BUSH: LA GUERRA DEL GOLFO, CRISIS ECONÓMICA Y LAS “RALACIONES CARNALES” CON ARGENTINA

Falleció el 30 de noviembre a los 94 años

Su presidencia estuvo marcada por un fuerte vuelco en el ordeno mundial. Ocupó varios cargos, entre ellos jefe de la poderosa CIA. Su estrecha relación con Carlos Menem.

Cuando George Herbert Walker Bush llegó a la Casa Blanca en 1989, nadie sospechaba el vuelco que iba a dar el orden mundial durante su mandato.

Aunque “Bush padre” había sido vicepresidente durante ocho años de Ronald Reagan, el jefe de Estado que en 1987 había exigido al secretario general del partido comunista soviético ante la Puerta de Brandeburgo: “¡Señor Gorbachov, derribe este muro!” (“Mr. Gorbachev, tear down this wall!”), nadie contaba con que los acontecimientos se precipitaran de la forma en que lo hicieron bajo el mandato de su sucesor.

Bush, un hijo de la aristocracia financiera de Nueva Inglaterra nacido el 12 de junio de 1924, se convirtió en el presidente número 41 de Estados Unidos (1989-1993) en momentos históricos. El dirigente murió en Houston a los 94 años.

Tras la caída del Muro de Berlín, Bush fue el primer jefe de Estado occidental que habló sin tapujos de la Reunificación alemana. Bajo su égida terminó oficialmente la Guerra Fría pero también se produjo la invasión de Panamá por parte de Estados Unidos para derrocar al general Manuel Antonio Noriega en 1989, dejando tras de sí un caos económico y social.

Bush será también recordado por la que ahora es conocida como la Primera Guerra de Irak para la liberación de Kuwait en 1991. Y fue su hijo George W. Bush, el presidente número 43 de Estados Unidos (2001-2009), quien atacó más de una década después Bagdad y dejó al país sumido en el caos durante años.

Los últimos años de “Bush padre” fueron mucho más tranquilos, y parte de ese tiempo lo pasó en silla de ruedas. No era ningún secreto que era un acérrimo crítico de su sucesor Donald Trump pese a ser ambos del mismo Partido Republicano, lo que lo mantuvo alejado de la campaña a las elecciones en 2016.

Un día después de la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, Bush y el canciller alemán Helmut Kohl hablaron por teléfono. “Enhorabuena y mucha suerte”, deseó el estadounidense.

Bush tenía mucha experiencia en política exterior y diplomacia, pues había sido embajador estadounidense ante las Naciones Unidas y en Pekín. Además, más tarde fue jefe de la CIA pero sobre todo los años como vicepresidente le permitieron conocer bien todo el mundo.

Después de la caída de la Unión Soviética, Bush evitó cualquier movimiento que pudiera provocar a Rusia y en la histórica reunión del 3 de diciembre de 1989 en Malta con Gorbachov, apeló sobre todo a su conciencia.

Además tuvo que calmar y convencer a la primera ministra británica Margaret Thatcher y al presidente francés François Mitterrand, ambos contrarios a una Alemania unificada.

“El presidente estadounidense fue para los alemanes un golpe de suerte”, diría años más tarde el entonces canciller germano Helmut Kohl. Los dos fueron en aquellos años los protagonistas de grandes cambios, con Bush defendiendo “un nuevo orden mundial” sin confrontaciones entre bloques que en algún momento pareció posible pero al final nunca se concretó.

El 20 de diciembre de 1989 se produjo la invasión de Panamá por parte del Ejército estadounidense. Noriega había instaurado en el país latinoamericano una dictadura militar y había declarado el estado de guerra contra Estados Unidos tras años de bloqueo económico.

La invasión concluyó con la captura de Noriega, quien fue llevado ante los tribunales estadounidenses en Florida y enviado a prisión por narcotráfico.

Pero la verdadera prueba de fuego para Bush, ex oficial de la Armada durante la Segunda Guerra Mundial, fue el ataque iraquí contra el pequeño emirato de Kuwait en 1990.

Antes de este acontecimiento, la opinión pública lo consideraba un presidente más bien “blando”, pero entonces se vio obligado a mostrar firmeza en la sensible región petrolífera de Oriente Medio. Bush consiguió reunir un ejército internacional de más de medio millón de efectivos en unas complicadas negociaciones entre bastidores.

En aquel momento la gran sensación fue que participaron por primera vez soldados árabes de Siria, Egipto y Arabia Saudí en la operación “Tormenta del Desierto”. Bush incluso consiguió tener la bendición de las Naciones Unidas para la acción militar, al contrario que su hijo.

La operación condujo a la victoria en unas semanas entre enero y febrero de 1991. Una vez más, Bush mostró moderación política y militar. Renunció a que sus tropas marcharan sobre Bagdad, aunque más tarde se arrepintiera de ello. Y por eso su hijo alegó 12 años después que debía concluir la obra de su padre y acabar con el dictador Saddam Hussein.

“Kuwait es libre, el Ejército iraquí ha sido vencido, hemos ahuyentado de una vez por todas el síndrome de Vietnam”, celebró Bush padre a finales de 1991.

Por un tiempo, pareció tener razón. Estados Unidos era la única superpotencia del mundo tras la caída de la Unión Soviética y la popularidad de Bush subió como la espuma. Sin embargo, fue derrotado en noviembre de 1992 en las elecciones presidenciales por un joven demócrata que hasta hacía unos meses era un desconocido: Bill Clinton.

Bush, el estratega de política exterior, no consiguió sacar a flote la estancada economía, y cuando se trata de dinero, los votantes estadounidenses son implacables. “¡Es la economía, estúpido!”, fue el lema con el que Clinton selló la derrota de su rival.

La relación con Argentina

El vínculo de George Bush padre con la Argentina, y especialmente con el expresidente Carlos Menem, tiene su propio capítulo. El estadounidense visitó por primera vez el país en diciembre de 1990. Desde la década del 60 que un mandatario del país del Norte no venía a la Argentina en tiempos de Eisenhower y Frondizi.

Menem y Bush habían entablado relación un año antes, un vínculo que creció hasta lo que más tarde se denominó “relaciones carnales” entre Argentina y EEUU.

Archivo Histórico RTA S.E.

Menem se alineó rápidamente a la política económica liberal que pregonaba EEUU y a sus lineamientos en materia internacional.

Bush también recibió a Menem en la Casa Blanca y en su casa de verano, en Kennenbunkport. “Mi amigo George” y “somos del mismo palo”, decía por entonces el riojano. Mientras que el texano retribuía hablando del “milagro argentino” en referencia a la política económica del menemismo que sacó al país de la hiperinflación.

Sobre el final del gobierno de Menem, Bush volvió a la Argentina ya no como presidente sino en su papel de lobbysta y hombre de negocios. El jefe de Estado argentino lo recibió en la residencia de Olivos y jugaron al golf en el Jockey Club.

 

01 Dic 2018 – Ámbito Financiero

 

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