ESPERANDO AL FMI

El baile de máscaras

Donald Trump es el vocero de un cambio de enfoque en la élite estadounidense, del que no tomó nota Mauricio Macri en su inicio pero del que se ha beneficiado en estos días de ‘vacas flacas’. La situación es dramática por la redistribución forzada de riqueza que se produce entre el abandono de la globalización y la cartelización de la energía. El autor intenta ubicar la coyuntura en ese contexto.

Máscaras para ocultar nuevos fracasos argentinos.

Según algunos estudios realizados tanto por The Economist Unit Intelligence como por Naciones Unidas, apenas 19 países en el mundo tienen democracias llamadas “plenas”. Estos estudios que evalúan el índice de democracia demuestran que la población mundial cada vez más descree de los gobiernos y de los partidos políticos. Este descreimiento llega incluye a USA, siendo uno de los países que históricamente se los mencionaba como un ícono de la democracia representativa (pero primero ocurrió la oscura elección en que George W. Bush le ganó a Al Gore, y más recientemente el tenebroso comicio en que Donald Trump/Vladímir Putin/Cambridge Analytic le ganaron a Hillary Clinton).

En el Cono Sur, según este estudio, Uruguay con 8,17 lidera la definición considerándosela “democracia plena”; las otras categorías se definen como “democracias defectuosas”, “regímenes híbridos” y “autoritarismo”.

Entre los fenómenos más recientes que se consideran que han afectado a los sistema democráticos con concepción republicana se encuentran países con un gran crecimiento económico como China -que si bien se denomina República Popular China, no encaja con los patrones tradicionales de los poderes tripartitos e independientes; tiene un único partido político autorizado, que es el Partido Comunista Chino; y un sistema judicial sometido a esa centralidad política-.

China rompe con los estándares republicanos occidentales, donde hay que considerar, de todos modos, que de poco sirve la teórica independencia del Poder Judicial cuando faltan instituciones que contrapesen esa independencia. De pronto, la Justicia resulta una herramienta política, tanto de aquellos políticos que se victimizan mientras se cubren de delitos cometidos como de aquellos que la utilizan para desacreditar a sus oponentes políticos.

En el caso que hoy día se encuentra en las portadas de los diarios internacionales por denuncias de Donald Trump a China a causa de una supuesta intromisión en las elecciones de medio término en USA, se olvida que el ex presidente Barack Obama tuvo que disculparse en 2009 ante Brasil y Alemania, entre otros, porque habían descubierto que Washington DC espiaba a los mandatarios de esos países, entre otros.

Pero el estado de insatisfacción de la población mundial con los gobiernos trasciende lo estrictamente político, sumándosele la cartelización en muchas áreas de la economía, desvío no previsto en la globalización prometidos en los años ’90.

El discurso de Trump ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en el que dio por terminado el ciclo de la globalización, que él sustituyó por el patriotismo representado en el “América First” es una señal muy fuerte para el resto del mundo al que tanto presionó USA durante años precisamente para instalar la globalización.

La guerra comercial de USA contra China, sumada a la cartelización de la energía, son temas claves ya que tanto por su beneficio como por su consumo divide la riqueza de la población mundial. Para tener una idea de su impacto: en los últimos 50 años al incremento del uso de todo tipo de energía necesaria para el desarrollo de nuevas tecnologías, se le suma el costo de esa energía. En 1961 el precio del combustible por barril era US$ 1,57 contra US$ 70 en 2018.

Pareciera que los mercados apuntan a ajustar las jubilaciones mundiales para equilibrar los déficit fiscales mundiales, pero nada dicen del aumento cartelizado de la energía. Esto convierte a la guerra comercial en una contienda social.

Mientras los medios corporativos, condicionados por los grupos de presión energéticos, tratan de evitar todo análisis del impacto del costo energético en la población mundial, la Argentina es un caso muy curioso: hasta 2011 no padecía ni déficit fiscal ni comercial pero desde 2012, cuando comenzó el déficit energético, sí comenzó a registrarlos.

Este incremento para los bolsillos de los consumidores no fue tan dramático porque la crisis financiera de 2008 llevó al otro elemento económico que impacta en la ecuación de gasto de los consumidores -las tasas de interés- a casi 0%, con un promedio de valor del petróleo de US$ 30 el barril.

Sin embargo, para 2019 se proyecta una convergencia complicada: más aumento de tasas de interés internacionales y un petróleo que, a causa de los conflictos con Irán, se acerca a los US$ 100 el barril.

Estos 2 factores potencian a los fondos de inversión especulativos, y son seguidos de cerca por aquellos estudiosos de los ciclos económicos que prevén un año 2019 o bisagra o de cambio del ciclo económico expansivo, que resultó más prolongado que lo previsible desde una perspectiva histórica.

De continuar esta cartelización de la energía ¿sería o no interesante cartelizar los precios de los productos agropecuarios, en acuerdo con USA y Brasil?

En este contexto internacional, el gobierno padece de fragilidad financiera. Entonces, con el apoyo de Washington DC -pareciera una ‘remake’ de los años ’90-, se ha asegurado el financiamiento necesario para lo que resta de su mandato. Su objetivo es recuperarse para ambicionar un triunfo electoral que, hasta el presente, subestima el impacto social del ajuste, lo cual merecería recordar que en todos sus diagnósticos ha errado Mauricio Macri o por triunfalismo o por voluntarismo o por subestimación del conflicto o dificultad.

El anuncio del acuerdo está supeditado a la aprobación tanto del directorio del FMI como de la oposición política: se refiere al peronismo no kirchnerista. Habrá que evaluar cómo impacta lo que suceda en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva, desde la cárcel, se apresta a ganar los comicios a través de su candidato Fernando Haddad.

Por las dudas, cada uno intenta tener su disfraz a mano. El baile de disfraces es una derivación moderna del renacentista baile de máscaras.

Todo comenzó cuando el rey Carlos VI de Francia, y sus amigos, en el inicio de 1393, se disfrazaron de hombres salvajes para la celebración de la boda de una dama de honor de la reina, pero la brea de sus atuendos se prendió fuego sin querer, lo que provocó que la ocasión se llamara “Bal des Ardents” (“Baile de los hombres que arden”). Después llegaron los bailes de máscaras o‘maschera‘, de los que participaban miembros de las clases socioeconómicas superiores, asociadas con la tradición del Carnaval de Venecia… hasta la caída de la República de Venecia al final del siglo 18.

En el caso de la Argentina, las máscaras se usarán para cubrir el eventual nuevo incumplimiento de las metas pactadas tanto del acuerdo con el FMI como del Presupuesto 2019.

Queda flotando un interrogante: ¿cómo actuarán los ‘mirones’ cuando acabe la música de la liquidez?

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