EL BOOM AGRÍCOLA SACA BRASIL DE LA RECESIÓN

La producción agrícola le permitió a Brasil dejar atrás varios años de recesión y de balanza de pagos negativa.

Las reservas del Banco Central de Brasil ascendieron a US$380.000 millones en agosto de 2018, y están 20% por encima de la deuda de las empresas, el Estado, y los particulares sumadas. También pueden pagar cuatro veces la deuda externa en dólares (US$130.274 millones). Esto sucede cuando el déficit de cuenta corriente, que era -4,3% del producto en 2014, cayó a -0,5% en 2017, y tendría un saldo positivo de +0,5%/1% del PBI este año.

El superávit comercial alcanzó a US$64.000 millones en 2017, y acumuló US$37.783 millones en los primeros siete meses de 2018, lo que implica que puede trepar a US$ 75.000/80.000 millones en diciembre de este año. Las exportaciones crecieron 7,2% en la primera semana de septiembre, un promedio de US$1.000 millones diarios.

La producción de soja alcanzó a 114.1 millones de toneladas en 2016/2017, y el 47% de ese total fueron exportadas a China. Aumentaría 15% en 2017/2018, con 55%/60% destinadas a la República Popular.

La producción brasileña de soja sería este año superior a la de EE.UU. (116.9 millones de toneladas en 2017), de las que ya fueron a China el 37% del total.

Brasil creció 1% anual en 2017, que sería +1,1% en 2018, tras experimentar una caída combinada de -9,3% del PBI en los 3 años previos, la recesión más profunda y prolongada desde la década del 30.

La recuperación del crecimiento se debió fundamentalmente a la notable expansión de 13% en la producción agroalimentaria y representó el primer año de auge desde 2014. El boom agroalimentario tuvo una primera y crucial consecuencia macroeconómica, con una caída record de la inflación (+2,7% anual en marzo de 2018), el menor nivel a partir de 1999.

Esto permitió una declinación de la Selic —la tasa de interés decisiva del Banco Central—, que cayó a 6,5% anual en agosto, mínima histórica. La reducción de la Selic fue la causa directa de la recuperación del crecimiento económico.

La situación macroeconómica de Brasil se puede resumir así: baja tasa de interés, bajísimo nivel de inflación, reservas récord del Banco Central, y superávit comercial de más de US$60.000 millones por segundo año consecutivo.

Brasil es el principal exportador mundial de carnes (US$15.470 millones en 2017), con ventas que aumentaron 9,7% anual entre 1985 y 2000, para trepar a 17,42% por año a partir de 2001. También es el segundo exportador mundial de maíz, con una producción que alcanzó a 114 millones de toneladas en 2017 (+21% anual en la última década). Y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) prevé que sería el primer exportador mundial en los próximos 10 años.

La productividad agroalimentaria es formidable (+4,4% anual entre 1985 y 2006), liderada por un alza de 7,1% por año en la industria cárnica. El sector produjo 138% más en 2006 que en 1985, con igual porcentaje de insumos. De ahí que 46% de las exportaciones fueran productos agroalimentarios en el último año.

Las exportaciones agroalimentarias ascendieron a US$96.010 millones en 2017 (US$88.220 millones en 2015), con un saldo favorable de más de 90% en la balanza comercial de agroalimentos.

A medida que el agribusiness giró geopolíticamente desde su eje tradicional en el Sur (San Pablo, Minas Gerais, Paraná) hacia el Centro-Oeste (Mato Grosso/Mato Grosso do Sul), para desplegarse finalmente en la nueva frontera del Norte y Noreste (Maranhao, Piauí, Ceará, Rio Grande do Norte, Pernambuco, y Bahía), la productividad agrícola aumentó sistemáticamente.

Este vuelco se realizó a través de un extraordinario proceso de intensificación productiva y aumento de la productividad, que lleva a la primacía de Brasil en el mercado mundial por encima de EE.UU.

El boom de productividad del agribusiness se transformó en explosión productiva al coincidir con la irrupción de la demanda china/asiática en el mercado mundial a partir del ingreso de China a la OMC en 2001. Esta coincidencia fue la que originó el primer Superciclo de los commodities del siglo XXI, que se desplegó entre 2001 y 2010.

Brasil experimentó en ese periodo una mejora de más de 40% en sus términos de intercambio, que convirtió a esa década en la mejor de su historia de los últimos 100 años (coincidió con los dos gobiernos de Lula, 2003 al 2011).

El comercio internacional brasileño se multiplicó por 4 entre 2000 y 2011, y el intercambio con China creció 40% anual en ese periodo, con precios de la soja y el mineral de hierro que aumentaron 227% por la demanda de la República Popular.

El carácter excepcional de las cuentas externas brasileñas es obra directa de las exportaciones agroalimentarias; y nada impide que una vez reformado el sistema de seguridad social, que es la fuente excluyente del déficit fiscal de -9,2% del PBI, crezca 3% anual o más en 2019. Por cada punto del producto que crece la economía brasileña (US$2.003 billones en 2017), el PBI de la Argentina se expande 0,25%. Brasil no tiene crisis del sector externo.

Castro, Jorge

Clarín,

23 de Septiembre se 2018

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