BAJONEADOS Y EMPOBRECIDOS EVITAN CONSUMIR

INTERPRETACIONES FREUDIANAS DE LA INCERTIDUMBRE – Y LO PEOR NO LLEGO

El que tiene plata, pero no tanta para considerarse rico, ya no hace lo que quiere y mide los gastos para ver tanto cómo llegan sus cuentas al fin del mes, cuanto las perspectivas de sus ingresos. El que está debajo de la línea de pobreza hace lo que puede para llenar el plato diario de comida. Una encuesta de CEPA traza 3 mojones a las caídas registradas en el consumo durante el mes pasado: la de bebidas representa la retracción de los sectores de medios y bajos ingresos; la de los combustibles de los intermedios y la del esparcimiento de ahí para arriba. Panorama al que proveedores de bienes durables, como electrodomésticos, añaden al que identifican como factor psicológico que incide en cualquier decisión de comprar: el bajón de ánimo de la sociedad en general. Ya no se ven las compul sivas, “como que salió el nuevo celular y me lo quiero comprar”, según ejemplifica el Ceo de Newsan, Luis Galli. Toda una población, sin distinción de clases, se muestra desconcertada sobre el plazo para empezar una recuperación, sin ilusión alguna de crecimiento. La creciente inflación que siguen atizando los aumentos autorizados por el propio gobierno, a los que se suma el pass through de la devaluación, infunde tal incertidumbre que no deja margen alguno para planificar, ni siquiera a los que siguen en condiciones de poder hacerlo.

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Y lo peor aún no llegó…

¿Cuándo calcula cada argentino que se podrá distinguir una luz al final del lúgubre túnel del duro ajuste económico en marcha cuyo único horizonte visible no va más allá de: garantizar a los acreedores el pago del endeudamiento, la estabilidad cambiaria y la continuidad de Vaca Muerta?

Nadie que esté arriba de la línea de la pobreza lo sabe, y se mueve o permanece quieto en consecuencia para llegar airoso a fin de mes, en tanto que el casi tercio de la población que se encuentra debajo sobrelleva incertidumbres más prosaicas, como hasta qué día del mes alcanza para la comida.

En septiembre último, los consumidores, que se expresan a través de lo que compran y dejan de comprar, redujeron entre 30% y hasta más de 60% la provisión de lácteos, carnes y verduras, según una encuesta realizada en el área metropolitana por el Centro de Economía Política (CEPA).

Según el detalle, un tercio de los participantes disminuyó el consumo de lácteos, más de la mitad el de carnes, 63% el de frutas y verduras y 44% gaseosas, jugos y soda.

Pero donde la tijera redobló su acción fue con el 69% de achique de sus salidas de esparcimiento, 39% combustible y, entre lo indispensable, con el 23% de los medicamentos.

Frente a tales recortes, solamente el 4% incluyó más lácteos en su dieta, 5% más carnes, 1% más frutas y verduras, 1% más gaseosas, jugos y soda. Mientras que salidas, combustibles y medicamentos no movieron el signo + por sobre un 1 y 2%.

Mucho tiene que ver con estos resultados que la estructura de precios relativos (distribución del ingreso) siga aún en pleno acomodamiento, sin ofrecer blanco fijo.

En este octubre en curso, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, admitió que los números del mes no vienen bien y lo atribuye a que se arrastra el traslado de la incidencia de la devaluación (denominado pass through).

Por si hubiera dejado puntos suspensivos en su declaración a la prensa al término de la reunión de gabinete, habría que agregar las habituales incorporaciones de los aumentos regulados por el Estado, como naftas (liberados para el alza pero no para bajar si las referencias del dólar o el crudo ceden), gas, transporte y prepagas.

Para antes de fin de año se espera un refuerzo al elenco estable fogonero del IPC, con la reapertura, aunque acotada, de paritarias, las tarifas del agua, de nuevo de la luz, y la rueda no para de girar.

Los pronósticos del mercado no bajan del 40% anual, contra el optimismo oficial de que todavía podría cumplirse la re-re-meta del 38%.

El gobierno escarba en la ampliación en 15 productos de placebos ya conocidos, como el de los Precios Cuidados, que heredó a regañadientes de su antecesor al igual que el feriadismo, a los que ahora apela con entusiasmo.

La oportunidad sería la formación de la canasta navideña, muy vinculada a la ayuda social que se distribuye desde la cartera que conduce Carolina Stanley.

A la vez, la Secretaría de Comercio, ya sin el supermercadista primo de Marcos Peña, Martín Baun al frente, analiza también fijar una referencia al porcentaje de aumento de precios a permitir frente a la aceleración que los hizo llegar al 6,5% en septiembre pasado, con un alza acumulada superior al 30% en los primeros 9 meses del año.

Se propone avanzar sobre el abastecimiento y la intensificación del control de las existencia de artículos en las góndolas y los precios de las cadenas comerciales, con el propósito de intentar revertir la expectativa de inflación para los próximos 12 meses que consignaron los consumidores argentinos consultados por Poliarquía, en el marco del encargo realizado por el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella: saltó 10 puntos porcentuales y se ubicó en octubre en el 40%.

Mayor pesimismo se observa en los sectores de ingresos altos de la Capital Federal y en el interior del país, que en el Gran Buenos Aires.

· Cuestión de Fondo

En este nebuloso marco en que se desenvuelve la política de ingresos en la sociedad, el directorio del Fondo Monetario Internacional se apresta a homologar, el viernes en Washington, la ampliación del crédito stand by a la Argentina, con el capítulo incluido el programa monetario y financiero que se ató al Déficit Triple Cero que contiene el proyecto de Presupuesto 2019 que se vota hoy.

El agravamiento general del poder adquisitivo de la población que se proyecta para este mes y los siguientes “por la inflación, producto de la devaluación, que todavía no se trasladó en su totalidad, ya que las empresas lo hacen gradualmente”, según explicó a la agencia NA el investigador del CEPA, Juan Pablo Costa, segmenta la pirámide NSE (nivel socioeconómico) en 3 parámetros de consumo:

-el consumidor más pudiente ha ido eliminando gastos superfluos, como las salidas recreativas;

-la merma en combustibles es indicativa de que el mayor refuerzo recayó sobre la clase media,

-el retroceso de bebidas en la mesa familiar refleja principalmente una tendencia inercial en los sectores socioeconómicos bajos y medios.

A estos componentes objetivos detectados en la compulsa se pueden añadir interpretaciones psicológicas, como las que se manejan en el ámbito de los bienes durables y fueron expresadas por el Ceo de Newsan, Luis Galli, en el coloquio de IDEA: “el consumo es estado de ánimo y si la gente siente dificultades en relación con cómo está yendo la economía, cómo le está yendo con el empleo, todo eso afecta y hace que el consumo en el 2do semestre esté cayendo”.

Sin embargo, aclaró que “lo que hoy no existe tanto es la compra compulsiva, como que salió el nuevo celular y me lo quiero comprar. Pero hay una base instalada de cosas que se rompen, que cumplen su vida útil, y que se deben reponer. En ese sentido la gente sigue consumiendo”.

Intenta extraer una moraleja positiva a esa lectura en que “por ahí la gente deja de comprar o compra menos televisores, menos heladeras, menos lavarropas, pero en algún momento la gente volverá a comprar y hay que estar preparado”.

Por RUBÉN CHORNY

Periodista.

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