SENTENCIADO A MUERTE 


Cuando Sarmiento fue, en 1845, a visitar a San Martín, creyó que el Libertador lo apoyaría en sus apreciaciones sobre la política de ROSAS; pero, quien fue por lana, volvió trasquilado.

¿Qué le respondió San Martín? “Sobre todo tiene para mí en su favor el General ROSAS – le dijo – que ha sabido defender con energía y en toda ocasión el pabellón nacional. Por esto, después del combate de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a fundar la independencia americana por aquel acto de entereza en que, con cuatro años, hizo conocer a la escuadra anglofrancesa que los argentinos saben siempre defender su independencia”. (Pastor S. Obligado, La Nación, del 9 de julio de 1894; en Gálvez, p. 121).

Años después el Gran Capitán, don José de San Martín, confirmaba la sentencia de muerte cuando escribió el 10 de julio de 1839: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan a extranjero para humillar a su patria… Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer” (Font Ezcurra, Unión Nacional, Apéndice de la 3ª edición, Buenos Aires, 1941, p. 30).

 

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