J. FERNÁNDEZ AREGUI

La formación de la conciencia nacional dice a este propósito: “El inmigrante divinizado fue parte de la negación de este país verdadero por la clase terateniente, la postrera injuria a la resistencia nacional que los moradores criollos habían simbolizado con sus lanzas. Sarmiento lo confesó con esa franqueza brusca que permite, a veces, penetrar a través de sus juicios más
honrados en los designios de la oligarquía.

Esa política había permitdo «ahogar la chusma criola, inepta, incivil y ruda que nos sale al paso a cada instante»”.

Más adelante agrega: “Sarmiento viejo —que es el único que interesa para conocer la verdad— reconocerá finalmente que la conciencia nacional no penetraba en Buenos Aires. En Buenos Aires no está la Nación porque es una provincia extranjera”. “Las mejores páginas contra la inmigración —otro hecho ignorado— se deben a su pluma. Y lo mismo Alberdi, que de joven había considerado el idioma español in- compatible con la civilización y recomendaba la lengua inglesa”.

Pero “ya ambos habían dado su contribución a E.UU. e Inglatera y a la miseria argentina. Sarmiento fue gradualmente aniquilando sus propias fábulas. La ilusión de Europa empezó a caer cuando la conoció: “Vengo de recorrer Europa y de admirar sus monumentos, de postrarme ante su ciencia, asombrado todavía de los prodigios de sus artes, pero he visto sus millones de campesinos proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos, los harapos y andrajos que visten no revelan bastante las tinieblas de sus espíritus; y en materia política, organización social, aquellas tinieblas alcanzan a oscurecer las mentes de los sabios, de los banqueros y los nobles”.

La formación de la conciencia nacional – Ed. Hachea, Bs. As., 1960

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