EL PAMPERO, EL HISTÓRICO AEROSTATO QUE DESAPARECIÓ HACE 110 AÑOS

 El sábado 17 de octubre de 1908, 110 años atrás y 37 años antes del gran levantamiento popular que desembocó en la presidencia de Juan Domingo Perón, se produjo un trágico suceso que costó la vida a dos argentinos y que conmocionó durante mucho tiempo a gran parte de la población: se trató de la desaparición en el mar del globo “Pampero”, el primer aerostato que navegó el cielo de este país.

La referida aeronave había sido traída a la Argentina por Aarón Anchorena, un rico hombre de negocios que durante su reciente estadía en Francia había tenido el placer, en el marco de su vocación de deportista, de realizar algunos vuelos en globo razón por la cual decidió adquirir uno, al que bautizó “Pampero” y con el que llegó al puerto de la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) el 18 de diciembre de 1907.

Una semana más tarde, el 25 de diciembre, en pleno festejo navideño, Anchorena encaró su primer vuelo en estas tierras acompañado por el ingeniero Jorge Alejandro Newbery, director de Alumbrado de la entonces Municipalidad porteña, partiendo a las 12.45 desde los terrenos la Sociedad Sportiva Argentina, luego ocupados por el Campo Hípico Militar cerca de la intersección de las actuales avenidas del Libertador y Manuel Dorrego.

Fueron muchos los que se agolparon para ver partir y aplaudir a los deportistas a bordo de la aeronave pero también preocupados porque el viento la impulsó hacia el Río de la Plata al que cruzó para llegar, al cabo de dos horas y cinco minutos a la vecindad de Colonia del Sacramento, en la República Oriental del Uruguay, en la estancia de Tomás Bell donde hoy se encuentra el “Parador Tomás Bell”.

Tras ese vuelo, punto de partida de la aeronavegación en la Argentina, siguieron otros con Anchorena, Jorge Newbery y el catamarqueño Waldino Correa, mayor de artillería del Ejército, a bordo, que entusiasmaron a muchos otros, como el odontólogo Eduardo Newbery, hermano de Jorge, quién programó un vuelo nocturno a una distancia importante por lo que se aprovisionó de una buena cantidad de palomas mensajeras a utilizar para ir enviando informaciones sobre la marcha de la aventura.

La partida se concretó a las 18 del ya referido 17 de octubre desde la quinta situada en el barrio de Belgrano entre las calles Luis María Campos, Olleros, Villanueva y Maure pero a último momento, al no hacerse presente el ingeniero británico Thomas Walter Owen, quién debía acompañar a Eduardo Newbery, se ofreció a hacerlo Eduardo José Romero, el sargento primero del Ejército, oriundo de Curuzú Cuatiá, Corrientes, quién había llegado con la provisión de las palomas mensajeras, y que fuese aceptado como reemplazante.

El globo fue llevado por el viento hacia el oeste, mientras sus tripulantes alertaban a los vecinos haciendo sonar bocinas, y así pasó por los municipios de San Martín y Moreno y más tarde tocó tierra en Las Flores donde perdiera un salvavidas, siendo esa su última referencia tras la cual, según todo hace presumir, fue atrapado por otra fuerte corriente de aire que lo llevó hacia el este, siempre por la Provincia de Buenos Aires, y lo internó en el Océano Atlántico , a partir de la bahía de Samborombón, algo que con el tiempo ocurriese con otros dos vuelos lo que tiende a probar la referida hipótesis.

 La tragedia, de la que nunca se pudo hallar restos, impactó fuertemente en la sociedad y provocó la renuncia de una importante cantidad de socios del Aero Club Argentino hasta que el propio Jorge Newbery se puso al frente del mismo con la ayuda del ingeniero Horacio Anasagasti, fundador del Touring Club Argentino, quién adquirió otro globo en Europa al que llamó “Patriota” y que donó al propio Aero Club y con el que realizó varias aventuras en las que fue acompañado, entre otros, por los ya experimentados Anchorena y Jorge Newbery, por Ezequiel Paz y hasta por el legendario dirigente socialista Alfredo Lorenzo Palacios.

Anasagasti, en tanto, fundó la primera fábrica de automóviles en la Argentina. Vehículos de avanzada tecnología como la actualmente utilizada lubricación forzada, que se llegaron a exportar a Europa donde incluso se adjudicaron carreras como la París-Madrid sobre 1515 kilómetros, en este caso bajo la conducción del mismo Anasagasti. Autos que a nivel local dieron origen a la primera flota de taxis.

Unos pocos años más tarde, ya inclinado por la nueva aviación, Jorge Newbery, el 10 de febrero de 1914 estableció el récord mundial de altura con 6.225 metros con su monoplano Morane-Sulnier con el que se aprestaba a cruzar la Cordillera de los Andes. Estaba en eso cuando el primero de marzo de ese mismo año una mujer, en el aeropuerto Los Tamarindos de Mendoza, ahora denominado “El Plumerillo”, se le acercó y le rogó que le hiciera una demostración. Él, para complacerla, le pidió prestado el avión a su amigo Pablo Teodoro Fels quién venía de batir el récord de navegación sobre agua y que le advirtió que el aparato tenía problemas en un ala, algo que se verificó poco después haciendo que la nave, siendo las 18.40, se precipitase a tierra provocando la muerte de Jorge Newbery. Habían pasado cinco años y más de cuatro meses desde la desaparición del “Pampero” piloteado por su hermano.

Por Fernando Del Corro

 

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