JOSÉ MARTÍ

“Me matan un hijo cada vez que privan a un hombre de su derecho a pensar”

José Julián Martí Pérez nació el 28/01/1853 en La Habana, Cuba. Escritor y poeta pero también fundador del Partido Revolucionario Cubano y héroe de la independencia de la isla, falleció 42 años después en Dos Ríos, Capitanía General de Cuba durante un combate con fuerzas españolas (ay España, cuánto desastre hizo en Latinoamérica). Interesante el recuerdo “Rescatar a Martí de sus secuestradores”, de un opositor a los Castro Ruz, que gobiernan Cuba desde 1959, en parte gracias a sus antecesores y también a sus críticos radicados en USA a quienes los comunistas cubanos apodan “gusanos”. El texto de Ariel Hidalgo fue publicado en la web cubana independiente 14ymedio.com/

“(…) Mi verso al valiente agrada:
mi verso, breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.

¡Arpa soy, salterio soy
donde vibra el Universo:
vengo del sol, y al sol voy:
soy el amor: soy el verso!

Vierte, corazón, tu pena
donde no se llegue a ver,
por soberbia, y por no ser
motivo de pena ajena.

¡La edad es ésta de los labios secos!
De las noches sin sueño! ¡De la vida
estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta
que la ventura falta?”
José Martí.

El heroísmo de José Julián Martí Pérez aún hoy provoca admiración en Cuba, donde persiste una intensa puja por el control de su legado, más o menos como es el caso de Simón Bolívar en Venezuela. Es curioso que en la Argentina nunca ocurrió algo semejante ni con José de San Martín ni Manuel Belgrano.

En Cuba, los hermanos Castro Ruz siempre se autoreivindicaron como herederos de Martí, y sus opositores les negaron semejante privilegio. Así, José Martí fue/es objeto de una intensa puja, que no ha concluído.

El debate es muy interesante, siempre. Y es lo que proponemos reproduciendo la nota de Ariel Hidalgo en 14ymedio, que intenta negarles a los Castro Ruz el uso de Martí como referencia:

“Las fotografías de José Martí no faltaban nunca en los despachos de ninguno de los presidentes cubanos. No importaba si sus acciones contradecían las ideas de aquel gran maestro que habría podido pronunciar estas palabras del profeta Isaías en relación a los dirigentes castristas: “Esa gente de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”.

Martí fue considerado por ellos “autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada”, y aunque muchos de los que lucharon y murieron en aquella acción se sentían realmente comprometidos con aquellos ideales -Generación del Centenario, se llamaban a sí mismos-, todos fueron traicionados cuando aquella dirigencia no sólo prolongó los males contra los cuales se había luchado al no restituirse la Constitución ni celebrarse elecciones libres. Se profundizaron con la instauración de una dictadura militar con poderes omnímodos e institucionalizaron las violaciones de los derechos y libertades fundamentales, algo que se quiere reafirmar ahora con la aprobación de una Constitución espuria.

Aunque no pocos intelectuales se escudaban en Martí para realizar la denuncia encubierta contra el castrismo, su apropiación por parte de los opresores se realizó con el pretexto de sus ideas latinoamericanistas y antimperialistas

Se repetía mucho esta frase: “Martí te lo prometió y Fidel te lo cumplió”. A mi juicio este es el peor escarnio y la peor calumnia que se puede lanzar contra cualquier hombre honrado. Ahora, para colmo, se califica a esto que llaman “revolución” de “marxista, leninista y martiana”. Bajo ese régimen se celebraban, cada año, los Seminarios de Estudios Martianos, y se creó un centro para el estudio de su pensamiento. Aunque no pocos intelectuales se escudaban en Martí para realizar la denuncia encubierta contra el castrismo, su apropiación por parte de los opresores se realizó con el pretexto de sus ideas latinoamericanistas y antimperialistas.

Es cierto que Martí abogaba por la unidad de los pueblos de Nuestra América, a la que concebía como una patria grande (“Del Bravo a la Patagonia no hay más que un pueblo”), y que se opuso al expansionismo estadounidense (los “gigantes de siete leguas”). Pero él mismo había expresado que amaba a “la tierra de Lincoln” como mismo temía a “la patria de Cutting”, dos intereses en pugna todavía en nuestros días.

Estos aspectos del pensamiento martiano fueron aprovechados por el grupo instalado en el poder con la intención de recabar el apoyo de los pueblos latinoamericanos y de mantener, en la arena internacional, la idea de que el problema cubano se resumía en la contradicción entre un pequeño país que presuntamente luchaba por su soberanía y las pretensiones de un gran imperio que intentaba someterlo, para ocultar la contradicción real: un grupo que ha convertido a todo el país en un gran feudo y un pueblo sometido a las más humillantes condiciones.

Muchos miles de cubanos han pasado por las cárceles sin haber agredido ni insultado a nadie, sin destruir ni siquiera una bombilla eléctrica, sólo por haber manifestado ideas diferentes a la política dictada por el secretariado ideológico del partido gobernante, ya sea bajo la causa de “propaganda enemiga” o la de “desacato”, algo diametralmente opuesto al ideario de Martí.

En la concepción martiana de la revolución democrática, el derecho a la libre expresión es sagrado. Este principio clave en su pensamiento, que es un muro insalvable entre él y esa dirigencia, puede leerse reiteradamente en sus Obras Completas.

“El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”, escribió.

O: “Siento como que me matan a un hijo cada vez que privan a un hombre de su derecho a pensar”.

Otro tipo de pensamientos martianos que las autoridades intentan soslayar son los que se refieren críticamente a aspectos ideológicos que les tocan de cerca. De ellos, el que más se han atrevido a citar es el de los reparos de Martí a Marx, porque junto a las críticas hay algunos elogios, como éste: “Veedor profundo en la razón de las miserias humanas y en los destinos de los hombres y hombre comido del ansia de hacer bien”.

Pero también expresa: “Anduvo de prisa y un tanto en las sombras, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la Historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido una gestación natural y laboriosa”, lo que parece indicar que Martí consideraba la importancia de un proceso de desarrollo de la conciencia cívica para lograr alcanzar, pacíficamente, un orden social justo, lo cual reitera cuando dice: “Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros, pero se ha de buscar salida a la indignación, de modo que la bestia cese sin que se desborde y espante”. Martí, es preciso aclararlo, no fue sólo un apóstol de la independencia sino, además, de la justicia social, pero no dejó de fustigar a quienes, en nombre de esa justicia, pretendían encumbrarse y enseñorearse sobre la gente humilde.

En el artículo ‘La futura esclavitud’, sobre un ensayo del filósofo inglés Herbert Spencer, Martí se refiere muy claramente al modelo conocido como socialismo de Estado, incubado luego en la sombría Rusia de Stalin y que los cubanos llevan sufriendo 60 años. En estas sociedades donde todas las riquezas estarían bajo el control del Estado, advierte, aumentaría “de terrible manera la cantidad de empleados públicos. Con cada nueva función, vendría una casta nueva de funcionarios”. Agrega: “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios”. Y concluye: “Lamentable será, y general, la servidumbre”.

Otro texto es la carta a su amigo Fermín Valdés Domínguez en 1894. Éste le había comunicado su participación en una actividad por el 1 de mayo junto a socialistas y anarquistas, y Martí le advertía acerca de “los peligros de la idea socialista”. Entre ellos “la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en qué alzarse, frenéticos defensores de los desamparados”. Pero al mismo tiempo le advierte de que tale s reparos no significan el abandono del ideal de la justicia social, porque “por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por ésta o aquella verruga que le ponga la pasión humana”.

Hoy, cuando se pretende que la ciudadanía apruebe en referendo la institucionalidad constitucional de las violaciones de sus derechos y libertades fundamentales, es preciso rescatar a Martí de esos secuestradores con la misma bravura con que Agramonte a Sanguily en medio de la manigua. Dejar bien claro que la imagen emblemática de esos derechos y libertades es la de Martí, y que, en consecuencia, nosotros, defensores de esas garantías, tenemos más derecho que ellos a reclamarlo.

Si todos esos grupos opuestos a ese sacrilegio se reúnen en un lugar del ciberespacio en campaña por el No y se declaran en convención permanente, incluso para afrontar las tareas que el deber nos impondrá después del plebiscito, esa misma causa debería llevar el nombre de José Martí. Ninguna imagen aglutina más cubanos que él. Martí une. Martí suma. Si por mí fuese, esa convención martiana no sólo deberá crearse, sino que no deberá disolverse hasta que esos derechos y libertades no hayan alcanzado una victoria definitiva. Si sus miembros se adjudican ese nombre ante la opinión pública mundial y no responden con insultos a sus ofensores, ni se resisten al arresto ante sus represores, sería una gran victoria si los medios internacionales reportaran que los martianos, sólo por serlo, están siendo perseguidos y acosados en la patria de Martí.”

Nota de Ariel Hidalgo en 14ymedio

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