LA REHABILITACION DE ROSAS

Salvo algunos descendientes de unitarios, y algunos demócratas sin sentido histórico que juzgan el pasado con el criterio del presente, apenas hay persona culta que ignore cómo ROSAS salvó al país de la anarquía, lo unió y lo organizó y lo defendió, con patriotismo ejemplar, contra las potencias extranjeras que lo atacaron. Nadie ignora, igualmente, y por haberlo leído en un libro escrito por un enemigo – me refiero a “ROSAS Y SU TIEMPO”, de JOSÉ MARÍA RAMOS MEJÍA -, que en los años de su gobierno la provincia de Buenos Aires conoció la verdadera prosperidad, pues había trabajo para todos, no existía la miseria y el pueblo era feliz.

Pasó la época en que a ROSAS se le consideraba un gaucho bruto, incapaz. Como creía GROUSSAC, que no podía comprenderle, de escribir un discurso; o un gobernante ladrón, como le decían los unitarios. Todos reconocen hoy su enorme talento, su honradez, su capacidad de dirección y organización.

¿Qué falta, pues, para la rehabilitación completa de ROSAS? Sólo esto: demostrar que no fue el sanguinario que se cree. Algún día se convencerá el país de que sus enemigos fueron más sanguinarios que él. En las Memorias del General IRIARTE, aún inéditas, se relatan las bárbaras matanzas de paisanos realizadas durante la dictadura de LAVALLE. El General PAZ, según cuenta KING, hacía fusilar todas las noches a varios individuos. El joven historiador ALBERTO EZCURRA MEDRANO tiene que ampliar sus interesantes “tablas de sangre” de los unitarios.

Pero para rehabilitar a ROSAS en este punto, es preciso revelar las traiciones de los unitarios, que se unían con el extranjero contra su Patria. En este sentido el espléndido libro de FONT EZCURRA, documentado, serio, austeramente escrito, es de la mayor eficacia. Falta insistir en que casi la totalidad de esos “asesinatos” de que acusan a ROSAS no fueron sino actos de guerra. La casi totalidad de esos “asesinatos” se produjeron en los años 40 y 41, mientras Buenos Aires debía luchar con los traidores que se habían unido al extranjero. Hay un documento que lo prueba: el proceso a CUITIÑO y a los demás mazorqueros. El decreto ordena procesarlos por los crímenes cometidos durante los años y 42. No habla ese decreto de crímenes cometidos durante los años 40 y 41. No habla ese decreto de crímenes anteriores ni posteriores.

¿Eran crímenes? No. Eran actos de guerra. Los hombres de la policía de ROSAS entraban en las casas a buscar pruebas de la complicidad de los unitarios de Montevideo. A veces, alguien se resistía o se insolentaba con la autoridad. Y entonces no faltaba un bofetón, cuya réplica atraía el balazo o la puñalada, el que hizo justicia en los traidores.

Y si pensamos en la magnitud de las traiciones de FLORENCIO VARELA, de LAVALLE, de SARMIENTO, de casi todos los unitarios con los traidores, nos es preciso reconocer que ROSAS fue demasiado benigno. CLEMENCEAU, por simples sospechas, llenó cárceles de Francia durante la Gran Guerra (años 1914-1918), y fusiló a mucha gente. ¿Qué no habría hecho si los enemigos de su política se hubieran abiertamente aliado con Alemania. (Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel Rosas, año I, enero de 1939, número I, páginas 14, 15).

 

Por MANUEL GÁLVEZ

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