DE WATERLOO A SALTA

Jorge Enrique Vidt, el coronel alsaciano que culminó la obra magistral de Martín Miguel de Güemes
¿En qué contexto surge la figura de Jorge Enrique Vidt, ese coronel francés que supo estar a cargo del final glorioso de la defensa de Güemes del territorio nacional?

Nos situamos en 1821, especialmente el 27 de abril, conocido como el “Día Grande de Jujuy”. Marquiegui, coronel realista, había ingresado a Jujuy dos semanas antes, un 15 de abril de 1821; sin embargo, los ataques de caballería patriotas y el rechazo de la población lo habían replegado hasta el paraje de León. Es convocado entonces José Ignacio de Gorriti, quien -reuniendo aproximadamente a seiscientos hombres- ataca sorpresiva e inesperadamente a las tropas de Marquiegui en la madrugada del 27 de abril.

Pocos soldados realistas pudieron huir de este ataque, y fueron ellos quienes dieron aviso al general Olañeta (el mismo que había sido vencido ya por Güemes en numerosas ocasiones), que intenta fallidamente avanzar sobre Humahuaca, debiendo retroceder hasta los llanos de Mojos ante el fracaso de su accionar. No obstante, decidido y firme en su carácter, el realista logra retener en Yavi (ciudad cercana a La Quiaca) un destacamento a las órdenes del coronel José María Valdez, alias “Barbarucho”, un ex-contrabandista convertido ahora en miembro de las filas realistas.

Durante la guerra civil que había suscitádose en las provincias del Norte en los años anteriores, Güemes había sabido cosechar un cierto número de personas que no lo apreciaban de gran manera. Ni cortos ni perezosos, y combatiendo aún contra nuestra independencia -podemos observar la ausencia de sentido común o de límite en el pensamiento de esta gente-, se dirigen hasta el campamento de Olañeta para transmitirle un plan cuyo fin no era otro que terminar con Don Martín Miguel y sus tropas. Es de destacar la ayuda que recibieron Olañeta y “Barbarucho” de parte del comandante Benítez, nacido en territorio salteño y ávido conocedor de las sierras y el bajo valle, guiando a Valdez para que éste pudiera colocarse con 400 hombres a poca distancia de la ciudad de Salta y -sobre todo- del lugar donde residía Martín Miguel de Güemes.

Así entonces, gracias a la valiosa colaboración de Benítez, Valdez y sus tropas logran el objetivo planeado: Güemes es alcanzado por una bala el día 7 de junio de 1821, que finalmente acabaría siendo la causante de su fallecimiento diez días después. Y es aquí donde aparece la figura del coronel Jorge Enrique Vidt, uno de los tantos “héroes olvidados” de la historia argentina.

Procedamos a continuación a ingresar en la vida de este tan particular como poco investigado personaje de la historia.

La vida antes de Salta

Jorge Enrique Vidt, también nombrado por ciertos autores como “Widt” -por el origen de su apellido-, nació en la ciudad de Estrasburgo, en la región de Alsacia (al noreste de Francia), un 2 de agosto de 1772.

Comenzó desde muy joven su carrera militar, sirviendo activamente en las campañas de Napoleón Bonaparte como oficial, hasta que cae vencido de manera definitiva en la Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), derrota luego de la cual Napoleón sería enviado a Santa Elena, en donde finalmente fallecería en 1821.

Post Waterloo, Vidt emigró hacia los Estados Unidos de América y finalmente arriba a Buenos Aires en el año 1817.

Llegada al Ejército del Norte y contacto con Güemes. El fatídico 7 de junio

Vidt, ya llegado a Buenos Aires, es dado de alta el 6 de agosto de 1817 como Capitán de la Segunda Compañía del IV Escuadrón de Dragones de la Nación, que pertenecía al Ejército Auxiliar del Alto Perú, permaneciendo en el mismo por el espacio de aproximadamente tres años.

Cuando dicho Ejército se encontraba en Tucumán, se vio obligado a marchar hacia Santa Fe por el pedido del Directorio para combatir a los “caudillos del Litoral”, es decir, Estanislao López y Francisco Ramírez. En consecuencia, el día 8 de enero de 1820 tuvo lugar el llamado Motín de Arequito o la Sublevación de Arequito, en la cual el futuro gobernador de Córdoba (por ese entonces coronel) Juan Bautista Bustos negó a dirigir sus tropas con el fin de luchar contra aquellos dos representantes federales.

En el mes de marzo, Bustos -tal como recién mencionamos- se convierte en gobernador de Córdoba. Asimismo, el coronel Alejandro Heredia, jefe de estado mayor de Bustos, que había recibido la orden de dirigirse hacia el norte al frente de los Dragones (donde se encontraba Vidt) y los Húsares -por los temores de nuevas invasiones al territorio salteño- decide regresar a su provincia, a Tucumán, a causa de las últimas medidas tomadas por el gobernador Bernabé Araoz, quien estaba obcecadamente decidido a obstaculizar todo auxilio enviado hacia el norte para la expedición llevada a cabo en conjunto por San Martín y Güemes.

Dada esta situación, sin Bustos ni Heredia en el Ejército del Norte, Vidt procede a ocupar el lugar de nuevo jefe de estado mayor de Güemes. Martín Miguel lo ascendería poco tiempo después a teniente coronel, y aquél toma un rol activo y eficaz en múltiples batallas y principalmente en las célebres “guerrillas” salteñas.

Hicimos referencia en la introducción el fatídico 7 de junio de 1821. En palabras del mismo Vidt, ese día “Güemes toma la fatal decisión de ir durante la noche camino a la ciudad”, escoltado por algunos hombres de caballería, con el fin de tomar personalmente algunas disposiciones. Pero en el transcurso de dicho trecho, en la intersección de lo que hoy es la calle Balcarce con la Avenida Belgrano (casualmente -¿o causal?- el padre del Ejército del Norte y líder de la defensa exitosa en las batallas de Salta y Tucumán contra las tropas realistas), Güemes recibe el impacto del proyectil que en sólo diez días le ocasionaría una infección y septicemia imposibles de superar. Como bien dice Vidt en su carta al general Puch, “un balazo que algunos días después lo llevó a la tumba”.

Una enfermedad -prácticamente incurable por aquellas épocas- había logrado lo que tantos generales, coroneles y soldados realistas habían querido lograr sucumbiendo en el intento: acabar con Güemes, el “líder gaucho”, un héroe de la Patria y defensor de la independencia y libertad de aquélla.

El valor de las promesas y la palabra

Güemes, en su lecho de muerte, casi convaleciente y con un estado febril que vaticinaba la aproximación de la llegada del punto cúlmine de su vida, llama a Vidt para hacerle jurar “sobre el pomo de su espada” que no abandonaría la lucha contra los realistas -confiriéndole para ello el mando de sus tropas- hasta que en el suelo de la Patria no hubiera ya conquistadores: esa Patria cuya defensa a Güemes le había costado nada más y nada menos que su vida. Una de las frases tomada por algunos autores como emitida por el Gral. Güemes es la siguiente: “A su muerte resistirán, y expulsarán al invasor realista del territorio salto-jujeño”. Don Martín Miguel de Güemes fallece finalmente el 17 de junio de 1821, en la Quebrada de la Horqueta, rodeado de “sus” queridos gauchos y oficiales.

Pocos días después, casi simultáneamente con la muerte de Güemes, Olañeta sitia la ciudad de Salta, ingresando en ella el día 22 de junio y llegando incluso a “gobernarla” durante un brevísimo lapso de tiempo. El Coronel Vidt, haciendo honor al último pedido expreso de Don Martín Miguel sobre la defensa de la tierra tan querida por éste, vence a Olañeta y su cuerpo de dos mil veteranos (que contaban además con el apoyo de muchos vecinos de Salta) con la ayuda de los tan honrados, brillantes y valientes gauchos, menos de dos meses luego del ingreso realista en Salta.

Los promotores de la “Patria Nueva”, un grupo de ciudadanos oriundos de Salta y que supieron traicionar oportunamente con descaro a Güemes por la clara disputa de intereses mantenida con aquél, son los que finalizarían aceptando el armisticio propuesto por Olañeta el día 20 de agosto de 1821, cuando se encontraba cercado por las tropas del coronel Vidt. El gobernador designado, Fernández Cornejo (una persona no tan querida por el “pueblo gaucho” que acompañó a Güemes hasta sus últimos días), es el encargado de firmar el armisticio como jefe militar local. Por medio de este acuerdo, se establecía como límite de paso para las tropas realistas la ciudad de Tupiza; por su parte, las nacionales no podrían ir más allá de la Quebrada de Humahuaca.

El jefe de Estado de Güemes había cumplido entonces con su fiel palabra: las tropas realistas no volverían más a “hollar con su planta el sueño de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuya soberanía e integridad territorial quedó asegurada para siempre y sellada con la sangre del invicto Güemes”, como describe Jacinto Yaben con tintes poéticos.

El fin de la vida de un héroe

Vidt fue confirmado en el mes de noviembre de 1821 como coronel efectivo del Ejército por José Ignacio Gorriti (gobernador de Salta en ese momento), si bien dicho reconocimiento ya lo había recibido medio año antes, en el mes de mayo. Luego de dicho ascenso siguió prestando servicio hasta el año 1824, en el cual se aleja de Salta definitivamente para no regresar, y perdiéndose en el rastro de la historia por casi medio siglo.

La última referencia temporal comprobada que, a la fecha, poseemos del coronel Vidt data del mes de abril del año 1866, en el cual dirige una misiva al general Dionisio Puch -otra personalidad muy destacada en la historia salteña y a quien dedicaremos un artículo aparte en el futuro- desde la ciudad de Estrasburgo.

En ella, reproducida por el Dr. Atilio Cornejo en su obra “Historia de Güemes” (1946) y escrita originalmente en idioma francés, Vidt describe con lujo de detalles los sucesos del 7 de junio de 1821, fatídico día donde -como bien citamos previamente- Güemes recibe el disparo que provocaría su deceso días después.

Las circunstancias de las cuales tenemos conocimiento (Estrasburgo era su ciudad natal, como así su avanzada edad -95 años-) nos permiten presumir que muy probablemente el coronel Jorge Enrique Vidt, ese héroe de la independencia, militar de carrera y persona de férreos valores e innegociables principios, haya transcurrido sus últimos días en su lugar de nacimiento, con un sinfín de historias en su espalda sucedidas en su periplo a lo largo y ancho del mundo.

Bibliografía:
De Marco, Miguel Angel. “Güemes: padre de los gauchos, mártir de la emancipación”. 1º edición. Ed. Emecé. Buenos Aires, 2014.
Güemes Arruabarrena, Martín Miguel. “Gral. Martín Miguel de Güemes 1785-1821: la soledad de la misión y la fuerza de la gloria”. 1º edición. Mundo Gráfico Salta Editorial. Salta, 2012.

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