REVOLUCIÓN ORIENTAL

REVOLUCIÓN ORIENTALLa denominada Revolución Oriental fue evolucionando rápidamente hacia posturas independentistas, ya expresamente sostenidas en las Instrucciones que llevaban los diputados orientales al congreso provisional reunido en Buenos Aires en 1813. Hasta ese momento no se había planteado la posibilidad de crear, en el territorio de la Banda Oriental, un país independiente de las demás provincias del Virreinato del Río de la Plata. Empeoro, en la lucha por resistir las imposiciones del centralismo de Buenos Aires y la consiguiente aspiración a lograr autonomía política (inserta en una concepción federal) fue gestándose un sentimiento particularista y nacionalista (denominado la “orientalidad“) que termina siendo uno de los factores determinantes al fundamentar la separación.
En el aspecto práctico, la situación de las colonias españolas en América no era satisfactoria para sus habitantes, pues el sistema comercial establecido (monopolio) favorecía solamente a España y no a las colonias. El desarrollo económico de estas estaba supeditado a los intereses de España pues era esta nación la que dirigía el comercio de las colonias. Esto causaba un permanente malestar en las colonias que se sentían capacitadas para manejar y ampliar sus economías y relaciones comerciales con el mundo.En el plano ideológico, se difundieron nuevas formas de pensar en materia política, económica y social.
Al conjunto de estas ideas se las llamó: ILUSTRACIÓN. Las mismas fueron llevadas a cabo por: Voltaire, Locke, Rousseau, Montesquieu (Ver biografías).

Sus ideas más importantes fueron:
� Todas las personas nacen libres.
� Todos los hombres nacen y permanecen iguales ante la ley.
� Cualquiera, de acuerdo a sus recursos, puede ser propietario.
� Se puede comerciar según los propios intereses y no por imposición de los gobiernos
� Al rey el poder se lo ha dado el pueblo y no Dios. El pueblo puede rebelarse si el rey abusa de ese poder.

Medidas tomadas por los realistas en Montevideo

Producida la fractura de la unidad administrativa del Río de la Plata, Montevideo debió resolver, además de la cuestiones gubernativas anexas a su separación de la antigua capital virreinal, las económicas y fiscales consistentes en atender “la manutención de la tropa y otros empleados”, proveer los gastos requeridos para preparar la guerra contra los “insurgentes” de Buenos Aires, cuyas escaramuzas iniciales ya se habían producido, e incluso recaudar auxilios para enviar a España, empeñada en la guerra de independencia contra Napoleón.El 24 de agosto, el Gobernador Soria transmitía al Cabildo la orden recibida de España en el sentido de que los americanos debían auxiliar al Estado en sus apremios. Se implementaron los “Donativos Patrióticos” qué consistían en la creación de comisiones encargadas de recoger casa por casa las contribuciones voluntarias de los pobladores, sistema que se aplicó no sólo en Montevideo, sino también en las villas y pueblos del interior. Cabildos y Comandantes Militares tuvieron a su cargo esta tarea, habiéndose cometido a los últimos “recolectar el producto de todos los ramos de la Hacinada Publica”.[4] Los resultados, no obstante las reiteraciones de los perdimientos y la órdenes, no fueron suficientemente satisfactorias.Simultáneamente el Gobernador Soria resolvió recurrir a la propiedad como fuente de recursos. El 23 de agosto se hizo saber a los Alcaldes, Cabildos y Comandantes Militares que debía procederse a un examen de las tierras realengas en poder de poseedores con “títulos imperfectos o de ocupantes precarios”. A estos efectos se citaría y emplazaría por bando, a fijarse en todos los parajes públicos, a los poseedores, para que exhibieran los justificativos de los trámites de denuncia incompleta en el plazo determinante de cuarenta días.Esta disposición, ya sugerida en otras oportunidades, al considerarse el problema del “Arreglo de los Campos?” causaba una tremenda perturbación en el régimen de tenencia de la tierra, y fue resistida en toda la campaña. Pese a ello, Vigodet, a poco de hacerse cargo del gobierno, reiteró el 20 de octubre, con singular energía, los términos del Bando:Las actividades fiscales implementadas por Soria y luego repetidas por Vigodet resultaron contraproducentes para los intereses que defendían. Viendo en cada criollo un conspirador en potencia, envió a la campaña unas “partidas tranquilizadoras[3] que actuaron con extremo rigor y crueldad contra los reales o presuntos simpatizantes del gobierno porteño.

Estallido de la Revolución Oriental

El espíritu de la campaña era definitivamente levastico, en especial luego de la Revolución de Mayo y de las medidas represivas adoptadas por Soria y Elío desde Montevideo. Joaquín Suárez, con destacadas figuras del patriciado criollo, realizaba reuniones conspirativas, con el fin de promover la Revolución a la Banda Oriental. También se tiene constancias de un levantamiento anterior, ocurrido el 11 de febrero de 1811 en Casablanca (actual departamento de Paysandú), encabezado por los sacerdotes Martínez y Mestres. Y el 15 de febrero, luego de un supuesto altercado con el Brigadier Muesas, Artigas abandona su guarnición de Colonia y se dirige a Buenos Aires para ofrecer sus servicios a la Junta. Por fin, el 28 de febrero de 1811 dos caudillos locales, Venancio Benavídez y Pedro Viera, se pronunciaron en Soriano, a orillas del arroyo Asencio, a favor del gobierno revolucionario de Buenos Aires. Ese Grito de Asencio ha sido considerado tradicionalmente el principio de la revolución oriental.El Grito de Asencio y la subsiguiente toma de Mercedes y Soriano fueron el inicio de un levantamiento general en la campaña en que un documento artiguista denominaría más tarde como “admirable alarma“.[6]Faltaba el caudillo integrador, que sería Artigas. El 6 de febrero llegó a Buenos Aires, donde fue nombrado teniente coronel al mando del las fuerzas que pudiera reunir y subordinado directamente a José Rondeau, designado comandante de la campaña de la Banda Oriental después de la renuncia de Belgrano. La Junta le da a Artigas una magra ayuda material inmediata de 200 pesos y 150 blandengues. Después de eso regresó atravesando Entre Ríos y cruzando el río Uruguay por Paysandú, a fines de marzo. En abril se encontraba en Mercedes, donde casi toda la Banda Oriental estaba en armás, excepto Colonia, Montevideo y otros pueblos que tenían alguna guarnición.Mientras que en Montevideo, Elío al principio no le dio gran importancia al alzamiento de la campaña oriental entera. Su desenfoque e ignorancia del verdadero estado de aquella, explican el menosprecio y la relativa indiferencia con los que enfrentó los primeros pasos de la revolución. Él mismo expresa en informe del 18 de marzo al secretario de Estado:Cuando los hechos habían disipado toda duda sobre la gravedad del alzamiento, otras voces, desde el campo regentista, fueron muy cáusticas en el juzgamiento de las medidas de Elío, que miró -dice Salazar- “con desprecio[7] , las primeras noticias del levantamiento, en “la falsa creencia de que los habitantes se hallaban en el mismo estado de sumisión y apocamiento que anteriormente“.[7] Actuaba -agrega el mismo Salazar- “bajo el errado concepto de que cincuenta hombres determinados acabarían con una insurrección de miles, prácticos en el país y favorecidos por todos sus habitantes“.[7]Mientras que la organización de los revolucionarios estaba en vías de ejecución, dado que Artigas trataba de concentrar a todas las fuerzas rebeldes en un solo lugar, operación que se fue haciendo paulatinamente, según el progreso de las partidas de vanguardia artiguista. Artigas toma como base para la organización del ejército oriental, su encuadramiento e instrucción, las tropas veteranas de Blandengues y milicias.A mediados de abril, Belgrano, que fuera llamado a Buenos Aires para rendir cuentas de su derrota en la Expedición Libertadora al Paraguay, nombra a Artigas Segundo Jefe Interno del Ejército de Operaciones de la Banda Oriental, según lo comunica a la Junta en su oficio datado en Mercedes el 27 de abril de 1811. La Junta Grande, en cambio, designa segundo jefe a Rondeau, quien recién llegará a Mercedes a principios de mayo. De acuerdo con las órdenes que había recibido la Junta, Belgrano nombra a Artigas Comandante Principal de las Milicias Patrióticas.[7] .[9] El 7 de Mayo, a requerimiento de Rondeau, Artigas eleva la simiente relación de fuerza:Entre tanto, el 20 de abril, las milicias orientales destacadas en la zona del Oeste, unos 400 hombres al mando de Benavídez, se apoderan del pueblo del Colla (Rosario) entregado por sus defensores luego de un parlamento en donde se les dieron solo unos minutos para rendirse a discreciónError en la cita: Closing missing for tag}}Los monjes franciscanos fueron expulsados por los realistas de la ciudad de Montevideo, por simpatizar con la causa revolucionaria. Al echarlos de la urbe los realistas les dijeron a los monjes: “Váyanse con sus amigos, los gauchos“Entre las medidas poco populares están las de instalar una horca, expulsar a los Franciscanos, expulsar a 40 familias criollas vinculadas con los sitiadores, liberar a los malhechores para que combatan a los rebeldes, aplicar la intriga y la represalia como medidas coercitivas, y confiscar las ventas de propiedades pertenecientes a los emigrados y revolucionarios. Ante la ineficacia de estos recursos y ante la gravedad de la situación recién se da cuenta Elío de cómo había socavado España su poder militar al incorporar numerosos criollos a su ejército.Para atender las necesidades de la defensa de la Plaza de Montevideo el Gobernador Elío trata de organizar nuevas fuerzas constituidas solamente por españoles, tal como el Batallón de Comercio, cuyo Jefe era el Gobernador de la Plaza, con un Estado Mayor, dos Ayudantes y el número de compañías que se pudiera reunir.Del crítico estado de la Plaza da cuenta el propio Elío en sus numerosos documentos conservados en el Archivo General de Indias.[10]
No obstante con sus éxitos iniciales, Artigas actúa con prudencia, por no contar con suficiente autoridad otorgada por la Junta. Mientras personalmente se ocupa de la organización de las fuerzas patrióticas de Mercedes, confió a su primo Manuel Antonio Artigas el mando de las fuerzas reunidas en Arroyo Grande por los hermanos Bragas y Miguel Quinteros, ordenándoles que se dirigieran sobre Montevideo, construyéndose así en la vanguardia del ejército Oriental.Manuel Antonio Artigas inicia sus movimientos siguiendo las alturas de la Cuchilla Grande, teniendo el primer encuentro con las fuerzas realistas en Paso del Rey.Tras un duro combate los realistas se retiran sobre la Villa de San José, donde se organizan defensivamente. El día 22 de agosto los orientales atacan la villa sin éxito, debiendo retirarse a las alturas inmediatas y reponer el sitio, en espera de refuerzos, que llegan el día 25 de agosto al mando de Benavídez, En tales circunstancias los patriotas atacan la villas y se produce la Batalla de San José, que tras un sangriento combate las tropas orientales vencen sobre las tropas Realistas y la logran ocupar.La Batallade San JoséEn el E, las fuerzas al mando de Manuel Francisco Artigas[11] , obtuvieron en pocos días, el dominio de extensas zonas. El 24 de abril ocuparon la villa Concepción de las Minas; el 28, San Carlos, donde había revelado al bando revolucionario, el capitán Juan Correa; el 23, sitiaban Maldonado, la que se entrego de inmediato, capitulando el Jefe de la plaza, Francisco Javier de Viana y ajustando este las condiciones de la rendición efectuadas en 5 de mayo. Como “el señor Viana no puede seguir en el mando de esta plaza por las condiciones achacosas de su salud“,[7]Manuel Francisco Artigas puso “a la cabeza de dicho pueblo en lo militar[7] al citado capitán Correa, “en atención de su patriotismo“.[7] [12]

La Batalla de las Piedras

Artículo principal: Batalla de las Piedras Rendición de Posadas en Las Piedras, óleo de Juan Manuel Blanes. Momento en el cual Artigas dice su celebre frase “Curad a los heridos, clemencia para los vencidos“En los primeros días de mayo, Artigas parte con el grueso de sus fuerzas de San José, en marcha hacia Montevideo, según lo había comunicado a la Junta de Buenos Aires en su oficio de fecha de 21 de abril. Se evidencia que el plan operativo de Artigas es necesariamente ofensivo y consistía en marchar lo más rápidamente hacia Montevideo, con la finalidad de reducir este foco de resistencia, e impedir que se organizara o recibiera refuerzos.[10]Elío, viendo que los progresos de los revolucionarios amenazaban cercarle entre los muros de Montevideo, cifro, entonces, todas sus esperanzas en una acción militar decisiva, que confió al Capitán de Fragata José Posadas con una fuerza de 1230 hombres, establecido con sus fuerzas en Las Piedras y desplegó su mayor diligencia en proveerlo de armás, municiones y recursos de alimentos.[7]Las milicias criollas alcanzaban en total unos 2.000 hombres, la mitad de los cuales, a las órdenes de Benavides, se hallaban empeñados en el propósito de ocupar Colonia del Sacramento, al amparo de cuyas fortificaciones se había acogido Vigodet. Artigas, con las fuerzas de su mando, se ubico estratégicamente en Canelones, el 12 de mayo, dispuesto a vigilar las tropas montevideanas acampadas en Las Piedras. Allí las lluvias lo mantuvieron inactivo hasta el día 16. Entretanto, su hermano Manuel Francisco burlaba una partida regentista y lograba incorporársele con 304 hombres, en la tarde del 17, en el campamento ubicado en las puntas del Canelón Chico. Alcanzaron, entonces, los efectivos artiguistas, a 400 infantes y 600 caballos.De inmediato, Artigas comisión a su ayudante, Eusebio Valdenegro, para ocupar la población, donde se encontraban unos 140 hombres, con un cañón y el parque de artillería, rindiéndose aquellos rápidamente.[13]La Batalla de las Piedras por Diógenes Hécquet. La batalla, comenzada a las 11 de la mañana del 18 de mayo y concluida a ponerse el sol, fue desastrosa para los realistas, cuyas fuerzas, en total, estimo Artigas en 1.230 hombres; en recuento de perdidas comprende 150 bajas, entre muertos y heridos; y 482 prisioneros, incluidos 23 oficiales, entre los cuales el propio comandante en jefe, Capitán de Fragata, José Posadas.[]El triunfo de la Batalla de las Piedras dio a las milicias artiguistas el dominio total de la campaña. Las fuerzas regentistas ya no habían de contar con los medios para imponerse al ejército campesino que se había alzado contra su autoridad. El infatigable Salazar califica, en dos oportunidades distintas, de “perdida irreparable” y de “cruel catástrofe“, pues en ella se perdió “toda la Marina” que es el “principal apoyo de la plaza“.[]Y nadie se muestra más exaltado y elocuente que el para juzgar los efectos de la batalla:|La sola noticia de que las tropas de Buenos Aires tenían sitiado el baluarte de la América, a la que sus papeles públicos añadían tomando, reanimo el entusiasmo de las Provincias a favor de la independencia, de Chile, y no dudare en afirmar que hasta el mismo reino de Lima se ha resentido de tan funesta nueva, pero lo que no se puede dudarse es que ella ocasiono el que el Paraguay adoptarse unirse al de Buenos Aires, como lo hizo. Sin por de fuera consiguieron los enemigos estas grandes ventajas, en esta Banda lograron atraer a su partido a todos los pueblos, y quitándonos cuantos auxilios sacábamos de ellos, reducirnos a solo el recinto de la plaza y a la mayor miseria y pobreza por mucho tiempo.Después de la batalla, Artigas destaca patrullas de exploración hacia el Arroyo Miguelete, con la finalidad de explotar al máximo su éxito. Dichas patrullas llegan el día 19 al arroyo Seco y reciben proposiciones para el canje de prisioneros.La Batalla de las Piedras por Manuel Rosé.

La Primera Invasión Portuguesa

En Julio de 1811, los portugueses, en ayuda de Elío, invaden la Banda Oriental a ordenes del Capitán General de Río Grande do Sul, Diego de Souza, apoderándose de la villa de Melo el día 23 de julio. Antes de penetrar en el territorio, publica un manifiesto sobre “las puras y leales intenciones de su Majestad Real que era pacificar las tierras de Su Majestad Católica y no conquistarlas”.[10] Diego de Souza reunió un ejército que se llamo “ejército Pacificador de la Banda Oriental”, que totalizaba unos 4.000 hombres.Dividió sus fuerzas en dos columnas: una al mando del Mariscal Manuel Marques, compuesta por un Batallón de Infantería de Río Grande do Sul, dos escuadrones de Legionarios de San Pablo y uno de Milicia.La otra compuesta al mando del Mariscal Joaquín Javier Curado compuesta de dos Batallones de Infantería, 2 Baterías Montadas de la Legión de San Pablo, 1 regimiento de Dragones y 1 Escuadrón de Milicias de Rio Pardo y 1 Compañía de Lanceros Guaraníes. Concentro la primera columna en las proximidades de Bagé (en las alturas).La segunda de las márgenes del Ibirapuitan en San Diego. Para atender la defensa de Misiones Orientales, nombra al Coronel Juan de Dios Menna Barreto, a quien da las tropas necesarias para cumplir su misión.Recibida la orden de socorrer a Elío, inicia desde San Diego la marcha hacia Montevideo, el 17 de julio de 1811, tomando inicialmente hacia el Sur, penetrando a la Banda Oriental por la invasión del Río Yaguarón. Se proponía atacar la frontera de Santa Teresa, cuando sus defensores la abandonan el 5 de septiembre. El 3 de octubre prosigue su marcha hacia el O, sin encontrar resistencia, llegando a Maldonado a mediados de octubre, donde establece su Cuartel General.

El Éxodo Oriental

En ese clima de frustración y derrota quedó de manifiesto la voluntad de los orientales de reanudar el combate apenas las circunstancias lo permitieran. De inmediato Artigas al frente de 3.000 soldados retomó su camino hacia en Norte, y un alto número de civiles lo acompañó. El caudillo se opuso a esta emigración masiva en un principio, pero luego ordenó levantar un registro de las familias e individuos que lo seguían.

Protagonistas del suceso

Ilustración sobre el denominado Éxodo del Pueblo Oriental.En total el censo realizado por Artigas contabiliza un total de 4.435 personas y 846 carruajes, pero en opinión general de los historiadores, al no contabilizarse los ejércitos ni las personas que se sumaban al acontecimiento general en el camino (“los que van llegando“) ni demás, se llega a un número aproximado a las 16.000 personas o más.Participaron personas de todas las clases sociales que se movían en las condiciones materiales más precarias.

Las Instrucciones del año XIII

Artículo principal: Instrucciones del año XIII Las Instrucciones del año XIII son un conjunto de veinte artículos, de contenido político e ideológico, que sintetizan la esencia fundamental de las ideas del artiguismo, así como contienen las bases elementales del proceso emancipador, llevado a cabo por José Gervasio Artigas en el contexto de la Revolución Oriental.El acta que contiene los numerales conocidos como Instrucciones del año XIII fueron elaborados durante el transcurso del Congreso de Tres Cruces, convocado por el caudillo oriental tras su regreso del Ayuí, una vez finalizado el Éxodo Oriental. La finalidad de la asamblea era establecer las bases normativas por las que, una vez obtenida la independencia, se regiría la Provincia Oriental. La intención de Artigas, como ya se ha explicado, no consistía en plantear la separación de la antigua Banda Oriental como un Estado independiente, sino todo lo contrario; incluirla -en calidad de provincia- dentro del nuevo Estado que se estaba forjando en la Asamblea Constituyente de Buenos Aires. Para ello, Artigas organizó una elección, dentro del seno del Congreso, de cinco representantes orientales en la Asamblea Constituyente que planteen allí los pensamientos e ideas políticas de Artigas, plasmadas en las Instrucciones.Se cree que Miguel Barreiro -sobrino, secretario y personaje muy cercano a Artigas- redactó las Instrucciones, basándose fuertemente en manuscritos y obras procedentes de Estados Unidos, primer país de América en lograr la emancipación colonial, en 1776. Entre los documentos inspiratorios figuraban traducciones del Acta de Independencia, el Acta de Confederación y los ensayos de Thomás Paine Sentido común y La independencia de la costa firme justificada por Thomás Paine treinta años ha, este último contenía a su vez textos de las constituciones estaduales de Estados Unidos. Además, en la confección del documento también se utilizaron antiguas normás españolas de derecho como fuente.De los veinte puntos que componen las Instrucciones, poseen especial importancia los primeros tres artículos, transcritos a continuación:Una vez llegados a Buenos Aires los emisarios orientales con la versión definitiva de las Instrucciones, presentando la propuesta que contenía el acta a la Asamblea Constituyente, ésta rechazó a los delegados y sus propuestas mediante el pretexto de que no fueron elegidos mediante la implementación del sistema exigido por la asamblea bonaerense, que implicaba menos representación oriental en la misma. Sin embargo, el real motivo del repudio se hallaba en las Instrucciones, ya que la mayoría del conciliábulo planteaba la institución de un sistema de gobierno unitario con base en Buenos Aires, algo que Artigas descartaba de plano; no solo por una traición a sus principios federalistas, sino también por violar uno de los puntos del acta:Este artículo establece la posición que defendían los revolucionarios orientales sobre el llamado Centralismo Porteño y la vieja rivalidad entre Montevideo y Buenos Aires expresada en la lucha de puertos. Para Buenos Aires, Artigas y su federalismo comenzó a ser visto como un muro que interrumpía sus intereses, y por lo tanto lo consideraban como un díscolo militar insubordinado antes que el jefe civil de su pueblo. Posteriormente, las rispideces entre orientales y bonaerenses se agravarían.Artigas dictando el contenido de las Instrucciones del año XIIILos planteamientos propuestos por Artigas en las Instrucciones del año XIII, contradecían altamente al ideario político de la dirigencia porteña, que se basaba en principios totalmente distintos. Para esta, incluso en sus elementos más lucidos y honestamente liberales, el Estado debía organizarse según principios de jerarquización política que contemplaran la “natural” división social. Eso solo era posible estableciendo un gobierno centralizado y poderoso, al cual debían subordinarse las provincias previo acuerdo de participación de este. El desarrollo solo era posible en esta concepción, si existía una clase dirigente provista de poderes capaces de crear una legislación justa, equilibrada y racional, a la que todos debían meterse para entrar en el sendero del progreso, la cultura y la prosperidad. Esta dirigencia debía, por supuesto, surgir de la clase ilustrada, que en su gran mayoría residía en las ciudades, y en particularmente en Buenos Aires. La ciudad, vinculada a las corrientes económicas, intelectuales y políticas del mundo, representaba la “civilización” frente a una “barbarie” provincial de reminiscencias feudales que era necesario, precisamente, “civilizar”.Frente a esta idea se alzaba la vision federal, más amplia y democrática, basada en los derechos de las comunidades y la idea de que una nación solo podía construirse con la aportación igualitaria de todos sus sectores sociales. Una vision enraizada en un concepto de igualdad profundamente sentido por la población humilde del medio rural, que repetía como un sonsonete que “naide es más que naide” y que rechazaba la idea de que la conducción debía estar monopolizada por los ilustrados y los doctores. Ante la pretensión hegemónica de estos, instalados mayoritariamente en Buenos Aires, el federalismo, a la vez integrador y celoso de la defensa de los derechos de los pueblos, aparece como una necesidad inevitable. Artigas lo concibió no solo por sus lecturas de textos norteamericanos, sino por su experiencia de los tremendos hechos de 1811, en el curso de los cuales los derechos de su pueblo oriental fueron desconocidos en aras de intereses extraños, que se pretendían superiores.El programa político de las Instrucciones del año XIII era, entones, totalmente inasumible por los hombres que dirigían los destinos de la naciente comunidad política platense. Su pretensión de una igualdad provincial, que de alguna forma apuntaba a una equidad de derechos por encima de las clases, parecía un sinsentido irracional para Rivadavia, Sarratea o Alvear, significaba poner en el mismo plano a la “civilización” y la barbarie”. Y los caudillos líderes que lo impulsaban, comenzando por Artigas, eran, en la concepción de ellos, “anarquistas”, en el sentido de favorecedores del caos, de enemigos del centralismo civilizador. El entendimiento era imposible. Los que lo intentaron como José San Martín, terminaron marginados y frustrados. Estos dos idearios políticos altamente antagónicos pronto conllevarían a una mayor ruptura entre

La Liga Federal

A la Liga Federal comúnmente se la nombraba como “El Protectorado“La Liga Federal -también conocida como Liga de los Pueblos Libres o Unión de los Pueblos Libres– fue una entidad territorial creada -no así consolidada- por José Gervasio Artigas, que abarcaba la provincia Oriental y las actuales provincias argentinas de

Se el primero en comentar en "REVOLUCIÓN ORIENTAL"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*