CÓMO ES EL MEGASUBMARINO DE BRASIL QUE ARGENTINA MIRA CON SANA ENVIDIA

El plan nuclear brasileño que nació a expensas del argentino y hoy Brasil para tristeza de nuestros científicos y pioneros lanza al mar.

Es parte de un programa militar de construcción de cinco naves, una de ellas con capacidad de propulsión nuclear.

Vista del submarino Riachuelo lanzado al mar este viernes en el puerto de Itaguaí./ EFE

En sintonía con una clara línea de política de Estado, Michel Temer yJair Bolsonaro, presidentes saliente y entrante de Brasil,acompañaron este viernes (14/12) a la Marina de Guerra de su país, que botó el primero de los cinco submarinos que tiene en planes de construir.

La Marina de Brasil botó hoy el Riachuelo”, el primero de los cinco submarinos que construye en el país en el marco de una acuerdo de cooperación militar con Francia y que prevé el desarrollo de un sumergible de propulsión nuclear.

El Riachuelo, tal el nombre de la nave de 72 metros de longitud y con capacidad para 35 tripulantes es parte de un acuerdo de cooperación con Francia, que contempla el desarrollo de un submarino de propulsión nuclear. Este deja muy lejos del camino a la Argentina, sacudida aún por la desaparición del ARA San Juan hace poco más de un año, con 44 tripulantes a bordo, y sin presupuesto en el horizonte extra para reequipamiento militar.

Y aunque el Gobierno no lo pondrá de manifiesto, se sabe que distintos sectores militares y diplomáticos en Argentina le han hecho saber a los asesores del presidente Mauricio Macri que el plan brasileño los inquieta.

Y una de esas preocupaciones es que sectores cívico militares buscan desde hace tiempo afectar la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales, que nació en 1991 junto con el Mercosur y ha sido fundamental para el desarrollo nuclear de uso exclusivamente pacífico verificable y la mutua contención de rivalidades del pasado, que los presidentes Ricardo Alfonsín y José Sarney comenzaron a sanear.

Vista del submarino Riachuelo lanzado al mar este viernes en Itaguaí./EFE

Este boletín sabe de altas fuentes diplomáticas que tampoco Washington mostró simpatía por el desarrollo brasileño de este equipamiento militar en el Atlántico de Sudamérica.  Es uno de los temas pendientes ahora entre Buenos Aires y Brasilia. Pese a breves aunque positivos diálogos telefónicos que mantuvieron Macri y Bolsonaro, entre el equipo del presidente electo y el gobierno de Cambiemos impera frialdad y distancia.

Apenas se conocen. Y Macri ya definió que no va a asistir a la asunción de su futuro colega, el 1° de enero.

“Argentina tiene la capacidad para hacer bien un submarino nuclear”, señaló hace unos meses a la revista DEF el ingeniero nuclear José Converti, del Instituto Balseiro. Curiosamente fue en 2010 que la ex ministra de Defensa Nilda Garré presentó incluso una iniciativa para el desarrollo de UN submarino con propulsión nuclear que diseñaría la empresa estatal Invap.

Pero las fuerzas armadas, y con ellas la Marina, se encuentran en un importante estado de falta de equipamiento y presupuesto, afectadas incluso por denuncias ante la justicia desde tiempos del kirchnerismo. El golpe se sintió más fuerte con la tragedia del ARA San Juan. Hoy quedan sólo dos naves, cuando el país fue líder en este desarrollo.

Michel Temer, y la primera dama, Marcela Temer posan con el submarino Riachuelo al fondo./ EFE

El Riachuelo brasileño fue  botado en el Complejo Naval de Itaguí, cercano a Río de Janeiro. Luego le harán las pruebas de puerto durante dos años para evaluar su estabilidad y flotabilidad para después incorporarlo a la flota de submarinos.

De tipo Scorpene, pesa 1.800 toneladas, está equipado con torpedos y misiles, y puede estar hasta 70 días sumergido a 300 metros de profundidad.

Los submarinos convencionales son del modelo Scorpene y tienen propulsión diésel eléctrica. El Riachuelo es el primero de este contrato que acordaron los presidentes Nicolas Sarkozy (2007-2012), de tendencia conservadora y el petista Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010), y que el proyecto nacionalista brasileño continuará más allá de la llegada de Bolsonaro al poder a partir del 1° de enero, y quien se espera que encuentre algunos obstáculos a su proyecto privatizador precisamente en algunos nichos del Estado que manejan sus aliados militares. El mismo Bolsonaro fue capitán de Ejército.

El programa se firmó en 2009 con los astilleros franceses DCNS, controlados por el Estado, y el plan brasileño se llama Programa de Desarrollo de Submarinos (Prosub).

La construcción del Riachuelo incluye transferencia de tecnología y cooperación militar por 6.700 millones de euros (aproximadamente U$S 7.600 millones).  Trabajan en los astilleros brasileños 250 ingenieros y técnicos de la Marina que recibieron capacitación en Cherbourg (Francia).

Michel Temer y Jair Bolsonaro en la ceremonia del Riachuelo./ EFE

La prensa en Brasil señalaba este viernes que la transferencia de tecnología se limitó al proyecto y la construcción de los submarinos y de la infraestructura industrial pero no al desarrollo del propulsor nuclear. Brasil cuenta con tecnología propia.

El objetivo, indicaron, es la defensa de la llamada “Amazonía Azul”, como la Marina se refiere a los cerca de 4,5 millones de kilómetros cuadrados de aguas marinas brasileñas, que cuentan con una gran biodiversidad de especies y gigantescas reservas minerales y de petróleo. Curiosamente, el cuidado medioambiental no figura entre los planes que simpatizan a Bolsonaro, quien ha manifestado su interés de retirarse del Acuerdo de París, al igual que Donald Trump.

“Por estas aguas pasa la mayor parte del comercio internacional brasileño y extraemos el 95 % del petróleo producido por el país. Brasil es el décimo país con mayor área marítima del mundo y cuenta con 100 puertos públicos y 120 privados”, explicó el ministro de Defensa, general Joaquim Silva e Luna.

Los otros tres submarinos convencionales ya están en proceso de construcción y estarán listos a finales de 2022. Tras el Riachuelo, será botado en 2020 el Humaitá, en 2021 el Tonelero y en 2022 el Angostura.

El submarino fue construido y botado en el Complejo Naval de Itaguaí, un puerto vecino a Río de Janeiro y en el que fue construido el astillero en que son fabricados los cinco submarinos, una planta de producción de estructuras metálicas, una base naval para operar las embarcaciones y un centro de entrenamiento para los futuros tripulantes.

Los cuatro submarinos convencionales tienen como modelo el Scorpene francés, que es ligeramente inferior (66,4 metros), y cuentan con propulsión diesel-eléctrica.

El Riachuelo es el primer fruto del contrato de transferencia de tecnología y cooperación militar por 6.700 millones de euros que Brasil firmó en 2009 con los astilleros franceses DCNS, controlados por el Estado, para dar vida al Programa de Desarrollo de Submarinos (Prosub) del gigante sudamericano.

Según la Marina, el proyecto tiene un presupuesto de 35.000 millones de reales (unos 9.210,5 millones de dólares), de los que ya fueron invertidos 17.400 millones de reales (unos 4.578,9 millones de dólares).

El acuerdo con Francia permitió no sólo la transferencia de tecnología militar sino también la nacionalización de los equipos para el montaje de los submarinos y la capacitación de personal.

La transferencia de tecnología se limitó al proyecto y la construcción de los submarinos y de la infraestructura industrial pero no al desarrollo del propulsor nuclear, ya que Brasil cuenta con tecnología propia.

La meta final del proyecto es el año 2029, cuando el submarino nuclear sea botado y Brasil pase a formar parte del exclusivo grupo que domina la tecnología de la propulsión nuclear para submarinos.

Marcela Temer, la primera dama de Brasil, bautiza al submarino Riachuelo en el puerto de Itaguaí (Brasil). EFE

El Riachuelo, que demoró 30 minutos en ser descendido en un gigantesco elevador hasta el mar y quedar flotando, es capaz de alcanzar una velocidad de 20 nudos (37 kilómetros por hora).

Temer, en un gesto de cortesía, pidió a Bolsonaro, un ultraderechista que es capitán de la reserva del Ejército, que lo acompañara a activar el mecanismo que puso en marcha el elevador para botar el Riachuelo.

“País de vocación pacífica, Brasil construye submarinos no para amenazar ni perturbar tranquilidad de las aguas internacionales, sino porque, por contar con más de 8.500 kilómetros de costas, no puede prescindir de defender su soberanía y sus riquezas marinas”, afirmó Temer.

El proyecto nuclear de un submarino data en Brasil desde 1979, estando en dictadura. Sólo dominan este terreno  Estados Unidos, China, Francia, Rusia y Gran Bretaña, que son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

·         Brasil ofrece a sus países aliados su capacidad de construir un submarino al año

EFE Río de Janeiro14 dic. 2018

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El presidente de Brasil, Michel Temer (d), y el presidente electo, Jair Bolsonaro (i), participan en la ceremonia en que fue lanzado al mar el submarino Riachuelo, en el puerto de Itaguaí, estado de Río de Janeiro (Brasil). EFE

Brasil botó hoy el Riachuelo, el primer submarino construido en el país, y le ofreció a los países aliados su capacidad para montar un sumergible por año y que estará ociosa a partir de 2022, cuando termine de lanzar al mar los otros tres hasta ahora encomendados por la Marina brasileña.

“Este complejo fue montado inicialmente para construir cinco submarinos requeridos por la Marina de Brasil, pero, transcurridos sólo 6 años desde que colocamos la primera piedra, vemos que este complejo naval puede atender otros proyectos, tanto brasileños como de otros países”, afirmó el director de Desarrollo Nuclear y Tecnológico de la Marina, almirante Bento Costa Lima Leite.

De acuerdo con Lima Leite, un almirante de escuadra que ya fue anunciado como el ministro de Minas y Energía en el gobierno del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, la capacidad montada puede “atender la demanda de la Marina de Brasil por medios navales y la de países aliados y países amigos”.

El Riachuelo, bautizado y botado hoy en una ceremonia con la participación del presidente brasileño, Michel Temer, y de Bolsonaro, es el primero de los cinco submarinos que Brasil construye en el país en el marco de una acuerdo de cooperación militar con Francia y que prevé el desarrollo de un sumergible de propulsión nuclear.

El Riachuelo, con 72 metros de longitud y capacidad para mantener a 35 tripulantes durante 70 días a unos 300 metros de profundidad, es capaz de alcanzar una velocidad de 20 nudos (37 kilómetros por hora).

Los cuatro submarinos convencionales encomendados por la Marina tienen como modelo el Scorpene francés, que es ligeramente inferior (66,4 metros), y cuentan con propulsión diesel-eléctrica.

El quinto, de 100 metros, 6.000 toneladas y velocidad de 19 millas por hora, puede alcanzar profundidades mayores y permanecer oculto por tiempo indeterminado gracias a su propulsión nuclear.

Para la construcción de los submarinos, Brasil montó en un puerto vecino a Río de Janeiro el Complejo Naval de Itaguaí, compuesto por el astillero en que son fabricados los submarinos, una planta de producción de estructuras metálicas, una base naval y un centro de entrenamiento para los futuros tripulantes.

El director del astillero Itaguaí Construcciones Navales, André Portalis, explicó que para el proyecto fueron montadas “unas instalaciones industriales espectaculares para la construcción de submarinos modernos”, que hoy cuentan con 17.000 empleados y que están listas para aceptar nuevas encomiendas.

“En este momento alcanzamos una capacidad para construir un submarino por año pero podemos llegar a producir dos por año. Con esa capacidad podremos atender en el futuro a los países aliados de Brasil y de Francia”, afirmó el ejecutivo.

Portalis aseguró que tras la entrega de los otros tres submarinos convencionales en 2022, el astillero podrá atender otras demandas mientras trabaja simultáneamente en el montaje del submarino nuclear, cuyo lanzamiento está previsto para 2029.

“Montamos una capacidad industrial considerable y estamos pensando en el futuro. El desafío es mantener en funcionamiento la riqueza que montamos”, aseguró Portalis al referirse a la inversión de 35.000 millones de reales (unos 9.210,5 millones de dólares) que Brasil hizo en el proyecto.

“Construimos un gran astillero de gran proporción y el desafío es mantenerlo productivo. Necesitamos estabilizar las inversiones en el área de defensa”, coincidió el comandante de la Marina de Brasil, el almirante Eduardo Bacellar Leal Ferreira.

Ni Portalis ni Leal Ferreira, sin embargo, quisieron comentar sobre posibles negociaciones para construir en Brasil submarinos para otros países pese a que la ceremonia de botadura del Riachuelo contó con comandantes de Marina, diplomáticos y representantes de varias “naciones amigas”.

“Es algo en que aún tenemos que trabajar. Por ahora somos una empresa operativa pero aún no somos una empresa de mercado. Podemos ir sí al mercado internacional, pero hoy no podemos presentar un plan de negocios”, dijo Portalis.

Leal Ferreira admitió que la propia Marina de Brasil puede encomendar otros submarinos, fuera de los ya contratados, debido a que algunos de los cinco que conforman la flota actual del país ya están acercándose al fin de su vida útil.

“Los submarinos alemanes que tenemos están llegando a los 30 años. Si vamos a encomendar un quinto o un sexto submarino convencional y cuándo, es una decisión que tenemos en permanente análisis”, afirmó.

 

Por Arq. José Marcelino García Rozado

Fuentes: EFE, DyN, Telam, AFP y Marina de Brasil.

Buenos Aires, 14 de diciembre de 2018

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