PEDRO ROSAS Y BELGRANO

Pedro Rosas y Belgrano (1813-1863)

En 1802 Manuel Belgrano conoce a María Josefa Ezcurra.  Se enamoran.  Pero como ella estaba casada, doce años después, cuando su marido la abandona y se radica en Europa, acompañará al ya general Belgrano en su campaña militar como Jefe del Ejército del Norte.  Embarazada de Manuel, María resuelve partir a la estancia de unos amigos en Santa Fe, donde el 30 de julio de 1813 nace su hijo Pedro.  Poco tiempo después, Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, hermana de María Josefa, adoptan al pequeño, que pasa a llamarse Pedro Rosas y Belgrano.

Conforme a los datos históricos más aceptables, fue criado por los Ortiz de Rozas y se hizo hombre junto a esta familia.  Estanislao S. Zeballos afirma que era “sobrino de don Juan Manuel, y de conocida familia de Buenos Aires”.

En 1837 se desempeñaba como juez de paz y comandante militar interino de Azul, ciudad donde tenía sus intereses privados.  En ese mismo año es informado por Juan M. de Rosas de su verdadera condición familiar, comenzando a firmar, a partir de entonces, como Pedro Belgrano.  Tres años después figura como capitán del 5º escuadrón de Milicias de Caballería, y desde 1841 hasta 1848 como juez de paz de Azul.  En 1846, siguiendo instrucciones de Rosas, conferenció con el cacique Quechuden, hijo de Painé, a quien pidió la entrega del coronel Manuel Baigorria, asilado en Trenel; pero el cacique esquivó el reclamo argumentando que no tenía instrucciones para dicho objeto.  Tres años después, en 1849, dirigió una expedición a Tapalqué, contra la indiada.  Rosas y Belgrano fue un firme factor de progreso para Azul, cuya población cubrió contra los peligros del salvaje.

Durante el sitio de Montevideo cumplió una misión secreta ante Oribe, confiada por don Juan Manuel.  Pero después de Caseros se puso al servicio de Urquiza.  De tal suerte, el 1º de junio de 1852 figura revistando en Azul, como coronel del Regimiento 11º de Guardias Nacionales de Caballería.  Con motivo de la revolución liberal del 11 de setiembre de ese mismo año, quedó segregado de la Confederación y entró a servir al Estado de Buenos Aires.  Por eso, al sublevarse el coronel Hilario Lagos –de quien era compadre-, Rosas y Belgrano desembarcó con efectivos leales en Ajó, en compañía del coronel Matías Ramos Mejía, y se unió a las fuerzas del coronel Agustín Costa, fuerte estanciero del sur bonaerense.  Formó entonces en Azul un ejército integrado en su mayor parte por indios y marchó al norte del Salado.

El 22 de enero de 1853 libró combate en el Rincón de San Gregorio con el Ejército Federal de Operaciones del Sud, que comandaba el general Gregorio Paz, partidario de Lagos.  La indiada de Rosas fue neutralizada por un oportuno movimiento del coronel Juan Francisco Olmos, del Estado Mayor federal.  El coronel Rosas fue tomado prisionero y llevado a San José de Flores.  José Hernández, que peleó en las filas del hijo de Belgrano, recordaba años después: “El último Rosas que conservaba en el Sud un resto de prestigio, penetró en la Provincia de Buenos Aires en 1852 trayendo en sus filas los indios que se encontraron en la batalla de San Gregorio.  Se dispersaron como en Caseros, después de inútiles cargas dadas en medio de sus salvajes alaridos, y desde la costa del Salado hasta sus tolderías, distantes más de ochenta leguas, no hicieron sino saquear cuanto hallaron….”.

Como nos informa la historiadora Cristina V. Minutolo, el coronel Rosas y Belgrano fue sometido a un tribunal militar, en la quinta de Ambrosio Lezica en Flores.  Dicho tribunal fue compuesto por los jefes Juan Isidro Quesada, Manuel Alejandro Pueyrredón, Matías Rivero, Baldomero Lamela, Pedro José Agüero, León Benítez, Juan María Pita y Bernardo González.  Lo defendió el coronel Antonio Reyes.  Fue sancionado con una condena leve y conducido a Luján hasta el fin del sitio de Lagos.

El prisionero se dirigió por carta a Lagos, acompañando la suya con otra de su hermana Manuela Mónica Belgrano; y entre otras cosas le decía: “si su nombre vale algo para Ud., me intereso por ella para que me quite una prisión que me mortifica tanto”.

El 18 de julio de 1853 el gobernador Pastor Obligado otorgó a Rosas y Belgrano los despachos de coronel efectivo, grado con que volvió a Azul, donde permaneció durante los años 1854 y 1855, en que pidió la baja para dedicarse a sus intereses particulares.  Pero nuevamente ofreció sus servicios a Urquiza y la Confederación.

En efecto, a principios de 1859 fue despachado de Paraná, junto con el indio Cristo, de la gente de Callvucurá, y el teniente coronel Federico Olivencia, con la misión de levantar las indiadas del sur a favor de la Confederación y contra Buenos Aires.  Poco después, el coronel Rosas y Belgrano marchó sobre Azul con fuerzas cristianas e indios aliados, pero esta empresa bélica tuvo fin al formalizarse la paz de San José de Flores, en noviembre de 1859.

Después de Pavón, el coronel Rosas pasó al cuerpo de inválidos, y el 26 de setiembre de 1863 murió en su casa de la calle Belgrano 208.  Se había casado en 1851 con Juana Rodríguez en la Iglesia de Azul, Provincia de Buenos Aires, unión de la que nacieron nada menos que dieciséis hijos.  Llegaron a la mayoría de edad Pedro, Dolores, Juana Manuela, Braulia, Melitona, María Josefa, Manuel, Juan Manuel, Francisco y Emiliano.

Fuente

Ayala, Juan – Belgrano reconstruido – Neo. Ed. Perfil.

Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación, Buenos Aires (1972).

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Portal www.revisionistas.com.ar

Turone, Gabriel O. – Pedro Rosas y Belgrano (2007).

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