PEDRO DE ANGELIS

Pedro De Angelis (1784-1859)

Nació en Nápoles (Italia), el 29 de Junio de 1784. Perteneció a una respetable familia burguesa, y era hijo del historiador Francisco de Angelis, autor de la Storia del Reyno de Napolis, en cuatro tomos. Tuvo en su hermano mayor Andrés un mentor seguro para sus estudios. En su juventud prestó servicios en el ejército, y quizá alcanzó a ser oficial de artillería bajo los Borbones. En ese período De Angelis se dedicó a la enseñanza y a la política. Vinculado por su hermano a la familia reinante de Joaquín Murat, fue el maestro de italiano de las jóvenes princesitas Leticia y Luisa y ayo (1) de los príncipes reales Aquiles y Luciano Murat. Obtuvo además por mediación real, el cargo de consejero de la intendencia de la provincia de Nápoles. Por entonces entre sus relaciones figuraban intelectuales como Pietro Colletta, Francesco M. Avellino, Nicola Basti, Carlo Troya y Teodoro Monticelli.

En 1811, dictó geografía e historia en la Real Escuela Politécnica y Militar, y luego se le nombró sub-bibliotecario de dicho instituto. Después actuó al lado de su hermano, en la secretaría del Ministerio de Relaciones Exteriores en el momento crítico de la caída de Napoleón, colaborando en la defensa del rey Murat ante el Congreso de Viena. Más tarde, reanudó la carrera militar, y en 1817, fue designado corrector de la tipografía adjunta al Estado Mayor del Ejército hasta pasar en calidad de oficial a la Secretaría de la Alta Corte Militar.

En 1818, tras la caída de la dinastía francesa, abandonó Nápoles para radicarse en Ginebra, dedicado a “componer liberados escritos”. Allí trabó amistad con el historiador suizo Jean Charles Léonard de Sismondi. Afiliado a la masonería y adherido a movimiento carbonario que desató la revolución del año 1820, consiguió el cargo de secretario de la legación en San Petersburgo (Rusia), con una delicada e importante misión especial ante el Congreso de Troppau, en que se decidía la cuestión napolitana entre las grandes potencias de la Santa Alianza.

No habiendo podido por razones de fuerza mayor alcanzar la residencia en Rusia, se quedó en París atendiendo los negocios de la legación napolitana, a cargo del príncipe Gennaro Spinelli di Cariati. Con posterioridad éste tuvo que ausentarse de Francia, y la legación quedó a cargo de Pedro De Angelis, hasta que la abandonó. Allí se singularizó por sus dotes intelectuales y se dedicó a trabajos literarios, filosóficos e históricos. En 1825 escribió para la Biographie Universelle Ancienne et Moderne, unos 215 artículos, algunos de ellos extensos, entre los que se destacan las biografías de Tommaso Stigliani y Salvatore Rosa. Asimismo ayudó a Jules Michelet en sus estudios sobre Gianbattista Vico, filósofo sobre el cual De Angelis había escrito una serie de trabajos. En el prólogo de su obra Michelet hizo el elogio del intelectual napolitano por sus trabajos inéditos sobre este filósofo de la historia, al tiempo que le agradecía el haberle comunicado “la plus part des ouvrages italiens” (2).

Participó en la redacción de la Revue Europée, donde publicó un artículo, luego reimpreso en Montevideo, titulado Las Italianas.

En París también se relacionó con el conde Gregory Orloff, embajador de Rusia en la capital francesa, colaborando con él en la obra Mémoires historiques, politiques et littéraires sur le royaume de Napoles.

Se hallaba a la sazón vinculado con Madame de Staël (Anne Louise Germaine Necker), Destutt de Tracy, Francois Guizot y el general Lafayette. En medio de aquella sociedad, durante la restauración conoció a Bernardino Rivadavia a quien trató, hasta que el comisionado del gobierno argentino Filiberto Héctor Varaigne lo convenció para que se trasladara a Buenos Aires donde tenía que dirigir uno de los diarios oficiales a fundarse y para tareas relacionadas con la enseñanza.

En las postrimerías del partido rivadaviano, en enero 1827, llegó De Angelis a esta capital a bordo del August, acompañado por su esposa Melanie Dayet, suiza, y “femme de chambre”, de la condesa de Orloff. Incorporado a la vida intelectual argentina fue codirector con José Joaquín de Mora (3) de los periódicos Crónica Política y Literaria de Buenos Aires y El Conciliador, los cuales tuvieron une existencia efímera.

También colaboró en El Constitucional, órgano del doctor Manuel Gallardo. De acuerdo a lo expresado por el Dr. Carlos Molina Arrotea; “escribía sus artículos en francés para ser vertidos al castellano por Mora”.

Tras la caída de Bernardino Rivadavia, producida el 27 de junio de 1827, se quedó en Buenos Aires, después de rechazar una interesante oferta que le hizo el gobierno de Chile. El 8 de Junio de 1828 fundó el Ateneo de Buenos Aires con José Joaquín Mora y Francisco Curel. Además se ocupó del establecimiento de una escuela del tipo de las denominadas lancasterianas, que era atendida por las señoras de De Angelis y de Mora. Ese mismo año editó a través de la Imprenta Argentina el texto latino Cornelli Nepotis vitae excellentum imperatorum, notis selectissimis illustratae, de mucho uso en la Universidad, dedicado al rector de la Universidad de Buenos Aires, Dr. José Valentín Gómez. En la misma aparecen notas de De Angelis, el cual figura con los títulos de “Socio Pontoniano, Professore emerito scholae polytecnicae regiae Academiae neapolytanae sodali”. También, durante ese mismo año publicó: Espíritu de los pensamientos, máximas y opiniones de Napoleón, con una documentación referente a la existencia del emperador después de la abdicación de Fontainebleau.

Periodista talentoso sirvió a la causa de Bernardino Rivadavia, y después a la de Juan José Viamonte y Juan Manuel de Rosas. Su actuación periodística en el Plata se continuó después de un breve intervalo durante los gobiernos de Manuel Dorrego y Juan Lavalle.

En 1829 el periodismo absorbió su quehacer, en la Gaceta Mercantil El Lucero. En el primero de éstos diarios publicó un valioso Bosquejo Histórico sobre las Islas Malvinas (1829); de 1830 datan sus Noticias biográficas del Brigadier Estanislao López y un Ensayo Histórico sobre la vida del Excmo. Sr. D. Juan Manuel de Rosas.

A principios de 1830 fue designado miembro de una comisión para la revisión de textos y métodos de la educación común y para proponer la reestructuración de la Universidad, junto con Diego Alcorta, Vicente López y Planes, Avelino Díaz y Pedro Pablo Vidal. Esta comisión elevó al gobierno un proyecto de estatuto universitario y de la escuela primaria, que resultó aprobado pero que no llegó a entrar en vigencia.

Ese año 1830 De Angelis se había convertido en uno de los más importantes colaboradores de Juan Manuel de Rosas: era el “alarife del tirano”, según dicho del poeta unitario Juan Gualberto Godoy, en uno de sus cielitos publicados en El Coracero (4):

Allá va cielo y más cielo,
cielito del italiano
alarife de un tirano,
puedes apurar el vuelo.

El vicario apostólico y Obispo de Aulón, Dr. Mariano Medrano, le consultó sobre un punto de liturgia para resolver una disidencia que tenía con el Senado Eclesiástico. De Angelis se expidió en 1831, mediante la Consulta sobre un punto de Liturgia Eclesiástica; y fue replicado en forma irónica por Valentín Gómez, que publicó su Contestación bajo el seudónimo de Unos Eclesiásticos.

En 1932 editó las Páginas biográficas del Brigadier General Arenales; y desde el 11 de diciembre del año siguiente hasta el 13 de octubre de 1834, el “alarife de un tirano” redactó El Monitor, con la colaboración de Nicolás Mariño. En sus páginas se publicó el Diario de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas y un importante estudio jurídico sobre el derecho de patronato.

También en 1833 publicó el tomo de sus Ensayos políticos y literarios, que dictó a su hermano Andrés; y en 1834 dio a la estampa la Memoria sobre la hacienda pública, en que abordó el candente tema del comercio del litoral argentino.

Durante el segundo período de Rosas dejó De Angelis el periodismo para dedicarse a los estudios históricos, dando a luz entre 1835 y 1837 la famosa Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata (7 tomos) que se vio obligado a interrumpir por la carestía del papel a causa del bloqueo. No habiendo despertado interés en el público los volúmenes aparecidos hasta entonces. En cambio, la obra le valió notoriedad y fama en América como en Europa, cuyas academias le nombraron miembro correspondiente.

De Angelis fue administrador y arrendatario de la Imprenta del Estado desde 1832, y luego Rosas le confió su dirección hasta Caseros. En 1840, desempeñó también el cargo de archivero del Estado. Su participación activa en la literatura la reanudó durante el período de las intervenciones extranjeras en las regiones del Plata.

En 1839, publicó por la Imprenta del Estado un folleto titulado De la conducta de los Agentes de Francia durante el bloqueo del Río de la Plata, firmado por Un Observador Imparcial. Un año después editó otro folleto: Reflexiones sobre la conducta de los Agentes franceses en la cuestión pendiente con el Gobierno Argentino. Es de esa época, la publicación de dos números de un periódico-revista titulado: Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa y América (1840), que puede considerarse un antecedente de lo que será el Archivo Americano y Espíritu de la prensa del mundo, tres años después. Se trata de una tentativa de presentar una colección de artículos sacados de los mejores periódicos extranjeros, para enfocar las cuestiones políticas locales desde un punto de vista internacional. El Archivo Americano se publicó en inglés, francés y español, desde el 12 de junio de 1843 hasta diciembre de 1851, y contiene millares de documentos de gran importancia histórica.

En los trabajos citados más arriba sobre cuestiones internacionales mostro De Angelis su apego a la causa de la independencia y soberanía nacional, en oposición a las intromisiones de las grandes potencias europeas, en los asuntos del Río de la Plata. Se había ocupado además de estudios económicos, jurídicos y políticos, como fueron los Ensayos literarios y políticos (1833); Memoria sobre el estado actual de la hacienda pública (1834); Recopilación de las leyes y decretos promulgados en Buenos Aires desde el 25 de mayo de 1810 hasta fin de diciembre de 1840 (1836-1841), en tres tomos más uno de índice, importante fuente para el estudio de la historia del Derecho Patrio Argentino.

Paciente compilador de los más importantes papeles de nuestra historia, en 1843 publicó dos folletos contra el comodoro Purvis, y cinco años más tarde, un libro de lectura escolar que es una colección de selectos trozos literarios. Otro de los trabajos de que fue autor es la Memoria histórica sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confederación Argentina a la parte austral del Continente Americano… (1852). Esta publicación reconoce su origen en un informe preparado por De Angelis por encargo de Rosas, en 1848, que pasó a estudio del Dr. Dalmacio Vélez Sársfield, quien la calificó de gran valor.

Elevó a la consideración de Urquiza un Proyecto de Constitución (1852), que no fue tenido en cuenta por éste, sin abandonar su antigua prédica de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, consecuente con la orientación de Felipe Arana, ministro de Rosas, a quien asesoró De Angelis.

Después de la caída de Juan Manuel de Rosas no tuvo más posibilidades de trabajo, por lo que debió autoexiliarse en Montevideo, para luego pasar a Río de Janeiro, donde fue recibido con honores. El Instituto Histórico e Geográfico (IHGRJ) de esa ciudad lo nombró miembro correspondiente. Regresó a Uruguay en 1854.

Escribió además: De la navigation de l’Amazone. Réponse á une Memoire de M. Maury, Officier de la Marina des Etats-Unis (1854), donde defendió los derechos brasileños oponiéndose a la internacionalización de dicha vía fluvial. En 1855, dio a luz una Notice biographique sur A. Bompland, editada también en español, y otra Notice biographique sur le Tasse.

Dentro de su producción existen además algunos trabajos que se consideran inhallables, por ejemplo, una biografía sobre el Gran Chaco y un diccionario español-guaraní. Esta sumaria enumeración tomada de los más autorizados historiadores que se han ocupado de su relevante personalidad, lo señalan como un notable polígrafo. La biblioteca que poseyó era my importante en textos impresos y documentos sobre historia argentina y americana, geografía, lengüística, ciencias jurídicas y políticas. En su casa de la calle Santa Clara (hoy Alsina), vivió un período de su vida rodeado de sus cuantiosos repositorios bibliográficos y documentales. Logró vender su rica biblioteca al Imperio del Brasil en 1853, en la suma de ocho mil pesos fuertes, y entregó su monetario a su amigo Andrés Lamas, con idéntico encargo, siendo adquirido por el Emperador del Brasil, Pedro II. La Colección De Angelis figura en la actual Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, y se halla integrada por 2.785 libros y folletos impresos y 1.291 documentos y mapas, es decir, 4.076 piezas en total.

Se han publicado dos tomos de los manuscritos de De Angelis conteniendo los documentos vinculados a los Jesuitas y Bandeirantes del Guairá (1549-1604) y de Itatim (1506-1760), y otros más referentes a la fundación de Colonia del Sacramento. Tales adquisiciones se debieron a Paulino José de Souza, José María da Silva Paranhos, Vizconde de Río Branco y a Pedro II.

Dijo Sarmiento en relación a su colección de documentos: “Es el monumento nacional más glorioso que pueda honrar a un Estado americano, y a De Angelis, que emprendió la publicación, le debe la República lo bastante como para perdonarle sus flaquezas”.

El erudito publicista De Angelis sostuvo con Echeverría en 1847 una áspera polémica, pero mereció el reconocimiento intelectual de hombres de la talla de Gutiérrez, Alberdi, Sarmiento y Mitre. Por su obra de la navegación del Amazonas, el emperador Pedro II del Brasil, otro gran bibliófilo, lo condecoró con la Orden de la Rosa.

Fue miembro de prestigiosas instituciones internacionales como la Royal Geographic Society de Londres, la Société de Géographie de París, la Massachussetts Historical Society, la Societé Royale des Antiquaires du Nord de Copenhague, el Reale Istituto d’Incoraggimiento delle Scienze Naturali de Nápoles, y la American Philosophical Society de Filadelfia.

Poco antes de morir – dice su biógrafo Molina Arrotea-, estando en la ciudad de Paraná, puso en manos del Dr. Victorica su autobiografía.

Falleció en Buenos Aires el jueves 10 de febrero de 1859. Sus restos se hallan en una pequeña bóveda del Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. No hay lugar a dudas que Pedro de Angelis fue uno de los precursores de nuestro acervo patrimonial en todos sus aspectos y uno de los comunicadores sociales más importantes que ha tenido nuestro país, sin haber sido todavía valorado su esfuerzo en tales sentidos.

Referencias

(1) Este es el nombre que se daba en las casas reales, casas nobles y las familias burguesas, a quienes se ocupaban de la educación y cuidado de los niños y jóvenes.
(2) “La mayor parte de las obras italianas”
(3) Otro de los publicistas que llegaron al Río de la Plata a solicitud de Rivadavia
(4) Periódico redactado en verso gauchipolítico, apareció en la segunda quincena de octubre, y alcanzó a tirar 11 números.

Fuente
Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970)
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1985).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Fernández Saldaña, José María – Pedro De Angelis y sus negocios en el Brasil, La Prensa, Buenos Aires (1938)
Portal www.revisionistas.com.ar

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