EL IMPUESTO INFLACIONARIO SE BANCA LO QUE VENGA

¿Alguien paga el bono de $5.000? Todos y ninguno

La Administración Macri inventó su propia versión de Fuenteovejuna, del dramaturgo Lope de Vega, con los $5.000 del bono compensatorio de diciembre acordado con la CGT: la respuesta es similar a la del pueblo cordobés español en el siglo XV, cuando la monarquía les preguntó quién mató al comendador: todos y ninguno. Es que las empresas que puedan afrontarlo lo trasladarán a precios o tarifas, otras imposibilitadas de remarcar por la recesión lo dividirán en cuotas y pondrán a cuenta de futuros aumentos y habrá también las que manejen la opción con los gremios de hacerse cargo a cambio de despedir personal. En general, las compañías alimenticias y las productoras y distribuidoras de energía, junto a las excepciones que confirman la malaria que hasta los auditores del FMI admiten pa ra esa altura del año, casi que tendrán asistencia perfecta entre los que otorguen por un lado aunque recuperen por otro e igual terminen transfiriéndoselo a la sociedad. De 6 millones 222,8 trabajadores registrados en el sector privado en condiciones de percibir el bono, no menos de la cuarta parte se pondrá a cargo del impuesto inflacionario. A juzgar por lo declarado por el titular de SMATA, Ricardo Pignanelli, tampoco la evolución de los precios dejará margen para descorchar champán y ni siquiera sidra, ya que sólo cubre el gasto de 10 panes dulces. El jueves, el INDEC difundirá el IPC de octubre, que agrega entre 5,3 y 6% al ritmo que traían entre los naftazos, tarifazos y el pass through del dólar a $40, que a propósito bajó 10% en noviembre sin que nadie, salvo Axión y por otro motivo, se diera por enterado y diera marcha atrás con las planillas alineadas con aquella paridad. El mismo día, AySA, en audiencia pública, intentará implementar su propio bono de resarcimiento por la diferencia entre lo que subieron la tarifa y el IPC en 2018 y prever para 2019 un incremento inclusive superior a la pauta de inflación presupuestada por el gobierno.

La imagen ilustra un ideal que no es el bono.

Cuando se anuncie el jueves el Índice de Precios al Consumidor de octubre, la exacción al bolsillo de la población que reconoce la medición oficial habrá acumulado alrededor de 12% de pesificación en el bimestre del dólar a $40, de acuerdo con las estimaciones de las consultoras privadas.

Las naftas, gas, transporte público, peajes y medicina prepaga, más los que aún venían rezagados de setiembre del pass-through, llevaron esta vez la delantera en el IPC.

Pero como en noviembre la paridad no sólo no siguió subiendo sino que bajó 10%, al cierre de esta edición hubiera sido dable esperar un efecto retro en la denominada inflación núcleo (que excluye los tarifazos) y que los adelantados en las remarcaciones siguieran el ejemplo de la petrolera Axion (la red de estaciones de servicio que Pan American Energy de Bulgheroni le compró a la Esso), que se había despachado con un 7% a principios de mes y dio marcha atrás en 3,2% promedio.

Los más escépticos en la efectividad de las leyes de mercado en un país de neto perfil oligopólico y regulador como el nuestro descartan que ese circunstancial desagio haya sido consecuencia de la recesión, de la merma en las ventas de combustibles, en especial del se gmento Premium, o directamente del franco retroceso tanto del crudo Brent en Londres como del tipo de cambio que integran la fórmula incremental.

Fuentes de la empresa admitieron ante Página 12 que respondió a un realineamiento con el líder del market share de los combustibles, YPF, que presionado por el gobierno, se tuvo que plantar a mitad de camino, en 3,7% promedio, y dejó pagando a los acólitos.

A lo sumo, en este noviembre los formadores de precios, en la mejor de las circunstancias, se tomarán un respiro en la dinámica remarcadora que traían desde el dólar a $40; ¿volver para atrás?, jamás.

Es el caso de los alimentos, un sector en el que conviven unas 15 mil empresas, en noviembre continuaron haciendo su aporte a la inflación núcleo, con correcciones inerciales por encima del 3%, si bien neutralizadas por verduras y frutas, que llegaron a los mercados con la habitual baja estacional.

El Índice de Precios de Supermercado (IPS) que sigue el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) venía embalado a principios de mes por las actualizaciones de práctica de los listados, pero la salvedad es que lo hace al 4,4% en lugar del 8% que traía en la semana anterior.

Para neutralizar esa costumbre alcista de las cadenas comerciales líderes, la Secretaría de Comercio anunció la incorporación de los mayoristas Maxiconsumo y Nini al programa de Precios Cuidados, junto a Makro y Yaguar, que ya estaban, y señaló que los productos equivalentes a los de la canasta básica se adquieren 25% más baratos en promedio.

Menos aceleración

En síntesis, los institutos privados se trabaja con la hipótesis de una desaceleración de 1 a 1,5 puntos respecto de octubre, debida fundamentalmente al tributo a la recesión que pagan los rubros más sometidos a competencia, como indumentaria, esparcimiento y los durables en general.

Las regulaciones estatales mantendrán, sin embargo, su contribución al IPC de noviembre, como los aumentos autorizados en subte y cigarrillos, que se suman a la liberación sui generis a piacere de los combustibles, para terminar el mes en la general entre 3% y 3,5%.

Aunque no haya tarifazos de servicios públicos a la vista hasta fin de año, por las dudas, para no relajar la costumbre, el mismo jueves de difusión del IPC de octubre se celebra en el pabellón de las Ciencias, de Tecnópolis, la audiencia pública que tratará una nueva suba para el agua.

AySA, con su 90% de participación del Estado Nacional, solicitará así estrena r 2019 con un aumento de 17% en la tarifa a partir del 1 de enero, en concepto de reintegro de lo perdido contra la inflación de 2018, más 27% a partir del 1 de mayo, siguiendo las previsiones contenidas en el Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA.

El agua venía rezagada respecto de las subas de luz y de gas tomando el período noviembre de 2017 y abril de 2018: quedó en 26% contra 83 y 108,5% respectivamente de sus compañeras de los servicios públicos.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) dejó de lado la esgrima porcentual para ir al grano con los números contantes y sonantes: una familia que en noviembre del año pasado pagó una boleta de luz mensual de $ 408, en diciembre le llegará $ 933. En el ca so del gas, de $ 931 se irá a $ 2428. Y con el agua, de $ 305 por mes (se divide la boleta bimestral en 2 cuotas), va a $ 384.

Las trillizas del servicio público domiciliario sumarán a fin de año, en el caso expuesto, $3745, según los consumos tomados por CEPA.

 

Por RUBÉN CHORNY

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