JOSÉ FÉLIX ALDAO

Llegó a ser héroe legendario, por su esfuerzo en la lucha en todas las campañas de Chile y Perú.

Nació en Mendoza el 11 de octubre de 1785 siendo sus padres, Francisco de Esquivel y Aldao, porteño (nacido el 23 de octubre de 1752), teniente coronel de los Reales Ejércitos, Comandante de Armas de la Campaña y de Mendoza y del Fuerte de San Carlos; y María del Carmen Anzorena, mendocina (hija del general Jacinto de Anzorena Ponce de León, Corregidor de Cuyo y de Catalina Nieto). Este segundo matrimonio del padre del general Aldao, tuvo lugar en Mendoza, el 21 de octubre de 1784.

Tomó los hábitos en el Convento de Predicadores de su ciudad natal, el 6 de junio de 1802, recibiendo las órdenes sagradas en Santiago de Chile en 1806, bajo el obispado del señor Morán y el patrocinio del padre domínico Velazco, quien le ayudó a celebrar su primera misa. Más adelante pasó a su provincia natal, donde se hallaba cuando el general San Martín empezó a organizar el Ejército de los Andes.

Fray José Félix Aldao fue dado de alta como capellán del Regimiento 11 de Infantería que mandaba el coronel Juan Gregorio de Las Heras; siendo el 2º capellán de la 1er columna expedicionaria que atravesó la Cordillera por el paso de Uspallata. Su alta en el ejército lleva fecha de 21 de enero de 1817.

En el combate de Guardia Vieja, el 4 de febrero de este mismo año, el novel capellán, vencido por los ardientes impulsos de su naturaleza y de sus pasiones dominantes, tomó parte en la pelea. Por su comportamiento en dicho combate, fue recomendado por Las Heras en el parte, por su brava conducta y por haber rendido personalmente un oficial real, expresando en él que, antes de marchar el destacamento al combate el fraile domínico Aldao le había pedido armarse de sable y tercerola y que durante el curso de la acción primero había empleado su fusil y después “cargó a sable sobre la fuga de los enemigos”, en cuyas circunstancias hizo prisionero al oficial enemigo, ya citado ,Así nace la historia de uno de los hombre mas sanguinarios de la historia Argentina para algunos historiadores unitario,para los adicto a los federales resaltaban la valentia y el coraje deeste hombre mendocino .

Llegó a ser héroe legendario, por su esfuerzo en la lucha en todas las campañas de Chile y Perú. Conocido históricamente como el general Aldao (por su rango militar) o padre Aldao (popularmente llamado “el fraile” por sus enemigos).
Es una de las personalidades más desfiguradas del período de la Federación, pues fue sometida a los espejos deformadores de la novela y del panfleto, en la pluma de Vicente Fidel López y de Sarmiento, fuentes en que usaron otros autores, sin ejercer la necesaria crítica.
Demostró arrojo singular en Chacabuco y en Maipo, y luego en Curapaligüe y Gavilán (abril de 1817); en Arauco y en Talcahuano; y posteriormente en la campaña libertadora del Perú. Hizo con el general Arenales la primera campaña de la Sierra, en 1820, y ascendió a mayor. Su actuación fue premiada y sus proezas en el Perú son páginas de historia y no de novela.
En 1824 volvió a Mendoza y se instaló, con su primera mujer (la bella peruana Manuela Zárate), en una hacienda de Guaymallén, donde se consagró a la industria y al trabajo. Pero en julio de 1825, al estallar en San Juan una revuelta que derrocó al gobernador Salvador María del Carril, fue enviado por el gobierno mendocino, con una fuerza que comandaba su hermano José Aldao, para reponer a las autoridades sanjuaninas depuestas. Logrado este objeto, las fuerzas mendocinas regresaron a su provincia.

En 1828 estalló la guerra civil, comenzando por Buenos Aires y Córdoba, donde el general unitario Jose María Paz derrocó a Juan Bautista Bustos, federal. El caudillo riojano Juan Facundo Quiroga pidió ayuda para reponer a Bustos, y el gobernador mendocino le envió un ejército al mando del “fraile” Aldao. Fueron derrotados en La Tablada, en la que el jefe mendocino resultó herido; mientras estaba en San Luis le llegó la noticia de que los unitarios — dirigidos por Juan Agustín Moyano— habían derrocado al gobernador y arrestado a sus hermanos.
Regresó rápidamente a Mendoza, donde firmó un tratado de paz con el gobernador, general Rudecindo Alvarado. Pero Moyano se negó a aceptar el tratado y enfrentó a Aldao en la batalla de Pilar, el 22 de septiembre de 1829. Al comenzar la batalla, los oficiales unitarios ejecutaron a Francisco Aldao, enviado por el general a pactar la paz. La victoria quedó del lado de José Félix Aldao, pero al enterarse de la muerte de su hermano, mandó fusilar a casi todos los oficiales rendidos. Entre ellos murió Francisco Laprida, el que había sido presidente del Congreso de Tucumán, el día declara de la Independencia ; también Moyano fue fusilado.
Usó ese poder en una forma muy violenta, incluyendo contribuciones forzosas, azotes y penas de muerte a los unitarios. Según Sarmiento, llegaba incluso a la castración de sus adversarios. a los unitarios lo declaro locos y les conficaba todo sus bienes
En 1839 comenzó una nueva guerra civil, pero no afectó a Mendoza hasta la invasión de Juan Lavalle a La Rioja, después de su derrota en Quebracho Herrado. En respuesta a una efímera revolución, se hizo elegir Gobernador de la Provincia de Mendoza a principios de 1841 e invadió La Rioja. Lavalle lo esquivó, pero el coronel Flores, segundo de Aldao, derrotó a Mariano Acha en el norte de La Rioja. Por su parte, Aldao derrotó al gobernador riojano Tomás Brizuela, que terminó muerto.
Lamadrid atacó hacia el sur, enviando a como vanguardia a los 600 hombres de Mariano Acha, que tomó la ciudad de San Juan.Aldao se unió con Benavídez y regresó rápidamente sobre San Juan. Pero justo a la salida del desierto lo esperaba Acha, que lo derrotó completamente en la batalla de Angaco, la batalla más sangrienta de las guerras civiles argentinas, favorecido por la sed del ejército federal. Aldao regresó a Mendoza, mientras Benavídez recuperaba San Juan en la batalla de La Chacarilla. Acha fue tomado prisionero y enviado a Aldao, que se vengó de su derrota: hizo fusilar al general Acha y cortar su cabeza, colocándola en lo alto de un poste, a la vista de todos.
Unas semanas más tarde, La Madrid ocupó Mendoza, pero un ejército dirigido por Ángel Pacheco — en el que Aldao ejerció sólo como jefe de una parte de la caballería — lo derrotó en la batalla de Rodeo del Medio. La persecución que siguió a la batalla, dirigida por Aldao, causó centenares de muertos entre los derrotados. Allí terminó la guerra civil.
Sufrió una atroz agonía durante su último año y medio de vida: en la frente, sobre uno de sus ojos, apareció un pequeño bulto, al cual inicialmente se le aplicaron remedios caseros que resultaron ineficaces. Cuando el tumor tenía ya casi dos centímetros y medio de diámetro, su médico personal, creyendo que se trataba de un quiste, le practicó una punción pero, en lugar de surgir el esperado humor acuoso, brotó sangre, lo cual convenció al facultativo de la malignidad del tumor.
Por ello mandó llamar a la ciudad de Buenos Aires a quien era considerado el mejor médico de la Confederación Argentina en esos días: Miguel Rivera, hijo del orfebre llamado “Inca” Rivera. Este médico tenía las mejores intenciones, tal cual se puede leer en la historia clínica del caso. Pero carecía de la capacidad necesaria para tratar enfermedades graves: no administró ningún atenuante del dolor y además de extirpaciones del tejido tumoral visible y cauterizaciones químicas sólo prescribía dietas mínimas que debilitaban aún más a Aldao. Más aún: sólo cuando Aldao estaba in extremis — a pocas semanas de la muerte — reconoció que se trataba de un cáncer. No obstante, aún si Rivera hubiera tratado la afección desde el principio como un cáncer, en esa época la ciencia era totalmente ineficaz.Así, el 19 de enero de 1845, Aldao delegó el mando en su ministro, el Dr. Celedonio de la Cuesta, y a los pocos días falleció. Fue enterrado — por expreso pedido testamentario — con su hábito completo de fraile dominico y también el uniforme de general, uno sobre otro.

Al verlo con el escapulario manchado de sangre, el coronel Las Heras trata de ponerlo en su lugar: “Padre, a cada uno su oficio: a su paternidad el breviario, a nosotros la espada.”
Publicado por sitio web San Martin en San Juan

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