CORACH: “EL PERONISMO ESTÁ EN UN PROCESO DE UNIFICACIÓN”

“Cada vez que en el peronismo se extingue un liderazgo, por muerte o por política, el peronismo ofrece una alternativa, generalmente colectiva, no individual. No ofrece otro líder: ofrece el espacio para que nazca otro líder”. Carlos Corach habla desde la cabecera de una mesa larga en la que suele atender a sus visitantes. Los teléfonos de su oficina suenan en forma recurrente, con llamados urgentes que lo interrumpen y lo distraen, casi como si estuviera en campaña. El exministro del Interior de Carlos Menem abandonó el poder hace casi dos décadas, pero sigue muy atento a la política nacional. Reparte su tiempo entre viajes al exterior, el trabajo en su estudio de abogados y su tarea de consultor entre los dirigentes del PJ que aspiran a más.

El militante que se inició en el radicalismo con Arturo Frondizi habita un museo que lo devuelve a su momento de máxima plenitud: cuando el menemismo daba vuelta la Argentina, atado al viento de cola del Consenso de Washington, en la era de las privatizaciones, y todavía antes del estallido de la Convertibilidad y el drama del desempleo masivo. Fotos con Bill Clinton, Tony Blair, Yasser Arafat y Nelson Mandela conviven con cuadros que protegen documentos históricos, tapas de diarios que lo tuvieron como protagonista y caricaturas que lo satirizaron mientras era el hombre fuerte e impenetrable, que disfrutaba del ejercicio del poder.

Corach no quiere abundar en la coyuntura, reivindica a libro cerrado la década que otros demonizan y sigue, todavía, hablando de Menem en presente. Pero es una fuente de consulta permanente para cualquier peronista que pretenda ser candidato. Lo fue para Daniel Scioli hasta 2015 y lo es ahora para Juan Manzur, el gobernador de Tucumán que -según algunos suponen- puede ser el nombre de la unidad que reconcilie al cristinismo irreductible con el resto de la familia pejotista.

 

–¿Por qué no quiere opinar sobre política actual?

–Porque no estoy participando, soy un espectador más y no me parece razonable. Si yo no genero hechos políticos, no tengo por qué comentarlos. Yo soy un político, no un comentarista de los programas de televisión.

 

–¿Por qué a los políticos les cuesta tanto entender que terminó su ciclo?

–No se dan cuenta de que terminó su ciclo y continúan como si nada fuera. Stefan Zweig, que fue un extraordinario escritor austríaco de la entreguerra, decía que el francés Fouché había sido una maravilla de la política pero no había logrado irse a tiempo. Decía que en la vida política es más difícil saber salir que llegar.

 

–¿Qué cualidades debe tener un político para trascender, según su criterio?

Ante todo, para poder trascender tiene que tener dos cosas fundamentales: una imagen televisiva buena y suerte. Telegenia 30 ó 40 por ciento, la suerte otro 30 por ciento y el talento 30 por ciento.

 

–Usted dice que hay políticos que, cuando uno los pone en mute en la pantalla, se advierte que están queriendo vender algo.

–No generan confianza, eso es grave, uno se da cuenta enseguida. A lo mejor el que genera confianza no lo merece.

 

–¿Hace falta todavía recorrer el país, como se hacía antes?

–Los grandes líderes que llegaron a presidente, como Menem, recorrieron el país 40 veces. Pero no las capitales, todo el país. En auto, a caballo. La gente venía y le decía “¿se acuerda que usted venía acá a comer empanadas?”. La gente no se olvida.

 

–Escribió también que un político tiene que saber escuchar. ¿A qué se refiere?

–Un político tiene que escuchar a la gente que no opina como él y no rechazarla de entrada. El talento del político es justamente la flexibilidad en sus convicciones, no en las convicciones profundas sino en las convicciones operativas. Un presidente no debe profundizar en sus errores. Y para entender sus errores tiene que escuchar a quienes no piensan como él. Eso es fundamental. Aparte de escuchar a la gente, tiene que escuchar a los políticos de otros partidos y otras vertientes.

 

–¿Y lo hacen?

–Difícil. Acá hay un gran problema de dos políticos que no fueron superados: Hipólito Yrigoyen y Juan Perón. Los dos introdujeron en la vida política una concepción binaria negativa. Yrigoyen dividió la sociedad en la causa y el régimen. La causa era el radicalismo y el régimen todo los demás, que eran sus enemigos. Con los enemigos no se negocia, se los extermina, se los ralea. Los políticos no deben considerar a los adversarios como enemigos sino como políticos a los que hay que convencer. Perón hizo lo mismo, dividió la sociedad en patria y antipatria. ¿Con la antipatria, qué se puede negociar? Perón comprendió en su tercer gobierno y tendió puentes hacia la oposición. Esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie.

 

–Quizás ya era tarde.

–No sé si era tarde, quizás era tarde para él porque ya estaba muy enfermo.

 

–Al peronismo no kirchnerista le falta un candidato ¿qué debería tener ese candidato?

–Mucha gente cree que un candidato se fabrica en una agencia de publicidad y no es cierto.

 

–¿Cómo llega a insertarse en el momento justo?

–Talento, suerte y buena imagen. Al candidato no se lo puede inventar en una agencia de publicidad. Uno no puede decir “Corach va a ser el candidato y lo vamos a llevar a todos lados”. El candidato es un fenómeno político de la democracia, que se hace conocer, penetra en el imaginario popular y la sociedad lo va acunando y lo va llevando a la victoria.

 

–Encarna en un momento.

–Como en un mecano, justo esa es la pieza que faltaba.

 

–Hoy falta para la oposición.

–Hoy no hay. Pero va a haber, seguramente.

 

–¿El peronismo lo va a conseguir, a tiempo para 2019?

–Seguramente, siempre va a haber. Pero no se puede inventar con artilugios publicitarios. Cuando fue la interna Cafiero-Menem, todos nosotros, yo incluido, estábamos con Cafiero. Nadie pensó que iba a ganar Menem. Es un hombre de suerte, tiene una telegenia espectacular, tiene talento y tiene millas recorridas por todo el país. Ganó. El candidato tiene que saber dar los pasos en los momentos oportunos.

 

–Saber cuándo acelerar.

–Cuándo acelerar y cuándo no. Por ejemplo, Menem se acerca a Alfonsín al principio y se despega sobre el final. Cafiero, nuestro candidato, recién se acerca a Alfonsín al final.

 

–Pero usted coincide con los que dicen que Cafiero era demasiado parecido a Alfonsín.

–Si hubiera sido demasiado parecido a un Alfonsín exitoso, podía ser. Pero él era demasiado parecido a un Alfonsín que estaba en un momento de deterioro.

 

–¿El peronismo conserva la capacidad de estar alerta al imaginario y a la demanda social o la perdió?

–En el ‘83, el ejemplo más claro. El peronismo perdió el olfato político que indicaba una revalorización del estado de Derecho, después de la Dictadura. Cuando Alfonsín, en un acto genial de su propaganda termina en todos sus discursos recitando el preámbulo de la Constitución, apela al imaginario de ese momento. Nosotros no lo entendimos a eso.

 

“La gran diferencia entre este momento y 1983 es que entonces nosotros no habíamos perdido el gobierno. Habíamos perdido la elección pero el gobierno lo tenían los militares. En 2015, nosotros perdimos la elección y el gobierno. Es mucho peor”.

 

 

–¿Cuál fue el mérito de la Renovación?

–Cada vez que en el peronismo se extingue un liderazgo, por muerte o por política, el peronismo ofrece una alternativa, generalmente colectiva, no individual. No ofrece otro líder: ofrece el espacio para que nazca otro líder. Muerto Perón en 1974, las organizaciones gremiales con Lorenzo Miguel conducen hasta 1983, un lapso muy grande. Casi todas las candidaturas se definen en la UOM. Cuando perdemos las elecciones, esa conducción es derrotada y nace la Renovación para desplazarla. Manzano, De la Sota, Grosso, Cafiero, yo; gobernadores como Menem, Juárez. Hasta que Menem consolida su propio liderazgo, después asume la conducción la Liga de gobernadores que lleva a Duhalde a la presidencia, con las circunstancias ya conocidas.

 

–¿Cuál es la diferencia entre este presente y aquel momento?

–La gran diferencia es que en 1983 nosotros no habíamos perdido el gobierno. Habíamos perdido la elección pero el gobierno lo tenían los militares. En 2015, nosotros perdimos la elección y el gobierno.

 

–Esto es peor.

–Mucho peor, mucha más profunda la derrota. La renovación es más difícil. En este momento, se está dando un proceso de discusión dentro del peronismo. Hay que ganar las elecciones y con un programa adecuado. Hay movimientos internos que van a generar el espacio, donde se va a dar la discusión y va a surgir un programa de gobierno.

 

–Una parte de la sociedad dice que el proceso de Cristina no está terminado.

–Correcto. Y eso se va dirimir dentro del peronismo. El peronismo está en un proceso de unificación. A pesar de que no parezca. Cafiero decía que los peronistas son como los gatos: la gente cree que se están matando y en realidad se están reproduciendo. Estoy convencido de que es así. En este momento, nos estamos reproduciendo.

 

–¿Por qué critica a la clase media?

–La clase media ha sido la estructura cultural de la Nación. Pero tiene un gran problema, ahora menos porque prácticamente ha desaparecido. Pero tiene un gran problema: nunca atina a saber qué es lo que le conviene. ¿Quién creó la clase media argentina? Perón. Y sin embargo, la clase media argentina fue profundamente antiperonista. Si la clase que mueve a la cultura y a la economía, no comprende cuál es su papel y qué es lo que le conviene, el país sufre.

 

–Apuesta por sus verdugos.

–Apuesta por lo que no le sirve. Durante el peronismo, la clase media tuvo un desarrollo explosivo. En la década del 70, los hijos de esa clase media se hicieron peronistas pero muchos interpretaron un Perón que nunca existió.

 

–¿Qué diría hoy que fue el menemismo?

–En marzo de 2000, escribí un artículo en el que dije que el menemismo no existe y nunca existió. Decía: “se ha instalado una peligrosa y falsa distinción entre peronismo y menemismo. Algunos la usan por comodidad y con cierta desaprensión. Y otros para desacreditar la labor del gobierno peronista de 1989-1999 y separar al conjunto de hombres que hicieron posible la transformación del país y sepultar sus ideas. Segundo, para generar un elemento que permita cohesionar a la alianza gobernante, agitando el falso espantapájaros del peligro del menemismo”.

 

–¿No vuelve a pasar ahora con Cambiemos con respecto al kirchnerismo?

–Habría que analizarlo. Menem conservó, después de dejar el gobierno, un piso electoral de 25 puntos, lo que sacó en 2003. Yo le dije que no se presente porque había un 75 por ciento de la gente que no lo votaba.

 

La clase media tiene un gran problema: nunca atina a saber qué es lo que le conviene. ¿Quién creó la clase media argentina? Perón. Y sin embargo, la clase media argentina fue profundamente antiperonista. Si la clase que mueve a la cultura y a la economía, no comprende cuál es su papel y qué es lo que le conviene, el país sufre.

 

–Cristina tiene el techo más alto.

–Tiene más alto el techo. A Menem también le aconsejé -y tampoco me hizo caso- que no deje de presentarse en la segunda vuelta. Esto no es un juego. Debilitó al futuro presidente pero el futuro presidente tuvo la habilidad, la suerte y la inteligencia de reconstruir su poder rápidamente.

 

–¿Sigue pensando que el radicalismo no termina de entender de qué se trata gobernar?

–El radicalismo, me parece, se siente más cómodo en la oposición que en el gobierno. Tengo un gran respeto por el radicalismo, yo me inicié ahí. Pero lo veo así.

 

–¿El peronismo y el poder son lo mismo?

–El peronismo es un partido de poder. Hay partidos ideológicos y partidos de poder. El peronismo se va adaptando, cada vez que es gobierno, a las circunstancias mundiales. Porque la Argentina no es una ínsula Barataria, está inserta. Cuando Perón, después de la Segunda Guerra Mundial, adopta el keynesianismo no lo hace porque era un doctrinario, sino porque era lo que el mundo en ese momento se permitía.

 

–Menem y Kirchner hicieron lo mismo, dice usted. 

–Menem se adapta al Consenso de Washington y al neoliberalismo y Kirchner revaloriza el papel del Estado. Lo demás son anécdotas.

 

–¿Por qué habla de la ficción federalista?

–El federalismo nace porque las 13 provincias o 13 ranchos de aquella época se financiaban a sí mismas. Y la guerra civil estalla porque Buenos Aires monopolizaba el puerto y la Aduana. Las provincias visualizaron que iban a quedar prisioneras de un sistema recaudatorio centralista. Tenemos que fortalecer las provincias en serio, no hay federalismo posible si hay provincias que recaudan apenas el 10 por ciento de lo que gastan.

 

–¿Cómo se resuelve?

–Con una mejor ley de coparticipación, con un achicamiento del papel del Estado nacional, con crecimiento de las economías provinciales.

Por Diego Genoud

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