DESENGAÑADOR GUACHI-POLÍTICO

Portada del Desengañador Gauchi-Pólitico Nº 5

Ese fue el nombre de un periódico editado por fray Francisco de Paula Castañeda cuya primera edición salió en 1820 siendo la última de fecha 3 de octubre de 1822. Tuvo en total 27 ediciones y las mismas se imprimieron en tres distintos lugares: Imprenta de la Independencia, Imprenta de Alvarez e Imprenta de los Expósitos. Era su título: “Federi-montonero, Chacuaco-oriental y Puti-republicador de todos los hombres de bien, que viven y mueren descuidados en el siglo diecinueve de nuestra era cristiana”. Se trataba, en realidad, de un periódico político, satírico y polémico.

A partir del número dieciséis se modifica el título del periódico después del vocablo compuesto Puti-republicador, con lo cual queda: “Enojado con todos los hombres de bien, que viven y mueren descuidados en el siglo diecinueve de nuestra era cristiana”; este título continúa hasta el número veinte inclusive. A partir del número veintiuno vuelve a modificarse el título del periódico y resulta: “Desengañador Gauchi-Político, Federi-montonero, Chacuaco-oriental, Choti-protector y Puti-republicador enojadísimo con todos los hombres de bien, que viven y mueren descuidados en el siglo diecinueve de nuestra era cristiana”. Esta variante perdura hasta el número veintidós inclusive. Desde el número veintitrés hasta el veinticinco inclusive se denomina: “Desengañador Gauchi-político Arrepentido”. El número veintiséis ofrece también variantes y se denomina;“Desengañador Gauchi-político enojadísimo con todos los hombres de bien que viven y mueren descuidados en el siglo diecinueve de nuestra era cristiana”. En el número veintisiete verifica la postrera modificación: “Desengañador Gauchi-político, Federi-montonero, Chacuaco-oriental, Choti-protector y Puti-republicador; enojadísimo con todos los hombres de bien, que viven y mueren descuidados en el siglo diecinueve de nuestra eta cristiana”.

Entre las muchas cosas que el padre Castañeda da cuenta en el Prospecto de su nuevo periódico y critica con ahínco con respecto a las costumbres y modalidades del momento, dice: “Hágase una hoguera en medio de la plaza, y entre en ella Voltaire con sus setenta tomos que para nada los necesitamos; después que siga chamuscándose Juan Santiago en compañía de Volney de Payne, del citador, y cuantos libros embrollones han transformado vuestro juicio. Refórmese Buenos Aires santificando los días de fiesta, convirtiendo los cafés en escuelas, y las barajas en cartillas y catones; que si seriamente tratamos de nuestro remedio seguramente quedaremos remediados en todo el decurso de la década venidera. De no hacerlo así no queda más recurso que el del hijo pródigo; sí señores, la España, de quien nos han separado no la rebelión, ni la perfidia, sino las circunstancias, y la deserción escandalosa de sus reyes; la España de quien jamás hemos estado tan quejosos como de nosotros mismos; la España y su regazo será el único asilo donde podremos acogernos cuando por nuestra inmoralidad el hijo persiga al padre con un puñal, las hijas a la madre y cuando un huésped no esté seguro de otro huésped a causa de ser todos ladrones”. Con esta mentalidad venía Castañeda a dar sus batallas a la reforma en las páginas del Desengañador Gauchi-Político.

El estilo satírico y a veces jocoso con que alude a los periódicos opositores contemporáneos, a las costumbres del pueblo que entiende debe moralizar, así como a los federales y peruleros, que imagina enemigos del orden y agentes de la anarquía, está presente en toda la extensión de esta publicación. Los ejemplos son numerosos; en el número primero inserta un Epitafio, que dice:

Creímos entenderlo y nada de eso,
pensamos acertar y la embarramos;
vemos que nuestra cholla esa de seso,
vacía enteramente ¿qué estudiamos?
¿qué aprendimos que somos tan aviesos?
La carpeta y los libros ensuciamos;
no lo hagas con nosotros ¡oh viajero!
pues harto lo ha hecho cierto vaquero
.

Y a continuación, Castañeda aclara: “Esos vaqueros son puntualmente los chimangos, que habiendo corrido toda la escala chimangal son unos embarradores de por vida, que todo lo ensucian, ya sea con profano, ya sea sagrado, ya sea la conciencia, ya sean las ánimas, ya sean los vivos, ya sean los difuntos”. Esta nota que antecede tiene indudablemente una intención, y hay menciones referidas de manera indirecta, lo que torna en este caso y muchos otros difícil la filiación de la idea, el propósito o el personaje contra quienes combate.

En el segundo número Castañeda opina sobre el Teatro de Buenos Aires, y se manifiesta como un crítico implacable; expresa así: “El teatro de Buenos Aires es émulo de la patria en sus progresos, y en efecto hemos notado que progresa, y avanza en razón directa de nuestro sistema político; quiero decir, que se ha ido corrompiendo a proporción, que nos hemos ido alejando de la verdadera virtud castellana que era nuestra virtud nacional, y formaba nuestro verdadero apreciable, y celebrado carácter: nuestra revolución fue sin duda la más sensata, la más honrada, la más noble, de cuantas revoluciones ha habido en este mundo pues no se redujo más que a reformar nuestra administración corrompidísima, y a gobernarnos por nosotros mismos en el caso que o Fernando no volviese al trono, o no quisiese acceder a nuestras justas reclamaciones”. Hace algunas otras consideraciones de índole general y lanza de inmediato un parágrafo que por el giro de la cláusula y los vocablos personalísimos que en ella ingiere tornan inconfundible la idiosincrasia combativa de este periodista sacerdote. Daremos el ejemplo: “Pero los demagogos –expresa-, los aventureros, los sicofantes, los tinterillos, los Zoilos indecentes impregnándose en las máximas revolucionarias de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el pasado y presente siglo la falsa filosofía empezaron a revestir un carácter absolutamente anti-español; ya vistiéndose de indios para ser ni indios ni españoles; ya aprendiendo el francés para ser parisienses de la noche a la mañana; o el inglés para ser místeres recién desembarcaditos de Plymouth. Estos despreciables entes avanzaban al teatro para desde las tablas propinar al pueblo, ya el espíritu británico, ya el espíritu gálico, ya el espíritu britano-gálico, pero lo que resultó fue lo que no podía menos de resultar, esto es una tercera entidad, o el espíritu triple gaucho-britano-gálico, pero nunca el espíritu castellano, o el hispano-americano, e ibero-colombiano, que es todo nuestro honor, y forma nuestro carácter; pues por Castilla somos gentes”.

En el número once Castañeda ataca a un periódico de la época, y dice así: “Mi señora doña Estrella del Sud; Créame V. S. que estoy empeñado en guardar toda armonía, y la mayor atención posible con V. S. como con cualquier otra matrona que quiera ilustrarnos con sus luces; por eso es que a las chinitas que V. S. me tira a cada paso yo he de corresponder como si efectivamente fueran favores. Me explicaré con un cuento: cuando el ejército de Felipe II entró de auxiliar a París la duquesa de Orleáns desde un balcón quería conocer entre los varios regimientos al español; el duque le dijo que a todos les fuese tirando piedritas; los flamencos respondieron con cortesías, lo mismo hicieron los italianos; pero uno de los regimientos mirando para el balcón dijo: que se tuviese quieta la tal por cual; entonces el duque le dijo “esos son los españoles”. Al caso; yo, mi señora, con V. S. no quiero ser el español arrancayuyos, y pienso siempre contestar como flamenco o como italiano. Dice V. S. que vuestros editores son arribeños pero que no han venido a comer a nadie el pan; válgame Dios, no lo dije yo por tanto; en mis enojos contra los de afuera y de adentro que nos querían enfederar dije que todos eran unos hambrientos, aventureros, etc., etc. y el palo tanto caía sobre los provincianos, como sobre los porteños, con tal que fuesen federales; de esto no debe sentirse V. S. pues no hablo yo de los buenos sino de los malos, que los hay arriba y abajo, como en todas partes”.

Los ataques de Castañeda son múltiples; no faltan aquellos que en verso zurran a Tagle, Carrera y Pueyrredón. En el número trece da a conocer un Responso en versos octasilábicos:

Carrera de mis pecados
Chilo-chilote ratón
Kirie-le, kirie-leisón
Tú nos robas los ganados
Sin justicia y sin razón
Kirie-le, kirie-leisón:
Antes eran tus enojos
Con Tagle y con Pueyrredón
Kirie-le, kirie-leisón:
Y ahora nos echas los ojos
A todos como ladrón
Kirie-le, kirie-leisón:
Sin camisa los porteños
Dejar quieres a traición
Kirie-le, kirie-leisón.
Y que chicos y arribeños
Caigan en la tentación
Kirie-le, kirie-leisón:
Asadores a montones
Contra la federación
Kirie-le, kirie-leisón:
Tienen nuestros cabezones
Para asar tu corazón
Kirie-le, kirie-leisón:
Tus hermanos fusilados
Te han emplazado en unión,
Kirie-le, kirie-leisón:
Y en los divinos estrados
Te sacan a colación
Kirie-le, kirie-leisón:
Ellos en triste banquillo
Lograron federación
Kirie-le, kirie-leisón:
Mas a ti la horca y cuchillo
Te dará fin de ratón.

En este mismo número publica poesía gauchesca, e inserta en verso una Conversación de dos gauchos uno porteño y otro santafecino, cuyas primeras cuartetas dicen:

Amigo santafecino
Dígame Ud. qué animal
Es el que aquí nos trajeron
¿Federagio, o federal?

Responde amigo porteño,
Y yo le hablo con verdad
El nombre nomás hey oído
No sé qué animal será.

Amigo santafecino
Eres un monstruo voraz,
Que a todos nos despedaza
Por delante y por detrás.

Dígame amigo porteño
¿No lo vido Ud. en Luján?
Cuando a saludarlo fueron
Todos con su general

Amigo santafecino
El animal no lo he visto,
Pero él entró en la ciudad
Y la ha puesto en un conflicto.

No escatima alusiones peyorativas para todo cuanto sea federación. En el número dieciocho, con el título Moralidad, expresa: “El gauchi-político no quiere encarnizarse, porque es un hombre moderado, sólo sí suplica a los que nos han enfederado, que se sirvan tener toda la vergüenza de que sean capaces, y ya que no han sido castigados, ni tildados, a lo menos en adelante no den lugar a que los tilden; conténganse por Dios; sean más modestos y persuádanse que por más que lo presuman, están y estarán siempre muy distantes de ser nuestros oráculos. Fuera, fuera carafas¸ aventemos la paja, quede el grano puro y seremos invencibles, de no, no”.

En el número veinticinco el padre Castañeda se la emprende con Antonio Llorente, que tuvo para él la peregrina idea de redactar una constitución religiosa, católica, apostólica, romana. En ese mismo número, con el título Sobre un librito de pasta dorada que dice mil barbaridades en castellano, expresa Castañeda: “Ha llegado a mis manos un librito de pasta dorada en octavo, cuyas hojas no llegan a ciento: el tal librito es anónimo, y por consiguiente hijo de padres no conocidos; bien es que por el prólogo se dice que su autor parece ser un americano residente en Francia; el que lo dio a luz, o costeó la impresión, es un tal D. Antonio Llorente, doctor en cánones, y todo el asunto del tal librito es darnos a los americanos una constitución religiosa, católica, apostólica, romana”. Y circunscripto el campo, ubicado el contendor, va el padre Castañeda con fuerza al encuentro del adversario.

“El tal librito –expresa- es de lo miserable que yo he visto, y puedo asegurar que en todo el año veinte, siendo así que los tinterillos estuvieron sueltos para disparar a su satisfacción por esos trigales de Dios, no han disparado tanto como el americano anónimo que escribió en Francia: el hombre desatina en política, desatina en teología, desatina en historia eclesiástica, se contradice en cada renglón, y en cada página protesta que es católico, apostólico, romano, y que lo será cuando el pontífice y la iglesia declaren lo contrario”.

En este mismo número conocemos que en la demostración pública celebrada en honor a la memoria del general Belgrano en el día de sus exequias era de Castañeda la Loa alegórica y encomiástica con que se principió la función teatral del martes 14 de agosto de 1821, a beneficio de la señora Antonina.

Como la Loa del padre Castañeda fuese celebrada por las personas que la oyeron, se animó su autor a dedicársela al gobernador, quien, acogiéndola con beneplácito, mandóla imprimir, por todo lo cual conviene seguir la narración de su autor: “Yo vivía satisfecho, mayormente habiendo visto que su representación fue atendida y celebrada del público, sin embargo de no haberla decorado como correspondía por los pocos auxilios que nuestro teatro nos ofrece, y lo muy embarazado que en esa noche se hallaba para la representación de Pablo y Virginia; mas el Argos en su número veinte me ha hecho ver realizados los temores que tuve antes de darla a luz, y lo difícil que es el arte de agradar a todos”.

Entre el número mencionado últimamente de este periódico y el veintiséis transcurrió más de un año de silencio, pues éste apareció el 30 de agosto de 1822.

En el número veintiséis Castañeda intercala algunas cartas y documentos datados Kaquelhuincul, de la época en que estuvo desterrado de Buenos Aires.

Sobre el número once de este periódico se publican dos hojas, tituladas Chantillon de las mentiras y calumnias del falso Teofilantrópico y sus satélites, sin firma, dadas por la imprenta de Phocion. En estas páginas se ataca a Castañeda y a Pueyrredón, defendiéndose a los peruanos.

Asimismo Gabriel Velazco refuta en una carta al número quince del Desengañador. El opúsculo lleva por título: Calumnias refutadas por el capitán de ejército d. Gabriel Velazco, que aparecen en el Desengañador Gauchi-Político número quince. Este opúsculo, de siete páginas, fue impreso por la Imprenta de los Expósitos (ejemplar en la Biblioteca Nacional)

Fuente
Biblioteca de Mayo – Tomo I – Memorias, Hemerografía – Buenos Aires (1960)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

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