JUAN MANUEL DE ROSAS, EL CONTRARREVOLUCIONARIO.

El pensamiento político de Juan Manuel de Rosas estuvo bastante marcado por la lectura que pudo hacer de grandes autores contrarrevolucionarios. Sabemos que tuvo acceso a la obra del padre Barruel, traducida al español en 1814 y difundida en estas tierras por el padre Ignacio de Castro Barros.

Este libro, en su edición francesa, se hallaba en la biblioteca de don Santiago de Liniers, frecuentada por Rosas, quien sentía mucha admiración por el conde de Buenos Aires fusilado en 1810. El padre Castro Barros también tradujo una carta del suizo protestante arrepentido Carl Louis Von Haller, en la cual afirmaba que sólo la Iglesia defendía el orden tradicional de los ataques de las logias.

Rosas también tuvo acceso a la obra de Burke, pero sobre todo hay un pensador que fue su autor de cabecera cuando comenzó a estudiar ciencia política: Gaspar de Réal de Curban (1682-1752). De él tomó, muy probablemente, la unidad de gobierno bajo un modelo de confederación y su escepticismo por las constituciones escritas, tomando partido porque “la Constitución sea formada según el orden fijo y constante de la naturaleza”.

¿Qué otra cosa es la tradición?

Este párrafo debido a la pluma de Gaspar de Réal de Curbin pinta muy bien la obra de gobierno de Rosas: “El rey puede ser comparado a un padre y recíprocamente se puede comparar un padre con el rey, y entonces determinar los deberes del monarca por los del jefe de familia. Amar, gobernar, recompensar y castigar, es todo lo que deben hacer un rey y un padre. Un padre que no ama a sus hijos es un monstruo, y un rey que no ama a sus súbditos es un tirano. El padre y el rey son imágenes vivas de Dios, cuyo imperio está fundado sobre el amor”.

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