APOSTAR A LA PRODUCCIÓN Y AL TRABAJO

Hace falta un giro al ajuste y el esquema financiero que propone el Gobierno como camino.

La crisis pega fuerte en la industria automotriz.

Desde hace un tiempo vengo insistiendo en que el camino que eligió el Gobierno es equivocado, en tanto no terminar de resolver los problemas de la economía promueve una “fiesta financiera”, y deja de lado el crecimiento productivo, que es en realidad la única forma de lograr equilibrios sustentables.

La pregunta inmediata que me hacen ante estos planteos es: ¿cómo hacemos para crecer? La inquietud y el descreimiento son naturales, pero voy a contradecir y aportar fundamentos a los cultores de “el único camino es el ajuste”.

El punto de partida es aceptar que se debe dar un giro en la lógica del funcionamiento económico, y que las políticas que se adoptan diariamente deben estar orientadas a dar señales claras hacia la producción y el trabajo. Se debe entender que si no crecemos, el equilibrio fiscal, la estabilidad financiera y el objetivo de que ésta sea la última crisis, serán una quimera.

Hoy,las señales y la orientación de las políticas del Gobierno apuntan a que lo prioritario es reducir el déficit fiscal dejando lo productivo en el segundo plano e incentivando la “fiesta financiera”. Lamentablemente el resultado de esto es una economía que no se pone en marcha, y que permanentemente se va “corriendo el arco” del ajuste.

La producción, el trabajo, y por ende la atención a la clase media, los sectores más vulnerables y las pequeñas y medianas empresas, deben ser los objetivos prioritarios. Y para ello hay que empezar con cuestiones inmediatas, en lo monetario, en materia de reducción de la inflación y en cambiar el sesgo financiero por el productivo y el de la creación de empleo.

En lo monetario, uno de los temas urgentes es bajar la tasa de interés, que en los niveles actuales es inviable para la actividad productiva. Para ello se debería tender a la ampliación del plazo de la deuda que tiene la autoridad monetaria con las entidades financieras (Leliqs), para descomprimir las presiones de corto plazo y bajar la tasa de interés de mercado.

El Banco Central podría disponer que parte de la liquidez que hoy tienen los bancos se destine a préstamos productivos a tasa subsidiada. Establecer un sano control de capitales especulativos basado en una corrección en el mediano plazo de los desequilibrios estructurales.

Sentarse con el FMI y rediscutir mecanismos que permitan encarar una agenda no solo de estabilización, sino que también de desarrollo productivo y social.

Sobre el control de la inflación, lo primordial debe ser desactivar la idea de que la recesión es la receta para bajar la inflación. Tampoco hay que caer en la tentación de recurrir al atraso cambiario para controlar los precios, atajo que suele usarse en años electorales, y que termina creando una nueva crisis a futuro (como vimos con claridad en 2018).

Desde ya se requieren políticas monetarias y fiscales para bajar de forma sostenible la inflación, pero para que estas tengan éxito es necesario que sean acompañadas de un compromiso de precios, salarios y productividad en el marco de un acuerdo social más amplio, nada muy distinto a las exitosas experiencias de otros países.

Un ejemplo concreto es que las tarifas de los servicios públicos no pueden seguir aumentando más del doble o el triple de lo que lo hacen los salarios, o que los impuestos aumenten más que los ingresos. A su vez, es necesario desactivar la creciente dolarización de la economía.

Otro punto es la aplicación de la Ley de Defensa de la Competencia. Luego de décadas de volatilidad, Argentina presenta elevados niveles de concentración en prácticamente todos sus sectores estratégicos. Se debe utilizar en toda su plenitud para acotar las distorsiones de precios y posibles abusos.

Por último, para cambiar el sesgo financiero a productivo, existen muchas medidas que pueden tomarse sin generar costo fiscal. La implementación de un sistema “hiperacelerado” de amortización para nuevas inversiones, reintegros de IVA o pagos a cuenta, siempre que generen nuevos puestos de trabajos y agreguen valor a la producción argentina.

Asimismo, anticipar los beneficios que prevé en el mediano plazo la reforma tributaria, por ejemplo adelantar reducción de la baja de aportes patronales para las empresas que incorporen nuevos trabajadores. El Programa de Reconversión Productiva (Repro) debería ser relanzado y potenciado para ayudar en lo inmediato a las empresas en crisis y evitar despidos. Debería crearse una Agencia de Capacitación que concentre y coordine todos los programas existentes para mejorar la empleabilidad y reinserción laboral.

Estos ejemplos de medidas apuntan a romper la inercia actual (de ajuste-estancamiento-más ajuste) y poner la economía en marcha, pero desde ya que una agenda estructural debe ser abordada.

Dentro de esta agenda estructural, necesitamos avanzar hacia un sistema impositivo más sencillo, que se oriente a promover el trabajo y la inversión, con una menor carga impositiva. Es necesario impedir que los impuestos de emergencia transitorios terminen siendo permanentes, como puede pasar con las retenciones que, si no logramos revertir la recesión, será muy difícil desarmarlas según el cronograma actual.

Desde ya que hay que discutir una reforma laboral y previsional, pero siempre con una visión de la expansión de trabajo formal, y especialmente, deben hacerse en un marco de crecimiento.

También es necesaria una agenda de reformas institucionales, fortalecer la Justicia, el federalismo y la división de Poderes, etc.

Estos son sólo algunos ejemplos que apuntan en otra dirección que la actual, a cambiar la lógica de la toma de decisiones, a dejar de imponer el ajuste perpetuo para buscar dar señales a la economía de la producción y el trabajo. En definitiva será también la única forma que podamos encarar las reformas estructurales.

El ajuste y el esquema financiero no son “el camino”. Estoy convencido de que para salir de la crisis hay que apuntar al trabajo, al consumo, las inversiones y las exportaciones. No hay un camino único: hay alternativas.

 

Lavagna Marco

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