LA DESTRUCCIÓN DEL PROGRAMA NUCLEAR ARGENTINO – 1° PARTE

Petroleros que no necesitan epígrafe y han logrado descarrilar el Programa Nuclear Argentino
I. LOS COSTOS DE QUE EL PLAN NUCLEAR LO DIRIJAN PETROLEROS

¿Cuánto le cuesta al país que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y con ella, todas las empresas públicas, mixtas y privadas dedicadas al átomo, hoy estén bajo la dirección inmemorialmente petrolera del área de Energía? U$ 14 mil millones de dólares, para empezar, pero hay mucho más.

Estos cálculos los hicimos tras el encuentro titulado “El Modelo Nuclear Argentino en la Encrucijada” que organizó el periodista nuclear Alejandro Tancredi el 3 de octubre en el Centro Argentino de Ingenieros. Los U$ 14 mil millones son el valor actual del gas y los combustibles líquidos que se ahorraría el país durante el primer ciclo de vida de Atucha III en versión CANDU, 30 años. Siempre a valores de hoy, en su extensión de vida (otros 30 años) sumarían U$ 28 mil millones.

Estamos hablando de cuatro veces el costo de esta central de 740 MW que China nos financiaba a precio de regalo, que podemos construir con un 70% de componentes críticos nacionales y “clonar” cuantas veces querramos: nada en lo técnico, industrial o legal nos lo impide. La India tiene 13 centrales como ésta, de uranio natural, agua pesada y con tubos de presión, copiadas del diseño canadiense CANDU, y acaba de decidir que va por 10 más. Aquí el proyecto murió oficialmente en mayo de este año.

La CNEA terminó su primera CANDU en 1984 sin el proveedor (la AECL se fue en mitad de la obra). Tras 30 años de excelente funcionamiento NA-SA “la retubó” (es como rehacerla) para otros 30 años más. Es tecnología que conocemos bien. Con la primera financiada por China, no sería imposible hacer en forma escalonada la cantidad de CANDU que querramos sin endeudamiento externo, con cada central pagando con su electricidad la construcción de la siguiente.

¿Se entiende por qué en mayo de este año, tras dilatar, empastar y bloquear dos años su construcción, el entonces Ministro de Energía, Ing. Juan J. Aranguren (CEO histórico de la Shell) la canceló definitivamente? ¿Desde cuándo a las petroleras les interesa que Argentina ahorre petróleo y gas?

Aranguren se fue dejándonos una recesión por tarifazos, el Ministerio volvió a su viejo status de Secretaría y tomó su dirección el ingeniero en petróleo Javier Iguacel. Éste queda a cargo de seguir aplicando el “ajuste nuclear” empezando por la cancelación de Atucha III CANDU, y cuyo objetivo aparente es llegar a un Programa Nuclear Argentino minúsculo, comprador y bobo, incapaz de “pisarle” el precio de la electricidad a las petroleras, o de ganar licitaciones internacionales de reactores, como la que arrebató este año INVAP en Holanda. En suma, un Programa Nuclear que no moleste a nadie. Los costos tecnológicos, materiales, industriales y en recursos humanos son los que queremos poner a la vista.

Estimados, a la Argentina le están robando el futuro ante la nariz.

Centrales CANDU en Qinshan, China, clones de la planta que el ministro Aranguren rechazó.

El Programa Nuclear Argentino tiene 68 años y lo construyó el estado, como principal inversor y/o comprador. Su centro es la CNEA, pero lo rodea un perímetro de empresas públicas como INVAP S.E. (del estado rionegrino); ENSI S.E. (Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería) otra S.E. en copropiedad de la CNEA y Neuquén para administrar la PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada, en Arroyito, Neuquén); NA S.A. (Nucleoeléctrica Argentina); y Dioxitek, fabricante de pastillas cerámicas de uranio para las centrales. Dioxitek también se encarga de extraer y encapsular 60Co (Cobalto 60) de nuestra única central CANDU para radioterapia y usos industriales.

Hay un segundo anillo formado por los gigantes privados de la ingeniería nacional, con mayor o menor compromiso atómico. Pérez Companc es socio de CNEA en CONUAR S.A. (Combustibles Nucleares Argentinos) y FAE S.A. (Fábrica de Aleaciones Especiales). Otros como TECHINT e IMPSA participan eficazmente como proveedores sólo cuando el estado hace obra, pero al hacerlo adquieren tecnología nueva que a veces los vuelve “winners”: la exquisita metalurgia de los caños sin costura de TECHINT, primera proveedora mundial de pozos petroleros, salió de la CNEA. Hay decenas de ejemplos similares. El negocio nuclear no es iluminar lamparitas sino cerebros.

El tercer anillo es el socialmente decisivo: más de 140 PyMES que lograron elevar su producción a calidad nuclear en obras como la terminación de Atucha II o el retubado de Embalse, en las que miles de obreros y técnicos adquirieron técnicas avanzadas de soldadura o montaje, y 400 ingenieros calificaron como “nucleares”.

Este programa tardó 68 años en construirse, está jalonado de exportación de reactores (Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita, Holanda) y tiene una rareza: ¿cómo se sostiene tanto recurso humano experto, tanta industria proveedora con sólo 3 centrales? La participación nuclear en el mercado eléctrico argentino bajó de picos del 15% en los ’80 al 5,4% hoy, no sin un tremendo lobby adverso que paralizó y casi mató al Programa Nuclear entre 1983 y 2006.

La decisión petrolera de este gobierno fue suspender la cuarta central nuclear (Atucha III) y pasar a la quinta, una Hualong-1 china de la misma empresa que nos financiaba Atucha III, la CNNC, o Chinese National Nuclear Corporation. Financiar Atucha III era el “bono” para vendernos la otra, porque no hay ninguna Hualong-1 funcionando en el mundo, ni siquiera en China.

El gobierno nacional anterior, sabiendo esto y también que la Hualong-1 era un desvío de la tecnología PHWR adoptada como “línea nacional” desde 1968, pero también una rara oportunidad financiera y tecnológica, aceptó la oferta paquete por ambas: 85% financiación china a 20 años, 4% de interés y con 8 años de gracia. Eso sí, exigió escalonar los comienzos de obra: la central PWR, es decir la Hualong-1 de uranio enriquecido se empezaría dos años más tarde. Eso permitiría juzgar al menos la marcha inicial de las dos primeras Hualong-1 en China, daría tiempo a la Autoridad Regulatoria Nuclear a examinar y objetar lo que fuera necesario, y prepararía a la industria argentina para poder negociar la máxima participación posible en la nueva PWR, con la que no ha tenido experiencia alguna. Todo eso terminó en la nada.

Xi-Jinping, el premier chino, está más que contento de no tener que financiar Atucha III CANDU y de testear su Hualong-1 en Sudamérica, terreno en disputa con Rusia desde que en 2014 Rosatom vendió su primer reactor nuclear en Bolivia. “El tío Xi”, como lo llaman en su país, se quedará dos días en Buenos Aires expresamente para asegurarse con papeles firmados que el gobierno actual o el futuro no puedan posponer la Hualong-1 sin pagar multas pesadas. Sí o sí, la obra tendrá que arrancar en 2022.

Pero El Tío exigirá contrato “llave en mano”, con la mínima participación posible de la industria argentina (obra civil, a lo sumo, es decir hormigón y ladrillos), o mejor aún, ninguna.

Eso no es aceptable para los argentinos

* Andrés J. Kreiner. Investigador superior
CNEA-CONICET. Miembro de APCNEAN

* Daniel E. Arias, periodista científico

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