EJÉRCITO Y MILICIAS


La Banda Oriental vivió en el año 1811 el accionar de cuatro fuerzas militares.
Las armas que respondían al gobierno españolista de Montevideo, el ejército oriental comandado por José Artigas, el «auxiliador» enviado por Buenos Aires y el contingente portugués dirigido por el capitán general de Río Grande, Diego de Souza. Las tropas luso-brasileñas se internaron en la Banda Oriental a solicitud del virrey Francisco Javier de Elío y avanzaron rápidamente hasta ocupar Maldonado en octubre de 1811.
Las fuerzas que operaron en la Banda Oriental, incluso en el caso portugués,tuvieron como base común el modelo organizativo y el ordenamiento militar hispánico que desde las propias cláusulas de reclutamiento regulaba la disciplina
y los plazos de permanencia en las filas. Así, de acuerdo con las condiciones de enrolamiento, los ejércitos presentaron un esquema básico de tres líneas. Pese a las variantes en sus nomenclaturas o particularidades de cada uno de ellos parece
posible identificar un cuerpo regular, profesional y remunerado, una segunda línea de reserva con funciones auxiliares (con formas de pago irregulares que comúnmente se restringían a los tiempos de guerra) y un tercer grupo frecuentemente circunscripto a su localidad de origen. De esta manera, el imperio español nutrió a las fuerzas revolucionarias de un núcleo de tradiciones militares, entendiendo por estas, como indica el historiador
argentino Raúl Fradkin, al «conjunto de concepciones, normas, prácticas y experiencias» forjadas tanto en las guerras europeas como en las milicias coloniales
americanas. Durante la segunda mitad del siglo xviii estas tradiciones habían comenzado a sufrir modificaciones en procura de mejorar la eficiencia militar española ante sus rivales continentales. Estos cambios pretendieron también hacer frente a los riesgos de ataques sobre unas colonias americanas que debieron asumir su defensa con una estructura militar sustentada en tropas regulares provenientes
de la península. Estas, a su vez, vinieron registrando una creciente disminución provocada fundamentalmente por la resistencia a abandonar el suelo de origen y el consiguiente rechazo que generaba el enrolamiento. Los enganches voluntarios fueron poco numerosos primando los mecanismos forzosos de reclutamiento como eran las levas de «vagos y ociosos» y la utilización del sorteo o quintas. Su utilización implicaba el reparto entre los pueblos de acuerdo, por ejemplo, a la cantidad de población, y se empleaba de forma anual.16 Este último mecanismo,
que generaba resistencias en la propia metrópoli, no tuvo aplicación en el territorio colonial. Todos estos elementos llevaron a que el envío de fuerzas a América
fuera lento y la cobertura de las bajas en los regimientos resultara insuficiente Ello terminó por aumentar el peso del reclutamiento que apelaba a mecanismos
coactivos o sancionatorios. Así se extendió el uso de la leva forzosa por la cual
muchas veces fueron trasladados individuos caracterizados como vagos y delincuentes (Ordenanza de 1775 para la leva anual de «vagos y mal entretenidos»). A ellos se sumó la remisión de condenados que cumplían su pena sirviendo en las armas. Si bien autores como el investigador español José Palop Ramos estiman como poco significativo el peso de este núcleo en comparación con los otros, sus
consecuencias resultaron importantes por sus «implicaciones» en las características de los soldados: «Entre ellos el hecho de escorar el componente humano de la
tropa hacia comportamientos poco honorables»
Universidad de la República Oriental del Uruguay

Se el primero en comentar en "EJÉRCITO Y MILICIAS"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*