriente revisionista de la historia argentina, sostenida por Felipe Pigna (1959-), José María Rosa (1906-1991), Fermín Chávez (1924-2006), Pablo Hernández, y Horacio Chitarroni, encuentra en este alzamiento una conjunción entre las luchas y reivindicaciones sociales y populares por un lado, con las nacionales y patrióticas por el otro. Los historiadores revisionistas reconocen que en las fuentes históricas no se encuentra referencia a ningún motivo patriótico por los asesinatos de los cinco empleados de Vernet, pero sostienen que el origen británico de las mismas significa que son poco fiables.

Juan Lucio de Almeida mantiene una posición intermedia: no logra probar que Rivero actuó «movido por patriotismo», aunque no cree que «su acto fue el de un criminal común».

En una buena parte del imaginario colectivo argentino, Rivero es considerado como un «héroe popular».

· Según las historiográficas británicas
La historiografía británica ha dado poca importancia a las muertes de los colonos británicos y argentinos a las manos de Rivero, y se ha escrito una sola monografía de 19 páginas dedicado exclusivamente a los acontecimientos.

En las historias generales de las Malvinas, los historiadores británicos, basando sus opiniones en los escritos de los testigos de los acontecimientos, tienden a considerar Rivero como un delincuente, aunque motivado por quejas legítimas económicas, denominando al incidente en que protagonizó «Los asesinatos de Port Louis».

· El Gaucho Rivero y la conspiración para apoderarse de Malvinas

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Antonio Rivero, quien fue un argentino, un gaucho, un peón de campo que lideró un alzamiento contra la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833 había nacido en Arroyo de la China, provincia de Entre Ríos, el 27 de noviembre de 1808, y fue llevado a las Malvinas alrededor de 1827 por el gobernador argentino de las Islas, Luis Vernet, para trabajar de peón.

El 26 de agosto de 1833, seis meses después de que los ingleses ocuparan por la fuerza por primera vez aquellas estratégicas islas, llenas de bruma y misterio, Rivero desconoció la autoridad impuesta por los británicos, extranjeros e invasores, y encabezó una rebelión.

Sus compañeros en esa aventura fueron otros dos gauchos y cinco indios; sus nombres eran Juan Brassido, José María Luna, Manuel González, Luciano Flores, Felipe Zalazar, Manuel Latorre y Manuel Godoy. Aquella sublevación desembocó en la muerte del autoproclamado gobernador británico, que pagaba los jornales de los peones argentinos con vales sólo canjeables en el almacén del que era dueño, y la de algunos de los principales colaboradores de ese funcionario del Imperio Británico.

El alzamiento fue velozmente dominado después de que el Reino Unido enviara una expedición para “pacificar” las islas, y los rebeldes fueron llevados prisioneros a Londres. Lo que sigue, los hechos históricos, son hábilmente ficcionalizados por la pluma de Armando S. Fernández. Sobrevendrá luego la vuelta a la patria, la batalla de la Vuelta de Obligado, y en todo momento, el ser gaucho.

Fuente: Hugo Gambini. Crónica documental de Malvinas.

Bernardo Veksler. Condenan a Pinedo por su actuación en despojo de Malvinas

Ernesto J. Fitte. Crónicas del Atlántico Sur

Armando S. Fernandez. El Gaucho Rivero y la conspiración para apoderarse de Malvinas.

Ricardo Caillet Bois

José María Rosa (1906-1991),

Fermín Chávez (1924-2006),

Pablo Hernández,

Horacio Chitarroni

Juan Lucio de Almeida

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