PROHIBIDO ENSUCIAR

Papelitos en el suelo

El “Bigote” Acosta no se anda con chiquitas: “(…) La señora Elisa Carrió se opone y hace más de un año sus “oposiciones” dejan, a los que verdaderamente se oponen, sin discurso. Es eficaz su tarea. En el mismo grupo político la acción y la reacción. El PRO mete la pata, van lentas las condenas por corrupción y tienen líos internos por los corruptos y la verdadera gestión (producción, inflación desocupación, uff) no es de las mejores pues bien… los argumentos opositores están en manos de… los mismos oficialistas. Es una maniobra gestual brillante. El relato y el contra relato en el mismo libro. Pone los edificios de este lado y el desierto en la vereda de allá, donde nada pueden decir porque nosotros mismos nos criticamos. Verdaderamente brillante. Si leyésemos dos veces la fr ase “Macri está equivocado pero quédense tranquilos yo no voy a romper Cambiemos” estaríamos leyendo el discurso y el antídoto, la vacuna, el escudo. Sicoanalíticamente tiene otro nombre. (…)”.

Elisa Carrió y Horacio Lifschitz: Coincidiendo en el No a la Doctrina Bullrich.

ROSARIO. Estoy entre quienes han viajado fuera de Argentina muchas veces. El oficio ayuda.

Ya en los aeropuertos de arribo hay un comportamiento diferente. Excepto una delegación, que lleva costumbres de carácter grupal, el argentino fuera del país se comporta de otro modo. Acepta. Entiende que hay leyes, horarios, que el ombligo del mundo esta en el centro de la Tierra y que la Tierra es redonda y se mueve. Que al día le sigue la noche y que no podemos detener esa secuencia.

En los aeropuertos, aún en el más lejano, no tiramos papelitos al suelo, no lo hacemos en las plazas, en la puerta de los hoteles, arriba de los trenes. No fumamos donde no corresponde, no salteamos molinetes, no cruzamos en mitad de la calle.

Líneas convergentes. De una parte sabemos que ése es el comportamiento social adecuado. No lo hacíamos, no lo hacemos en nuestro pueblo, pero lo conocemos. De otra parte sabemos que hay leyes que consagran el orden como una obligación social y que no cumplir con ése orden establecido trae castigos y lo mas exacto: los castigos se cumplen.

El más pequeño de los gestos del orden es ese; no tirar papelitos al suelo. No ensuciar.

Detrás del gesto adecuado hay una larga secuencia que los argentinos olvidamos. Es la cadena del orden. En algunos no es olvido sino discusión, pelea, objeción, el camino que lleva hacia otra parte.

Argentina de cabotaje.

Las series policiales yanquis vistas como lo que son, mensajes a su sociedad para masajearla, acostumbrarla, imponerla de lo que se desea de ella, cuentan de varios problemas que no han logrado resolver. El policía abusador que debe ser vigilado. El que dispara y debe ser juzgado. El juicio por jurado. Los jurados. El trato del perdón de crímenes menores por la delación de crímenes mayores. El espíritu de cuerpo de la policía y lo que es básico. Vigilantes y ladrones. El bien y el mal. En todas las series se cita la Constitución, las leyes, los testigos. Siguen contando que no se debe vivir como Búfalo Bill y resolver a tiros en mitad de la calle. Si lo cuentan, es un problema que se sostiene.

Contarlo, dar el ejemplo, presentar los yerros, las fisuras, pero sostener la Constitución y todas las leyes, es lo básico. Debemos preguntar nos si quienes, en Argentina, no quieren “el gatillo fácil” están a favor de las leyes, de la Constitución, del orden, de lo básico. Las series yanquis no ocultan el problema de drogas, la narco policía y la narcopolítica. El influyente y la injusticia. Puestos en superficie los problemas aparecen como lo que son, desaparece el sentido travieso, oculto, acaso verdaderamente avieso de subvertir este orden y tratar de resolver con otro orden, para otra sociedad y de otro modo.

Robert Zimmerman, mas conocido como Bob Dylan, advirtió: “los tiempos están cambiando”. Sigue siendo válido su tema, escrito allí, sobre el Viet Nam y el Luther King.

Puestos en el sur provincial santafesino el ministro encargado de la seguridad ha reconocido que la violencia aumentó “un poquito”. El reconocimient o es un buen gesto periodístico. Solucionar los problemas una tarea de gestión.

El señor Gobernador ha dicho que la Provincia no adherirá a la ley que cambia el “alto quien vive, cual es el santo y seña… ¡pum!” que ahora y definitivamente cambiamos por “pum” o “pum… pum” directamente.

Políticamente es lo correcto. La verdadera lectura va por detrás, llegan las fiestas, todos pedirán comida, la situación del país no es la mejor, evitemos la “onda Bolsonaro”.

El gobierno nacional manda ése mensaje (Asterisco…asterisco… volveremos sobre esto… asterisco…). El socialismo es un progresismo de derecha, bien pensante y que se merece un lugar mas grande en el país. El Gobernador representa el 12% de los votos argentinos y más del 70% de lo que se exporta en grano y vacas. Dice dos cosas en una sola frase. Cuan do dice Santa Fe no adherirá se desprende del gobierno nacional y fija su posición. Suma hacia fuera. Y pone el centro de la discusión en ése punto. Un mensaje al que deberían adherir otros actores sociales de centro izquierda apacible, los levantiscos que quieren una anarquía y un libre albedrío y el triunfo de la libertad absoluta por sobre el orden absoluto están diciendo algo más terrible, con calificativos más terribles. Lo del Gobernador debe leerse en este punto. El socialismo precisa alguien de carácter algo más que provinciano. Punto.

Ya es imposible ocultarlo, hasta yo me doy cuenta. La señora Elisa Carrió se opone y hace más de un año sus “oposiciones” dejan, a los que verdaderamente se oponen, sin discurso.  Es eficaz su tarea. En el mismo grupo político la acción y la reacción.

El PRO mete la pata, van lentas las condenas por corrupción y tienen líos internos por los corruptos y la verdadera gestión (producción, inflación desocupación, uff) no es de las mejores pues bien… los argumentos opositores están en manos de… los mismos oficialistas. Es una maniobra gestual brillante. El relato y el contra relato en el mismo libro. Pone los edificios de este lado y el desierto en la vereda de allá, donde nada pueden decir porque nosotros mismos nos criticamos. Verdaderamente brillante. Si leyésemos dos veces la frase “Macri está equivocado pero quédense tranquilos yo no voy a romper Cambiemos” estaríamos leyendo el discurso y el antídoto, la vacuna, el escudo. Sicoanalíticamente tiene otro nombre.

Desde las declaraciones de Miguel Lifschitz a las de Carrió hubo dos horas de diferencia. Es Carrió la que usa la palabra Fascismo (escrita así, del “Fascio”, una demostración de conocimiento de libros de historia porque Fascio no es lo mismo que fachismo y su “tuit” dice fascismo) Antes que los otros gobernadores, acaso mas cercanos a entender el espíritu Jair Bolsonaro que se debe cubrir y al que tal vez adhieran, las declaraciones del gobernador de Santa Fe abrieron una puerta que alguien debería sugerirle que no cierre.

Alguien debería, por otra parte, explicar a Carrió, Lifschitz y todos los que, con buen tino advierten del endurecimiento de las leyes que protegen el orden contra la libertad (ésa es la pelea) que en Argentina tiramos los papelitos al suelo.

No tiramos los papelitos al suelo en los países donde sabemos que las leyes se cumplen y, si no se cumplen, los castigos si se cumplirán. Hagamos eso.

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