“EFECTO BOLSONARO” O CÓMO ADAPTARSE A UNA NUEVA REALIDAD REGIONAL

INTERNACIONALES – ARGENTINA/BRASIL

Jair Bolsonaro en el Planalto, de Brasilia DF, supone una cantidad de desafíos para Mauricio Macri, en especial respecto de las relaciones futuras con USA y Donald Trump. Es interesante analizar la tendencia posible, y elaborar respuestas constructivas.

Jair Messias Bolsonaro, Presidente electo de Brasil.

¿Cómo nos afectará a los argentinos el triunfo de Jair Messias Bolsonaro? La respuesta a esta pregunta dependerá de la manera en que el gobierno nacional, y nuestra clase dirigente en general, sepan por un lado aprovechar las oportunidades; y por el otro disminuir los efectos negativos que el nuevo gobierno en Brasilia producirá.

Empecemos entonces por la política. Hasta ahora Argentina ha sabido sacar provecho de su buena relación que tiene con los Estados Unidos. El apoyo del Departamento del Tesoro en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, que culminaron con un generoso préstamo, son un claro ejemplo de ello. Pero este trato preferencial no es el producto de simpatías personales, sino del hecho que los dirigentes estadounidenses consideran que es en el interés de Estados Unidos ayudarnos. De hecho, tanto Barack Obama como Donald Trump han hecho todo lo posible para que el gobierno de Mauricio Macri tenga éxito.

La Argentina es, en efecto, uno de los pocos países que han dejado atrás el populismo*** de izquierda para, de manera democrática, adoptar posiciones cercanas a las de Estados Unidos e implementar (tímidas) reformas pro mercado. Es, por lo tanto, en su interés premiar a Buenos Aires y generar incentivos para que otros países de la región hagan lo mismo.

Es más, si uno analiza el panorama regional verá que la Argentina es una de las pocas alternativas atractivas (?) que tiene Washington para establecer una alianza.

México y Brasil, por otro lado, sufren serias crisis internas y, en el caso de Brasilia, los gobiernos del PT han defendido posturas que lo han alejado de la potencia occidental.

Pero ahora el panorama regional ha cambiado. No solo hay nuevos presidentes electos por el voto popular en México y en Brasil, sino que Bolsonaro pareciera querer establecer una relación más cercana con Trump, líder con quien además tiene bases de apoyo similares (tales como son el empresariado, las iglesias evangélicas, “el cierre económico y de fronteras N.R.” y los militares). Bolsonaro también esta en condiciones de ofrecerle a Washington algo que a Macri le resulta más difícil por motivos de política doméstica y de proximidad geográfica: colaboración en la resolución de la crisis en Venezuela.

Una relación más cercana entre Brasil y Estados Unidos dejaría entonces a la Argentina en una situación incómoda porque Washington ya no nos necesitaría tanto. Se nos volvería por lo tanto más difícil continuar recibiendo un trato preferencial.

A esto hay que sumarle la preocupación que ha generado el hecho que el primer viaje de Bolsonaro no sea a la Argentina sino a Chile y que, para colmo de males, su ministro de Economía haya dicho que nuestro país no va a ser una prioridad para el nuevo gobierno. Esto indica un posible reposicionamiento diplomático. La alianza estratégica entre Buenos Aires y Brasilia, que ya lleva más de 30 años, podría verse resentida.

En el plano económico el panorama es mixto. Si el plan económico pro mercado de Bolsonaro tiene éxito, seguramente atraerá inversiones que de otra manera podrían dirigirse a nuestro país. Inclusive podemos pensar en la posibilidad que empresarios argentinos, defraudados por la falta de reformas estructurales en el país, miren a Brasil como posible destino.

La buena noticia consiste en que la búsqueda de nuevos socios comerciales por parte de Brasil, en su intento de abrir la economía, generará incentivos para que Argentina haga lo mismo. El escenario más probable es que este proceso tenga lugar a través del Mercosur, pero inclusive si eso no ocurre y cada país decide firmar tratados por cuenta propia, el resultado será mejor que el actual (que nos encuentra a ambos países teniendo unas de las economías más cerradas del mundo, -aunque las primeras potencias EEUU, Rusia, China hablan de apertura pero cierran sus fronteras- N.R.).

Finalmente, debemos considerar la posibilidad de que el “efecto Bolsonaro”, llegue a nuestro país. Al fin de cuentas, compartimos varias características con el Brasil actual, como son la inseguridad, una recesión económica y un creciente involucramiento de las iglesias protestantes en la política.

También debemos recordar que Bolsonaro es un representante más de un fenómeno más amplio, de un movimiento político que ha llevado a líderes conservadores, opuestos a las elites cosmopolitas, a ganar elecciones en gran parte del mundo. Lo raro entonces sería que la Argentina no se sume a lo que es una tendencia internacional. Sin embargo, lo que sigue sin quedar en claro es quién podría canalizar el descontento social.

En definitiva, para la Argentina la elección de Bolsonaro no es buena ni mala en sí misma. Todo dependerá de la manera en que nos sepamos adaptar a que será, y de esto si podemos estar seguros, una nueva realidad regional.

 

Por FRANCISCO DE SANTIBAÑES

 

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