ELECCIONES 2019 -EL MERCADO ELECTORAL QUE SE VISLUMBRA CON CANDIDATOS SIN CREDIBILIDAD

Preocupante 2019, anticipa el autor: “Las próximas elecciones se desarrollaran en un clima morboso en el que quedaran confundidas virtudes y vicios por un lado y por el otro lo que llamaría cultura del recuerdo como si estos largos años de fracasos y frustraciones tuvieran alguna épica destacable o una ejemplaridad que obviamente no lograría superar el nivel de las fantasías.”

El hecho que Mauricio Macri tenga alrededor de 30% de imagen positiva e intención de voto y un 60% de negativa, significa que mantiene popularidad, para unos -su núcleo duro– buena, para otros, mayoría circunstancial, mala.

La cosa cambia cuando ponderamos su credibilidad ya que no tengo a mano encuestas que investiguen esta cualidad de los políticos, por eso solo nos queda el ejemplo evangélico, ponderar su credibilidad por medio de los resultados de su gestión hasta la fecha.

Lo cierto es que los resultados de su gestión no son buenos: alta inflación, mas pobreza, endeudamiento cercano a los US$ 100.000 millones para financiar un indomable déficit fiscal y gastos corrientes, escaso nivel de inversión, mas externalidades desfavorables, algunas previsibles, otras no tanto, sin llegar a configurar la figura de los cisnes negros.

Los cuadernos de “(Omar) Centeno” pusieron en evidencia, merced a las confesiones de los empresarios arrepentidos, un sistema de corrupción conocido que en su momento se llamó la “patria contratista” y que dio origen a empresas familiares bastardas que hoy se revuelven en el lodo de sus pecados.

Resulta muy difícil separarlas de los nombres de las familias ya que son sus únicos o mayoritarios accionistas. Por eso las renuncias de algunos de sus CEOS no nos dicen nada, máxime cuando los reemplazos son sus familiares.

Por ello será difícil que logren el financiamiento necesario para afrontar los compromisos de los PPP que parecen destinados a su fracaso, salvo uno de los contratos que contaría con capitales chinos ya comprometidos.

El gobierno podrá aplicar las multas previstas en cada contrato en caso de incumplimiento, pero con ello no logrará poner las obras en marcha o lo que sería más grave tener que soportar más adelante las lógicas interrupciones por imposibilidad financiera.

Debemos tener en cuenta además que el costo del dinero hace imposible recurrir al crédito bancario, por otra parte escaso, en moneda local a lo que se suma la incertidumbre de las políticas cambiarias que harían imprudente pensar en financiación en moneda extranjera.-

Estas externalidades se agregan a la cuestión de la corrupción y a las consecuencias de los juicios en los que ya estarían acreditados los delitos que se investigan quedando pendiente precisar la medida de las responsabilidades de los autores y partícipes.

Los capitales extranjeros que podrían estar interesados en financiar obras públicas también se muestran reticentes dado las dudas sobre los resultados de las próximas elecciones que serán decisivos en un solo aspecto que tiene que ver con el rumbo político de la Argentina dado que Venezuela sigue siendo un temible espejo que para algunos sectores extremos del arco político seria un objetivo deseable y venturoso.

Las próximas elecciones se desarrollaran en un clima morboso en el que quedaran confundidas virtudes y vicios por un lado y por el otro lo que llamaría cultura del recuerdo como si estos largos años de fracasos y frustraciones tuvieran alguna épica destacable o una ejemplaridad que obviamente no lograría superar el nivel de las fantasías.

El menú de candidatos que se estaría preparando deja muy poco para el entusiasmo y el optimismo ya que como dice Jorge Fernandez Diaz nos ubica en una suerte de pleistoceno cultural domina do por corporaciones (uso la expresión en su sentido más lato posible) oxidadas y prejuicios surgidos de la más rancia sofística.

Nuestro repertorio cultural es muy primitivo y además pletórico por su mediocridad que en lenguaje Orteguiano muestra el bajo nivel desde el que ponderamos el tiempo presente.

Oficialismo y oposición parece que han aceptado de buena gana como reglas de juego de la ya iniciada campaña electoral, la explotación de las miserias ajenas lo que significa en buen castellano, aceptar también las propias.

El epíteto será el argumento decisivo y la elocuencia con la que se lo exprese determinará al ganador que lucirá como galardón, ser el “menos peor”.

Como dirían, esos tíos abuelo que no faltan en ninguna familia, por algo se empieza.

Es un modo de mantener el optimismo.

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