¿QUIÉN ES EL ESTADO?

Tarifas de gas, dólar, FMI y Discépolo

La sospecha de la oposición legislativa consiste en que Metrogas tenía un seguro de cambio que lo cubrió de la depreciación del peso que ocurrió durante agosto/septiembre, o sea que la empresa pretendería “ganar por la cobertura contra el riesgo cambiario en el mercado de futuros y ganar por los reclamos a los usuarios para que pagaran un sobrecargo, o bien ganar obligando al Estado a aportar $20.000 millones”, es la denuncia. El tema no está cerrado, y por eso es tan importante el siguiente aporte:

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Metrogas, empresa en el centro del debate.

La Argentina vive días demasiado complicados. Por una parte, la ya lejana herencia recibida que igual se hace sentir. Por otro lado la enorme cantidad de errores de gestión, impericia o vaya a saber qué, que pasa en el Gobierno.

El último episodio ha sido un cargo adicional en la facturación del servicio de gas (de gas domiciliario conviene aclarar, los de garrafa siguen peor que nunca).

A la larga retahíla de aumentos se le sumó ese cargo para compensar retroactivamente la variación del tipo de cambio.

A esta altura es irrelevante averiguar si las tarifas están bien, si ese ajuste es justo o no. El problema, una vez más es cómo fue presentado. Pareció imperioso devolverle a las empresas una eventual pérdida. Suena obsceno, más allá de la justicia. Se nos pide a todos un esfuerzo para el ajuste y a las distribuidoras de la noche a la mañana, nada.

Pero empecemos por el principio. Durante años, los ex Secretarios de Energía alertamos a la ciudadanía que la política energética K nos llevaba a un desastre y que costaría muchísimo, en tiempo y en costo para la sociedad, restablecer elementos básicos: producción, autoabastecimiento, tarifas justas y razonables, etc., etc.

Es más, por iniciativa de un candidato presidencial, los ex elaboramos un documento de 14 puntos, señalando un sendero para recomponer el sector, planteado como una política de Estado. ¿Por qué? Para que aquel que resultara ganador no fuera cuestionado de manera oportunista por el resto, a sabiendas que lo que había que hacer sería duro e impolítico. L o firmaron todos, menos el candidato oficialista. No supimos si no quiso o no lo dejaron.

Pero cuando asumió, el nuevo gobierno decidió no hacer una descripción del caos recibido. Dicen que un genio aconsejó no hacerlo para no asustar y no dar malas noticias. Se ve que no había leído a Maquiavelo. Porque, a partir de ello, en todos los órdenes de la economía, el gobierno fue una máquina de dar malas noticias y de augurar cosas que no sucedieron.

En energía, los ajustes tarifarios, muchos imprescindibles e incluso menores a los que hubiera correspondido de haberse hecho de una vez, rápidamente (cuando se vieron las quejas de la gente) los opositores (firmantes) lo adjetivaron como tarifazo, rompiendo el acuerdo. Pero lo curioso es que el gobierno también se olvidó de recordarles lo pactado.

Como este acuerdo en 24 cuotas fue ‘too much’ -tal como habría dicho una impresentable-, en la propia coalición gobernante, los siempre ingeniosos radicales propusieron una salida “elegante”.

Antes de completar el tema, es necesario presentar a un personaje imprescindible y omnipresente de nuestra realidad. En efecto, los argentinos que vivimos una niñez permanente, tenemos, como corresponde, un amigo imaginario: el Estado. Y lo importante de este amigo imaginario es que se hace cargo de todo, subsidia todo lo que le piden, sean ricos o pobres y en este caso ha sido tan sabio y tan ecuánime que, para no perjudicar a las empresas, les va a devolver la diferencia de cambio y, ¡que maravilla! también eximirá a los usuarios de esos cargos.

El Estado es grandioso, es un gauchazo. Nos soluciona todos los problemas.

¿Y quien es el Estado? Qué se yo. ¿A quien le importa? Esta ahí y paga.

Pero ¿si no le alcanza la plata, cómo hace? Fácil, pide prestado.

Pero resulta que un día no le prestan más.

Es un verdadero problema, Houston.

¡Que barbaridad! No era tan bueno. Es maligno. Fíjense que fue a buscar al malo del barrio, nada menos que al FMI para que lo ayude.

Pero resulta que lo ayuda a él pero nos revienta a nosotros, no nos va a alcanzar la plata, no llegamos a fin de mes. La culpa la tiene el Gobierno que se apropió de nuestro Estado, porque cuando era nuestro era bueno y nos ayudaba.

Como ven, la historia es circular. Lo que empieza en subsidios y gastos del Estado, termina sobre las cuentas externas, el tipo de cambio, las reservas, el déficit.

Un pésimo gobierno incapaz, cleptocrático e incompetente, seguido de un gobierno que no sabe gestionar, que carece de tacto y sensibilidad para presentar las soluciones a los problemas nos llevan a este cambalache que es nuestro presente.

Discépolo ¿qué nos hiciste?

Por Devoto, Alberto Enrique

Licenciado en Economía Política (UBA, 1969). Presidente de Agua y Energía Eléctrica S.E. (1986-1987). Vicepresidente del ENRE (1993-2002). Secretario de Energía de la Nación (2002-2003). Consultor@EnriqueDevoto

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