HACE 15 AÑOS COMENZÓ LA ERA MEIJI CON LA CUAL EL JAPÓN SE CONVIRTIÓ EN POTENCIA MUNDIAL

El 23 de octubre de 1868, un siglo y medio atrás, Mitsuhito, iniciando la Era Meiji (etimológicamente “culto a las reglas”), lanzó las nuevas políticas tras haber asumido el 3 de febrero de ese año como emperador del Japón en circunstancias en que la economía de ese país tenía una fuerte dependencia de los Países Bajos desde la guerra civil contra los daimios (señores feudales) católicos a comienzos del Siglo XVII, cosa que el nuevo monarca se encargó de terminar mediante una política nacionalista que convirtió al Imperio del Sol Naciente en una de las grandes potencias planetarias ocupando hoy su economía el cuarto lugar detrás de China, los Estados Unidos de América y la India.

El emperador Meiji gobernó durante 44 años, la misma cantidad que la gran Isabel I de Gran Bretaña e Irlanda, aquella que con la Ley de Pobres de 1601 transformó la economía de su país apuntalando la creación de la clase obrera a partir de los miserables campesinos expulsados de sus hogares por la expansión de los grandes terratenientes, por lo que llegaban a las ciudades a establecerse como vagabundos sin destino y para los que generó los talleres del estado. Algo que muestra que no hay ventajas en que los gobiernos sean de corta duración, como se ha generado la idea, sino de que sean eficientes y en favor de sus pueblos como que los EUA, durante la Segunda Guerra Mundial modificaron sus reglas para que Franklin Delano Roosevelt pudiese ser presidente durante cuatro mandatos consecutivos, aunque falleciera sin concluir el último.

Habían pasado tres siglos desde que Isabel I impulsara la industrialización del hoy Reino Unido cuando en la Era Meiji se lanzó a una política similar, con los cambios tecnológicos del caso, y transformó a los daimios en una nueva clase capitalista con características occidentales entre los que se destacó Mitsubishi, a quién se le encargó el desarrollo de la flota japonesa que debía asumir la responsabilidad del comercio internacional y que, entre otras cuestiones desarrolló el Banco Mitsubishi, hoy banco central del Japón, que tiene prevista la eliminación del papel moneda haciendo que todas las operaciones futuras se realicen de manera digital.

También como Isabel I, la Era Meiji arrancó el proceso de industrialización con talleres del estado al tiempo que los tradicionales daimios, acostumbrados a exportar bienes primarios, también fueron forzados a agregar valor a sus producciones con lo cual el Japón pronto se convirtió en la primera potencia manufacturera de Asia y una de las mayores del mundo adquiriendo, además, un poder militar importante que derrotó al Imperio de los Zares en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) en la que contó con la colaboración argentina a través de la cesión de los dos acorazados vencedores en la confrontación naval lo que generó la amistad que dio lugar, unos pocos años después, a la venida de los tintoreros japoneses a este país.

El emperador Mitsuhitoi en 1873.

La expansión imperial hizo que el país en 1942, momento de su mayor ocupación territorial, llegase a tener 7,4 millones de kilómetros cuadrados, buena parte de ellos en el actual territorio de China, cuando su extensión natural, la actual, alcanza a apenas 377.915 km2, lo que muestra el enorme poder alcanzado como producto del desarrollo alcanzado durante la Era Meiji cuyas pautas prosiguieron tras el fallecimiento de Mitsuhito el 30 de julio de 1912.

Teniéndose presente el sistema británico se fue avanzando en reformas en todos los ámbitos, entre ellos la implementación de órganos deliberativos, como, a un estilo con aspectos de la Cámara de los Lores, el Consejo de Ancianos, senado según la antigua tradición romana (“senes”, anciano en latín), que tenía como misión desarrollar un plan estratégico para la modernización y el crecimiento del país.

Asimismo se estableció el criterio de integrar a todos los sectores y clases sociales con iguales propósitos lo cual, en buena medida, fue retomado luego de la derrota en la SGM cuando se creó el MITI (Ministerio Internacional de Comercio e Industria), base de las políticas estratégicas del país, en el cual participan los representantes del gobierno, de las cámaras empresarias, de los sindicatos y de las universidades.

Para poder llevar adelante esas ideas se incitó a profundizar el aprendizaje de los nuevos conocimientos desarrollados a nivel internacional; se avanzó en la erradicación de todas formas de corrupción o perjudiciales para la sociedad y a hacer necesario el ya señalado “culto a las reglas”, cosas ya planteadas en el mismo 1868 en la “Carta de Juramento”, una suerte de estatuto constitucional de once artículos que impulsaba un proceso de democratización que incluyó una reforma impositiva que eliminó ciertos beneficios para los sectores más acomodados.

Fue así que los daimios debieron entregar sus tierras al estado que se hizo cargo del mantenimiento de los salarios de los samuráis aunque en 1871 se modificaron las reglas militares con la aparición de las prefecturas, mientras se creaban un Consejo de Estado, un sistema de parlamento, el voto popular, se avanzó en las legislaciones regionales y se trasladó la capital de Kioto a Tokio, entre otras importantes decisiones.

Con la Era Meiji, hacen ya 150 años, el Japón abandonó el feudalismo y se convirtió en uno de los países más desarrollados del planeta, aunque su territorio ocupe apenas el sexagésimo tercer lugar en extensión, donde las expectativas de vida al nacer llegan a los 85,3 años y ocupa el lugar 224 en el mundo en materia de mortalidad infantil.

Por Fernando Del Corro

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