RIVER Y BOCA, LA TRISTEZA, EL HASTÍO, Y LA HIPOCRESÍA POR LA NADA Y EL TODO

El pasado sábado 24 de noviembre por la tarde, setenta mil personas colmaron las instalaciones del estadio de River animadas por una tarde de sol y para disfrutar de lo que seria una final inedita en la historia entre los equipos mas populares de Argentina: Boca y River.

Fuera del estadio y, debido a lo que se deberá investigar como una tremenda falla de seguridad de la Policía y Gendarmeria a cargo del tema, sea por impericia, desborde o, lo peor, conivencia, un grupo de delincuentes inadaptados apedrearon el ómnibus que trasladaba a los jugadores de Boca, rompiendo los vidrios del micro.

Los encargados de la seguridad de ese sector de Avenida Figueroa Alcorta arrojaron gases lacrimogenos para dispersar a los violentos que intentaban rodear ese ómnibus.

Como consecuencia de ese ataque, jugadores de Boca fueron lastimados con los vidrios de las ventanas afectadas, y afectados por los gases que ingresaron al interior del ómnibus.

A partir de ese momento, todo lo que seguramente se constituiría en una fiesta extraordinaria que seria observada por millones de espectadores de todo el mundo, a través de la televisión y demás medios de comunicación, y disfrutada por quienes tuvieron la fortuna de adquirir las localidades para presenciarla, se torno en un drama de características acordes con lo peor de la decadencia institucional, estructural, política y moral a la que hemos llegado.

Drama, chismografia de opinadores prepotentes, y hasta comedia increíble, que dura todavía, y cuyas consecuencias son imprevisibles.

Porque las personas que llenaban el estadio pasaron de la sorpresa ante la difusión de lo sucedido, a dos anuncios de postergaciones del comienzo del partido, la presencia del juez y los dos ayudantes de linea efectuando ejercicios de preparación física recorriendo la cancha y fiscalizando las redes de los arcos, y la suspensión final del encuentro para el día siguiente.

En la trastienda se tejía otro drama casi antologico:

Los jugadores de Boca afectados por los gases y por la comprobación de las heridas a algunos de sus integrantes, se negaron firmemente a salir y realizar el partido.

Los jugadores de River y sus tecnicos se solidarizaron con la actitud de sus rivales, y también decidieron no salir al campo de juego hasta que no se encontrara una solución a lo ocurrido.

Las autoridades de la entidad que regia el certamen, la COMENBOL, exigieron jugar el partido y presionaron a los dirigentes de ambas entidades y a los capitanes de los equipos para acatar esa decisión.

Ante la total negativa de todas las partes y la imposibilidad de encontrar alternativas, se produce el acuerdo entre los presidentes de ambos clubes para diferir el partido para el día siguiente y comunicar esto a la dirigencia de la entidad que regia el tema, la que acepta lo actuado y decide finalmente que el encuentro se realice el domingo a las 17, lo cual se anuncia por los parlantes a todos los que llenaban el estadio.

Hasta ese preciso momento, todos los que estaban dentro del estadio habían entrado al mismo con sus entradas, muy costosas por cierto, adquiridas de acuerdo a las normas que se establecieron, y sorteando correctamente y sin inconvenientes, los diferentes controles sucesivos de cacheo de eventuales objetos extraños, verificación de entradas originales, y coincidencia de documentación de identidad.

Afuera del estadio había una enorne cantidad de personajes dantescamente impresentables, que, por supuesto, no tenían sus localidades, pero, cada vez mas violentamente, ejercían sus “derechos” de ingresar al estadio cueste lo que costare.

Y ante la presencia de los efectivos de seguridad, los enfrentaron a pedradas y cuanto elemento contundente encontraron para lograr su objetivo.

Sin contar la elemental falta de respeto por la autoridad, se dedicaron a atacarla e insultarla vociferando su descontrol, y proyectando su área de influencia dañando cuanto automóvil y propiedades comerciales y privadas tuvieron al alcance de su vandalismo irrefrenable.

Desde dentro del estadio se escuchaban los disparos y estruendos que surgían de estos enfrentamientos.

A la altura de las 18.30 quienes estaban sentados en sus lugares dentro del estadio colmado totalmente, contemplaron, con lógico estupor, el ingreso de una cantidad enorme de los protagonistas del párrafo exterior, quienes en calamitoso estado de una ebriedad alimentada durante toda la tarde, con mas los ingredientes de droga que la potenciaban, aparentemente habían logrado rebasar las vallas de los controles, y avanzaron sobre las plateas y sus escaleras de acceso, intimidando a los asistentes con sus cantos de triunfo y peligrosidad.

Suspendido el partido para el día siguiente, comenzó el capitulo siguiente de la novela, con la convocatoria de la Comenbol a los presidentes de los dos clubes para el martes 27 en la sede de la entidad, en Asunción del Paraguay, para dirimir posiciones y decidir una nueva fecha para el encuentro.

Y hasta ahora tenemos un panorama que nos sigue asombrando:

Por un lado, la exigencia de los jugadores de Boca, no solamente de no jugar el partido, sino de exigir, a traves de sus dirigentes, que se aplique a River una sanción descalificadora por lo ocurrido y se declare a Boca titular del titulo de campeón.

Por la otra parte, la actitud de River reclamando el cumplimiento del acuerdo pactado entre los dirigentes, y aceptando la autoridad de la entidad organizadora para acordar una nueva fecha de realización del encuentro, cuando ambos equipos estén en igualdad de condiciones deportivas.

El argumento de Boca se basa en el antecedente de lo ocurrido hace unos años en su estadio, donde los elementos violentos que enarbolaban esa parcialidad atacaron el vestuario interno del estadio donde estaban los jugadores de River, con gas pimienta, y por eso se responsabilizo a la seguridad del club.

El argumento de River se basa en que el acto vandalico se realizo fuera del estadio y a raíz de una falla de seguridad de las fuerzas del gobierno afectadas a esa responsabilidad, de todo lo cual o cuadra asignar culposidad alguna a River, y destaca la solidaridad institucional actuada por dirigentes y jugadores con la otra entidad por lo sucedido.

Es de notar que en el suceso en la cancha de Boca el plantel local salio a la cancha, y formado en su perímetro espero la salida de su rival, desconociendo lo actuado.

El sábado, los jugadores de River se solidarizaron con sus rivales y no salieron a la cancha a la espera de que se resolviera la situación.

Otra quizá hubiera sido la situación si, en vez de asumir esa solidaridad, y con los árbitros oficialmente presentes y dispuestos, el equipo de River hubiera salido a la cancha.

Entonces viene a esta reflexión también el recuerdo de lo ocurrido cuando los jugadores del seleccionado de fútbol desconocieron la autoridad del director técnico, y ejercieron un poder inedito de decisión exigiendo tener el control de las decisiones y actuación de nuestra representación internacional.

También cabe el recuerdo del incidente anterior al ultimo certamen mundial, cuando se organizo institucionalmente un encuentro amistoso del seleccionado, a realizarse el Israel, y percibidos por la Asociación del Fútbol Argentino los importes correspondientes por todos los conceptos de ese encuentro y la difusión del mismo, se produjo la cancelación del mismo, y se argumento la negativa al reembolso de lo percibido por un pretendido “aporte a la paz mundial”.

Entonces, desde el hastío, la tremenda vergüenza por absolutamente toda esta realidad de ojala que sea el colmo de la decadencia, pues no se concibe hasta donde llegaremos en el espanto de los honestos, afortunadamente existentes, minoritariamente, pero existentes y de sentido común, todavía:
Que nos queda?:

La patria? A alguien le importa la patria, salvo para su inútil declamación inoperante e hipócrita?

La escarapela? Si, para el 25 de mayo y el 9 de julio, hasta solo para acompañar a los niños al acto escolar, y guardarla en el cajón el 26 y el 10.

La bandera? Para aclamar al seleccionado cuando gana y esconderla cuando pierde.

La democracia? Para reclamarla y ufanarse con ella, apostar por el primero de cada lista, no tener la menor idea de quienes van detrás de el, y después rasgarse las vestiduras al contemplar desde su plateas no solo la incapacidad de los legisladores y sus tremendos desatinos verbales, sino hasta de la corrupción imperante, negando la responsabilidad por haberlos respaldado en el comicio.

La historia? Si, para aprovechar cada fecha y armar un fin de semana largo para el turismo.

La educación? Para discutir el reclamo de los sueldos docentes y apoyar su poder gremial,
desentendiéndose del contenido de la educación y la responsabilidad de la capacitación de las nuevas generaciones para obtener y merecer un trabajo digno, y no mendigarlo irresponsablemente.

La cultura? Para que sino para envolver a la sociedad con una nube de humo que envuelva la realidad en apelaciones que estan a años luz de la demostración de una sociedad verdaderamente culta.

La ética? Solo para idealistas que son conscientes de su buen o mal proceder, y todavía tienen fe y esperan………

Por eso vuelvo a Discepolo, en la realidad de su emblemático tango Yira:
“VERAS QUE TODO ES MENTIRA.
VERAS QUE NADA ES AMOR.
QUE AL MUNDO NADA LE IMPORTA”

Por todo ello, insisto nuevamente desde mi tristeza y hastio:
TE ACORDARAS DE ESTE OTARIO.
QUE UN DIA, CANSADO, SE PUSO A LADRAR!!!!!!

Jose Maria De Lorenzis

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