HISTORIA DE BUENOS AIRES Y LA GUERRA NAVAL REALISTA

Primer bombardeo de Buenos Aires

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El Primer bombardeo de Buenos Aires fue ordenado por el gobierno realista de Montevideo y efectuado por una escuadrilla al mando del capitán de navío Juan Ángel de Michelena el 15 y 16 de julio de 1811.

Tuvo por objeto combatir a la Junta revolucionaria que gobernaba el proceso iniciado el 25 de mayo de 1810 en aquella ciudad, capital entonces del Virreinato del Río de la Plata, forzándola al retiro de sus fuerzas de la Banda Oriental y a suspender todo apoyo a los rebeldes en la campaña hasta tanto el Consejo de Regencia de España e Indias resolviera respecto de la cuestión de fondo, la representación de los intereses de Fernando VII en el Río de la Plata.

Elío le envió un oficio poniendo al frente de la expedición al capitán de fragata Juan Ángel Michelena, quien acababa de llegar a la ciudad tras evacuar Colonia.

La decisión, que por ordenanzas correspondía a Salazar, fue aceptada por el comandante de marina, no sin elevar su reclamo al secretario Vázquez de Figueroa.

Pese a la misión dispuesta se desprendieron algunas de las unidades de la escuadra: el 16 el bergantín Cisne partió a Santa Fe para relevar a la Aranzazu y escoltar a los buques de la carrera a Asunción, y el 19 la sumaca Carlota y los faluchos Fama y San Martín fueron despachados al mando del teniente de navío Juan de Latre para operar en el río Uruguay, con la misión de tomar contacto y auxiliar a las fuerzas portuguesas y de atacar Mercedes.2

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Soslayando nuevamente a Salazar, Elío convocó a los capitanes de fragata Miguel de Sierra y José Primo de Rivera y les informó que asumiría personalmente el mando de la expedición y que ambos lo secundarían como ayudantes.

Su plan consistía en «bombear al fuerte de la ciudad, y luego que lo abandonasen, desembarcar 200 hombres que llevará de transporte y tomarlo». Sierra objetó el plan considerando difícil asegurar un bombardeo eficaz e imposible sostener la posición, objeciones que Elío simplemente desechó, diciendo que en el peor de los casos se reembarcaría con sus hombres.

Enterado Salazar por el mismo Sierra, informó a sus superiores. Coincidía con Sierra en que el plan era impracticable y que de llegarse a tener que reembarcar, se haría bajo el fuego de «3000 hombres de tropa y 10 0 12000 paisanos». Cerraba su reclamo afirmando que «si Dios no nos trae un nuevo jefe, los males serán irremediables y la América del Sur se perderá para siempre»

Elío, en su nuevo papel, continuó usurpando atribuciones del comandante del Apostadero. Así, ordenó colocar en una de las balandras dos piezas cónicas que por su gran retroceso causaron graves daños. Seguidamente, ordenó cambios en la arboladura e incluso modificar el calibre de los morteros. Considerando suficientes los preparativos, Elío confirmó la operación, pese a las objeciones de Salazar, del Cabildo y del gobernador Gaspar de Vigodet e Marco, Miguel Ángel (2000).

NOTA: Departamento de Estudios Históricos Navales, ed. José María de Salazar y la marina contrarrevolucionaria en el Plata.

El escocés Juan Parish Robertson, testigo presencial del bombardeo, relata la reacción de la población mientras se producía el ataque:

“Las bombas con su espoleta prendida describían hermosos arcos sobre la ciudad, alumbrada todavía por los faroles. La mayor parte de las familias estaban en sus tertulias, y aunque esos proyectiles estallaban aquí y allí, las señoras no tenían temor de subir a las azoteas con el objeto de presenciar el espectáculo. Quienes han visto alguna vez como las bombas van describiendo en el aire magníficas curvas, saben que este mensajero destructor por más que caiga a un cuarto de milla de distancia, siempre da la impresión de hacerlo en el punto ocupado por el observador. Así sucedió aquella noche.

El señor Juan Pedro Robertson se hallaba en la azotea de la casa de madame O’Gorman14? como un miembro más de una gran tertulia que se había congregado a contemplar la escena. Las porteñas se estremecían un poco al acercarse las bombas y fingían chillar cuando caían. Sólo uno se asustó, un inglés, que convencido de que iba a ser víctima de una granada se arrojó desde la azotea al patio y su caída fue felizmente interrumpida por una puerta abierta, mientras que la bomba cayó a sólo dos cuadras de donde se encontraba… Cuan distante estaría Michelena de pensar que mientras hacía fuego, las porteñas cantaban, bailaban o se asomaban a verlo tranquilamente”

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Robertson, John Parish, Letters on South America, Letter XXXIII, “Solamente los bárbaros marinos españoles de Montevideo pudieron cometer tal absurdo de bombardear una ciudad como esta, sin intimación antecedente, sin estar sitiada con ejército, ni amurallada, faltando en todo a las leyes de la guerra y con sus propios hermanos, sabiendo muy bien que con bombas no se rinden plazas, pues lo más que sucede es arruinar edificios y matar uno que otro incauto, por lo que merecen la execración de los hombres de bien. Esta capital, en 300 años de su descubrimiento y más de 200 de fundación, no ha sido bombardeada por nación alguna; sin embargo que fue atacada por los ingleses en 5 de julio de 1807 no nos echaron bombas, y sólo estos marinos españoles desesperados lo han hecho.”

Beruti.

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El bergantín Gálvez fue un buque de la Armada Española, que participó en la Guerra del Independencia de Argentina tras ser capturada por la Armada Argentina en la que formó parte de la escuadra de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Enterado Salazar por el mismo Sierra, informó a sus superiores. Coincidía con Sierra en que el plan era impracticable y que de llegarse a tener que reembarcar, se haría bajo el fuego de «3000 hombres de tropa y 10 0 12000 paisanos». Cerraba su reclamo afirmando que «si Dios no nos trae un nuevo jefe, los males serán irremediables y la América del Sur se perderá para siempre»

La respuesta de la Junta no se demoró, y fue consecuentemente agresiva. Afirmaba que «ni el tono valentón con que insultaba el comandante de la escuadra sutil, ni el amago de su ferocidad por medios solamente capaces de ejercitar su encono sobre imbéciles e impotentes, serán bastantes para desviar al gobierno y pueblo de Buenos Aires de las medidas de una justa resistencia a las tentativas osadas del agresor -quien sería el único responsable ante el juicio y la censura de los imparciales, que jamás aprobarían conducta semejante tan digna de la execración de los hombres como de las naciones civilizadas, para no atropellar la causa de la humanidad por razones bélicas, sin motivo ni objeto ulterior que pudiese justificarlas- probando únicamente el genio violento del jefe imprudente que miraba con frío semblante los males a que era precipitado por el empeño en sostenerse en una autoridad que no le habían dado los pueblos.»

Y finalizaba: «Bajo esta inteligencia obre Ud. por sus principios, y en el cuadro de la desolación con que amenaza, leerá Ud. al fin lecciones prácticas de la energía de un pueblo cuyos esfuerzos no ha sabido calcular el gobierno de quien ha recibido Ud. su misión.»

Firmaban los entonces miembros de la Junta Grande Cornelio Saavedra, Domingo Matheu, Atanasio Gutiérrez, Juan Alagón, Juan Francisco Tarragona, José Antonio Olmos de Aguilera, Dr.Manuel Felipe Molina, Manuel Ignacio Molina, Francisco de Gurruchaga, Dr.Juan Ignacio Gorriti, Dr.José Julián Pérez, Marcelino Poblet, José Ignacio Fernández Maradona, Francisco Ortiz de Ocampo, Dr.José Simón García de Cossio y el Dr.Joaquín Campana, secretario Artículos acerca de historia naval (Histarmar)

La escuadra de Buenos Aires, al mando del almirante Brown bloquea Montevideo

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Fue el Dr. Manuel Belgrano, hecho General por necesidad de la Patria, quien había creado la Escuela de Náutica. El fue el primero en ver que si no lográbamos vencer a España en el Mar, poco podíamos hacer por tierra pese a nuestro empeño y valor.

Por su propia visión, es quien reacciona primero ante la derrota sufrida por nuestra primera escuadra naval. Conocida la noticia, inmediatamente toma los pocos cañones que puede recuperar de los exiguos arsenales de Buenos Aires y resueltamente se dirige con sus hombres hacia las barrancas de la ciudad de Rosario. Su objetivo era instalar dos baterías de artillería de costa, a las que denominó, “Libertad” e “Independencia” y con ellas, impedir el paso de la Escuadra Española hacia el Norte del Río Paraná, evitando de ésta forma, que Montevideo siguiera siendo abastecida por barcos. Esta decisión, entre tantas, nos marca el “genio militar natural” de Don Manuel Belgrano.

Durante su vigilia de armas en las barrancas de Rosario, el día 27 de Febrero de 1812, nos entrega al mismo cielo hecho bandera. Es allí donde sus tropas juran, por primera vez, lealtad a nuestro pabellón. Azul Celeste y Blanco serán desde entonces los colores de una causa llamada “Libertad”, esa libertad que conseguida, hoy se llama Bandera Argentina.

Nuestro segundo hombre en ésta historia, había llegado a Buenos Aires el 09 de Marzo de 1812 e inmediatamente, había comenzado la tarea de dotarnos de una fuerza militar de élite. El General José de San Martín preparaba en la historia y con destino a la gloria, a nuestros Granaderos. Impecables, perfectamente subordinados y mejor entrenados, conformaban una fuerza de caballería, que con su valor en combate, sembraría la Libertad en la América del Sur.

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A principios del año 1813, una importante crecida del Río Paraná, posibilitaría a la Escuadra Española, pasar frente a las barrancas de Rosario y fuera del alcance de las baterías de costa del Gral. Belgrano. Inmediatamente, éste comunica la novedad al Coronel José de San Martín y de común acuerdo, dirige a sus Granaderos al Puerto Natural de la localidad de San Lorenzo, que por su calado y fácil acceso a la costa sería utilizado por los españoles para desembarcar y abastecerse.

Gral. D. José de SAN MARTÍN.

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Es así que el 3 de Febrero de 1813, para la total sorpresa de las fuerzas españolas, nuestros Granaderos, apostados tras el histórico Convento, en un breve combate que no alcanza a los 45 minutos de duración, los derrotan totalmente y los obligan a reembarcar. El Sargento Cabral nace a nuestra gloriosa historia y un joven teniente, que ya había combatido con Azopardo, captura el pabellón español, Hipólito Bouchard iniciaba así su carrera de gloria.

Nuestros Granaderos escribían su primera página de historia. El Comandante Español informaba a Europa, que las fuerzas rebeldes ya no eran una desprolija soldadesca. La soldadesca se había convertido en una brillante y valiente fuerza de caballería dirigida por un experto Coronel.

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Fue la visión y tenacidad de Don Manuel Belgrano, el genio militar de José de San Martín y el brillante triunfo en San Lorenzo, lo que convencería a Bernardino Rivadavia para que creara la Segunda Escuadra Naval. Belgrano tenía razón, el triunfo sólo sería completo si se derrotaba a España en el Mar.

Llega a nuestra historia, el tercer gran hombre, nuestro Gran Almirante. Un valiente y experimentado marino irlandés que desde 1809, fecha en la que arribó a Buenos Aires, se había mostrado totalmente identificado con nuestra causa libertaria. Don Guillermo Brown sería el Comandante de nuestra Segunda Escuadra Naval.

Almirante Guillermo BROWN.

Con los fondos aportados por otro gran argentino, de origen salteño, Don Francisco de Gurruchaga, comerciante y veterano marino también, que había luchado a favor de España en la histórica Batalla Naval de Trafalgar (1805), se logran adquirir la fragata “Hércules”, la corbeta “Céfiro”, el bergantín “Nancy” y la goleta “Julieta”. Como naves de apoyo se adquieren la “Belfast”, “Agrable”, “Itatí” y “Halcón”, nombres todos que, con la “enseña de Belgrano” izada a tope de galleta, se convertirían en proas heroicas de nuestra historia Naval.

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Divididos sus buques, aturdidos por la decisión del Comandante “irlandés” y el valor de los criollos en sus dotaciones, el Capitán Jacinto de Romarate, se prepara en puerto para salir a buscar a las fuerzas de Brown. No tiene la oportunidad, es el Almirante Brown quien lo va a buscar al mismo Puerto de Montevideo y es precisamente, el 17 de Mayo de 1814, cuando vencemos decididamente al Poder Naval Español en el Plata. Eramos libres por Mar, ahora sí podíamos ser libres por tierra.

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Tres nombres diferentes para una misma historia y un solo destino de gloria. El Dr. Manuel Belgrano, el Gral. José de San Martín y el Almirante Guillermo Brown. Los tres nombres más importante de nuestra independencia, tres figuras enormes que lograron que de aquella derrota naval de San Nicolás, naciera la fuerza de una brillante y heroica, historia naval argentina.

El 10 y el 11 de Marzo de 1814, frente a la Isla Martín García, el Almirante Brown se bate por primera vez con la fuerza naval española. Logra una victoria parcial, pero divide a la Flota española. Una parte debe remontar el Río Uruguay y la otra retrocede al puerto de Montevideo hostigada de cerca por el valiente Spiro, que junto a Seavers, entregan su vida a nuestro sueño de libertad.

http://interdefensa.argentinaforo.net/t2494-17-de-mayo-dia-de-la-armada-argentina

Segundo bombardeo de Buenos Aires

En la madrugada del 19 de agosto, a las 00:45, la escuadrilla española inició una lenta aproximación. A las 7 de la mañana se ubicó en línea de combate pero con tan exagerada prudencia que recién seis horas después inició un fuego sostenido, siempre sin traspasar el banco frente a balizas, por lo que dada la distancia era por completo inútil.

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Desde los cuatro pequeños lanchones que al mando de Bouchard protegían las balizas exteriores “como por burla y menosprecio…se les contestó a los tiros suyos con tiros de pistolas.”

Finalmente, los lanchones abrieron fuego con su único cañón y respondieron esporádicamente para conservar munición y demostrar capacidad de fuego. El único avance realista fue el de uno de los faluchos que apoyado por una cañonera se desprendió de la línea, se aproximó algo y luego de intercambiar disparos retorno a su posición inicial. A las 17:30 los realistas se retiraron río adentro. Los únicos heridos entre los patriotas fueron tres hombres y a causa de un cañón que mal ajustado los hirió en su retroceso.

El cronista afirmaba: “Todas esta horas que hubo de tiroteo fue diversión para el vecindario, que lo más de él estuvieron sobre la barranca pasando el tiempo en reírse de los enemigos, que tan sólo de lejos hacían ruido y no se aproximaban de temor, sin poner en ejecución el bombardeo amenazado”

El 10 y el 11 de Marzo de 1814, frente a la Isla Martín García, el Almirante Brown se bate por primera vez con la fuerza naval española. Logra una victoria parcial, pero divide a la Flota española. Una parte debe remontar el Río Uruguay y la otra retrocede al puerto de Montevideo hostigada de cerca por el valiente Spiro, que junto a Seavers, entregan su vida a nuestro sueño de libertad.

NOTA: En nombre de Interdefensa quiero agradecer al señor Oscar Filippi, quién me autorizó reproducir su nota publicada en Facebook

Tercer bombardeo de Buenos Aires

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El 23 de septiembre de 1811 cae en Buenos Aires la Junta Grande y se hace cargo del poder ejecutivo el Primer Triunvirato, el cual el 20 de octubre de 1811 firma con Elío un armisticio el cual, siguiendo los lineamientos fundamentales planteados en julio, devolvía al control español no sólo la Banda Oriental sino también las villas entrerrianas de Gualeguaychú, Gualeguay y Concepción del Uruguay, y abandonaba a las milicias orientales a su suerte.

El acuerdo incluía el retiro de las fuerzas portuguesas que al mando de Diego de Souza habían invadido la Banda Oriental el 17 de julio. Primo de Rivera pudo dar ancla sin oposición frente al muelle. Sin mediar parlamento o intimación alguna abrió fuego a bala rasa sobre las baterías, el queche Hiena al mando de Tomás Taylor y una cañonera patriota. Como en las anteriores ocasiones el entusiasmo del vecindario fue evidente concentrándose en la ribera y en la Plaza Mayor.

Una multitud transportó en brazos dos cañones de a 24 a la ribera, donde se montó rápidamente una tercer batería. Otros recorrían la zona bajo fuego para recoger los proyectiles arrojados por el enemigo y ponerlos a disposición de las baterías.

Tras cincuenta minutos de intercambio de fuego vivo, la escuadrilla realista se retiró. Las averías y bajas de ambas partes no fueron significativas. Los proyectiles y munición consumidos por Primo de Rivera, especialmente en la situación de Montevideo, valían mucho más que los perjuicios ocasionados.

El gobierno emitió una proclama celebrando el fracaso del nuevo ataque: “El gobierno de Montevideo ha invadido vuestros hogares sin respeto a las negociaciones pendientes. En los transportes de su desesperación, ha querido proporcionarse el placer de ver destruídos vuestros edificios y dar un día de consternación a vuestras inocentes familias. Pero vosotros, en la inutilidad de sus esfuerzos, habéis visto como la Providencia protege la causa del justo… Ciudadanos: es necesario que la espada rompa la cadena que nos preparan los tiranos, que más vale morir libres que vivir esclavos”

Nota: Carranza, Ángel Justiniano, Campañas Navales de la República Argentina

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