INMERSIÓN PROFUNDA

La tragedia del ARA San Juan nos marca como sociedad y también como destino. El final de 44 marinos entregados a una tarea riesgosa, pero no necesariamente trágica como pretenden aducir los justificadores seriales, han dejado al desnudo las internas de la Armada. (por Jorge Augusto Avila)

La tragedia del ARA San Juan nos marca como sociedad y también como destino. El final de 44 marinos entregados a una tarea riesgosa, pero no necesariamente trágica como pretenden aducir los justificadores seriales, han dejado al desnudo las internas de la Armada. Pero también reflejan los crecientes movimientos de otros sectores de las Fuerzas Armadas que advierten, como en ningún otra instancia desde la restauración institucional, el desencanto y la crispación popular con un sistema democrático que se muestra ineficaz para establecer políticas de Estado que respondar a las crecientes demandas sociales. No se trata sólo de nuestro país. Estamos en vísperas de una Cumbre del G20 donde los principales líderes del mundo llegan urgidos por superar problemáticas estructurales que a todas luces los superan. El grandilocuente Donald Trump viene de perder sus primeras elecciones legislativas y la violencia de toda índole en ascenso no es un dato menor para los norteamericanos, mas allá de la bonanza económica. Los republicanos habitualmente suelen canalizar estos fenómenos con algún conflicto externo apelando al patriotismo, esquivo en un mundo cargado de conflictos. El líder chino Hi Jinping afronta en estos días una serie de atentados y manifestaciones, acalladas por la censura oficial, ante las políticas de apertura que ensaya sin mayores resultados, como lo demuestra la desaceleración económica del gigante asiático. Entre los europeos, Emmanuel Macron se encuentra literalmente bajo fuego, en el punto más bajo de gestión histórica del gobierno francés, la germana Angela Merkel, luego de varios reveses electorales, ha anunciado su previsible retiro y no se vislumbran alternativas para su liderazgo. Y ni hablar de los debilitados Pedro Sánchez en España, y el trio Conte, Di Maio, Salvini, que sólo genera rechazo en la convulsionada Italia. Finalmente, Vladimir Putin y su corte de fascistas encabezadas por el hungaro Viktor Orban, y los restantes gobernantes de la órbita soviética solo ofrecen conspiraciones y una menguada influencia sobre el convulsionado espectro árabe, cuyos principies nos visitarán la semana próxima. Este es el panorama de uno de los cónclaves de poderosos, cada vez con mas dilemas y menos poder, que nos tendrá por escenario la semana próxima. En el plano local, las especulaciones giran en torno a las refriegas internas, tanto de la coalición oficialista como de la oposición peronista. Todo indica que luego del estado deliberativo de radicalismo, harán lo que mejor practican: transar por los cargos que esten disponibles. Y en el kirchnerismo residual, disfrazado de peronismo, la desunión prevalece mientras se alienta a grupos sociales desesperados hacia un abismo donde ya ofrenda sus primeros muertos Grabois, D´Elia, Máximo, Moyano y otros mercenarios de las necesidades de la gente. En muchos casos para eludir la acción de la Justicia causada por tropelías anteriores. Las buenas noticias sigue proviniendo de la economía. El mes de octubre anotó un nuevo logro para las finanzas públicas, con una reducción del déficit fiscal primario del 50% respecto al del mismo mes del año pasado. Este resultado fue posible gracias a un aumento del 46,5% en los ingresos totales a las arcas del Estado nacional y una expansión del gasto primario considerablemente menor: solo 30,4%. Al considerar también el pago de los intereses (que saltaron 110% interanual), se encuentra un déficit total que creció nominalmente respecto al año pasado (24,4%), aunque en términos reales también experimentó una reducción. Por último, es importante destacar un factor pocas veces ponderado. La restitución de la coparticipación plena por parte de la administración de Macri ha implicado que la eliminación del déficit sea más lenta debido a que recursos que antes quedaban en manos de la Nación comenzaron a ser devueltos al conjunto de las provincias desde el año 2016. Suponiendo que la situación se hubiera mantenido como en el año 2015, es decir, que la Nación se quedara con el 74% de la recaudación total de AFIP, las arcas nacionales habrían recibido unos 310.000 millones de pesos extras entre 2016 y 2018. De esta manera, el déficit primario de este año podría cerrar en 1% del PBI y el déficit total en 3,6% en lugar de 2,5% y 5,1%. Es decir que parte del déficit de las finanzas nacionales se explica por la restitución de ingresos que legalmente les corresponden a las provincias pero que fueron retenidos en las manos de la Nación por muchos años en el pasado. El nuevo escenario puede parecer brusco, pero no necesariamente traumático. La desilusión no es nada malo. Si hay desilusión es que ha habido ilusión. Y nunca es demasiado temprano para disipar una ilusión.

 

Por Julio A. Ávila

 

Caraycecaonline     24-11

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