ZIMMERMANN SAAVEDRA, A. DON CORNELIO DE SAAVEDRA. 1909

En el ejercito no existe una Legión de Patricios, llevando la derecha de la infantería argentina y trayendo
á la memoria de los jóvenes conscriptos aquellos entreveros gloriosos con los regimientos ingleses en los días sin
igual de la reconquista.
La exposición de bocetos del centenario, nos ha dado otro testimonio de nuestra despreocupación; allí exhibían
artistas alemanes, belgas, franceses, etc., sus inspiraciones en obras más ó menos remarcables, siendo difícil saber
qué se pretendía conmemorar; si la revolución de Mayo, la independencia ó las batallas libradas en el vasto excenario de América después del Congreso de 1816. En muchos de aquellos bocetos Saavedra aparecía en sitial se- cundario, en otros era inútil encontrarlo y en no pocos, el artista mismo ignoraba al parecer lo que habría de recordarse en el mármol ó en el bronce. No merecen el reproche quienes entraron al concurso improvisados por un legítimopropósito de lucro, dentro de su profesión^ sino los argentinos de la comisión redactara del concurso sean los que fueren. A haberse señalado con claridad la acción de cada personaje debe suponerse mejor criterio en distribución de los mismos.Este olvido, rodeando á Saavedra y demostrado en mil formas y detalles que sería fatigoso enumerar, es antiguo, é incomprensible como, las dudas sobre sus actos, no han sido disipadas por los que, con documentos á la mano han podido hacerlo con éxito. De ahí viene la ventaja de sus detractores, que al colocarlo en plan inferior
han faltado impunemente á la verdad, exagerando méritos extraños, sin mayor molestia. No pretendo que la vida de Saavedra esté exenta de errores; sería disminuir su personalidad suponerlo infalible,—á no equivocarse en detalles de su vasta acción ejecutiva, ó en medidas de gobierno, no hubiera estado á la altura de su gran misión. Se ha comprobado hasta la evidencia que solo no fallan los insignificantes, porque nada pf aducen^ nada fundan, se deslizan silenciosos, sin despertar ni odios ni entusiasmos, y no dejan tras sí huella alguna que los recuerde en el tiempo. Pero su labor comojefe militar, como caudillo, de una muchedumbre entusiasta, como consejero en los días nebulosos de la emancipación, se destaca nítida y serena, sin tutores ni mentores, con criterio propio, voluntad firme y conciencia ple- na de sus responsabilidades. Sin trazar su biografía prolija, porque ya lo he dicho, no depende de mi voluntad obtener mayores pruebas confirmatorias de mis asertos, que no dudo existen y sin bosquejar por mi cuenta cuadros y episodios de los grandes días, pues sería jactancia intentarlo después de leídos en nuestros eminentes historiadores, voy á presentar la demostración pertinente, dando así el fundamento debido á este trabajo compilado en los ratos permitidos por la labor diaria, ante ¡ai propósito leal aycuo á ayudas y sus convicciones oficiales.
No podría llegar 1910 sin que su sol alumbre siquiera con un débil destello, la figura venerable del primer jefe
de la nación libre, y me apresuro así á publicar estas páginas que encierran el par del relato de su eminente figuración, la senda de sus tribulaciones, resplandeciendo por último, en amplias claridades, sus virtudes y altísimo patriotismo.
El ciudadano tranquilo, improvisado un día jefe de
legiones de guerra, magistrado luego y general del esta- do mayor de los ejércitos, más tarde, actor de los sucesos más ruidosos que en América abrieron las puertas de un siglo, en el desconcierto de contiendas soberbias, parte re- levante en algunas de ellas, recorrió la escala de todos los honores, los peligros y las penurias, desde las avanzadas y las guerrillas, las gradas de las asambleas populares y el sillón más elevado del gobierno, para descender de él, envuelto en el torbellino de las pasiones , huyendo, pobre y solitario de los españoles para
quienes era su más formidable enemigo, y de las facciones políticas de sus propios conciudadanos. No descuidó un momento la demanda de su reparación hasta obtenerla al fin de tanto bregar, extensa y absoluta, y fudo verse entonces cuan deleznables habían sido los argumentos en su contra, afianzándose así, una ves más, la verdad de que las miserias humanas, son comunes á todos los tiempos, á todas las rasas y á todos los pueblos.
En la tarde de su vida el Brigadier General Don Cornelio de Saavedra, escribía páginas llenas de profunda
filosofía y con la visión del más allá en la mente, en- cargaba que sus restos fueran llevados al descanso eterno en un coche de última ciase, sin pompas, acompañamientos ni ruidos. ¡Así se despedía del mundo el hombre
que encarnó en su hora las aspiraciones de un pueblo entusiasta é indisciplinado en el anhelo de su libertad, y
por cuyo mandato se sentó en el solio de los virreyes y presidió desde allí las primeras manifestaciones de la vida
de su patria, independiente y emancipada!
Y con tan serena altivez, el ex presidente de la Junta, enseñaba hasta dónde fué modesta su existencia y cuan injustos aquellos que lo supusieron capas de faltar
al juramento de Mayo….

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