PRESUPUESTO 2019 – LAVAGNA Y LA “FIESTA POPULISTA FINANCIERA”

“Tengo la sensación de que no les quitarán las retenciones al campo”

“Si ésta es la gobernabilidad, tenemos un serio problema”: buen arranque del diputado nacional Marco Lavagna (Ciudad de Buenos Aires/Frente Renovador), al fundamentar su voto negativo para el Presupuesto 2019 del Ejecutivo Nacional. Muy buen retruque a Luciano Laspina: “Cuando uno dice esto inmediatamente le pueden decir del otro lado que el problema es que estamos pagando la fiesta populista. Pero después de tres años de gobierno, y con un presupuesto que es el último de este período presidencial, ya no aplica más lo de la herencia, más allá de que ésta haya sido muy mala; no aplica más.” También: “Hoy lo que vemos es que el presupuesto tiene una fuerte impronta cada vez más financiera. De vuelta la fiesta populista financiera.” Terrible conclusión: Mauricio Macri terminará su mandato presidencial con caída de 6 puntos del PBI per cápita.

El economista y diputado nacional Marco Lavagna.

Sr. Presidente (Petri).- Tiene la palabra el señor diputado Lavagna, por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Lavagna.- “Señor presidente: ya lo han dicho los diputados que me antecedieron en el uso de la palabra, hablar en el medio de este lío que se armó, con represión y corridas, se hace muy difícil, y la verdad es que uno termina –si se quiere- desenfocado de lo que debería ser la discusión acabada y detallada de los proyectos de ley que hoy estamos tratando. Lamento que la discusión se dé en este contexto que estamos atravesando.

Hoy no solo tratamos el proyecto de ley de presupuesto sino cinco proyectos de ley. Claramente, el proyecto de ley de presupuesto –quizás por ser llamada la “Ley de Leyes”- es el más complejo y el que requiere más tiempo de debate.

Considero que la Ley de Leyes ha ido perdiendo significado a lo largo de los años y hoy su consideración parece ser más un trámite administrativo y una señal –si se quiere- política sobre si hay consenso o no respecto del déficit cero.

La verdad es que vamos a aprobar un presupuesto que sabemos que va a cambiar, que va a sufrir modificaciones a lo largo del año, con lo cual lo que hoy vamos a votar no va a ser lo que va a terminar siendo.

Una muestra de esto es el artículo 16 del proyecto de ley de presupuesto, donde se incorporan un montón de nuevas partidas, nuevos gastos, con los cuales -debo decir- coincido con casi todos.

Abajo hay un párrafo que dice que se da atribución al jefe de Gabinete de Ministros a reasignar partidas. Mi pregunta es qué va a recortar para asignar nuevas partidas. ¿Se le va a sacar más a educación, a salud, va a ser por nuevos ingresos que hoy no están previstos?

Entonces, lo que tiene que ser la Ley de Leyes terminará siendo casi un trámite administrativo que tiene que pasar por el Congreso. Por eso es que no creo en eso de que si uno vota de una forma u otra está apoyando o no la gobernabilidad.

La gobernabilidad no depende de que salga aprobado un proyecto de ley o de que sea rechazado. Si esta es la gobernabilidad, tenemos un serio problema.

La discusión del presupuesto la podemos dividir en dos partes. Una tiene que ver meramente con el articulado, con su análisis, respecto del cual lueg o voy a hacer algunos comentarios. Otra está relacionada con la implicancia del camino que se está dando a la política económica del Poder Ejecutivo. Sobre esta me voy a centrar en primer término.

Cuando uno ve los resultados y lo que implica el presupuesto, observa que claramente los resultados y las conclusiones no son positivas, más bien diría que son muy malas. El período presidencial va a terminar con un saldo muy negativo. Va a terminar con una caída en el producto bruto per cápita, o sea los ingresos por habitante, de más de 6 puntos, con el tema de la inflación sin resolver y con problemas en términos de inversión.

El presupuesto plantea una caída muy significativa en la inversión, que era una de las variables principales que el gobierno quería promover cuando asumió. Ahora la cambió a las exportaciones, centrándose en que ésta es la variable principal.

Permítanme decirles que no es ni una ni la otra, y tampoco es solo el consumo. Si queremos tener una economía que funcione tenemos que velar por tener consumo interno, por tener inversiones, y también exportaciones. Si no tenemos las tres patas, la economía es insustentable.

Lamentablemente uno ve que los cuatro años presidenciales –más allá del resultado electoral del año que viene, gane quien gane- tuvieron un resultado malo. Y lo peor de todo es que no solo es un resultado negativo aislado, sino que hay muchos resultados negativos a lo largo de los años de política económica argentina.

Esto lo decía el señor diputado Laspina muy bien, que hemos atravesado crisis tras crisis en la Argentina, obviamente con períodos buenos, con períodos malos, y períodos muy buenos y muy malos.

Pero lo que va a quedar claro de la finalización de este período presidencial es que vamos a haber perdido otros cuatro años, vamos a haber perdido una oportunidad. Y cuando uno pierde oportunidades después es muy difícil recuperarlas.

Esto no implica que todo lo que hizo el gobierno esté mal; yo creo que el gobierno hizo cosas bien, pero también hizo muchas cosas mal. Cuando uno pone todo en la balanza, haciendo –si se quiere- el resumen, los resultados son muy negativos.

Hay problemas macroeconómicos, y ahora estamos atravesando por una corrección que no es que la hace el gobierno con un plan que tenga atrás pensado, diagramado, mirando hacia delante, sino que la arranca el mercado. El mercado le sacó un ajuste brutal al gobierno, y el gobierno lo aceptó.

Cuando uno dice esto inmediatamente le pueden decir del otro lado que el problema es que estamos pagando la fiesta populista. Pero después de tr es años de gobierno, y con un presupuesto que es el último de este período presidencial, ya no aplica más lo de la herencia, más allá de que ésta haya sido muy mala; no aplica más.

A partir del momento en que asume un nuevo Poder Ejecutivo, los problemas pasan a ser del gobierno en ejercicio y los tiene que resolver. Acá no los han resuelto, los han agravado. Lo peor es que pasamos de pagar los costos de la fiesta populista, como se dice, a lo que yo denomino “la fiesta populista financiera”. Porque hoy también estamos en una fiesta que el próximo gobierno –sea del color político que sea- va a tener que pagar. Estamos en el medio de una fiesta populista financiera, y esto lo vamos a pagar en algún momento.

Recién decía el señor miembro informante –a quien le tengo un respeto muy grande- que estamos yendo al déficit cero, y él aclaraba que en realidad no es un tema de equilibrio sino de déficit primario, porque queremos que sea la última crisis.

Bueno, yo les voy a contar. En los años 90 también teníamos equilibrio en las cuentas primarias. Es más, no solo teníamos un equilibrio primario sino que también teníamos superávit primario. Teníamos casi un punto de superávit primario, y los intereses de la deuda se terminaron llevando puesto un esquema económico.

Había fracasado el esquema donde la lógica era “ajustemos el primario sin que importen los intereses de deuda porque los vamos a pagar”. Es decir que los intereses de la deuda también importan. Siempre digo lo mismo: cuando yo voy a pagar la tarjeta de crédito no le digo al banco que los intereses no importan, que lo que importa es que yo no gaste más de lo que me ingresa; se tiene que pagar todo.

Hoy lo que vemos es que el presupuesto tiene una fuerte impronta cada vez más fina nciera. De vuelta la fiesta populista financiera.

Un equilibrio fiscal -y acá estoy hablando de un equilibrio fiscal total- creo que es absolutamente central. Una economía sana necesita tener equilibrio fiscal, como también necesita tener equilibrio de sus cuentas externas. Ahora, esto no lo vamos a lograr si no en el marco de una economía que esté creciendo. De otro modo vamos a poder tener algunos años de equilibrio y después vendrá otra crisis, que volverá a tener impactos negativos sobre la sociedad, volverá a tener impacto sobre la pobreza y sobre el desarrollo económico.

Lamentablemente eso forma parte de nuestra historia. Además, algunas cosas que nos están pasando hoy ya las vivimos en otras épocas. No digo que esto vaya a terminar como la convertibilidad o los años de la “tablita”, de la que también se habló en algún momento; no estoy haciendo ese tipo de comparaciones. Pero debemos aprender las lecciones de nuestra historia y de los errores que se han cometido. Si hay algo de esa historia que queda claro es que los programas de ajuste no son sustentables.

Por el contrario, los programas sustentables son aquellos que se basan en el crecimiento. Cuando se analiza el proyecto de ley de presupuesto para el año próximo no se observa un programa de crecimiento, sino exactamente lo opuesto. En otras palabras, lo que se aprecia es un programa que sigue alimentando el círculo vicioso en virtud del cual a cada ajuste sobrevendrá otro y donde se terminarán pagando 16.000 millones de dólares en concepto de intereses, tal como ocurrirá el año que viene. Pero como no hay dinero para hacerlo, habrá que endeudarse.

Lo cierto es que de todo eso nada queda en la Argentina, es decir, no hay obras, ni empleo, ni la posibilidad de generar igualdad social.

Por el contrario, quedan parches que son pateados hacia adelante. Precisamente estamos en un esquema en el cual eso es lo que se hace. No se están resolviendo los problemas estructurales que tiene la Argentina.

Voy a expresar mediante números las razones por las cuales la fiesta populista financiera terminará teniendo impactos muy negativos.

¿Saben cuánto representa cada punto de aumento de la tasa de interés solamente en el caso de las LETES? No me estoy refiriendo a las LEBAC, a las LELIQ o a otros títulos, sino solamente a las LETES. Concretamente, cada punto de incremento de la tasa de interés de las LETES representa 2.500 millones de pesos anuales.

¿Saben cuál era la tasa de interés de las LETES en septiembre de 2017, cuando se estaba debatiendo en el Congreso Nacional el proyecto de ley de presupuesto para el corriente año? La tasa era del 25 por ciento. Cabe recordar que en ese momento nos escandalizábamos por el nivel de la tasa de interés y decíamos que con ella era insustentable un modelo de crecimiento con generación de puestos de trabajo.

¿Saben cuál es actualmente la tasa de interés de las LETES? Es del 55 por ciento. ¿Saben cuánto significa solamente la tasa de interés de esos títulos en el término de un año? Setenta y cinco mil millones de pesos. Ese es el ajuste que se está realizando en las áreas de la educación, de la salud y otras que mencionaron otros señores diputados para pagar los intereses de la deuda.

Lo peor de todo es que cuando uno mira hacia adelante llega a la conclusión de que la situación no va a cambiar, porque el problema de la sustentabilidad de la deuda está allí. Tenemos una deuda de aproximadamente el 90 por ciento en términos del producto bruto interno, problemas en materia de crecimiento y, además, un proyecto de ley de presupuesto que no solo está aprobando un nivel de endeudamiento muy grande sino que también prevé un endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional.

Por lo tanto, no veo que haya un cambio en el esquema económico, sino que, por el contrario, la situación se va a profundizar. Eso conducirá hacia una mayor concentración y una economía cada vez más chata y para menos personas.

Cuando hablamos de la tasa de interés la respuesta que recibimos inmediatamente es que estábamos en medio de una corrida cambiaria, había que estabilizar el tipo de cambio y se debía evitar que la situación siguiera empeorando. Si bien es cierto que había que estabilizar el tipo de cambio, la pregunta que tenemos que hacernos es por qué se produjo esa corrida cambiaria. Ella tuvo lugar porque artificialmente, en virtud del esquema financiero que se estaba formando, se terminó retrasando el tipo de cambio y en un determinado momento el mercado provocó un ajuste. Entonces, la responsabilidad tiene que ver, en parte, con el esquema económico que se está planteando.

Reitero que lo que se está haciendo con el proyecto de ley de presupuesto en consideración es profundizar la situación. En otras palabras, se sigue insistiendo en un camino respecto del cual sabemos que es el equivocado y no va a dar buenos resultados.

Quizás se logre estabilizar la situación por uno o dos años, pero eso no será sustentable. Lógicamente, en la Argentina hablar de más de dos años vista es como hacer referencia a Marte, es decir, a algo un poco raro, ya que hay que ver cómo se llega a diciembre. Pero el problema está ahí.

En definitiva, la dificultad radica en que a mi juicio en la Argentina hace falta llevar a cabo una discusión acerca de cuál tiene que ser el esquema de crecimiento y desarrollo. Durante el debate solo se oye hablar de la posibilidad de hacer un ajuste aquí o allá; solamente se escucha la palabra “ajuste” en lugar de “crecimiento” o “desarrollo”. No se aprecia el debate que debería tener lugar en la Argentina en cuanto a la forma en que tiene que distribuirse la renta, a fin de que una sociedad tan desigual como la que tenemos comience a recibir claros incentivos y combatir la inequidad social existente.

En otras palabras, tenemos que ver cómo distribuimos nuestras riquezas y brindamos señales al sector privado para que genere puestos de trabajo, invierta, innove y produzca valor agregado en sus exportaciones. Esa es la discusión que debería efectuarse, en lugar de analizar si el proyecto de ley de presupuesto es o no de ajuste.

Lamentablemente no tenemos ese debate y a veces nos pasa un poco lo que nos ocurrió hoy o, si se quiere, lo que sucedió ayer en la reunión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, en la cual, en un determinado momento me paré y me fui. Los señores diputados me conocen y saben que me gusta discutir hasta la última coma, aunque no logre ninguna modificación de lo que pretendo. Pero ayer en un momento en el cual nos encontramos en medio de una acusación cruzada, en la que unos acusaban a otros de ser cipayos del Fondo Monetario Internacional y estos últimos hacían lo propio con los primeros tildándolos de ser cipayos de los bolsos, me levanté y me retiré.

¡Pobre país si esta es la discusión que estamos teniendo sobre un tema tan central que consiste en determinar cómo hacemos para salir adelante! Recién vi un tuit del señor diputado Bucca. Se entiende por qué cada vez más la sociedad se aleja de la política.

Por otra parte, el presupuesto para el corriente año previó un crecimiento del 3,5 por ciento, pero en el mejor de los escenarios será del 2 por ciento. ¿Saben cuánto significa eso en materia de pérdida de recursos? Doscientos cincuenta mil millones de pesos, lo que representa la mitad de los ajustes que establece el proyecto de ley de presupuesto en consideración.

Por eso digo que la discusión tiene que girar en torno al tema del crecimiento. Ella nunca debería haber sido cómo aceptamos que no vamos a crecer un 3,5 por ciento y vemos la forma de generar un ajuste mayor.

Al mismo tiempo, una parte del ajuste que se plantea es inconsistente porque constituye un retroceso en términos del aumento impositivo. Se volvieron a incrementar tributos. Una parte de las discusiones que se llevaron a cabo y de las críticas que se formularon en otras oportunidades fueron en el sentido de que siempre las salidas de las crisis se realizaban aumentando impuestos, contrayendo la economía y restringiendo al sector privado. Pero lo cierto es que todo eso se está dando hoy, porque se plantea un proyecto de ley de presupuesto que establece un equilibrio primario debido a la existencia de un incremento fenomenal de los impuestos.

Además, se dice que esa suba terminará dentro de dos años. Concretamente, me refiero a las retenciones, que el año que viene ascenderán a 280.000 millones de pesos. Esto ocurre en el marco de un proyecto de ley de presupuesto que prevé una caída. En un escenario positivo tendremos un poco de crecimiento en 2020. Entonces, quiero que me expliquen cómo vamos a hacer para sustituir esos 280.000 millones de pesos correspondientes a las retenciones. Me gustaría saber cómo vamos a asegurarnos que sacaremos las retenciones al campo y al resto de las industrias y servicios si no lo hacemos por la vía del crecimiento. Tengo la sensación –espero equivocarme‑ de que va a costar mucho que se eliminen esas retenciones, porque no hay planteado un esq uema de cómo crecer y cómo sustituir esos ingresos. Si no empezamos a discutir cómo crecer y cómo ampliar la torta, en lugar de hacerla cada vez más chiquita vamos a cometer permanentemente los mismos errores, como es seguir aumentando impuestos y restringir la actividad privada. Lamentablemente esa es la discusión, y este presupuesto y estos cuatro años no terminan de aclarar eso.

Los cinco proyectos que se ponen a discusión son los siguientes. Primero, el de bienes personales. Nuevamente hay un aumento de este impuesto, y no solo para los sectores más ricos sino para la clase media, que ya viene sufriendo mucho.

El segundo es el del ajuste por inflación. Más allá de entender por qué se cambia, debemos saber que esto significa mayores impuestos, es decir, mayor presión impositiva”.

Sr. Presidente (Petri).- Vaya concluyendo, señor diputado.

Sr. Lavagna.- “Ya termino, señor presidente.

El tercer proyecto es el de la adenda fiscal. Esta última tiene implícito que no habrá la reducción de impuestos que iba a haber. Por el contrario, habrá aumento de impuestos.

De manera que, de los cinco proyectos, cuatro contemplan aumento de impuestos o ajuste. Es decir que no se prevé salir de la crisis a través del crecimiento sino por el camino del ajuste.

Un proyecto que me parece muy bueno y que me dará orgullo votar es el del monotributo social para los sectores tabacaleros y cañeros. Digo que es muy bueno porque apunta a la inclusión y a la formalización de sectores que hoy no pueden acceder a ella. Además, plantea un sistema tributario sencillo, es decir, la gente no tendrá que hacer trámites inentendibles que lo ún ico que hacen es alejarla de la formalidad. La discusión de este tipo de proyectos es la que tendríamos que dar. Realmente da gusto discutir este tipo de iniciativas.

Este proyecto de ley de presupuesto –como dijo el señor diputado Laspina‑ incluye muchas de las sugerencias que hicimos, como la quita de las cuestiones patagónicas, el tema de la UIF y los cambios aduaneros. Con respecto a estos últimos, son muy buenos, pero realmente preocupa que hayan entrado en el presupuesto originalmente. ¿Por qué estaban en el presupuesto cuando nunca debieron haber estado? Me parece que “por si pasa”. No podemos entablar una discusión con vista al futuro pensando en que tenemos que ver cómo colamos en una ley algunas cuestiones que se quieren sacar; incluso, algunas de ellas ya habían sido discutidas ‑como las cuestiones patagónicas, las asignaciones familiares o el impuesto a las ganancias‑, pero se insiste.

Entonces, señor presidente, creo que lo que hace falta es cambiar el rumbo, cambiar el eje de la discusión. No debemos dejarnos tentar por la solución facilista del ajuste. Debemos proponernos una agenda alternativa, que debe ser una agenda de crecimiento, de desarrollo y de discutir cómo distribuimos la renta en la Argentina. Ahí están las soluciones para lograr que esta sea realmente la última crisis; no lo lograremos por el camino del ajuste”. (Aplausos.)

 

Buenos Aires,25 de octubre de 2018

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