UMBERTO ECO, TONY NEGRI Y JUAN PERÓN… TRES DESTINOS POSIBLES

1.- Umberto Eco y el ingreso a la nueva Edad Media:

Umberto Eco, fotografiado en la habitación de un hotel en Granada, en 2008.

Umberto Eco, fotografiado en la habitación de un hotel en Granada, en 2008.3Umberto Eco, fotografiado en la habitación de un hotel en Granada, en 2008.

En 1972 el escritor y filósofo italiano Umberto Eco publica su ensayo “Hacia la Nueva Edad Media”, donde se pregunta: ¿hemos entrado ya en la Nueva Edad Media o “vamos al encuentro de una próxima Edad Media inminente”?

El autor elabora su hipótesis proponiendo construir una Edad Media, calculando qué ingredientes son necesarios para producir una real y eficiente medievalidad.

Este modelo tiene las características propias de toda creación de laboratorio: será el resultado de una elección, de una filtración, que dependerá del fin preciso: disponer de una imagen sobre la cual poder medir tendencias y situaciones de nuestro tiempo. Mirará el pasado para dar algo de certezas a la incertidumbre del futuro.

¿Qué se necesita para hacer una buena Edad Media? Una gran Pax mundo que se degrada, un gran poder estatal internacional que había unificado el mundo bajo una lengua, costumbres, ideología, religión, arte y tecnología y que, en un momento dado, a causa de la propia ingobernable complejidad, se derrumba. Y se derrumba por la presión que en sus fronteras ejercen los “bárbaros”, que no son necesariamente incultos, sino que son portadores de nuevas costumbres y de nuevas visiones del mundo.

Estos bárbaros pueden invadir con violencia, porque quieren apropiarse de una riqueza que les había sido negada; o bien pueden insinuarse en el cuerpo social y cultural de la Pax dominante haciendo circular nuevas formas de fe y nuevas perspectivas de vida.

Roma no será resquebrajada por la ética cristiana; sino al desculturizarse y desnacionalizarse, adoptando los cultos orientales de Mitra y de Astarté, jugueteando con la magia, las nuevas éticas sexuales y diversas esperanzas e imágenes de salvación.

El Imperio acogió nuevos componentes raciales, eliminó, por la fuerza de las circunstancias, muchas rígidas divisiones de clase, redujo la diferencia entre ciudadanos y no ciudadanos, entre plebeyos y patricios, conservó la división de la riqueza, pero moderó las diferencias entre los roles sociales. También experimentó fenómenos de rápida aculturación, colocó en el gobierno a hombres que doscientos años antes habrían sido consideradas inferiores, y desdogmatizó muchos de sus mitos fundantes.

Una gran tolerancia permitió aceptarlo todo. El colapso militar, civil, social y cultural de la Gran Pax abrirá un período de crisis económica y de vacío de poder.

En resumen, es en este sentido que el modelo de una Edad Media puede servirnos para entender lo que está sucediendo en nuestros días: la quiebra de una gran Pax acarrea crisis e inseguridades, choques de distintas civilizaciones, y lentamente se va configurando la imagen de un hombre nuevo. Imagen que sólo más tarde aparecerá clara, pero cuyos elementos fundamentales están ya bullendo allí en un dramático caldero.

Esta Edad Media será una época de “transición”, para la cual habrá que utilizar nuevos métodos de adaptación: el problema no radicaría tanto en cómo conservar científicamente el pasado, sino más bien en elaborar hipótesis sobre la explotación del desorden, entrando en la lógica de la conflictividad. Nacerá una cultura de la readaptación continua, nutrida de utopía.

La Edad Media conservó a su modo la herencia del pasado, pero no por hibernación, sino por retraducción y reutilización continua: fue una inmensa operación de bricolaje, en equilibrio entre nostalgia, esperanza y desesperación.

Todo el proceso estará caracterizado de manera natural por pestilencias y estragos, intolerancia y muerte. Nadie dice que estos tiempos represente una perspectiva del todo alegre.

2.- Toni Negri y el nuevo Imperio.

Neil Simon; Neil Simon & Elaine Joyce-Simon by Jonathan Exley; Neil Simon, People, October 4, 1999

Neil Simon; Neil Simon & Elaine Joyce-Simon by Jonathan Exley; Neil Simon, People, October 4, 1999

En el año 2000 se publica el libro “IMPERIO” del filósofo Toni Negri, posmarxista italiano.

Esta nueva concepción, Imperio, está constituida por una monarquía (los Estados Unidos y el G8, así como la OTAN, el FMI y la OMC), una oligarquía financiera (las corporaciones multinacionales y transnacionales) y una democracia sui generis (ONU y algunas ONG de importancia mundial).

La vieja concepción marxista describía al imperialismo como la expansión del capitalismo nacional hacia espacios mundiales, creando una jerarquía de poder a través de la centralidad de las grandes potencias. Todo eso es un marco caducado. El Estado nación no es ya el sujeto del desarrollo mundial capitalista. El mercado global es una realidad, en la cual las naciones van a diluirse. No estamos diciendo que el Estado nación ya no exista, pero sí que se da una transferencia esencial de su soberanía.

El imperialismo es una forma de soberanía del Estado-Nación, que se erige como centro que ejerce su poder sobre unos territorios que quedan al exterior de sus fronteras. Frente a ello, el Imperio no tiene centro territorial: es un poder descentralizado y desterritorializado que integra el espacio entero del mundo al interior de sus fronteras abiertas. Habrá que ver cómo despliega nuevas formas de diferenciación/homogeneización, de desterritorialización/reterritorialización y, junto a ello, un nuevo régimen dominante de producción.

Hoy las relaciones económicas se han hecho más y más independientes del control político, con lo que se detecta un declive de la soberanía política. Frente a ello, lo que hay que analizar es cómo el declive de la soberanía del Estado-nación no ha supuesto el declive de la soberanía política en cuanto tal sino el nacimiento de una nueva forma de poder.

El paso de lo moderno a lo postmoderno es la progresiva indistinción entre interior/exterior. La dialéctica moderna interior/exterior (centro/periferia, civilización/naturaleza, público /privado) es sustituida por un juego de gradaciones e intensidades, de hibridación y de artificialidad. Esto implica la espectacularización del espacio político (virtual), la interiorización de toda guerra, que pasa a ser una guerra civil y el no lugar del poder imperial. Esto tiene consecuencias sobre los procesos de producción de subjetividad: ya no se dan en el salto de una institución a otra. En el Imperio, éstas se han convertido en un proceso fluido de generación y corrupción de subjetividad. El dispositivo general de la autoridad imperial ya no funciona entonces sobre un dentro/fuera sino como un proceso complejo de integración (universal), diferenciación (reconocimiento) y gestión (de las diferencias). Si la soberanía moderna podía ser definida como “crisis” (entre las dos modernidades), el Imperio es más bien un régimen de corrupción.

– Su poder funciona por ruptura, es decir, creando un vacío ontológico sobre la creatividad de la multitud.

– Si el Imperio es una nueva forma de soberanía es que supone la constitución de un orden nuevo: el Imperio supone el paso de un orden internacional (entre Estados-Nación) a un orden propiamente mundial, en la realización del proyecto capitalista de reunir poder económico y poder político en un orden propiamente capitalista ¿Cómo se fundamenta este orden?: el Imperio nace y se presenta a sí mismo como crisis. Su fuerza y su expansión se basan en la trayectoria interna de los conflictos que es capaz de resolver. La autoridad del Imperio siempre es una autoridad requerida y su efectividad es la de la producción de consenso, al servicio del derecho y de la paz. Su poder es el poder jurídico de gobernar sobre la excepción y su forma de derecho es la del derecho de policía o derecho de intervención, justificado por valores éticos universales (los valores esenciales de la justicia). Esto tiene dos consecuencias: 1) todos nos hallamos implicados en su orden y en los problemas absolutos que plantea y 2) su orden se convierte en un orden permanente, eterno y necesario, que siempre se presenta como si estuviera ya constituido.

– Aparece un nuevo concepto de “ejercicio de la fuerza legítima”: la intervención (militar, moral y jurídica) no lo es sobre terrenos exteriores, sino que es una intervención interiorizada y universalizada en un mundo unificado por la estructura que rige la producción y la comunicación. Una de las armas de intervención más importantes de este nuevo orden mundial son las ONG: su intervención, cuya eficacidad se dirige a la producción simbólica del enemigo prefigura el estado de excepción sobre el cual el Imperio ejerce su poder.

– El Imperio no es una metáfora sino un concepto que se define a partir de los siguientes ejes: 1. la ausencia de fronteras: es un gobierno sin límites, que engloba la totalidad del espacio; y, 2. es un orden que suspende el curso de la historia. No tiene por lo tanto fronteras temporales sino que fija el orden presente de cosas para toda la eternidad. Se sitúa fuera de la historia, en su final.

Es un orden dedicado a la paz, una paz perpetua y eterna que se sitúa también fuera de la historia. Funciona a todos los niveles del orden social. El objeto de su poder es la vida social en su integridad. El poder del Imperio es por lo tanto un biopoder que crea el mundo real que habita.

3.- Juan Perón y el Justicialismo: axis mundi.

Algunas registran escenas cotidianas de la gestión presidencial de Juan Domingo Perón.

Algunas registran escenas cotidianas de la gestión presidencial de Juan Domingo Perón.

Si uno mira cómo está nuestro planeta hoy, con la cantidad de marginalidad y gente que sufre y se encuentran fuera del sistema, con el avance neo-colonialista sobre África, Asia y nuestro continente y el desastre ecológico que conlleva, vemos mucho dolor. Nosotros ya sabemos de esto y lo conocemos, porque estamos profundamente comprometidos con el sufrimiento del prójimo ante el fracaso del hombre euro-occidental, porque como dueño del mundo fracasó. Y por tanto, como Justicialistas que abrevamos en un profundo humanismo y en un profundo cristianismo, tenemos el deber de revertir esta situación, de unirnos y organizarnos para dar a conocer a los pueblos del mundo las herramientas necesarias para que existan en sus tierras JUSTICIA SOCIAL y lleven adelante su LIBERACIÓN NACIONAL. Liberación que ya no se da contra países hegemónicos, sino contra los grandes grupos económicos que solo explotan pueblos.

No debemos pensar que el hombre por sí solo nada puede cambiar, porque la historia del hombre es la transformación permanente de su realidad; porque los que hicieron los cambios son hombres y se produjeron por decisiones de los hombres. Por eso es importante empezar a difundir ideas realizables, demostrables, que cuando se aplicaron los pueblos se realizaron así mismo. No repitamos ideas ya gastadas, o ideas nuevas que como cantos de sirenas pueden llevarnos a nuestra destrucción como comunidades, no es hora de experimentos sociales. Necesitamos la esperanza de que se pueda cambiar, y esa esperanza está en nuestra filosofía de vida simple práctica a la que denominamos JUSTICIALISMO.

Si estamos unidos en una sólida verdad, si creemos que es posible llegar a esa verdad que supere las contingencias y las divisiones, y si dedicamos nuestra vida solidariamente a acciones con los demás lograríamos, en definitiva, un modelo del nuevo Hombre que vuelve a tener una misión, que tiene un destino, que cree que vino al mundo para algo y que no está de casualidad. Ese nuevo hombre será un hombre de fe, de esa fe que mueve montañas. Ese hombre será Justicialista.

Quien puede romper con esta linealidad determinista, MEDIEVALISTA O IMPERIO, somos nosotros, los JUSTICIALISTAS, porque como dice Perón “el hombre puede desafiar cualquier mudanza si se halla armado de una sólida verdad” y el Justicialismo fue y es una verdad realizable.

Compañeros, para recuperar al Hombre primero debemos UNIR Y ORGANIZAR al JUSTICIALISMO. Esta es nuestra misión.

Si fracasamos…ya nada importa!

Prof. LUIS E. GOTTE

La pequeña trinchera

MAR DEL PLATA, SEPTIEMBRE 2018.

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