¿DEGRADACIÓN DE LA SALUD PÚBLICA?

Se necesitan no parches, sino un proyecto político de gobierno donde las distintas áreas apunten a lo mismo y se ayuden en el logro de objetivos.

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La Salud, pilar fundamental para combatir la pobreza y la desigualdad. Foto Diego Waldmann.

Muchas entidades médicas, gremios estatales, y funcionarios del pasado critican, con más o menos agresividad, la decisión de subalternizar el ministerio de salud a secretaría de estado. Me parece una apreciación equivocada la diatriba que se oye y se lee. Y no es en defensa del Gobierno aquel “me parece”. Este es un Gobierno que no me representa, pero es el Gobierno que “supimos conseguir” los argentinos en democracia.
Los críticos lamentan la desjerquización de algo que estaba vaciándose de funciones hace largo tiempo, fuere la unidad administrativa que fuese. No hay una correlación forzosa entre ministerio, secretaría, subsecretaría, y la jerarquía de los roles que el estado debe cumplir y el poder para ejecutarlo.

Guardia Hospital Elizalde. Foto Diego Waldmann.

Guardia Hospital Elizalde. Foto Diego Waldmann.
Por ejemplo, fue el secretario Liotta, en el último gobierno de Perón, quien intentó un cambio radical en el sector salud, a través del Sistema Integrado de Salud. Y no fue el status de secretaría la que condicionó el fracaso del proyecto. Es la fuerza de la idea, la aptitud para hacerla realidad, y el respaldo político, mucho más que la jerarquía de la institución, lo que condiciona su éxito.
Durante la presidencia de Cristina Kirchner el ministerio tuvo un progresivo desmantelamiento en sus funciones: no controlaba la obra social más grande y costosa, el PAMI, ni la Superintendencia de Salud, que supervisa las obras sociales, y el COFESA (Consejo Federal) tenía una realidad virtual pero no real, mostrando que hay una disociación entre la jerarquía burocrática y la realidad de poder.
La política de salud debe ser de todo el gobierno, no sólo de un ministerio o secretaría. Lo grave es que este Gobierno, a pesar de tener un secretario, Adolfo Rubinstein, con buenas ideas, dé señales negativas sobre salud; el ejemplo es el envío al Congreso de la agencia de evaluación de tecnología sanitaria dentro del paquete laboral, mostrando que su principal motivación era el ahorro en las arcas de las obras sociales, los prepagos y el propio estado, que sufren la judicialización de muchos casos de salud.
No hay un proyecto integral de salud que debe atender no sólo a actividades específicas de atención de la salud, sino a los determinantes sociales y económicos que condicionan a los pueblos, un puesto aventajado o no en el ranking de la salud. De ahí que se necesite no parches, sino un proyecto político de gobierno en que las distintas áreas apuntan a lo mismo y se ayudan en el logro de sus objetivos.
Como ejemplo nos sirve el medicamento que requiere una concordancia entre las áreas de salud, industria, comercio, y ciencia y tecnología para cumplir sus metas, algunas veces, como en este caso, contradictorias, lo que necesita un arbitraje político. El arbitraje es el mismo proyecto global en que decimos qué podemos y qué preferimos.
Anhelo, como muchos, que el sistema político -y quiero enfatizar esto- no sólo el Gobierno, muestre señales de que entiende que salud es uno de los campos en el que se patentiza la desigualdad de la sociedad argentina y necesita reforma, siendo la desigualdad un punto más que la pobreza un factor que perturba mucho la construcción de un verdadero estado social y democrático.

ALDO NERI
Clarín 15-9

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