VOCACIÓN COBRADORA Y ¿EL PUEBLO?

Retenciones + inflación= déficit 0

La Casa Rosada se dio tiempo hasta el 14 de setiembre para presentar el Presupuesto 2019 al Congreso, con la idea de que sea tratado a fin de mes y hecho ley en octubre, en un cronograma pari passu con los trámites de la gestión ante el FMI en Washington, que requiere pasar por distintos departamentos antes de ser aprobado por la junta directiva. A esta altura, bajarle $500.000 millones al déficit fiscal para que llegue a 0 y que haga renacer la confianza de los mercados en la capacidad argentina de repago de la deuda depende, en gran medida, del manotazo indeseado a la agroexportación. Negociar de apuro con las provincias que bajen los gastos presupuestados suena a utopía. En todo caso, sería un gran logro que absorbieran los subsidios a la electricidad en 4,2 millones de hogares y, si no fue ra demasiado pedir, los dirigidos al transporte. Ya en agosto, la recaudación de AFIP, que alcanzó $ 293.418,4 millones, trae diferenciada la ficción nominal que ingresa de lo real que queda una vez esterilizada con el Índice de Precios al Consumidor, pero al mismo tiempo la merma del 6,7% en la actividad económica se hizo sentir en las cantidades tributadas. Salvados del deterioro en sus valores reales los combustibles, los servicios públicos, los rubros regulados (como la medicina) y la competitividad del tipo de cambio, quedarían el salario y el empleo como variables de ajuste. Pero la inflación se convirtió en un impuesto ineludible para la mayoría de los argentinos, capaz de licuar tanto gasto público como remuneraciones de estatales y privados, activos y pasivos. Excepto, claro está, que saliera de la galera el impuesto a los cuadernos de Centeno.

Mientras la sociedad lo tolera, el déficit fiscal seguirá licuándose con la inflación.

15, 20, 25, 32, 35, 40, 45%, ¿quién da más? Es la secuencia de la subasta oficial de la progresiva inflación anual que arrancó con el año y se ha ido corrigiendo en alza, en el marco de una tasa de interés de referencia llevada al 60% que nadie que no ande en cosas raras, salvo el Banco Central que es el dueño de la maquinita de imprimir billetes, puede pagar.

La población no se salva de la traducción al bolsillo de esta mano ya no tan invisible ni sutil que se le mete cada vez más adentro para sustraer el diezmo.

En agosto, las Lebacs demandaron una emisión de moneda inflacionada de $354.071 millones, que una vez esterilizados por las ventas de reservas en dólares a los privados y las que fueron a parar al Tesoro, dejaron un neto de circulación extra de $162.840 millones.

El llamado impuesto inflacionario se extrajo, en consecuencia, del 39,2% que creció la base monetaria y funciona como una licuadora de gastos del Estado y, por ende, del déficit, 77% del cual es explicado por los intereses de la deuda que se pagaron en el 1er semestre.   

Este tributo no figura en ninguna de todas las boletas que los administradores estatales, directos o concesionarios de servicios, les pasan a los ciudadanos con los números ya puestos: luz, gas, agua, ingresos brutos, inmobiliario, patente, ABL; o los que se liquidan con intermediación contable, como ganancias, bienes personales, monotributo; o los que forman parte de los tickets de compra, como el IVA.

La presión tributaria total y la tarifaria (que transfirió a la sociedad gran parte de los subsidios que antes absorbidos por la Tesorería) arrasan con más de la mitad del ingreso promedio de la gente, y la inflación le mete, subrepticiamente, otro bocado.

Los $500 mil millones del rojo a recortar por el gobierno nacional junto a las provincias, para cumplir con la meta gestionada ante el FMI de que quede en 0 el año próximo, deberán salir, en su mayor parte, del bolsillo de la población.

En esa dirección, uno de los focos de negociación con las provincias apunta más a sacarse de encima los subsidios eléctricos de 4,2 millones de hogares en todo el país y a avanzar sobre la tarifa de transporte, que en acometer gastos.

El manotón inicial fue, contra todas las promesas presidenciales en contrario, a la caja del agro, en lo que podría ser considerado un impuesto a la devaluación. Le permitirá al gobierno quedarse con $280.000 millones de las liquidaciones de los exportadores como compensación por los pesos de más que perciban, consecuencia del incremento de la paridad cambiaria.

Se trata de un asiento contable que no hace despeinar a nadie en la AFIP y le recauda al fisco una porción significativa de sus entradas.

En cambio, el comercio exterior exhibió un aumento del 51% en los derechos de importación y una caída del 3,4% en los de exportación.

“En el primer caso incidió en forma favorable el aumento del tipo de cambio y en el segundo influyó negativamente la baja en los volúmenes exportados por los que se pagaron derechos y la reducción progresiva de los derechos de exportación del complejo sojero”, afirmaron.

·         Sacapuntas

Los informáticos de la ex Dirección General Impositiva (DGI) revisaron de nuevo lo que se podría obtener si se eliminan las desgravaciones de ganancias que gozan el Poder Judicial, las fiscalías y el tribunal de cuentas, y le sacan punta a lo que se cobraría postergando la baja en ingresos brutos en intermediación financiera sancionada en la reforma del año pasado, lo mismo que quitando beneficios impositivos del consenso fiscal a empresas que apelaron con amparos para queda r exentas de ganancias.  

Los técnicos hicieron simulaciones con una mayor tajada conseguida de los activos en el exterior declarados como bienes personales y, si bien son mensajes ejemplarizadores, no aportan demasiado a la gran causa que es bajar urgente el déficit.

En realidad, el reporte de agosto que presentó la AFIP empezó a mostrar en la recaudación las primeras secuelas de la estanflación en que entró la economía a partir del 2do semestre, por la combinación de la sequía y la baja en el consumo que generó el rebrote inflacionario.

El dato nominal es que subió 32,6% pero deflacionado significó en realidad una caída real de -1,3%.  

La venta de combustibles reportó 31,1% más pero en Bienes Personales cayó el 11,9%, debido al aumento en el mínimo no imponible y la baja de la alícuota para el período fiscal 2018.

El gravamen más directo que tiene el consumo interno, el IVA, subió 31,9% pero en rigor cedió 1,8%, el neto creció 40,3% y el aduanero el 54%.

“El aumento interanual se vio atenuado por los mayores montos de devolución de retenciones de IVA por el régimen de comercialización de granos y por la devolución de IVA a los exportadores respecto del año anterior”, señaló la AFIP.

Gravita en la cuarta parte de los ingresos, lo mismo que el impuesto al cheque, que superó la performance precedente en un 40,8%, lo cual implica una mejora real del 4,8% au nque el último mes tuvo un día hábil más.

El director ejecutivo de AFIP, Leandro Cuccioli, explicó que “la recaudación de este mes volvió a mostrar buenos resultados en el IVA, Ganancias y el impuesto a los débitos y créditos en cuenta corriente, entre otros”.

Ayudaron a las cuentas que Ganancias dio 7,9% positivo, pero se debió a que se cobró el primer anticipo, que el año pasado había sido en julio. Sumó en total $ 68.701 millones, con una crecida interanual de 44,9%.

Para el organismo, además del anticipo de personas físicas que este año cayó en agosto, “influyeron positivamente” la acreditación de compensaciones netas, principalmente desde el IVA, por unos $ 1.300 millones; el ingreso de $ 407 millones de sujetos residentes en el exterior por la compraventa de acciones y otros títulos de empresas; y la cuarta cuota del saldo de la declaración jurada de las sociedades con cierre en diciembre”.

Seguridad social dio para atrás 9,5%.”El aumento se vio moderado por los efectos de la reforma tributaria aprobada a fines del año pasado”, subrayaron desde la AFIP.

Cuccioli se mostró conforme con el caudal embolsado. “En los primeros 8 meses estamos por encima de la meta que nos habíamos fijado en términos de los ingresos tributarios”, destacó

Recordó que desde ahora se podrán financiar los intereses punitorios de los planes de pagos anunciados recientemente. “Hemos tomado varias medidas para facilitar el pago de impuestos por parte de las Pyme. Por un lado, con los recientes planes de pago que anunciamos y, ahora, con la financiación de los intereses punitorios”, sostuvo.

Es que la morosidad del contribuyente apabullado por la ola de aumentos de toda índole ya pasó a ser bastante más que una posibilidad.

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