SARMIENTO LA DEMOCRACIA DEL PAREDÓN


Como presidente, SARMIENTO continúa en sus violaciones de las autonomías provinciales, según convenía a sus miras. Para conseguir su objeto había destacado a RIVAS y ARREDONDO en el Oeste y al joven ROCA en el norte: sátrapas a sueldo en cuantos desmanes, atropellos y escándalos se cometieron en esos años. (Manuel Gálvez, Vida de Sarmiento. Editorial Tor, 3ª edición, Buenos Aires, 1957, p. 304). Eliminado el Chacho, quiere eliminar ahora a los Taboada, a quienes llama “mandones del Norte”. El gobernador de Catamarca, general Octaviano Carranza, escribía a Taboada en 1869: “Lo sucedido en San Juan y Salta nos da la medida del modo de proceder de las gentes de Sarmiento. Aprobados ampliamente (tales métodos totalitarios de gobierno) debemos suponer que ha procedido de acuerdo con instrucciones recibidas al efecto. Sarmiento, al defenderse, acusa al gobierno anterior de Mitre – en El Nacional del mes de octubre – por los abusos, escándalos, falsificaciones y negocios ilícitos” (ibídem, p. 117). Sarmiento, al defenderse acusa al gobierno anterior de Mitre – en El Nacional de los abusos, escándalos, falsificaciones y negocios ilícitos” realizados. La Nación, a fines de noviembre, culpa entonces a Sarmiento de las ejecuciones efectuadas por su agente Sandes, que degolló a los prisioneros, según se refiere Arredondo. “Los debía ejecutar a todos, y sólo lo hizo con los jefes y oficiales, de que se queja Sarmiento” (ibídem, p. 313). Al sublevarse una dotación de correntinos en San Luis, Sarmiento hace cumplir al pie de la letra la ordenanza que dice: Serán todos ahorcados en cualquier número que sean”. Cumplida la sentencia, denomina a acto: “brillante conducta” (Sarmiento, Obras Completas, Editorial Luz del Día, Buenos Aires, 1948-1956, tomo XLIX p. 376)-

En 1868, en la sublevación de los entrerrianos en Loncagüe, hizo fusilar al cabecilla y, sin atender a ninguna súplica de clemencia, mandó diezmar a los demás, “pasando por las armas al que toque, designado por la suerte”. (Gálvez, op. Cit. P. 305). Tales ejecuciones de San Luis y Entre Ríos, por motivos políticos, provocaron un gran escándalo en el congreso nacional. El 19 de junio de 1869 el senador Mitre lo acusa de asesino. Sarmiento, exasperado, le escribe al General Rivas el 26 de junio: “Don Bartolo me molesta por todos los medios imaginables”; y luego se desata en improperios, tratándolo de ignorante, loco, borracho y charlatán.

Asesinado Urquiza en 1870 – en conformidad con las insinuaciones y deseos tantas veces expresados por Sarmiento -, éste se erige ahora en vengador del crimen; pero, cuando fueron asesinados los gobernadores Benavídez y Virasoro había sido el principal enemigo de la intervención federal. Como presidente de la nación prepara la guerra a sangre y fuego, entregando a la muerte a miles de argentinos, contra la protesta general, que abominaba de la intervención armada. Acusa del crimen a López Jordán por simples sospechas; y anula la elección de gobernador recaída sobre presunto asesino. El 28 de mayo de 1873 envía un proyecto de ley al congreso poniendo a precio la cabeza del gobernador de Entre Ríos, cotizada en 100.000 pesos y las de sus colaboradores, en 1.000 cada una. “Monstruoso” llama Lugones a tal proyecto, despótico y violatorio de la constitución nacional. En Rosario dijo el 18 de noviembre de ese año: “No quedará vivo soldado alguno de los batallones de los gauchos entrerrianos” (Ibidem, p. 355). Después de veinte años en nada había cambiado; pues repetía lo de Caseros: “Hemos jurado con Mitre que no quedará uno vivo”. El sabio francés, residente en Entre Ríos, y testigo de estos hechos, escribió: “Sarmiento, partidario de la intolerancia política, es un Robespierre: un civilizador a cañonazos y bayonetazos”. (Alejo Peyret, Intervención a Entre Ríos, Buenos Aires, 1873).

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