UNA ESTRATEGIA ENERGÉTICA EN EL G20

Argentina puede negociar seguridad alimentaria y energética con China, y contribuir al objetivo de independencia energética que persigue Estados Unidos.

YACIMIENTO DE VACA MUERTA EN NEUQUEN FOTO GENTILEZA YPF – 01-08-18

El orden económico internacional está en transición y su reacomodamiento presenta amenazas y oportunidades para la Argentina. Estados Unidos ha definido a China como su rival estratégico. China es un competidor mundial desafiante por tamaño y población. Ni Alemania ni Japón pudieron serlo. El producto chino en PPP (paridad de poder de compra) ya supera al americano. Pero China crece más que EE.UU. En 17 años la economía china puede llegar a ser el doble de la economía americana. Y si China alcanza el 60% del nivel de vida americano, su producto será 3 veces mayor.

Pero el crecimiento chino tiene una fuerte dependencia de las commodities importadas. Es el segundo importador de petróleo del mundo, después de Estados Unidos, y es el segundo importador de GNL (gas por barco), después de Japón. Estados Unidos, en cambio, es un gran exportador de commodities agropecuarias.

A su vez, con la revolución del shale, ya es autosuficiente en gas natural, y va camino a convertirse en un gran exportador de GNL al mercado asiático. Pero atención, aunque el shale oil ha recuperado de manera significativa la declinante producción petrolera americana hasta disputarle a Arabia Saudita el liderazgo productivo mundial, Estados Unidos sigue siendo el mayor consumidor e importador de petróleo del mundo (importa un promedio de 11.5 millones de barriles día). China, es el segundo consumidor e importa alrededor de 10.3 millones b/d. La dependencia petrolera de ambas potencias permite entender los movimientos del mercado mundial de crudo en los últimos meses. Los cortes de producción acordados por La OPEP y Rusia (alcanzaron en abril de este año 1.8 MMb/d) lograron reequilibrar el mercado y llevar las cotizaciones del crudo a más de 60 dólares por barril. Como se esperaba, la producción americana de shale oil volvió a crecer hasta compensar esos cortes.

Pero cuando Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear con Irán y anunció un nuevo embargo, el precio del crudo siguió subiendo y pasó la barrera de los 80 dólares. La efectividad del embargo a Irán (exporta 2.5 millones b/d) exacerbó expectativas de nuevas restricciones de oferta.

Cuando las sanciones entraron en vigor el corriente mes, el presidente Donald Trump dijo que iba a permitir que parte del petróleo iraní vaya a los países que realmente lo necesitan, para evitar que los precios se disparen. Entonces, la tendencia alcista de precios revirtió a la baja. Estados Unidos levantó la prohibición de comprar petróleo iraní durante seis meses a ocho países, entre los que se encuentran China y la India, los mayores clientes de Irán. Esto hizo que las exportaciones de Irán recuperaran los niveles que tenían con Barack Obama. El pragmatismo de la Casa Blanca sirvió para demostrar que en materia petrolera China y Estados Unidos tienen intereses convergentes. Los dos buscan un suministro seguro, y ambas potencias se perjudican con precios volátiles de horizonte incierto.

En este juego de intereses, la Argentina, asociada a la región, puede ofrecer seguridad alimentaria y seguridad energética. El potencial primario de la agroindustria está fuera de discusión porque hay números concretos para avalarlo. En 1990, la producción granaría de la Argentina era de 36 millones de toneladas, hoy es de 125 millones, y se pueden plantear escenarios posibles para duplicarla en poco tiempo.

En materia energética, el Gobierno ha planteado el desafío de duplicar la producción de petróleo y de gas natural en el próximo lustro. Como la energía sigue siendo parte del problema económico (aún arrastramos un déficit energético con impacto en las cuentas públicas y en las cuentas externas) hay mayores suspicacias respecto al logro de estos objetivos.

El potencial está en el desarrollo de los recursos no convencionales a partir de la realidad productiva ya existente en Vaca Muerta (que representa más del 40% de los recursos no convencionales). El desarrollo intensivo de Vaca Muerta requiere de ingentes inversiones en la formación, y en la logística de evacuación. Pero el desarrollo intensivo para alcanzar esos volúmenes productivos depende de la posibilidad de interactuar en el mercado mundial de gas. Y es aquí donde la estrategia energética argentina puede sumar intereses americanos y chinos.

Si la producción petrolera argentina pasa de los actuales 502 mil barriles día a más de 1 millón, y la producción de gas natural crece de los actuales 130 millones de m3/día a 260 millones de m3/d, los excedentes productivos de petróleo pueden ayudar a Estados Unidos a reducir la dependencia del petróleo extra- regional, y los excedentes de gas pueden ayudar a China a diversificar sus fuentes de suministro de GNL. Colofón: a partir de un desarrollo intensivo de nuestro potencial, se puede negociar seguridad alimentaria y energética con China, y contribuir al objetivo de independencia energética que persigue Estados Unidos.

Daniel Montamat es ex Secretario de Energía y ex titular de YPF.

Por Daniel Montamat

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