3 AÑOS DE MACRI – Y LOS INCUMPLIMIENTOS

Último tramo: El discurso incumplido de Macri ante el desafío de la reelección

Se cumplen 3 años desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de la nación y con ello, entra en el último tramo la política de Cambiemos, que aspira a la reelección en octubre de 2019. Sin embargo, todos los optimistas pronósticos de Macri cuando inició, se convirtieron en promesas sin cumplir. “La mayoría de los argentinos que votó por nuestra propuesta lo hizo basada en tres ideas centrales. Ellas son: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos”, dijo el Presidente en su primer discurso como mandatario de la nación, no obstante, la pobreza en la Argentina no para de subir y además, lejos de unir, la grieta se profundiza cada vez más entre los macristas y los kirchneristas. La única batalla en la que parece que el Gobierno ha ganado algunos espacios –muy pero muy pocos-, es en la lucha del narcotráfico, que sin embargo, es uno de los dolores de cabeza del Ministerio de seguridad.

Mauricio Macri cuando asumió la presidencia de la nación. Foto: web

El Presidente Mauricio Macri empieza su cuarto año de gestión en medio de la disconformidad no sólo de sus aliados, sino de quienes decidieron votarlo y llevarlo a la Casa Rosada en medio de las 3 promesas claves: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos. Sin embargo, y como contra para una anhelada reelección de Cambiemos, se cumplen 3 años de la asunción y con ella, 3 años de promesas incumplidas. 

La mayoría de los argentinos que votó por nuestra propuesta lo hizo basada en tres ideas centrales. Ellas son: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos“, decía Macri el 10/12/2015 cuando se consagraba Presidente de la nación.

Y siguió: “Hablar de pobreza cero es hablar de un horizonte, de la meta que da sentido a nuestras acciones. Nuestra prioridad será lograr un país donde cada día haya más igualdad de oportunidades, en el que no haya argentinos que pasen hambre, en el que todos tengamos la libertad de elegir dónde vivir y desarrollar nuestros sueños“.

No obstante, el 27,3% de los argentinos son pobres. Así lo indicó el último informe del Instituto Nacional de Censos y Estadísticas (INDEC). Esto quiere decir que al menos 7.581.118 personas están debajo de la línea de la pobreza al finalizar el primer semestre del año. Si se compara esta cifra, con la del último semestre de 2017, el índice registró un crecimiento de 1,6 %.

¿Qué significa ser pobre en Argentina? Significa no alcanzar el nivel de 175 dólares como ingresos mensuales. Ese número representa el mínimo para tener cubierta la canasta básica total, que incluye las necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales, como el acceso a una vivienda, agua potable y vestimenta.

Por otro lado, si sólo son cubiertas las necesidades alimentarias pero no las demás necesidades consideradas esenciales, las personas estarían por debajo de la línea de indigencia. En este sentido, el 4,9% de los argentinos son indigentes.

“Vamos a trabajar para que todos puedan tener un techo con agua corriente y cloacas y vamos a urbanizar las villas para transformar para siempre la vida de miles de familias”, decía Macri en esa oportunidad, y además aseguraba que “vamos a universalizar la protección social para que ningún chico quede desprotegido”.

Pero los números acabaron el optimismo de Cambiemos, ya que según un informe de Unicef el 48% de los chicos en la Argentina vive en la pobreza. El estudio reveló que 6,5 millones de niños padecen problemas de educación, hábitat, agua potable, salud, protección social, vivienda adecuada y saneamiento.

Sobre la pobreza cero Macri siguió en el 2015 prometiendo, entre otras cosas, empleo y una economía sólida: “para que haya en realidad pobreza cero necesitamos generar trabajo, ampliar la economía, aprovechar los enormes recursos naturales y humanos que tiene la Argentina. Vamos a cuidar los trabajos que hoy existen, pero sobre todo a producir una transformación para que se multipliquen las fuentes de trabajo porque esa es la única forma de que haya prosperidad donde hoy hay una pobreza inaceptable”, decía Macri.

Entonces en ese contexto, el Presidente también “decepcionó”, y es que la desocupación subió a 9,6% en el segundo trimestre de 2018 y es la mayor en los últimos 12 años. 

Los datos son sacados de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, que detalla que la tasa de desempleo se elevó a 10,8% en la franja femenina, 1,3 puntos porcentuales superior a la de un año antes, mientras que en el caso de los varones subió de 8,2% a 8,7% de la población económicamente activa de ese género.

Otra promesa del Presidente, (sin cumplir), fue la de la lluvia de inversiones, en el 2015, Macri decía que “el desarrollo de la Argentina llegará a través de una inversión inteligente y expansiva, que mejore la infraestructura, ponga las bases para el crecimiento de la producción, traiga oportunidades y genere la prosperidad que merecemos”, pero más que una lluvia de inversiones, lo que llegó fue una crisis económica a la que desde el mismo Gobierno decidieron llamar “tormenta”. O sea, se cambió la lluvia por la tormenta y no fue para nada favorable. 

Macri también esperaba cuando asumió acabar con la ya tan instalada grieta política y social del país, “Se viene un tiempo nuevo: el tiempo del diálogo, del respeto y del trabajo en equipo; tiempo de construcción con más justicia social. Repetidamente a lo largo de la historia hemos vivido muchas divisiones, la confrontación nos ha llevado por caminos errados. Somos pasionales y es bueno serlo, pero a veces esa pasión nos tiende una trampa: crea conflictos innecesarios, genera fanatismos que tantas veces nos arrastraron a la violencia, a la incapacidad de razonar y a la falta de amor”.

Y siguió: “Tenemos que sacar el enfrentamiento del centro de la escena y poner en ese lugar el encuentro, el desarrollo y el crecimiento. En la pelea irracional no gana nadie, en el acuerdo ganamos todos. Para trabajar juntos no hace falta que dejemos de lado nuestras ideas y formas de ver el mundo, tenemos que ponerlas al servicio de nuestro proyecto común y lograr la construcción de un país en el que todos podamos conseguir nuestra forma de felicidad“.

En ese contexto, parece paradójico que al Gobierno de Cambiemos, el único escenario favorable para volver a ganar las elecciones es la profundización de la grieta, la comparación con el antes y el después y como contrincante, por supuesto, la tan cuestionada por el presidente Macri, Cristina Fernández de Kirchner.

Incluso la grieta no es sólo externa, sino que se agrandó más en la interna de Cambiemos, que parece que no logran ponerse de acuerdo en temas de diálogo y trabajo en equipo, como el mismo Macri lo prometió en su discurso. Un ejemplo es la reciente pelea que involucra a la diputada Elisa Carrió con la ministra de seguridad Patricia Bullrich, todo por la nueva normativa del uso de armas de fuego en los funcionarios de seguridad.

“La reglamentación para fuerzas de seguridad dictada por la ministro Bullrich viola los Derechos humanos fundamentales. Nosotros no vamos a ir al fascismo… y no me importa lo que opine el Presidente”, sentenció Carrió. Esto ensancha aún más la grieta que atraviesa en las últimas semanas a la alianza Cambiemos.

Pasando a otro tema, Macri por supuesto habló de la educación en el país, pero ese tema parece que durante su mandato tampoco pudo cumplir como esperaba, debido a los reiterados paros docentes que dejaron sin clases a miles de estudiantes argentinos. El conflicto permanente con los gremios, la falta de consensos y el cortoplacismo, han hecho de ese tema una especie de karma para el Gobierno nacional“Otro pilar importante de nuestro gobierno será liderar una revolución en la educación pública; porque la calidad educativa es necesaria para impulsar el crecimiento nacional, pero también es lo que nos va a garantizar que los chicos el día de la mañana puedan elegir cómo quieren vivir y en qué lugar del país hacerlo”, prometía Macri.

Y esperanzado decía: El conocimiento es un factor clave para que nuestra potencialidad individual y colectiva se transforme en una realidad concreta.

“Queremos dar lo mejor a todos nuestros hijos y por eso vamos a dedicarle a este objetivo nuestro mejor esfuerzo, y para lograrlo vamos a darle más prestigio y valor a la vocación docente, más protagonismo a quienes elijan dedicarse a ella. No se trata de recuperar la educación argentina; se trata de crear una educación amplia, inclusiva, atenta a su calidad y acorde a las realidades del siglo XXI.”

Otro punto llamativo de su discurso en el 2015 fue la certeza de tener una “justicia independiente”, pero desde la llegada del macrismo la confianza en justicia se desplomó (más de lo que estaba).

“Quiero aprovechar este mensaje inaugural para expresar también mi total apoyo a la justicia independiente. En estos años fue un baluarte de la democracia e impidió que el país cayera en un autoritarismo irreversible. En nuestro gobierno no habrá jueces macristas. No existe justicia ni democracia sin justicia independiente, pero hay que acompañar a la justicia en un proceso en el que se limpie de vicios políticos. No puede haber jueces militantes de ningún partido”, decía Macri.

Pero por ejemplo, un estudio realizado por la Universidad Católica Argenti na (UCA) en marzo de 2018 aseguró que la confianza en la justicia registró un descenso en el índice de credibilidad del 19.7% en 2015 a 11.7% en 2017. Además, Macri es el presidente que más jueces designó por año desde el regreso de la democracia.

Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia nombró un promedio de 21 jueces por año, lo cual lo coloca en el puesto 1 de la designación de jueces desde la Casa Rosada. El segundo lugar lo ubica, con 20 por año, Cristina Fernández. Detrás de la única presidenta mujer elegida democráticamente siguen Eduardo Duhalde (18 jueces designados); Carlos Menem (15); Néstor Kirchner (13); Fernando De la Rúa (8) y Raúl Alfonsín (5 por año). Con lo cual se cae el slogan macrista de que ellos están atados por los jueces designados por otros gobiernos… ellos nombraron jueces a lo tonto y solo consiguieron una justicia más venal y cuasi corrupta.

Además, el 13 de septiembre, dos días después de que se oficializara la salida de Ricardo Lorenzetti de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Consejo de la Magistratura definió una serie de cambios que fortalecieron al macrismo en lugares claves de tribunales y premia a jueces afines. Con estos movimientos, Macri busca también controlar la justicia

“Quiero decirles por último que siempre voy a ser sincero con ustedes. Creo que es la base de la confianza que me tienen y que pretendo preservar e incrementar. Y parte de esa sinceridad es decirles que los desafíos que tenemos por delante son enormes y que los problemas no los vamos a poder resolver de un día para el otro; pero las grandes transformaciones se hacen dando pequeños pasos todos los días; y eso, les aseguro, nos llevará a estar cada día un poco mejor”, declaraba Macri también en aquel discurso de 2015, sin embargo y para su mala suerte, la credibilidad y confianza de la imagen presidencial también cayó, y por ende, ahora las elecciones de 2019 representan un inmenso desafío en lo que será la tan anhe lada reelección de Macri para un nuevo mandato, con nuevas promesas que veremos, si están a la altura de cumplir

VIDEO: https://youtu.be/mb_TQniDsRs

¡Como vemos 36 meses desperdiciados para reencauzar la Argentina en el camino del crecimiento y del desarrollo… esas premisas que nuestro vecino el gigante Brasil viene impulsando no importa quien gobierne!

Un “desarrollismo” que se abandonaron durante estos últimos 35 años de democracia, es más desde ya hace más de 42 años desde aquella noche nefasta del 24 de marzo de 1976… algo que casi cuatro generaciones de argentinos desconoce y sólo la reconoce por los delirios de la Carlotto o la Hebe las peores representantes de aquella época de desarrollo sostenible iniciada el 1946 y continuada por Frondizi en 1958.

Buenos Aires, 10 de diciembre de 2018

Arq. Jose Marcelino García Rozado

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