CUOTA DE CARNE A USA, UN AVANCE AGRIDULCE

Donald Trump mandó a informar que su menú en Ciudad de Buenos Aires tiene como cabecera hamburguesas (y lasaña). Es decir, carne picada en el país del ojo de bife. Esto sucede en días en que USA reabre, luego de 17 años, el mercado de carnes vacunas a la Argentina. Una de las peores herencias de la Administración De la Rúa (Alianza UCR Frepaso), fue el brote de aftosa que impactó horrible en la credibilidad de las carnes argentinas que tanto se había mejorado durante los años ’90.

Carnes rojas, un mercado para la Argentina si no fuese que el stock ganadero sigue diezmado.

Finalmente, después de largos 17 años, en especial considerando que Argentina “se hizo” con las exportaciones ganaderas (cueros, tasajos, etc.) cuando todavía era colonia, los Estados Unidos “aceptaron” flexibilizar sus sanciones, y posibilitar el reingreso de la carne vacuna a su mercado.

La restricción surgió, inmediata, en 2001 cuando el bochornoso ocultamiento del brote de aftosa, cortando apenas 5 años de aprovechamiento de la Cuota a la que trabajosamente el país había accedido a mediados de los ’90. Eran otros tiempos.

Por aquel entonces, las disputas anuales para poder exportar carne con las ventajas de las cuotas (sin impuestos), eran históricas. Ahora, hace más de 10 años que no se cumple ni siquiera la más codiciada de todas: la Cuota Hilton a la Unión Europea.

Sin duda, la reapertura del mercado de Estados Unidos es un paso adelante; y los analistas políticos tomarán debida cuenta de la señal que significa de parte de la Administración Trump esta decisión, y justo antes de que el Presidente estadounidense ponga un pié en la Argentina por el G20.

En forma unánime, las entidades del campo saludaron la noticia. Es mejor tener un mercado abierto, que cerrado, y mucho más tratándose de uno de los jugadores más importantes del mundo.

Sin embargo, es una apuesta a futuro, y eso también lo saben en Washington DC. Es bien conocido que la Argentina retrocedió en forma significativa en materia de stock ganadero y que sus indicadores de producción nunca fu eron demasiado buenos, aunque si lo fue -y es- la calidad de la carne vacuna ofertada, de los mejores niveles mundiales.

En el país se consume entre el 85% y el 90% de lo que se produce y durante la Administración Kirchner se perdió casi un cuarto del rodeo total, unas 12 millones de cabezas (igual a la totalidad del stock uruguayo que exporta a casi todo el mundo), de las que se recuperó apenas algo más del 50%. Tampoco se creció demasiado en productividad, bien alejada de los índices que ostentan los principales países competidores como USA o Australia.

Esto dejaba una cantidad relativamente baja para la exportación, producto de que históricamente primó “la mesa de los argentinos”, y la carne fue uno de los productos más regulados y con precio político, hasta el extremo de Néstor Kirchner quien, siendo Presidente, directamente, “cerró” la exporta ciones en marzo de 2006 (total… él comía pollo a causa de sus dificultades gastrointestinales).

Todo esto solo para justificar el motivo del estancamiento relativo de una actividad que siempre fue uno de los emblemas de la Argentina en el exterior, y reconocida por los mercados demandantes que ahora, están creciendo en forma sostenida, de la mano de China, India y otros emergentes que, con sus respectivas mejoras económicas, también comenzaron a mejorar sus dietas con la incorporación de las codiciadas proteinas animales, y la carne vacuna figura como las más cara y sofisticada.

Pero hay dos cuestiones.

Por un lado, estos mercados demandan todavía cortes de menor calidad y precio, por lo que aún se trata de “volumen”. Por eso, también, el crecimiento de envíos a estos destinos, es de cortes “baratos”, y de carne de no tanta calidad “carnicera”, ya que en gran medida es producto de la fuerte liquidación de los tambos en Argentina, y no de un crecimiento genuino de la producción local.

Por otra parte,parte, la Argentina no tiene “volumen”, y esta es la causa de que ni siquiera pudo cumplir en la última década, con las cuotas que seguía manteniendo, tal el caso de la Hilton.

Hoy, quienes desarmaron los rodeos, levantaron los alambrados, y abandonaron las aguadas no están en condiciones económico-financieras para recuperarlas, a pesar de las perspectivas alentadoras para el rubro.

Además, los avances en productividad llevan tiempo, y no se pueden lograr de forma inmediata, menos aún, cuando las “reglas” aparecen aleatorias y poco proclives a mejorar la producción, como

** la reimplantación de retenciones,

** la carga impositiva sin precedentes, y/o

** el altísimo costo del dinero,

entre otras, que acotan las posibilidades de actividades cuyos resultados siempre serán de mediano-largo plazo.

Por eso, la noticia es buena, aunque su impacto inmediato será bastante relativo y no va a ser un determinante de un cambio positivo abrupto ni en los volúmenes, ni en los montos de exportaciones argentinas que, necesariamente, seguirán siendo graduales.

 

Por SUSANA MERLO

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